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Terapia de Pareja
Artículo especializado

Terapia de Pareja

Existen muchos tipos de problemas, y cada uno tiene una forma específica de solución . Cuando se nos estropea la moto, la llevamos a reparar a un mecánico de motos y no a un mecánico de coches. Si bien un mecánico de coches podría ayudarnos a repararla más que, por ejemplo, un carnicero, de la misma manera, los problemas de pareja hay que trabajarlos en pareja, y no de forma individual. Ambos miembros son parte del problema y, por tanto, también de la solución. Aunque habitualmente cuesta más ir a terapia de pareja que al mecánico (incluso cuando el malestar que nos genera una moto estropeada es mucho menor que una pareja en crisis), lo cierto es que la terapia de pareja cada vez está más demandada en nuestra sociedad y en los últimos años han aumentado considerablemente el número de consultas. ¿En qué consiste? La terapia de pareja es un asesoramiento psicoterapéutico con un experto en dinámicas relacionales para mejorar un problema o situación difícil dentro de la pareja. Uno (o ambos miembros de la pareja) siente un malestar importante que dificulta el día a día. Las dificultades en la c omunicación suele ser el común denominador. El objetivo fundamental es resolver los problemas interpersonales dentro de la relación y sentirse más a gusto con el otro y con uno mismo.  Una pareja sana no es la que no tiene problemas, sino la que sabe cómo manejarlos, enfrentándose y flexibilizándose. Es importante considerar que la terapia de pareja no sólo está indicada para recuperar una relación , sino que también es útil para gestionar una ruptura de la forma menos conflictiva posible, cuando esa es la decisión más adecuada. ¿Cuándo consultar? No hay unos parámetros claros que indiquen cuándo debería consultarse. Lo recomendable es que ambos sientan que necesitan aliviar el malestar , con objetivos similares y motivación para solucionar. Si bien lo ideal sería que la terapia no se postergara, la mayoría de las parejas convive una media de entre cinco y seis años con el problema antes de acudir a terapia. ¿Cuántas sesiones son necesarias? Dependerá del problema, el momento en que se encuentre, la motivación para resolverlo , las capacidades que despliegue cada miembro, etc. En ocasiones, una intervención breve, muy focalizada y que desatasque ciertos puntos puede cambiar el rumbo de la relación en tan solo un par de sesiones. ¿Cuáles son los motivos de consulta más habituales? Las discusiones, rutina, dificultades sexuales, dependencia, celos, infidelidad, dificultades en la convivencia, problemas con las familias de origen, diferencias en la crianza de los hijos, situaciones difíciles específicas (duelo o enfermedad de alguien cercano), etc. son algunas de las demandas más habituales de terapia de pareja . El denominador común de todas ellas suele ser las dificultades en la comunicación. Habitualmente los miembros de la pareja tienen a polarizarse en las opiniones, alejándose aún más a cada intento de diálogo y afianzándose en la rigidez en vez de en la flexibilidad. ¿Duración y frecuencia? Habitualmente se empieza con una sesión de una hora y media de duración cada 15 días , aunque esto puede variar en función del problema o el modelo terapéutico. ¿Existen tipos diferentes de terapia? Sí, hay diferentes modelos u orientaciones teóricas, que entienden y manejan los problemas de maneras diferentes. El modelo más reconocido es el sistémico , aunque también existen otros muy habituales y efectivos, como el cognitivo- conductual , el psicodinámico , el humanista , etc . ¿Y si uno de los miembros de la pareja no quiere ir a terapia? Antes de nada, sería indicado entender por qué el 50% de la relación no quiere consultar (¿ha tirado la toalla?, ¿no percibe que haya un problema?, ¿no quiere expresar la intimidad ante un tercero?, etc.), ya que según cuál sea la respuesta también podemos ver si es posible o no reconstruir la pareja. Si hay posibilidades de solución, se puede pedir a la parte que no quiere asistir que acompañe a la que sí, aunque sólo sea para estar presente y escuchar lo que se tiene que decir. Habitualmente, el miembro que en principio no deseaba ir, acaba mostrando su punto de vista e involucrándose. ¿Qué ayuda a producir el cambio? Es fundamental reforzar la empatía entre los miembros de la pareja de forma que puedan realmente entender las necesidades del otro, atendiendo las responsabilidades propias y comunes, así como potenciar la escucha activa, abandonando los monólogos y cultivando los diálogos. Para ello puede ser de utilidad instruir en nuevas pautas comunicacionales que potencien el vínculo y la reciprocidad, para así reforzar las bases de la ilusión y potenciar un proyecto común. En ocasiones pueden darse actividades para realizar fuera de sesión y así afianzar los cambios. ¿Qué efectividad tienen? Datos clínicos concluyen que alrededor del 75% de las parejas que consultan mejoran tras la terapia. El porcentaje aumenta si se aborda el problema en un estadio inicial.
Neuroma de Morton, Diagnóstico y Tratamiento
Artículo especializado

