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Conoce Todos los Detalles del Acné en Adultos
Artículo especializado

Conoce Todos los Detalles del Acné en Adultos

Tienes 40 años y, de repente, una mañana, te levantas con algún granito en la cara. No le das importancia: serán las hormonas, habré comido algo más graso… Pero cuando es una situación que se repite  ¡saltan las alarmas! ¿Acné otra vez, a mi edad, eso no pasaba en la adolescencia? Pues sí, aunque en general todo el mundo piensa que el acné es un fenómeno de la pubertad y la adolescencia, los dermatólogos vemos casos de acné en la edad adulta. Este puede tener causas distintas al acné de los jóvenes, y también tiene un tratamiento diferente . ¿Qué es y cómo se produce el acné adulto? El acné es un proceso muy común caracterizado por la inflamación y el taponamiento del folículo pilosabáceo (el pelo y la glándula de grasa de la piel). El acné es una situación de la piel que comporta aumento de la grasa, inflamación, sobreinfección y taponamiento del poro en la piel . En la pubertad y la adolescencia está provocado fundamentalmente por el aumento de las hormonas sexuales necesario para el desarrollo. En niñas aparece hacia los 12 o 13 años, y desaparece a los 15-16, mientras que en los niños aparece a los 13-14 y suele persistir hasta los 18-19 años. Pero, ¿y en los adultos? Hay una base genética como veremos más adelante. ¿Qué mitos sobre el acné son o no ciertos? El principal mito que hay que desmontar es que el acné tenga que ver con el consumo de embutidos, chocolate o comidas grasas . No es del todo cierto. Sí que se ha demostrado alguna relación del acné adolescente con el elevado consumo de azúcares (como los contenidos en dulces y bollería) y productos lácteos, por lo que debería limitarse su consumo en adolescentes, con la razón añadida de que el consumo de grandes cantidades de azúcares refinados no es sano. Deben ser sustituidos por otros carbohidratos de liberación lenta, como los que contienen los cereales integrales, la pasta, la fruta o las legumbres. Otro mito es que el acné se soluciona con limpiezas de cutis, o sólo con limpieza y “exfoliantes” . Esto únicamente funciona en parte para los acnés de la pubertad donde no hay inflamación de los granos (enrojecimiento y pus), pero puede ser perjudicial para acnés con más inflamación (acnés inflamatorios). ¿El acné se hereda? Es cierto que, en la mayoría de los acnés graves, con más inflamación y producción de cicatrices, hay una base hereditaria . Este factor pesa mucho más que la dieta, el estilo de vida o el estrés. ¿Por qué algunos adultos tienen acné? El acné más allá de los 20 años, y que incluso puede estar activo hasta los 40 o 50 años, tiene sobre todo una base genética, es decir, una “forma de ser” de la piel , que muchas veces se hereda, y que se caracteriza por piel grasa y con predisposición al taponamiento de los poros. En las mujeres este acné está asociado con una piel especialmente sensible a la acción de las hormonas sexuales, y puede requerir de tratamientos que regulen el sistema hormonal. Síntomas del acné de las personas adultas En las mujeres, aparece un acné de “granos más interiores” que llamamos pápulas o nódulos , y que son distintos de los comedones o “puntos negros”. También aparecen en zonas diferentes, no en la frente o en la nariz, sino en la zona de la barbilla, las mandíbulas o alrededor de la boca. Es típico que este acné tenga los peores días antes de la menstruación, que mejore cuando la mujer toma anticonceptivos hormonales, y que empeore con el estrés. En muchas chicas que toman anticonceptivos desde los 18 años, el acné aparece cuando los dejan para buscar hijos. El anticonceptivo ha ido actuando como un “regulador” de las hormonas y, al dejarlo, es cuando aparece. El estrés puede causar también acné en las mujeres porque se activan ciertas hormonas producidas por la glándula suprarrenal y el ovario. En los hombres, los acnés que persisten en la edad adulta afectan también en forma de pápulas y nódulos a las mejillas, el cuello, la nuca, el pecho y la espalda , con creación de cicatrices antiestéticas. También pueden asociarse con hidradenitis o “golondrinos”, bultos dolorosos en las axilas, la zona glútea o las ingles. No tiene tanta influencia el sistema hormonal como en las mujeres. Diagnóstico del acné adulto En las mujeres es importante que el dermatólogo haga un buen interrogatorio sobre el uso de anticonceptivos y el ciclo menstrual. En muchos casos, puede solicitarse un perfil hormonal en un análisis de sangre, buscando alteraciones de las hormonas sexuales producidas por la