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Causas, Síntomas, Tratamiento y Prevención de la Gripe
Artículo especializado

Causas, Síntomas, Tratamiento y Prevención de la Gripe

La gripe es una enfermedad aguda de causa vírica que afecta, sobre todo, a la vía respiratoria. Suele acompañarse de un cortejo de síntomas variable que la convierte en un síndrome caracterizado por una afectación repentina del estado general (fiebre, escalofríos, cefalea, dolor osteomuscular, fatiga, astenia y debilidad) y síntomas respiratorios (tos, mucosidad y dolor al tragar u odinofagia). Aparece en forma de brotes de diferente virulencia de un año para otro. Existen algunos colectivos de personas especialmente lábiles ante estas epidemias: ancianos, inmunocomprometidos o pacientes con patología crónica respiratoria cuya infección puede acarrearles consecuencias graves. Qué la provoca El virus causante de la gripe pertenece a la familia Orthomyxoviridae y se distribuye en tres géneros: influenza A, B y C. Los virus A y B son los más importantes en seres humanos.  Los brotes epidémicos son debidos a variaciones antigénicas del virus A, generalmente durante el invierno, de forma repentina y con una duración aproximada de dos o tres meses. El virus influenza B provoca brotes menos graves y menos extensos. El virus influenza C es poco frecuente y produce infecciones asintomáticas o muy leves. Cómo se transmite La transmisión de la gripe de persona a persona se produce por vía aérea, ya sea a través del habla, de la tos, de estornudos o de las gotas desprendidas al respirar o hablar. Tras la infección, el virus incuba en el receptor durante uno a cuatro días, tras los cuales empiezan a aparecer los síntomas. El contagio puede darse desde el momento de la infección del individuo (aunque aún no hayan aparecido síntomas) y hasta siete días después de estar asintomático. Una persona infectada puede transmitir la enfermedad, aunque esté totalmente asintomática. Cómo se diagnostica El diagnóstico de la gripe es absolutamente clínico por los síntomas que nos indica el paciente. No suele requerirse la realización de análisis, excepto en casos especiales en los que se recogen muestras en las primeras 48-72 horas del inicio de los síntomas coincidiendo con la máxima carga viral excretada por el paciente. Cómo se manifiesta Una vez instaurada la gripe, cursa como un cuadro banal de dos a cinco días (en casos no complicados). Puede prolongarse más días en determinados colectivos como niños, ancianos e inmunodeprimidos. En pacientes complejos se asocia a un mayor riesgo de complicaciones graves, siendo las más frecuentes las respiratorias (neumonía y empeoramiento de enfermedades de base como asma o EPOC), seguidas de las neurológicas, cardíacas y musculares. ¿Qué factores contribuyen a la aparición de complicaciones? Podríamos citar los adultos mayores de 65 años, las embarazadas, los pacientes de cuaquier edad con enfermedades crónicas y los inmunodeprimidos (incluyendo a los pacientes oncológicos en tratamiento con quimioterapia). Cómo se trata A pesar de no existir un tratamiento específico, suelen recomendarse unas medidas generales que deben seguirse y que incluyen: hidratación abundante, reposo relativo y un tratamiento sintomático consistente en antipiréticos, antitusígenos, antihistamínicos y/o analgésicos, en función de los síntomas predominantes. En caso de pacientes graves emplearemos antivirales que deberán ser iniciados antes de las 48 horas de la aparición de los primeros síntomas. Con ellos conseguiremos acortar la duración de los síntomas, pero no evitar la aparición de posibles complicaciones. La medicación antiviral impide la replicación del virus, por ejemplo, el oseltamivir y el zanamivir. Pueden pautarse en individuos que, aun habiendo sido vacunados contra la gripe se encuentran en situación de alto riesgo. Tienen una efectividad aproximada del 80% en la prevención de la infección. Estos mismos fármacos pueden emplearse como tratamiento siempre y cuando se inicie antes de las 48 horas de la instauración de los primeros síntomas, como se ha mencionado. Prevención En cuanto a las medidas profilácticas debemos mencionar la vacuna que se sintetiza anualmente con una composición específica que contiene varias cepas víricas. Su recomendación se extiende a diferentes colectivos poblacionales como las personas con factores de riesgo para complicaciones, las personas que pueden transmitir la infección a las personas frágiles y las profesiones que impliquen contacto de riesgo (sanitarios, veterinarios, trabajadores sociales…). La eficacia de la vacuna dependerá de varios factores siendo primordial el estado basal del paciente y su respuesta inmune. La vacuna debe administrarse anualmente en los grupos de riesgo y, deseablemente, antes de que se inicie el brote dado que su efecto no es inmediato (tarda dos semanas en hacer efecto). Generalmente se inicia la campaña de medicación a principios de otoño. En adultos consistirá en una dosis única administrada de forma intramuscular o subcutánea en el músculo deltoides mientras que en el colectivo infantil se administran dos dosis separadas por un intervalo de cuatro semanas, y se prefiere la administración en la cara anterior del muslo. Tras la administración de la vacuna antigripal no es infrecuente padecer un cuadro pseudocatarral leve y autolimitado.