Neuroma de Morton, Diagnóstico y Tratamiento

¿No llevas bien lo de usar zapatos de tacón o te horroriza sólo pensar en ponerte unos maravillosos “ stilettos ” de punta afilada? ¡Puede ser que sea porque sufres un neuroma de Morton! Esta afección debe su nombre a que fue descrita por Morton en 1876 y es definida como “una neuropatía de los nervios digitales comunes plantares (del pie) ocasionada por atrapamiento y compresión del nervio entre las cabezas de los metatarsianos (los huesos que conforman en empeine y parte de la planta del pie)”. De una forma más coloquial, se puede definir como un “engrosamiento del nervio que se sitúa entre el tercer y cuarto dedo del pie” . Aparece con una frecuencia mayor en mujeres (relación 8:1 con respecto al sexo masculino), y afecta principalmente entre los 50 y 70 años. DÓNDE AFECTA MÁS Y MENOS El tercer espacio intermetatarsiano es el más frecuentemente afectado (seguido del segundo), quizás por ser el espacio más estrecho y donde se puede presentar con más facilidad un atrapamiento nervioso a este nivel anatómico. El primer y cuarto espacio son los menos frecuentemente afectados . Signos y síntomas Los pacientes padecen: Dolor plantar entre las cabezas de los metatarsianos (donde empiezan los dedos del pie), el cual se agrava en las caminatas prolongadas o con el uso de zapatos de tacón alto y puntera estrecha. Es un dolor quemante que se irradia hacia los dedos contiguos. Dicho dolor es aliviado al retirarse los zapatos y caminar descalzo por una superficie fría, como puede ser el suelo. Entumecimiento y hormigueo en los dedos de los pies. Calambres en los dedos del pie. Sensación de caminar sobre una pequeña piedra. Puede ser que las personas afectadas presenten una separación visible entre el segundo y el tercer dedo del pie. Cómo se diagnostica El diagnóstico se basará en: Prueba “click” de Mulder: consiste en presionar con nuestro dedo pulgar la superficie plantar a nivel de la cabeza del metatarsiano en cuestión y percibir un “click” o crepitación dolorosa en el paciente, que nos sugiere la presencia del neuroma. Rx dorso-plantares y laterales de los pies: para poder diferenciar esta afección de otros problemas óseos como podrían ser una fractura, un cambio óseo degenerativo, etc. ECO para visualizar las partes blandas del pie. Resonancia Magnética Nuclear (RMN). Cómo se trata El tratamiento incluye diferentes opciones: Disminuir la presión de los dedos de los pies mediante el uso de un zapato amplio a nivel de la puntera, la reducción en la altura del tacón y/o uso de plantillas con una almohadilla plantar situada a nivel del metatarsiano sintomático. Administración de analgésicos-antiinflamatorios. La terapia física y la rehabilitación están también en la lista del tratamiento no quirúrgico. La infiltración del neuroma con corticoides, procurando no lesionar los nervios digitales, ha demostrado alivio del dolor a corto plazo en un importante % de pacientes. También han sido reportadas altas tasas de éxito al realizar infiltraciones repetidas con alcohol bajo guía ultrasonográfica. Si estas medidas no resultan exitosas, entonces se puede realizar un tratamiento quirúrgico de tipo neurectomía , pudiéndose abordar por la vía plantar o dorsal (empeine) del pie. Otro tratamiento reportado es el llamado de “ablación por radiofrecuencia o termólisis” que tiene una eficacia hasta del 100% en cuanto a eliminación de la sintomatología dolorosa. Los cuidados postoperatorios incluirán la colocación de un vendaje elástico a nivel del pie intervenido quirúrgicamente, la indicación de reposo con elevación de la extremidad en cuestión y se puede permitir la marcha cargando el peso completo en la extremidad inferior operada, teniendo presente que persistirá de forma permanente una zona anestésica (sin sensibilidad) en el territorio del nervio manipulado.
Opioides, Manejo del Dolor
Artículo especializado