hipófisis, los ovarios o las glándulas suprarrenales. Es importante descartar en las mujeres el ovario poliquístico (quistes en los ovarios), un desarreglo hormonal que se acompaña de irregularidades en la regla o incluso infertilidad, obesidad, diabetes, acné y pérdida de cabello. Sin embargo, muchas mujeres con acné en la edad adulta tienen las hormonas en sangre completamente normales o sólo ligeramente elevadas, y el acné se atribuye a un aumento de la sensibilidad de la piel a las mismas, que no puede determinarse con las técnicas de laboratorio convencionales. El dermatólogo debe interrogar también a los pacientes sobre el consumo de algunos fármacos o sustancias tóxicas que pueden causar acné, como algunos medicamentos para el alcoholismo (antabús) o las enfermedades psiquiátricas (neurolépticos, sales de litio). Tratamiento del acné adulto El tratamiento va a depender del grado de acné y de que existan o no enfermedades asociadas . Por ejemplo, el ovario poliquístico tiene un tratamiento específico. En muchas mujeres adultas con acné puede prescribirse un anticonceptivo para regular el sistema hormonal. El tratamiento del acné inflamatorio suele comenzar por preparados tópicos (cremas), continuar con antibióticos en pastillas si no responde, y en muchos casos debe tratarse con isotretinoína, un derivado sintético de la vitamina A, bajo supervisión dermatológica.
Qué Debes Saber Sobre la Anemia
Artículo especializado

Qué Debes Saber Sobre la Anemia

La anemia es una enfermedad frecuente que puede aparecer a cualquier edad y tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, es un trastorno más femenino debido a la pérdida a la pérdida mensual de cada menstruación. Con frecuencia, la anemia se puede tratar y controlar mejorando el estilo de vida, e incluso en algunos casos se puede prevenir con una dieta saludable. ¿Qué es la anemia? La anemia es una afección que se caracteriza por una disminución de la concentración de hemoglobina , debido a que la sangre contiene menos glóbulos rojos de lo normal, o por una disminución de hemoglobina dentro de los mismos. La hemoglobina es una proteína rica en hierro que otorga a la sangre su color rojo característico y permite transportar el oxígeno de los pulmones al resto del cuerpo. Por este motivo, cuando se padece anemia un síntoma característico es el cansancio o debilidad por la falta de oxígeno. Para producir hemoglobina y glóbulos rojos el cuerpo necesita hierro, ácido fólico, vitamina B12 y otros nutrientes que debemos incorporar a través de los alimentos. Llevar una alimentación rica en estos nutrientes y no realizar ciertas combinaciones que inhiben su absorción nos permitirá evitar carencias. En algunos casos, el déficit de estos nutrientes está producido por cambios en el revestimiento del estómago o intestino que interfieren en el proceso de absorción (celiaquía), o por haber sido sometidos a cirugía en la que se ha extirpado parte del estómago o intestino.   QUIÉNES TIENEN MÁS RIESGO DE SUFRIR ANEMIA Existen etapas de la vida donde el riesgo de sufrir anemia aumenta. El embarazo es una etapa de riesgo ya que la sangre de la mujer embarazada sufre cambios, por un proceso fisiológico llamado hemodilución, donde aumenta más rápido la porción líquida o plasma de la sangre que la cantidad de glóbulos rojos, y las demandas de hierro y ácido fólico están aumentadas. En etapas de crecimiento , tanto infancia como adolescencia, también aumenta el riesgo de sufrir anemia, especialmente por deficiencia de hierro. La anemia también puede aparecer en edad avanzada , pero se suele asociar a enfermedades crónicas que provocan carencia de hierro y a una mala alimentación. Anemia por deficiencia de nutrientes Existen diferentes tipos de anemia y sus causas son por diferentes motivos. Nos centraremos en la anemia por deficiencia de nutrientes y en particular por la carencia de hierro o anemia ferropénica. Entre las anemias por deficiencia de nutrientes , la anemia ferropénica es la más común. Ocurre cuando el cuerpo no tiene suficiente cantidad de hierro y como consecuencia no produce la suficiente hemoglobina para los glóbulos rojos. Suele aparecer por pérdidas de sangre (menstruación abundante), en mujeres embarazadas y en algunas patologías que cursan con sangrado (úlceras, cáncer…) La deficiencia de vitamina B12 y ácido fólico también provoca anemia, ya que para la producción de glóbulos rojos el cuerpo necesita de estas vitaminas. Sin embargo, a veces esta deficiencia es debido a una incapacidad en su absorción, por parte del intestino y no por una alimentación insuficiente. Esta situación deriva a una anemia llamada perniciosa.   