Qué Provoca la Neuritis Vestibular
Artículo especializado

Qué Provoca la Neuritis Vestibular

El control del equilibrio está determinado por la integración de las señales obtenidas del mundo exterior a través de la vista, los receptores tanto cutáneos como osteoarticulares que informan sobre la posición y los movimientos del cuerpo, y el oído interno. Dicha acumulación de informaciones se procesa en el cerebro y el cerebelo, que dan las órdenes de reposición del cuerpo para mantener el equilibrio . La información que aporta el oído interno se transmite a través del nervio auditivo o vestibulococlear, también denominado octavo par craneal. Cuando por diferentes causas la porción de dicho nervio que se encarga del equilibrio (la otra porción se encarga de la audición) se inflama, se produce lo que se llama una neuritis vestibular y el equilibrio se ve afectado. A qué se debe La mayoría de las veces la neuritis vestibular es secundaria a una infección vírica de las vías respiratorias altas, un cuadro catarral que inflama el nervio y la información que envía al cerebro está alterada y no cuadra con la del resto de receptores, con lo que se produce una sensación de desequilibrio, pese a que el cuerpo no lo esté. En personas de edad avanzada la neuritis puede deberse a una isquemia de la arteria vestibular anterior, con lo cual se produce un déficit de aporte sanguíneo que daña el nervio y conlleva la neuritis y la alteración del equilibrio. Qué síntomas da La neuritis vestibular se caracteriza por ser un cuadro que se presenta de manera brusca y que cursa con síntomas como:          Inestabilidad cefálica.          Mareo.          Sensación rotatoria.          Falta de equilibrio.          Náuseas y vómitos.          Sudoración.          palpitaciones. Es una sensación muy desagradable que los pacientes toleran en mayor o menor grado y que en ocasiones puede llegar a provocar una crisis de ansiedad. Al ser una inflamación aislada de la parte conductora de la información del equilibrio, la audición está preservada, se oye bien y no existen pitidos en los oídos, a diferencia de lo que ocurre en la enfermedad de Ménière, donde sí se dan estos síntomas. La percepción de inestabilidad puede alargarse durante dos o tres semanas. Cuando caminan los pacientes con neuritis vestibular tienden a irse hacia el lado sano, pues el cuerpo tirará del paciente para que camine recto en función de la percepción que se tiene del equilibrio y de la posición de su cuerpo. Al hacer que el paciente cierre los ojos y se mantenga de pie veremos que el paciente se inclina o cae hacia el lado lesionado, lo que se conoce como signo de Romberg positivo. Las personas que padece una neuritis vestibular con frecuencia presentan un movimiento anómalo de los ojos que se llama nistagmo. Se trata de un movimiento involuntario de los ojos que baten o se desvían hacia un lado de manera rápida y luego regresan lentamente a la posición normal. Cuando una persona sufre una neuritis vestibular se producirá un nistagmo horizontal de los ojos hacia el lado sano. Cómo se diagnostica El diagnóstico de la neuritis vestibular se basa sobre todo en la descripción de los síntomas que da el paciente y la exploración física. Conviene llevar a cabo un examen del oído y una exploración neurológica completa, en la cual se debe evaluar tanto una posible alteración de la marcha como la imposibilidad del paciente para mantener el equilibrio al cerrar los ojos. Si existen dudas sobre la agudeza auditiva se puede realizar una audiometría. Asimismo, si después de tres semanas los síntomas se mantienen valdría la pena realizar un estudio electrofisiológico sobre la conducción eléctrica del nervio vestibulococlear mediante un electroneurograma. ¿Tiene tratamiento? En la mayoría de los casos la neuritis vestibular se curas por sí misma y lo que hacemos es tratar los síntomas. Se pueden dar antieméticos para las náuseas y los vómitos, como la metoclorpramida o la domperidona , así como medicación contra la sensación de vértigo, como la betahistina, la sulpirida o la biodramina. En casos rebeldes puede ser útil administrar una tanda corta de corticoides por vía oral. En caso de presentar unos síntomas que puedan hacer pensar en una neuritis vestibular es recomendable ponerse en contacto con su médico de familia o con un especialista en otorrinolaringología.