Opioides, Manejo del Dolor

Asociamos los opiáceos al dolor intenso , es un tándem inseparable. Vamos a hacer una breve introducción del dolor para conocer más detalladamente su manejo. Qué es el dolor El dolor es uno de los motivos de consulta más frecuentes. Debemos indagar sobre sus características: forma de inicio, localización, causas, evolución, intensidad, duración, respuesta al tratamiento... Ante una respuesta analgésica insuficiente o aparición de efectos secundarios deberemos hacer un cambio de tratamiento . Siempre que sea posible priorizaremos la vía oral por ser la más cómoda para el paciente. Manejaremos la intensidad del dolor empleando una pauta jerarquizada con una escala de dolor. Tipos de dolor En función de la intensidad del dolor, hablaremos de dolor leve, moderado e intenso. El dolor leve lo abordaremos con antiinflamatorios (dexketoprfeno, ibuprofeno, diclofenaco) y analgésicos (paracetamol, metamizol). El dolor moderado lo trataremos con los llamados opioides débiles (tramadol y codeína). El dolor intenso lo controlaremos con opioides potentes (morfina, fentanilo, oxicodona, metadona…). Según su duración, hablaremos de dolor agudo (al de inicio brusco y corta duración) y de dolor crónico (de inicio sordo, persistente, de intensidad variable y duración superior a un mes). El dolor crónico suele acompañarse de un cortejo de síntomas como disminución del estado de ánimo, alteraciones del sueño, pérdida de apetito y astenia. Cómo se pauta el tratamiento analgésico Lógicamente al indicar un tratamiento para el dolor debemos realizar controles posteriores dado que ajustaremos la pauta en función de la respuesta obtenida, ya sea reforzándola o disminuyendo la dosis. Ante la prescripción de analgésicos tendremos en consideración el perfil del paciente (si tiene alergias o intolerancias, si tiene contraindicaciones, si toma otras medicaciones…) así como las características del dolor. Empezaremos pautando una medicación acorde con el dolor y subiremos al siguiente eslabón de potencia analgésica cuando el resultado no sea el esperado. Pasaremos de los analgésicos no opioides a los analgésicos opioides, cuando sea preciso . Normalmente, al prescribir opioides debemos titularlos, es decir, incrementar la dosis paulatinamente hasta conseguir la efectiva. No utilizaremos dos opioides combinados y no suspenderemos el tratamiento bruscamente para evitar el síndrome de abstinencia . El uso continuado de opioides conlleva a la tolerancia (necesidad de aumentar dosis para obtener el mismo efecto) y a la dependencia (necesidad imperiosa de continuar el tratamiento). Opioides débiles y potentes Estableceremos la barrera entre los opioides débiles y los potentes: Los opioides débiles (tramadol y codeína) son empleados en el control de dolor de carácter moderado. Se encuentran en diferentes presentaciones comerciales existiendo la comercialización de dos fármacos combinados a dosis fijas en una sola pastilla como puede ser el tramadol con el paracetamol o la codeína con paracetamol. El siguiente eslabón terapéutico lo constituyen los opioides potentes empleados en dolor intenso. Muy socorridos en el dolor oncológico, por politraumatismo o en dolor artrósico-degenerativo. Existen diferentes presentaciones comerciales siendo los parches transdérmicos los preferidos por los usuarios. Lógicamente emplearemos la mínima dosis eficaz para el control del dolor, pero no escatimaremos si no lo conseguimos. La mayoría de opiáceos no tienen el llamado “techo terapéutico”, es decir, podremos subir la dosis hasta conseguir el efecto deseado, pero no olvidaremos los efectos colaterales. Mencionaremos algunos de los opioides más empleados : La morfina es el empleado más frecuentemente en el dolor oncológico intenso. Está disponible en varias presentaciones y de liberación rápida o retardada. La dosis de mantenimiento será la que controla el dolor del paciente con unos efectos indeseables tolerables. Si el dolor se exacerba el paciente necesitará disponer de una dosis de opioide de rescate que empleará a demanda. La disminución de la dosis de morfina se realizará de modo gradual cuando el dolor está controlado. El fentanilo está disponible en diferentes presentaciones (transdérmica, transmucosa, inhalada…). El parche transdérmico está disponible en diferentes posologías y debe recambiarse cada 72 horas. La oxicodona es un opioide con doble potencia analgésica respecto a la morfina. Muy empleada en el dolor neuropático. Otros opioides serían: metadona, hidromorfona (de eficacia similar a la morfina). buprenorfina (de segunda línea) y tapentadol (de potencia intermedia). Efectos secundarios Como hemos comentado, se recomienda una disminución gradual de dosis de opioides previa a su suspensión para evitar la aparición del síndrome de abstinencia. Los efectos secundarios detectados varían mucho de un individuo a otro en función del opioide y la dosis empleada, así como la edad del paciente y su perfil médico. No obstante, mencionaremos los más frecuentes : Estreñimiento: presente en más de la mitad de los pacientes, por ello se pauta laxante profiláctico al prescribir el opioide. Náuseas y vómitos: muy frecuentes al iniciar el tratamiento. Puede requerir un tratamiento antiemético al inicio. Sedación: muy frecuente en pacientes tratados con dosis altas. Otros efectos pueden ser el prurito o picor en la piel, la sudoración excesiva y la retención de orina (que puede precisar un sondaje). Se trata de un recurso terapéutico muy efectivo y recurrido que precisa ser tutelado médicamente .
Xantelasmas: Causas y Tratamientos
Artículo especializado