Otros tipos de anemia Secundarias a otras enfermedades (enfermedades crónicas y por enfermedades de la médula ósea). Anemia hemolítica (cuando la destrucción de los glóbulos rojos es más rápido a su producción). Anemia aplásica (no se producen suficientes glóbulos rojos). anemia megaloblástica (los glóbulos rojos son más grande de lo habitual). En algunos casos la anemia aparece por un trastorno sanguíneo que se transmite de padres a hijos (hereditaria) como es el caso de la anemia falciforme, donde los glóbulos rojos tienen forma semilunar en vez de forma de disco o la talasemia donde el cuerpo por un defecto en la síntesis o fabricación de hemoglobina altera la producción normal de hemoglobina y de glóbulos rojos sanos. Síntomas y signos de la anemia ferropénica La anemia ferropénica es la más común y por eso nos centraremos en ella. El síntoma más frecuente es el cansancio o sensación de debilidad. Muchas veces cuando se sufre anemia se describe como una sensación de agotamiento o dificultad para realizar actividades habituales. La falta de oxígeno obliga al corazón a trabajar más y aumentar su ritmo cardíaco para bombear sangre rica en oxígeno. Esta situación produce dificultad para respirar o disnea, dolor en el pecho, palpitaciones, cefalea o mareo al ponerse de pie, infecciones frecuentes, palidez, extremidades frías y el síndrome de las piernas inquietas. Estos síntomas pueden ser leves y pasar desapercibidos, pero cuando alguno de estos síntomas persiste o se intensifica debe acudir al médico especialista o hematólogo para que realice una exploración con analítica completa y valore el tratamiento más adecuado. ¿Qué valores identifican la anemia ferropénica? Cuando hay sospecha de anemia ferropénica existen valores que la describen y se pueden hallar en un análisis de sangre. Hematocrito . Porcentaje de sangre que está compuesta por glóbulos rojos. Los valores pueden variar dependiendo de la edad y en la anemia están más bajos que los considerados “normales”. Hemoglobina . Es el principal valor de referencia para diagnosticar una anemia y los rangos normales varían entre hombres y mujeres e incluso en niños varían según edad y sexo. Cuando sus niveles están bajos indican anemia. Tamaño y color de los glóbulos rojos . En la anemia ferropénica los glóbulos rojos son más pequeños y su coloración es más pálida. Ferritina . Es la proteína que se encarga de almacenar el hierro en el cuerpo. La concentración de ferritina indica directamente las reservas de hierro y unos valores bajos nos informan de que el nivel de hierro en sangre es bajo. La ferritina nos orienta mucho para diagnosticar la anemia en sus primeras etapas. Estos valores de referencia son los que se suelen solicitar de forma más habitual, en un análisis de sangre, cuando hay sospecha de anemia ferropénica, pero también existen más valores. Además, una vez el análisis de sangre confirma la anemia, el médico puede valorar realizar más exámenes adicionales (endoscopia, colonoscopia, ultrasonido) para buscar posibles fuentes de sangrado y determinar su causa. ¿Cómo se trata la anemia? En los casos leves , normalmente se corrige con suplementación de hierro vía oral y una alimentación saludable .  Existen distintos preparados en el mercado que se utilizan como suplementos, siendo las sales ferrosas las más efectivas y utilizadas, ya que se absorben mejor que las sales férricas. Para asegurarnos una máxima absorción, se recomienda tomar los suplementos fuera de las comidas, a poder ser 30-60 minutos antes y siempre acompañados de un alimento rico en vitamina C (zumo de naranja) ya que favorece su absorción. Por el contrario, alimentos ricos en fibra (cereales integrales), el té y el café disminuyen su absorción, por este motivo se recomienda intentar separarlos de la toma de suplementos. En casos graves , para lograr una rápida oxigenación en órganos vitales, a veces es necesario administrar el hierro por vía endovenosa con una transfusión de sangre. La dieta En cuanto al papel de la dieta en caso de anemia ferropénica es importante seguir unas recomendaciones para aumentar la biodisponibilidad de hierro , pero no es cuestión de tomar alimentos ricos en hierro todos los días, ya que el cuerpo sólo absorbe una porción pequeña del hierro contenido en los alimentos y, curiosamente, cuando menor es la reserva de hierro en el cuerpo, mejor se absorbe en el sistema digestivo. Para más información sobre cómo aprovechar el hierro de los alimentos y cómo combinarlos para mejorar su biodisponibilidad, recomiendo leer el artículo sobre el hierro en este mismo portal.