Infección Pulmonar
Artículo especializado

Infección Pulmonar

En la práctica habitual hablamos de neumonía para referirnos a la infección que afecta a la vía respiratoria baja. Sin embargo, debemos diferenciar el término neumonía del término bronquitis, ambos procesos relacionados con una infección respiratoria. La neumonía hace referencia a la afectación del parénquima pulmonar y suele ser de causa bacteriana, mientras que la bronquitis se refiere a la afectación de la vía respiratoria y suele ser de causa vírica. Tipos de neumonía La neumonía, por excelencia, es la llamada neumonía adquirida en la comunidad (NAC) o neumonía extrahospitalaria, que afecta a la población general. Se trata de una infección aguda pulmonar que se manifiesta por signos y síntomas de infección respiratoria baja. Otras neumonías específicas serían la neumonía en pacientes inmunodeprimidos y la neumonía nosocomial. La neumonía adquirida en la comunidad abarca el protagonismo por su gran incidencia y la morbimortalidad que acarrea. Un alto porcentaje de pacientes (sobre todo en la edad senil) precisa ingreso hospitalario e incluso en la unidad de cuidados intensivos no siendo despreciable el número de muertes que ocasiona. Diagnóstico El diagnóstico de neumonía se sospecha ante un paciente que presenta determinados síntomas como pueden ser: fiebre, escalofríos, tos persistente, mucosidad purulenta (amarilla o verdosa y espesa), dolor en el costado, disnea o falta de aire, mal estado general… En la auscultación podemos encontrar la presencia de moco.  Es frecuente que el paciente acuda a la visita médica tras varios días de presentar síntomas y después de haberse automedicado de forma sintomática sin evidenciar mejoría clínica. Tras la exploración, la prueba que solicitaremos para llegar al diagnóstico será una radiografía de tórax (siempre solicitamos dos proyecciones diferentes), donde evidenciaremos una lesión radiológica aguda compatible (en forma de infiltrado). Podremos valorar su localización, su extensión y la presencia de posibles complicaciones como pueden ser un derrame pleural. Si existe afectación del estado general nos ayudaremos de otras pruebas complementarias para el diagnóstico como puede ser una analítica sanguínea, una muestra del esputo, un hemocultivo o una broncoscopia. Quiénes tienen más riesgo de sufrirla El germen más frecuentemente encontrado en los aislamientos es el Streptococcus pneumoniae (o neumococo). Los pacientes más sensibles a este germen son: fumadores, pacientes respiratorios crónicos, con enfermedades avanzadas, edad senil, esplenectomizados (pacientes sin bazo) o pacientes tratados con corticoides. En esta población de riesgo está indicada la administración de la vacuna frente al neumococo de forma profiláctica. Existen otros posibles agentes causales de neumonía adquirida en la comunidad como pueden ser algunos virus (varicela, gripe…), el Mycoplasma , la Chlamydia , la Legionella , la Pseudomona o el Staphylococcus . Mención especial requiere la infección por legionella (bacteria gram negativa), cuyo único reservorio es el agua, especialmente la estancada a temperaturas entre 25 y 45ºC. Se transmite por inhalación de aerosoles o microaspiraciones de agua, y penetra en el organismo por vía aérea. Un foco temido es el sistema de agua hospitalario por suponer un riesgo para los pacientes hospitalizados. Los controles periódicos que deben realizarse son muy exhaustivos. La neumonía nosocomial es aquella adquirida en el hospital en las 48-72 horas tras el ingreso, siempre que se haya excluido un proceso infeccioso pulmonar ya presente antes. Es la segunda causa de infección hospitalaria tras la infección urinaria y la primera causa de infección en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital. Neumonía en inmunodeprimidos La neumonía en pacientes inmunodeprimidos puede tener características especiales, siendo posible encontrar unos agentes causales atípicos. Los síntomas pueden consistir en malestar general, escalofríos, fiebre, rigidez, tos, disnea y dolor torácico. Sin embargo, los pacientes inmunocomprometidos pueden no tener fiebre ni signos respiratorios y tienen menos cantidad de mucosidad purulenta. En algunos casos, el único signo de alarma es la fiebre sin un foco infeccioso aparente. La presentación atípica hace sospechar de una infección micótica o micobacteriana o viral oportunista. El tratamiento dependerá del estado inmunitario