Xantelasmas: Causas y Tratamientos

Posiblemente se les conoce popularmente como "las bolsitas amarillas de colesterol que aparecen en las personas mayores alrededor de los ojos". Como veremos, no sólo son "bolsitas de colesterol" y no siempre aparecen en la gente mayor . Qué son Los xantelasmas son efectivamente unas pápulas o placas planas, de color amarillento y consistencia blanda, que contienen una acumulación de células llamadas histiocitos, cargadas de diversas sustancias grasas, entre ellas, colesterol. Pueden aparecer como resultado del envejecimiento o también en personas relativamente jóvenes. La zona donde más frecuentemente se ven es en el borde interno del párpado superior. Pueden llegar a abarcar áreas más grandes, casi siempre alrededor del ojo , pero también otras zonas de la cara. Son algo más frecuentes en las mujeres que en los hombres. Las personas con xantelasmas ¿tienen el colesterol alto? Es una pregunta frecuente. La realidad es que aproximadamente una tercera parte de las personas que tienen xantelasmas tiene un colesterol por encima del considerado sano. Otras tienen una proporción baja de "colesterol bueno" (el llamado colesterol HDL) o los triglicéridos altos. Esto puede venir causado por una dieta inadecuada, o por trastornos genéticos del metabolismo de las grasas denominados hiperlipidemias. El médico encargado de diagnosticar estos trastornos es el médico de familia o, en casos complejos, el endocrinólogo . Entonces, ¿si tengo xantelasmas debo acudir al médico y hacerme un análisis de sangre? Es conveniente, y en especial si se trata de una persona joven, de menos de 40 años de edad, y con antecedentes familiares de colesterol alto, o historia de muerte súbita por infarto o ictus en algún miembro de la familia. Tener el colesterol u otros lípidos altos es un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular , y hoy día existen tratamientos muy eficaces y seguros para ello. ¿Pueden asociarse con otras enfermedades? Además de con la hipercolesterolemia, los xantelasmas pueden asociarse con la diabetes y con la cirrosis biliar (una enfermedad que afecta a las vías biliares), pero con menor frecuencia. ¿Tener xantelasmas se asocia entonces con el infarto o el ictus? Algunos estudios han demostrado que tener xantelasmas, sobre todo a una edad temprana (antes de los 40 años), se asocia con una mayor probabilidad de sufrir aterosclerosis, infarto de miocardio o ictus. Esta relación es independiente de tener el colesterol o los triglicéridos altos, por lo que las personas con xantelasmas deberían visitarse regularmente en el médico, seguir una dieta sana, controlar su colesterol (con dieta o con medicación) hacer ejercicio físico de forma moderada y regular, y no fumar. Desde el punto de vista estético, ¿tienen tratamiento? Los xantelasmas se pueden tratar con métodos ablativos como la crioterapia (congelarlos con aparatos que emplean el nitrógeno líquido), el láser, el peeling químico o incluso con cirugía, extirpándolos. Sin embargo, la norma es que vuelvan a aparecer en más de la mitad de los casos cuando pasa un tiempo. La recidiva suele ser más frecuente en las personas que tienen un mal control de su hiperlipidemia.
Xerostomía
Artículo especializado

Xerostomía

Llamamos xerostomía a la sensación de boca seca descrita por una persona ante la disminución o ausencia de saliva en la cavidad oral. También es conocida como asialorrea o hiposalivación . Son múltiples las causas que pueden ocasionar este síntoma, entre ellas la diabetes mellitus, el síndrome de Sjögren o ciertos tratamientos oncológicos (ya sea quimio o radioterapia). El papel de la saliva Antes de profundizar en este síntoma debemos recordar el protagonismo de la saliva en el interior de la boca. La saliva se produce en las glándulas salivares . La síntesis diaria de saliva alcanza los 500 mililitros, de los cuales 200 son secretados durante el proceso de la deglución e ingestión de los alimentos, y los 300 restantes en situaciones de no ingestión. Además de proteger la mucosa que recubre el interior de la boca, tiene un efecto humectante que permite la función de limpieza mediante el arrastre de las bacterias. Asimismo, interviene en la regulación del pH intraoral que interferirá en la formación de caries y enfermedad periodontal (la disminución del pH aumenta el riesgo de infecciones intraorales). Cómo afecta la xerostomía La xerostomía es un síntoma frecuente en adultos. Su incidencia aumenta con la edad, siendo mucho más frecuente en mujeres que en hombres. En personas mayores de 60 años alcanza una incidencia del 20% (muy probablemente asociada a la ingesta de fármacos). Ante la detección de una posible boca seca se deben descartar sus principales causas: una alteración localizada en las glándulas salivares o en el centro salivar del sistema nervioso central, un efecto secundario de un tratamiento o bien una causa sistémica . Así, deberemos descartar enfermedades crónicas (diabetes mellitus no controlada, anemia hemolítica, una infección o una alteración autoinmune…). Para su estudio la clasificamos en dos subgrupos: reversible e irreversible . Xerostomía reversible: sería secundaria y, por tanto, mejoraría al suspender el agente que la provoca (medicamentos como antihistamínicos, antihipertensivos, diuréticos y quimioterápicos, tabaco, alcohol, estrés, ansiedad…). Xerostomía irreversible: sería primaria y como consecuencia de una lesión irreparable. Sería el ejemplo de pacientes con diagnóstico de síndrome de Sjögren o en tratamiento con radioterapia por una patología neoplásica local (la afectación glandular estará relacionada con la dosis recibida). Haremos mención especial al síndrome de Sjögren por ser una enfermedad autoinmune crónica con afectación sistémica caracterizada por la presencia de sequedad ocular (xeroftalmía) y oral (xerostomía) secundarias a la infiltración de las glándulas exocrinas secretoras. Se pueden afectar otras glándulas como las del área nasal, faríngea, laríngea y genital. Puede presentarse a cualquier edad, pero ocurre con mayor frecuencia en mujeres entre los 40 y 50 años. ¿Cómo se traduce la disminución de síntesis de saliva en la boca? La falta de humectación intrabucal puede provocar diversas manifestaciones como dificultad en la masticación, deglución o el habla, alteraciones en el gusto, halitosis, grietas, sobreinfecciones, caries, gingivitis ... ¿Cómo actuamos ante una posible xerostomía? Para su estudio se realiza una sialometría o medición de la cantidad de saliva . Una vez confirmada la disminución en la síntesis de saliva debemos estudiar el posible origen. Para ello descartamos las principales causas mediante el empleo de otras pruebas diagnósticas como el ultrasonido, la resonancia magnética, la tomografía computarizada, la biopsia glandular, la sialografía... Asimismo, podremos estudiar la composición de la saliva. Mediante un estudio cualitativo analizaremos los diferentes componentes y sus concentraciones. Cuando encontramos la causa desencadenante abordamos su tratamiento específico. Sin embargo, no siempre podemos conocerla, en cuyo caso realizaremos un tratamiento sintomático para mejorar los síntomas del paciente. Para ello prescribiremos sustancias sialogogas (inductoras de la secreción de saliva) y agentes humectantes o sustitutos salivales . Destacaremos el Xylitol por su efecto humectante y bacteriostático añadido. Otros consejos a tener en cuenta serían: Asegurar una buena hidratación oral de forma constante mediante sorbos de agua. Evitaremos bebidas azucaradas, irritantes orales (café, alcohol, tabaco) y las bebidas ácidas (que puedan ocasionar cambios en el pH). Hidrataremos la mucosa labial con protectores labiales. Siempre que sea posible evitaremos la ingesta de fármacos que afecten a la secreción salival. Evitaremos la exposición a ambientes de baja humedad (aire acondicionado o calefacción central) Utilizaremos humidificadores, sobre todo por las noches, para evitar aumentar la sequedad basal. Insistiremos en la importancia de la higiene oral y de las revisiones periódicas al odontólogo. 
Pólipos Endometriales
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Pólipos Endometriales