Diagnóstico y Tratamiento de la Alopecia
Artículo especializado

Diagnóstico y Tratamiento de la Alopecia

Es un tema que preocupa, y mucho, tanto a hombres como a mujeres. Quienes acuden a la consulta del dermatólogo debido a la caída del pelo deben de ser conscientes de que es un hecho que tiene que ver con la genética y el envejecimiento normal, y que no todos los problemas de alopecia tienen una solución fácil. La alopecia o caída del cabello es un proceso que puede obedecer a diferentes causas en función del sexo, y que debe ser siempre diagnosticado por un dermatólogo . Este es el único médico especialista que tiene formación en tricología, la ciencia que estudia el pelo. A diferencia de cualquier otro profesional que se dedique al “tratamiento de los problemas del pelo”, como los peluqueros y los médicos estéticos, el dermatólogo conoce la estructura del pelo, las enfermedades que lo afectan, y los tratamientos que deben aplicarse siguiendo un método y una evidencia científicas y sólidas. Diversas causas pueden provocar alopecia o caída del cabello y en muchos casos también puede ser un proceso biológico normal, asociado con la edad, o con la predisposición genética (es decir, la naturaleza de cada persona, como tener los ojos de un cierto color o una determinada estatura). Podemos tratar brevemente las causas de alopecia clasificándola en primer lugar en masculina y femenina. Alopecia en la mujer La estructura del pelo es diferente en la mujer y en el hombre, y está sometido a diferentes influencias hormonales que varían al largo de la vida. En general, las mujeres sufren en menor grado la llamada alopecia androgenética que el varón. Es de dominio público que la alopecia asociada a la edad es mucho menor en las mujeres que en los hombres, y que las mujeres suelen mantener el cabello hasta el final de la vida. Esto es debido a la influencia de los andrógenos (las hormonas que determinan tener características masculinas como la voz grave o la masa muscular), que es más prominente en los hombres. En general, la caída del pelo en la mujer suele comportar una pérdida de la densidad capilar de forma más difusa, sin “entradas” ni “coronilla”. Sin embargo, las mujeres también pueden sufrir alopecia androgenética más acusada en algunas situaciones. Una de ellas es el síndrome de ovario poliquístico, que suele afectar a mujeres que además padecen obesidad y aumento del vello (hirsutismo). En general, es una enfermedad que diagnostican los ginecólogos porque comporta alteraciones de la menstruación e incluso falta de regla (amenorrea) e infertilidad. Otros casos de alopecia androgenética en mujeres pueden estar causados por otros trastornos hormonales, o incluso por tumores que producen andrógenos. La mujer también puede manifestar épocas de alopecia en función de los niveles de hierro , que pueden variar según la sangre que se pierda cada mes en la menstruación. Asimismo, en las mujeres son más frecuentes las enfermedades de la glándula tiroides, hiper e hipotiroidismo, que suelen asociar un debilitamiento del pelo. Alopecia en el hombre El hombre, al estar sometido a la influencia de los andrógenos desde la adolescencia, p uede comenzar a perder el pelo por un proceso de miniaturización y desaparición progresiva desde una edad relativamente temprana , entre los 18 y los 25 años. La pérdida del cabello por alopecia androgenética masculina puede seguir diversos patrones, como la pérdida progresiva de la