del paciente y del germen patógeno que cause la infección. Tratamiento Una vez confirmado el diagnóstico, se inicia inmediatamente un tratamiento antibiótico empírico. No siempre será necesario un ingreso hospitalario para el control evolutivo. En la mayoría de la población se realiza tratamiento ambulatorio. En pacientes de riesgo o con gran afectación del estado general estará indicado el ingreso hospitalario para la administración de antibiótico endovenoso y el seguimiento clínico de los síntomas. Es importante recalcar que la pauta antibiótica en caso de neumonía (infección respiratoria baja) es mucho más larga que la de una infección de vía respiratoria alta. Asimismo, puede estar indicada la combinación de dos antibióticos de familias diferentes. A pesar de que el tratamiento antibiótico aporta una gran mejoría clínica es posible notar cansancio y afectación del estado general hasta tres semanas después de finalizar el tratamiento. En general, la eficacia del tratamiento antibiótico no puede evaluarse hasta pasadas las primeras 48-72 horas, por lo que no es necesario modificarlo si no existe empeoramiento. La duración del tratamiento depende de varios factores específicos como la gravedad del paciente, la rapidez en la respuesta clínica y el microorganismo causal.
Novedades en el Calendario Vacunal 2019 en Lactantes y Niños
Artículo especializado

Novedades en el Calendario Vacunal 2019 en Lactantes y Niños

Las vacunas son una de las herramientas de prevención más potentes que tenemos y que más sufrimiento y muerte ha evitado en el último siglo. Incluso hay enfermedades, como la viruela, que ya no existen debido a la vacunación masiva de la población . Importancia de las vacunas y para qué sirven Actualmente disponemos de vacunas para prevenir de manera eficaz muchísimas enfermedades infantiles potencialmente graves. Son muy importantes para la salud porque protegen no sólo a las personas vacunadas, sino a toda la comunidad, al conseguir que algunas enfermedades desaparezcan. ¿Son seguras las vacunas? Hay que saber que el riesgo de no vacunar es infinitamente mayor que el de vacunar. Todas las vacunas tienen posibles efectos secundarios. Sin embargo, la mayoría son reacciones leves y temporales como fiebre o dolor en la zona del pinchazo. La máxima precaución que se debe tomar es no vacunar con vacunas de virus vivos a los niños inmunodeprimidos o a las mujeres embarazadas El calendario vacunal: cómo funciona El calendario de vacunación es la secuencia cronológica de vacunas que se administran a toda la población de un país o área geográfica y cuyo fin es obtener una inmunización adecuada frente a las enfermedades para las que se dispone de una vacuna eficaz. Cada año las sociedades pediátricas elaboran un calendario con las vacunas recomendadas para el año entrante. Es una manera de realizar una revisión exhaustiva de las estrategias preventivas en la población infantil. Algunas vacunas son de dosis única y otras necesitan un refuerzo o , lo que es lo mismo, varias dosis. Las vacunas se empiezan a aplicar a los dos meses de edad. Novedades en el calendario vacunal del 2019 En 2019, el comité asesor de vacunas de la AEP (Asociación Española de Pediatría) hace hincapié en introducción de la vacuna antimeningocócica tetravalente (MenACWY) como vacunación sistemática y se insiste en la vacunación del virus papiloma humano (VPH) en niños y niñas (no sólo en niñas). Hay dos grupos de vacunas: las sistemáticas financiadas, entre las que se debe incluir ya la antimeningocócica tetravalente (MenACWY), y las sistemáticas no financiadas, como la vacuna contra el rotavirus y la del meningococo B en lactantes, tosferina en adolescentes y la del VPH en chicos. Se recomienda un refuerzo de la tosferina (DTPa) en los adolescentes, entre los 12 y 14 años. Recomendación de la vacuna del virus del papiloma humano (VPH) en ambos sexos a los 11-12 años, porque la carga de la enfermedad neoplásica en el varón por este virus es también importante. Se recomienda la introducción de la vacuna frente al meningococo B como sistemática en el lactante, así como la del rotavirus. Actualmente estas dos vacunas no están financiadas por la seguridad social. Se mantiene la pauta de vacunación de triple vírica y varicela con dos dosis, recomendando la vacuna tetravírica (SRPV) para la segunda dosis. Uno de los cambios más importantes es la introducción de la vacuna antimeningocócica tetravalente que otorga cobertura frente a los meningococos A, C, W e Y, con un esquema de una dosis a los dos y cuatro meses de MenC, una dosis de MenACWY a los 12 meses y otra a los 12-14 años de edad. Fuera del calendario infantil, se sigue recomendando la vacunación con Tdpa a la embarazada a partir de la semana 27 de gestación y también la vacunación antigripal en cualquier momento del embarazo, si éste coincide con la epidemia estacional.