Estamos ante una de las patologías ginecológicas más frecuentes. Se trata de formaciones redondeadas u ovaladas que crecen en el interior del útero y que son más frecuentes a medida que la edad avanza . Son mayoritariamente benignos. Contexto… El útero está recubierto por dentro por un tejido llamado endometrio que tiene la finalidad de acoger y alimentar el embarazo durante las primeras semanas. Durante la edad fértil de la mujer, con una periodicidad de aproximadamente 4 semanas, este tejido madura, y si no se ha producido la gestación, caduca y se desprende en forma de sangrado menstrual para construir uno nuevo. A partir de la menopausia, este tejido queda latente sin actividad. Pues bien, los pólipos endometriales serían estas formaciones redondeadas u ovaladas que crecen en el interior del útero. Cómo se producen Los pólipos endometriales crecen en este tejido, su causa es desconocida, aunque en su fisiopatología están implicados factores hormonales, inflamatorios y genéticos. Son más frecuentes al aumentar la edad, muy raros antes de los 20 años, más frecuentes entre los 40 y los 60. Son una patología eminentemente benigna, aunque pueden malignizar un 1%. El tejido del que están formados contiene glándulas y abundancia de vasos, motivo por el cual su sintomatología más frecuente son los sangrados, tanto aumento del sangrado menstrual, como sangrados entre reglas o sangrado después de la menopausia. Muy a menudo no ocasionan síntomas y se diagnostican casualmente durante una ecografía rutinaria . Otros síntomas no tan frecuentes son dolor o esterilidad. Cómo se diagnostican El diagnóstico es bastante sencillo mediante una ecografía transvaginal . En mujeres postmenopáusicas y en determinados momentos del ciclo menstrual su imagen es característica, se identifican como una formación nodular sólida en el interior de la cavidad uterina, que puede medir desde pocos milímetros a 1-2 cm. No son habituales los pólipos mayores a 2 cm. Fácilmente se puede identificar el pedículo arterial que lo alimenta. Cómo se tratan Cuando se diagnostican, normalmente, se aconseja su exéresis quirúrgica por varios motivos. En primer lugar, a pesar de que se trata de una patología benigna, tiene un potencial de malignización muy bajo, pero no cero, s obre todo en pacientes menopáusicas . Y, en segundo lugar, porque es muy raro que desaparezcan solos, y lo único que pueden hacer es seguir creciendo. Y finalmente porque el tratamiento quirúrgico es muy sencillo y con baja tasa de recidiva y complicaciones. El tratamiento es una histeroscopia quirúrgica : consiste en introducir un dispositivo dotado de cámara de endoscopia a través de la vagina y del orificio del cuello uterino hasta el interior del útero. Esta imagen, como en cualquier endoscopia, se ve proyectada en una pantalla. El mismo dispositivo lleva incorporado una herramienta que facilita el corte, y con ella se puede seccionar y extraer el pólipo endometrial de una pieza o fragmentado para remitirlo al laboratorio de análisis de anatomía patológica. Este procedimiento se practica habitualmente de forma ambulatoria sin anestesia o con una anestesia regional o sedación, pudiendo dar de alta a la paciente al poco rato. La tasa de complicaciones del procedimiento es baja, y el postoperatorio no suele comportar dolor y permite la reincorporación a las tareas habituales prácticamente enseguida . SI SE BUSCA UN EMBARAZO… En mujeres que desean embarazo, además, está añadido el hecho de que el pólipo menoscaba sus posibilidades de gestación, pues por un lado está ocupando el espacio en el que deberá implantarse el embrión, y en función de la localización del pólipo puede suponer un impedimento para el normal ascenso de los espermatozoides pues puede obstruir la trompa. Así que, aunque es una patología mayoritariamente benigna, cuando se diagnostican se suelen extirpar, y constituye una de las intervenciones quirúrgicas más frecuente en ginecología.
Puerperio, Recuperación del Aparato Reproductor tras el Parto
Artículo especializado