línea de implantación frontal (las famosas “entradas”) y/o la coronilla, conservando más años las zonas temporales y occipitales. Este proceso suele acompañarse de cierto aumento de la grasa en la superficie de la piel (el dicho popular afirma que “no hay calva que no brille”). Irreversible o reversible Otra manera de clasificar las alopecias es en cuanto a su patrón cicatricial (irreversible) o no cicatricial (reversible) Cicatricial Las alopecias cicatriciales se producen cuando un trastorno inflamatorio, infeccioso, o una lesión traumática lesiona el pelo provocando su destrucción y cicatrización de la zona. En estos casos el pelo perdido no es recuperable. Este tipo de alopecias son causadas por enfermedades como la tiña, la foliculitis, el lupus, el liquen plano, o traumatismos como quemaduras. No cicatricial En este caso, el proceso que causa pérdida de pelo no causa destrucción y cicatriz, sino que es reversible. El prototipo de alopecia no cicatricial es la mencionada alopecia androgenética, y también la llamada alopecia areata. En esta última se produce una reacción del organismo contra sus propias células (una reacción autoinmune), atacando al cabello. En algunas ocasiones, una situación de estrés puede actuar como desencadenante. ¿Cómo estudia un dermatólogo la alopecia? ¿Existen pruebas complementarias? Para el dermatólogo, las mejores armas diagnósticas son la anamnesis (hablar con el paciente) y la exploración del cabello. Una prueba sencilla que siempre se practica es un test de tracción o pull test para observar si los cabellos caen, y en qué fase de su ciclo lo hacen. Esto puede complementarse con exploraciones como la dermatoscopia o el tricograma, que necesitan de aparatos similares a un microscopio. Incluso, en alopecias provocadas por alteraciones congénitas o adquiridas del tallo piloso, puede llegar a recurrirse a la microscopía electrónica. En ciertos casos se practican análisis de sangre, cuando quieren estudiarse los niveles de hierro y vitaminas, o las hormonas. En casos muy raros, por ejemplo, cuando se sospecha una intoxicación por metales pesados, puede recurrirse a análisis químicos de la composición del pelo. Tratamiento de las alopecias El tratamiento va a depender de la causa . En la alopecia androgenética dos fármacos muy empleados son el minoxidil tópico (en loción) y el finasteride oral (en pastillas), pero tienen una eficacia diferente en hombres y mujeres. La alopecia areata debe tratarse con medicamentos que modifiquen la respuesta autoinmunitaria. Las alopecias inflamatorias de otra naturaleza, como las provocadas por lupus o liquen tienen otros tratamientos. El trasplante capilar es una técnica muy exitosa para muchos tipos de alopecia, aunque no todos, y el inconveniente es que su precio es elevado. Falsos mitos: las vitaminas, los masajes capilares, la alimentación Como todos los problemas de salud que tienen que ver con la dermocosmética, y al ser un problema tan común, la alopecia es terreno propicio para la pseudociencia, la charlatanería o el fraude. Cuando los análisis de sangre son normales, la alimentación es correcta y no hay problemas hormonales visibles, sirve de poco reforzar la dieta con vitaminas, aplicarlas directamente sobre el pelo (que no las asimila), o realizar técnicas sin base científica como los masajes. Por ello, volvemos a aconsejar que el dermatólogo sea el profesional que debe dedicarse al estudio y al tratamiento de las alopecias .