Detección precoz del VIH
Artículo especializado

Detección precoz del VIH

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es el causante del síndrome de la inmunodeficiencia adquirida (SIDA), que es una enfermedad que provoca que la persona infectada sea mucho más sensible a infecciones poco habituales en personas sanas. El virus ataca progresivamente el sistema inmunitario del huésped, que es nuestro sistema de defensa, impidiendo defendernos de las infecciones, que pueden llegar a ser letales. ¿Estar infectado por el VIH es lo mismo que haber adquirido el SIDA? No es lo mismo, pues pueden pasar años desde el contagio hasta el desarrollo de la enfermedad, y con el tratamiento adecuado puede que nunca llegue a manifestarse. Este periodo de latencia desde la infección hasta el desarrollo de la enfermedad, durante los cuales el sujeto no es consciente de estar infectado, puede ser largo, de varios años, con lo que muchas veces el diagnóstico se hace de forma diferida. Conviene hacer hincapié en la importancia del diagnóstico precoz, pues iniciar el tratamiento antes de que la enfermedad evolucione es crucial para el pronóstico, y también para reducir el riesgo de contagio a terceras personas. ¿Cómo se transmite el VIH? La transmisión del virus se produce por intercambio de sangre o fluidos corporales, es decir, se puede transmitir mediante las relaciones sexuales (sexo vaginal, anal u oral sin protección con una persona infectada) y también por una transfusión sanguínea, o un trasplante de órganos o mediante el intercambio de jeringuillas. De madre a hijo se puede transmitir a través de la placenta o durante la lactancia materna. No se transmite por el contacto casual, la convivencia, la saliva o el sudor. ¿Cómo se diagnostica? El diagnóstico es sencillo mediante distintas pruebas de laboratorio. Hay que tener en cuenta que existe un periodo “ventana” durante el cual, justo después del contagio, puede no ser posible detectar el virus. Este periodo ventana es variable en función de qué prueba de laboratorio se usa, pero es aproximadamente de tres meses para las más habituales. Con lo cual, ante un contacto de riesgo deberemos realizar el test de detección al cabo de tres meses para que el resultado sea fiable. El test lo podemos realizar confidencialmente a través de nuestro médico de cabecera o centros especializados a tal efecto, incluso existe un test rápido que tiene resultado en 20 minutos en algunos centros y farmacias con una pequeña muestra de sangre o saliva. Y, aún más, existe un auto-test que nos permite hacernos personalmente la prueba en nuestro domicilio de forma sencilla, con una alta fiabilidad de resultados, aunque en casos de positividad haya que comprobarlos con pruebas de laboratorio. La prevención La prevención se fundamenta en la no exposición a los mecanismos de transmisión: ante un contacto sexual del cual desconocemos su estatus frente a esta enfermedad, utilizar el preservativo en cualquier tipo de relación sexual y durante todo el tiempo. No intercambiar jeringuillas, cuchillas, agujas… De ahí la importancia de los programas de suministro de material de venopunción en condiciones a colectivos de drogadictos por vía endovenosa. También existe un tratamiento “preventivo” tipo “pastilla del día después”, para casos de emergencia por rotura de preservativo, que se puede administrar en las siguientes 24 horas a un contacto confirmado VIH+, reduciendo el riesgo de contagio. Las madres seropositivas también se medican durante todo el embarazo para minimizar el riesgo de contagio del bebé. El tratamiento El tratamiento es complejo con múltiples fármacos antirretrovirales, pero si se inicia antes de que el sistema inmune se deteriore y se siguen estrictamente los controles y las indicaciones médicas, actualmente podemos decir que la infección puede considerarse como una enfermedad crónica, pero bajo control. A modo de conclusión… Los puntos más importantes que deben quedarnos claro son:   No exponerse al virus tomando las debidas medidas de prevención.   Ante un posible contagio realizar las adecuadas pruebas diagnósticas en el periodo de tiempo conveniente para ser conscientes de la infección lo antes posible: es fácil, asequible y confidencial.   El diagnóstico precoz y tratamiento temprano protege al individuo infectado de desarrollar una grave enfermedad y a sus contactos del contagio.