Puerperio, Recuperación del Aparato Reproductor tras el Parto

Después del parto es importante respetar los tempos y tener una serie de precauciones y realizar las acciones necesarias para que todo vuelva “más o menos” a quedar como estaba antes del embarazo. Qué pasa en el embarazo El embarazo es un proceso fisiológico, pero que supone una importante sobrecarga física para la mujer: Durante la gestación es normal un incremento de peso de 10-12 Kg, en los mejores casos, pero no es infrecuente un aumento mucho mayor. Este peso de más lo carga la espalda, las rodillas y los tobillos de la embarazada causando frecuentes dolores de espalda. La distensión abdominal y el volumen que carga la embarazada en su abdomen hace que la musculatura abdominal se distienda y muchas veces los músculos abdominales se separan de la línea media, además el centro de gravedad del cuerpo se adelanta con lo que la columna vertebral debe arquearse para mantener la estabilidad. El útero que contiene el feto aumenta de tamaño a medida que avanza el embarazo llegando hasta debajo de las costillas al final de la gestación Los ligamentos entre los huesos de la pelvis adquieren cierta laxitud para permitir un mínimo juego entre ellos que facilite el paso del feto a través suyo en el momento del parto. La vagina se engrosa para permitir su estiramiento durante el parto y todos los órganos pélvicos se congestionan por la presión que ejerce el útero gestante Todos estos cambios culminan en el momento del parto en el que la presión ejercida por las contracciones uterinas empujará el feto hacia el exterior por la vagina. Esto puede comportar, en ocasiones, el descenso de los órganos pélvicos o lesiones ocasionadas por el feto en su expulsión. Y en caso de cesárea, también los músculos abdominales se verán afectados por la intervención. La recuperación tras el parto El primer paso de la recuperación postparto es buscar la manera de que la madre descanse tanto como sea posible, se alimente bien, y duerma el número suficiente de horas, aunque sea de forma interrumpida por la lactancia y los cuidados del bebé. Se aconsejan suplementos vitamínicos, una buena dieta y hidratación y antiinflamatorios en los primeros días del puerperio. Y una vez terminado el puerperio inmediato, después de los primeros días-semana empezar un plan de recuperación para que la musculatura abdominal y pélvica recupere su anatomía y fuerza. Este plan lo dividiremos en las medidas a tomar durante el puerperio inmediato y el tardío: En el puerperio inmediato, durante la primera semana postparto: Las recomendaciones empiezan por los cuidados necesarios para una correcta cicatrización de la episiotomía o cesárea siguiendo los consejos del médico Evitar actividad física innecesaria pues el cuidado del recién nacido ya constituye suficiente carga, evitando cargar peso, estar mucho tiempo de pie o andar demasiado, aunque a la vez es conveniente una mínima movilización de las piernas para evitar problemas vasculares y no estar demasiado en cama. La lactancia materna es muy beneficiosa para madre e hijo, pero hay que procurar tener una buena postura pues favorece los dolores de espalda que ya son frecuentes por el simple hecho de la readaptación de la columna a que nuevamente se ha desplazado el centro de gravedad del cuerpo. También favorece el restreñimiento , que hay que evitar para no hacer descender más los órganos pélvicos el soporte de los cuales ya está debilitado por el parto. Hay que recomendar un abundante aporte de líquido. Después de los primeros días del parto ya podemos empezar a hacer ejercicios de Kegel para tonificar el suelo pélvico y aplicar el mismo concepto de este ejercicio al hacer cualquier contracción abdominal: cargar un peso, toser, estornudar… Y no realizar ningún ejercicio abdominal tradicional ni mantener relaciones sexuales durante los primeros 40 días Los ejercicios de Kegel consisten en contraer voluntariamente la musculatura del suelo pélvico como si quisiéramos interrumpir el chorro de orina durante la micción. Mantener esa contracció n unos segundos y aflojar, repetir 10-15 veces, y intentar realizar esta maniobra de forma rápida contraer-aflojar-contraer-aflojar sin mantener la tensión también 10-15 veces, realizando estas series dos o tres veces al día En el puerperio tardío, desde la semana hasta el final de la cuarentena: Seguir las recomendaciones anteriores incrementando nuestra actividad física y los ejercicios de Kegel, y a partir de la cuarentena ya se pueden iniciar los ejercicios abdominales hipopresivos, que consisten en contraer los músculos abdominales hacia el interior del abdomen, trabajando mucho la respiración y el diafragma, sin que haya movimiento. En esta fase un fisioterapeuta especializado podrá valorar el estado de la musculatura abdominal y pélvica y dirigir estos ejercicios, y en ocasiones añadir algún tratamiento adicional específico como electroterapia, terapias manuales o técnicas de biofeedback . 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Diuréticos y Retención de Líquidos
Artículo especializado