Cómo Tratar la Epicondilitis
Artículo especializado

Cómo Tratar la Epicondilitis

Aunque se asocia a deportes de raqueta, por el movimiento que estos requieren (de ahí que también se la denomine “codo de tenista”), la epicondilitis es una lesión que también puede afectar a profesionales de otros sectores. Carpinteros, pintores o carniceros pueden sufrirla debido al uso de esta articulación para el desempeño de sus trabajos.   El codo es una articulación en la que están implicados los huesos de brazo y antebrazo, así como músculos, tendones y ligamentos. Tanto el componente esquelético, húmero, radio y cúbito como el tejido blando se encargan de proporcionar movilidad y sujeción a esta articulación, que interviene en muchos movimientos, no sólo deportivos, sino también del día a día. Cuando estos movimientos son repetitivos pueden ocasionar una lesión que, según dónde se localice, tendrá una u otra denominación. Si se localiza en la parte exterior del codo estaremos hablando de una epicondilitis lateral , mientras que si el dolor es en la zona interior, se denominará epitrocleitis o epicondilitis medial .   La afectación se circunscribe a la zona del epicondilo lateral, es decir, a la protuberancia que existe en la parte distal del húmero. Es ahí donde se insertan, a través de los tendones, los músculos extensores del antebrazo, y son estos músculos los afectados, sobre todo el extensor radial corto del carpo. Este interviene en movimientos de extensión de la muñeca, así como de supinación del antebrazo, es decir, un movimiento que el tenista realiza constantemente en la pista y en especial con el golpe de revés. Esta repetición es la que causa microroturas del tendón de este músculo, que provoca dolor y que puede llegar a imposibilitar la realización adecuada del movimiento.   Síntomas Su inicio puede ser de carácter leve, con pequeñas molestias que no limitan el movimiento, pero sí que resulta hasta cierto punto incómodo. Además de estos síntomas se puede percibir una disminución en la capacidad de sujeción del grip o empuñadura de la raqueta con pérdida de fuerza lo que da cierta inseguridad en el momento del golpear la bola o en actividades cotidianas como dificultad para sujetar una jarra por el asa.   Cómo se trata El tratamiento se realiza a diferentes niveles, por un lado minimizar los síntomas y recuperar el tendón, y por otro lado hay que corregir aquellas causas que han podido ser el origen de la lesión. De inicio pautaremos antiinflamatorios , para reducir la inflamación asociada a las microrupturas del tendón junto con descanso. Es evidente que para según a quien afecte esta patología el tener que detener su actividad puede suponer un problema y por ello en ocasiones se pueden valorar opciones un poco más “invasivas” como puede ser la infiltración de corticosteroides en la zona afectada. El fisioterapeuta será un aliado importante para una correcta evolución de este cuadro clínico, ultrasonidos, trabajo manual con la aplicación de diferentes técnicas de masaje entre otras, ayudarán a mejorar la sintomatología.   Qué ha podido causarla Como se ha comentado, es indispensable realizar un abordaje terapéutico, pero es necesario conocer las causas que han podido ocasionar la lesión. En deportistas es esencial valorar tanto la técnica como el material que se usa. Una buena técnica es básica en la práctica de cualquier deporte y los deportes de raqueta no pueden ser menos. Una mala volea de revés sería una maniobra deportiva que aumentaría el riesgo de sufrir una epicondilitis, de ahí la importancia de conocer la técnica y aplicarla correctamente. Cuando se vuelve a jugar tras una epicondilitis, es importante valorar este gesto deportivo y si es necesario que sea un profesional el que lo supervise, ya que de ese modo va a disminuir el riesgo de recidiva.   Ejercicios para prevenir Como prevención, es necesario trabajar la musculatura extensora también para reducir el riesgo de lesión. Una rutina que incluya ejercicios específicos para los músculos del antebrazo que suele ser una musculatura que no se trabaja de manera concreta, sino que suele formar parte de un programa de trabajo muscular general. Algunos de los ejercicios podrían ser:   Sentado, con los brazos encima de los muslos, coger con la palma de la mano pequeños pesos o mancuernas. La muñeca quedará por encima de la rodilla y por tanto la mano quedará “colgada” por debajo de ésta con la palma de la mano mirando hacia el techo. Para alcanzar esta posición quizás necesitas mantenerte algo encorvado hacia delante. Con la mano ligeramente abierta dejar rodar la mancuerna por la palma de la mano hasta los dedos impidiendo que esta caiga, recogerla de nuevo y realizar una flexión palmar de la muñeca, consiguiendo de ese modo que los músculos del antebrazo se activen. Son movimientos muy cortos y concretos pero intensos por lo que se recomienda ser muy progresivo. Empezar con poco peso y pocas repeticiones. Del mismo modo que se ha trabajado un grupo muscular del antebrazo hay que trabajar el lado contrario, es decir, en este caso las palmas de la mano miraran al suelo. Con una mancuerna en cada mano en esta ocasión con la palma de la mano mirando hacia el suelo, se realizará también una flexión activando de nuevo la musculatura, pero en esta ocasión será la musculatura extensora la que trabajará. La misma premisa respecto al peso recomendada anteriormente sirve en este caso, poco peso y progresión para evitar molestias. Además de un trabajo especifico y el conocimiento y adaptación de la técnica si fuera necesario, valorar si el material con el que se juega es el adecuado es esencial. Cada persona tiene características físicas concretas y, por tanto, la raqueta deberá adaptarse a ello . El tamaño del grip o el peso de la raqueta, son características a tener en cuenta, además del cordaje.  
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