Clamidia
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Clamidia

La clamidia es un tipo de bacteria especial que tiene un comportamiento a caballo entre una bacteria y un virus. Existen tres tipos de clamidia que pueden afectar a las personas, pero en este caso hablaremos de la Chlamydia Trachomatis , que es causante de una infección ginecológica. Las otras dos especies son causantes de infecciones respiratorias. Cómo se transmite y qué síntomas provoca La transmisión de la infección por clamidia es por vía sexual, afecta tanto a hombres como a mujeres y puede ser completamente asintomática. Cuando causa síntomas son muy variados:          Uretritis, es decir, síntomas de inflamación de la uretra que pueden confundirse con una infección de orina. En varones puede acompañarse de secreción purulenta por el meato uretral y de dolor testicular.          En mujeres también se puede observar esa secreción a través del orificio del cuello uterino, pus que proviene del interior del útero y por tanto estar afectando los genitales internos en una entidad que se llama enfermedad inflamatoria pélvica, que se define como una infección de gravedad moderada-severa, que afecta útero y trompas, con potencial de afectar toda la cavidad abdominal y lesionar las trompas permanentemente, hecho que conllevaría problemas para la fertilidad femenina.          Si se transmite por sexo anal puede ocasionar inflamación del recto con dolor rectal y secreción anormal mucosa o hemática por el ano.          En personas con un determinado grupo genético puede ocasionar un síndrome general que afecta los ojos, las articulaciones y la piel llamado Síndrome de Reiter. Otras consecuencias de la clamidia En los casos de gestantes afectadas por clamidia podemos encontrarnos con recién nacidos contagiados por este germen durante el parto al que pueden causar conjuntivitis, motivo por el cual es norma aplicar una pomada antibiótica ocular a todos los bebés que nacen en centros sanitarios. Si no se trata, una infección ocular neonatal por clamidia puede ocasionar problemas graves o incluso ceguera. No en nuestro medio, pero en algunos países de Asia, África y América, existen unas cepas concretas de clamidia que ocasionan una pequeña úlcera genital que pasa desapercibida y cura en pocos días, pero posteriormente puede ocasionar una grave inflamación de los ganglios de la zona que pueden formar grandes colecciones de pus y una severa afectación general. Otras cepas de clamidia pueden causar una conjuntivitis que se transmite de persona a persona favorecida por las malas condiciones higiénicas. Es una de las principales causas de ceguera en países subdesarrollados. A quién afecta La incidencia es difícil de calcular, pues el 70% de las infecciones son asintomáticas y, al ser una infección de transmisión sexual, es mucho más frecuente en determinados grupos de población de riesgo. Tratamiento efectivo Una vez planteado este contexto apocalíptico hemos de dar un mensaje tranquilizador ya que a pesar de que la infección tiene una alta prevalencia, en la mayoría de los casos las infecciones son leves y además el tratamiento antibiótico es altamente efectivo, así que el reto es saberla diagnosticar y tratar. Hay que tratar también a las parejas sexuales del sujeto infectado. El diagnóstico es fácil con unas pruebas de laboratorio sencillas pero específicas, así que hay que sospecharla, porque los medios de cultivo que se usan habitualmente no son buenos para detectarla. Prevención Como la transmisión es mediante relaciones sexuales no protegidas, tanto orales, vaginales como anales, con la persona infectada, la manera de prevenir la infección es mediante el uso del preservativo en todas las prácticas sexuales y durante todo el contacto. La persona infectada puede perfectamente no ser consciente de ello pues un alto porcentaje son asintomáticas. Y la infección no deja inmunidad, así que tras haber recibido tratamiento y solventado la infección conviene mantener las mismas medidas de precaución pues el recontagio es posible.