Diuréticos y Retención de Líquidos

Definimos un diurético como una sustancia que al ser ingerida induce la eliminación de líquido del organismo. Esta eliminación de líquido no se produce de forma aislada, sino que conlleva a un arrastre de minerales e iones que alteran el equilibrio electrolítico y debe tenerse muy en cuenta al indicar el tratamiento. Se trata de un tratamiento que debe realizarse bajo recomendación médica . Su principal indicación sería el tratamiento del edema o retención de líquidos que puede presentarse en diferentes patologías: insuficiencia cardíaca, cirrosis hepática, enfermedad renal, grandes quemados, hipertensión arterial… Tipos de diuréticos Existen diferentes grupos de diuréticos que actúan en diferentes niveles para forzar el efecto de arrastre y eliminación de líquido . La mayoría de diuréticos actúa forzando la eliminación renal de agua mediante la eliminación forzada de sodio en la orina. A su vez ocasionan disminución en los niveles de otros iones como potasio, cloro y magnesio por lo que deben monitorizarse sus niveles en los pacientes tratados con diuréticos de forma crónica. En función del mecanismo y lugar de acción diferenciaremos diferentes tipos de diuréticos: tiacídicos, del asa y ahorradores de potasio. Las diferentes familias de diuréticos presentan diferentes efectos adversos. La elección de uno u otro vendrá condicionada por los síntomas y la patología especifica a tratar . Los diuréticos tiacídicos suelen indicarse en pacientes afectos de hipertensión arterial y/o insuficiencia cardíaca. Los más comúnmente empleados son la hidroclorotiazida y la clortalidona. Son menos potentes que los diuréticos del asa pero más que los ahorradores de potasio. Aumenta la excreción de sodio, agua y potasio. Los diuréticos del asa se emplean, por su mayor eficacia, en agudizaciones de enfermedades crónicas. Los más empleados en la práctica clínica son furosemida y torasemida. Actúan aumentando la excreción renal de sodio, agua y potasio. Precisan un ajuste de dosis de forma individual según la respuesta clínica y el grado de diuresis requerido. En cuanto los síntomas mejoran se ajusta nuevamente la dosis. Los diuréticos ahorradores de potasio a diferencia de las otras familias pueden provocar desequilibrio electrolítico, especialmente por aumento de potasio, aunque también pueden ocasionar disminución de los niveles de sodio. Los más empleados de este grupo son la amilorida y la esironolactona. Tienen un efecto diurético más débil que los grupos anteriores. Cómo tomarlos Una vez tenemos la indicación clara de iniciar el tratamiento con diuréticos debe iniciarse la pauta a dosis bajas, que se incrementará en función de la evolución clínica del paciente, así como la tolerancia, hasta conseguir una respuesta diurética adecuada que podremos evidenciar clínicamente con una disminución de peso (por eliminación del líquido retenido), una mejoría en la inflamación de las extremidades o una mejoría en los valores tensionales . A medida que los síntomas mejoran intentaremos reducir la dosis hasta conseguir la mínima necesaria para mantener un correcto equilibrio . En algunos pacientes, a pesar de haberse resuelto la retención de líquidos, debe mantenerse el tratamiento diurético para evitar recaídas. Por supuesto, los pacientes en tratamiento con diuréticos deben someterse a controles analíticos periódicos para monitorizar, sobre todo, los iones (sodio, potasio, cloro, magnesio…), así como la función renal. Al iniciar el tratamiento con diuréticos realizaremos una analítica tras una o dos semanas del inicio del tratamiento . Asimismo, siempre que el paciente precise un ajuste de dosis para controlar los síntomas, debemos proceder al control analítico posterior, sobre todo al aumentar la dosis del diurético. Efectos adversos El uso concomitante de diuréticos con otros fármacos puede potenciar el efecto de los mismos de forma que es importante comunicar este tratamiento si precisamos una nueva prescripción farmacológica. Por supuesto, la ingesta de diuréticos implica más visitas al baño con la consecuente incomodidad, sobre todo, durante la noche. Por tanto, e s una medicación muy efectiva pero no exenta de efectos adversos inducidos , principalmente por el aumento de la diuresis (o micción) y el desequilibrio hidroelectrolítico. Los efectos secundarios más habituales son pues: hiponatremia (disminución de sodio), hipopotasemia (disminución de potasio), hipomagnesemia (disminución de magnesio), hipovolemia (deshidratación), hiperuricemia (aumento de ácido úrico), crisis de gota, hipercalcemia (aumento de calcio), hipercolesterolemia (aumento de colesterol) e hiperglucemia (aumento glucosa), hipotensión (disminución de la tensión arterial) e insuficiencia renal. Por su frecuencia e importancia merece especial mención la hipopotasemia, que puede aparecer con los diuréticos tiacídicos y los de asa (más frecuente en los pacientes tratados con los primeros). En función de la duración del tratamiento y la dosis requerida será más acusada y puede ser necesario un suplemento de potasio para compensar las pérdidas renales. Por el contrario, en pacientes tratados con diuréticos ahorradores de potasio encontraremos niveles elevados de potasio que pueden precisar tratamiento específico . Vamos a mencionar los síntomas más frecuentes que aparecen ante un desequilibrio hidroelectrolítico en general : sequedad de boca, sed, síntomas digestivos (náuseas y vómitos), debilidad, cansancio o letargia, somnolencia, agitación, convulsiones, confusión, cefalea, dolores, calambres musculares, hipotensión (también hipotensión postural), oliguria (micción escasa), arritmias.... Como puedes deducir no es una medicación que deba tomarse sin control médico . Además de sus indicaciones específicas tiene unos efectos adversos que no deben minimizarse. Y, sobre todo, no están indicados para tratar el sobrepeso por causas ajenas a las mencionadas.
Los Analgésicos y sus Efectos Secundarios
Artículo especializado

Los Analgésicos y sus Efectos Secundarios

Los medicamentos analgésicos son uno de los grupos farmacológicos de mayor consumo en España , pero… ¿sabes realmente lo que estás tomando cuando optas por uno o por otro? Sobre el dolor… Se define “dolor” como una experiencia sensitiva y emocional desagradable , de gran complejidad, asociada a una lesión corporal real o potencial, que pueden experimentar todos aquellos seres vivos que están dotados de un sistema nervioso central. Según el tiempo de evolución, podemos distinguir: Dolor agudo: es aquel que dura poco tiempo, como consecuencia de un evento agudo como, por ejemplo, una caída con fractura ósea asociada, un dolor de muelas, un lumbago tras un mal gesto, migrañas, dolores menstruales, etc… Dolor crónico: es aquel que tiene una duración de meses, como podría ser, por ejemplo, el dolor de origen oncológico (tumoral). Clasificación de los medicamentos analgésicos Un analgésico es un medicamento para calmar o aliviar el síntoma de dolor. Existen diversos tipos de analgésicos en el mercado y cada uno de ellos cuenta con unas ventajas, pero también con unos riesgos y contraindicaciones . Podemos clasificarlos en analgésicos primarios y analgésicos secundarios. Veamos cuáles son. Analgésicos primarios Son de amplio espectro, es decir, útiles para tratar numerosos tipos de dolor. Incluyen: Analgésicos-antitérmicos puros:   Paracetamol. No provoca irritación gástrica, pero puede causar hepatotoxicidad (lesión de hígado) en caso de intoxicación masiva aguda (más de 10g). La dosis máxima es de 4 g/día. Las reacciones adversas son raras, pero puede provocar aumento del nivel de transaminasas en sangre, erupción cutánea, hipotensión (“bajón de tensión”), hipoglicemia (“bajón de azúcar”), etc. Analgésicos-antiinflamatorios: Aspirina® o AAS, ibuprofeno, ketoprofeno, dexketoprofeno, etc. que se incluirían en el subgrupo de los “AINE (antiinflamatorios no esteroideos)” y, por otro lado, el subgrupo de los “ICOX selectivos”, como el celecoxib y rofecoxib,etc. Los AINEs pueden provocar diarreas, náuseas, vómitos, dolor abdominal, úlceras pépticas (estómago-intestino), perforación o hemorragia gastrointestinal, flatulencia, estreñimiento, hipertensión arterial, erupción cutánea, fatiga, somnolencia, cefalea (dolor de cabeza), vértigo, mareo… Los del grupo ICOX son mejor tolerados a nivel gástrico, reduciéndose el riesgo de hemorragias y úlceras digestivas, pero pueden provocar insomnio, mareo, hipertensión arterial, rinitis, tos, dolor abdominal, diarrea, flatulencia, vómitos, erupción cutánea y prurito (picor) o edema (retención de líquidos), entre otros ejemplos… Pirazolonas: Metamizol o Nolotil ®. Algunos ejemplos de efectos secundarios indeseados que puede provocar el metamizol son hipotensión , reacciones anafilácticas (alergia), coloración roja de la orina, así como un cuadro grave de la sangre llamado “agranulocitosis”. Opiáceos menores: Tramadol. Puede provocar mareos, cefaleas, confusión, somnolencia, náuseas, vómitos, estreñimiento, sudoración, fatiga o sequedad bucal. Opiáceos mayores: unos naturales, como la morfina, otros artificiales-sintéticos, como el fentanilo. Actúan imitando el poder de los opiáceos endógenos que genera de forma natural nuestro organismo. Son los fármacos analgésicos más potentes conocidos.  Pueden provocar confusión, insomnio, alteraciones del pensamiento, cefalea, contracciones musculares involuntarias, somnolencia, mareos, broncoespasmo, dolor abdominal, náuseas, vómitos, sudoración, rash cutáneo, astenia (cansancio), prurito (picor)… Analgésicos secundarios o adyuvantes Son fármacos que no son analgésicos cuando se administran aisladamente, pero potencian la acción de cualquier analgésico en asociación.  Algunos ejemplos son: Corticoides. Antidepresivos: amitriptilina, etc. Anticonvulsivantes: carbamazepina (sobre todo en el dolor de tipo neuropático), etc. Decálogo de consejos en la toma de analgésicos La toma de analgésicos por la vía oral es siempre la de elección, en un principio. Las formas de liberación sostenida son útiles en el dolor crónico. La vía parenteral (intramuscular, intravenosa, etc.) es útil en caso de intolerancia oral o cuando sea preciso un efecto farmacológico rápido. La vía rectal presenta una absorción más errática en comparación con otras vías de administración. La tolerancia oral de los antiinflamatorios tipo AINE mejora con la ingesta previa de alimentos (reduce el riesgo de padecer trastornos gastrointestinales adversos). No te automediques. Consulta siempre con tu médico la idoneidad de tomar un determinado analgésico. Su elección debe realizarse siempre de modo individualizado. Ten presentes las interacciones potenciales que podrían existir con los fármacos que ya tomas por otras prescripciones. Sal de la consulta teniendo claro las dosis (cantidad), el intervalo de administración (cada 6-8-12 horas) y/o el tiempo de duración del tratamiento analgésico prescrito. Se desaconseja por completo el consumo de alcohol y fármacos, con especial repercusión con algún tipo de analgésicos (opioides). Observa la aparición de potenciales reacciones adversas y/o falta de respuesta al tratamiento y consúltalo con tu médico, para que pueda prescribirte una alternativa.
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