Diálisis, Qué es y Consecuencias
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Diálisis, Qué es y Consecuencias

La diálisis consiste en un procedimiento que suple la función renal cuando, por diferentes causas, los riñones están dañados. Mediante la diálisis se logran eliminar varios productos de desecho que se excretan con la orina, así como el exceso de líquido de la sangre. Qué pasa cuando los riñones fallan Cuando los riñones fallan por infecciones de repetición, lesiones, afectación por hipertensión arterial, colesterol, diabetes, glomerulonefritis, obstrucciones de la vía urinaria, aporte insuficiente de sangre u otras muchas causas, su función se debe suplir, dado que es el mecanismo del cuerpo humano para deshacerse de sustancias que, de acumularse en la sangre, como la urea, pueden ser tóxicas y poner en peligro la integridad del paciente o incluso su vida. Los riñones, una vez fallan, ya sea uno o ambos, en general no se recuperan. Cuando es un riñón el que falla el otro puede compensar en parte y llevar a cabo el trabajo que en condiciones de salud harían los dos. Sin embargo, esta misma sobrecarga de trabajo puede a la larga dañar el riñón sano y hacer que la función renal de excreción se vea mermada hasta llegar a unos niveles que pongan en riego al paciente. Cuando esto se produce hoy en día disponemos de dos opciones terapéuticas: la diálisis y el trasplante renal. Cuándo se recurre a la diálisis No todos los pacientes son candidatos a un trasplante renal, que es la solución ideal. Asimismo, existe una lista de espera para recibir un trasplante y mientras la función renal tiene que llevarse a cabo. Es en estas dos situaciones cuando entra en juego la diálisis, que se tendrá que realizar durante toda la vida, o hasta que se pueda someter a la persona a un trasplante de riñón. Tipos de diálisis Existen dos tipos de distintos de diálisis: la hemodiálisis, la más habitual, y la diálisis peritoneal. La elección de una modalidad u otra se basa, en la mayoría de los casos, en criterios puramente médicos, mientras que en ocasiones es el paciente quien puede escoger entre ambas opciones.          La hemodiálisis consiste en filtrar la sangre de forma periódica para depurar y extraer el líquido sobrante. Se extrae toda la sangre del paciente, se la hace pasar por un filtro (dializador) para depurarla y, una vez limpia, se introduce de nuevo en el cuerpo. o     Para poder llevar a cabo este proceso se necesita disponer de unos vasos sanguíneos que permitan extraer un gran flujo de sangre hacia la máquina de diálisis. Las venas y arterias a las que tenemos acceso tienen un calibre pequeño de manera que lo que se hace es crear una fístula arteriovenosa (FAVI) a través de la cual se accede a la extracción y reinserción de la sangre. La creación de la FAVI la llevan a cabo los cirujanos vasculares en el quirófano, y se debe realizar antes del inicio de la hemodiálisis. Entre un mes y un mes y medio después de la intervención la vena conectada a la arteria habrá crecido lo suficiente para permitir pinchar en ella de manera repetida durante las sesiones de hemodiálisis. o     Si se tiene que realizar la diálisis de forma urgente y no da tiempo a realizar la FAVI se puede llevar a cabo la hemodiálisis a través de un catéter vascular que se coloca a nivel yugular o femoral. Este acceso es provisional hasta que se pueda hacer la FAVI, dado que tiene mayor riesgo de infecciones. Sin embargo, si por problemas intrínsecos al sistema vascular del paciente no se le puede someter a la creación de la FAVI será el único mecanismo para poder realizar la hemodiálisis. o     El paciente se tendrá que someter a la hemodiálisis tres días a la semana en días alternos, descansando el fin de semana, en sesiones que pueden durar entre tres y cinco horas. El tratamiento se puede llevar a cabo en las unidades de diálisis ambulatorias o si es posible en el domicilio. A nivel domiciliario el paciente se ahorra el desplazamiento hasta el hospital y permite una mayor flexibilidad de horarios. El paciente debe contar con personas que puedan asistirle y se les debe formar para que puedan llevarla a cabo. o     Durante la hemodiálisis se puede notar una sensación de mareo al bajar la presión arterial. Tras finalizar la sesión durante unas horas los pacientes pueden tener una cierta sensación de cansancio que acaba cediendo, del mismo modo que el mareo que se puede tener durante la sesión por la bajada de tensión arterial puede darse tras el procedimiento          La diálisis peritoneal se basa en el mismo mecanismo que la hemodiálisis, pero en vez de utilizar el dializador se emplea el peritoneo, que actúa de membrana natural. Se debe colocar un catéter peritoneal mediante una intervención quirúrgica y una vez colocado se puede iniciar la diálisis peritoneal. o     Las sesiones consisten en la introducción del líquido de diálisis dentro de la cavidad abdominal mediante el catéter y se deja que durante unas horas las sustancias tóxicas y el líquido sobrante pasen de del peritoneo al líquido. A continuación, se extrae el líquido y se vuelve a llenar la cavidad abdominal con líquido de diálisis limpio. o     Tras una formación de unas semanas al paciente, que se llevará a cabo en el hospital, la diálisis peritoneal se puede realizar en el domicilio. La introducción y extracción del líquido puede hacerse de manera manual, lo cual requiere que el paciente haga el llenado y vaciado tres a cuatro veces al día, o de manera automática mediante una máquina que bombea el líquido a la cavidad abdominal y lo extrae durante 8-10 horas y que se suele realizar mientras el paciente duerme. La entrada de líquido puede causar una distensión abdominal molesta, sobre todo durante las primeras semanas del tratamiento. o     La diálisis peritoneal, a diferencia de la hemodiálisis, se debe realiza cada día. Sin embargo, los efectos secundarios de la hemodiálisis como los mareos, el cansancio o la bajada de la presión arterial ocurren en muy contadas ocasiones. Sea como fuere, ambas opciones comportan que el paciente tenga que hipotecar gran parte de su tiempo para someterse al procedimiento de diálisis. Las unidades de nefrología de los hospitales cuentan con equipos multidisciplinares de médicos, enfermeras, nutricionistas y fisioterapeutas que acompañan a los pacientes durante todo el proceso de la diálisis y realizan exhaustivos controles periódicos.
Terapia de Pareja
Artículo especializado

Terapia de Pareja

Existen muchos tipos de problemas, y cada uno tiene una forma específica de solución . Cuando se nos estropea la moto, la llevamos a reparar a un mecánico de motos y no a un mecánico de coches. Si bien un mecánico de coches podría ayudarnos a repararla más que, por ejemplo, un carnicero, de la misma manera, los problemas de pareja hay que trabajarlos en pareja, y no de forma individual. Ambos miembros son parte del problema y, por tanto, también de la solución. Aunque habitualmente cuesta más ir a terapia de pareja que al mecánico (incluso cuando el malestar que nos genera una moto estropeada es mucho menor que una pareja en crisis), lo cierto es que la terapia de pareja cada vez está más demandada en nuestra sociedad y en los últimos años han aumentado considerablemente el número de consultas. ¿En qué consiste? La terapia de pareja es un asesoramiento psicoterapéutico con un experto en dinámicas relacionales para mejorar un problema o situación difícil dentro de la pareja. Uno (o ambos miembros de la pareja) siente un malestar importante que dificulta el día a día. Las dificultades en la c omunicación suele ser el común denominador. El objetivo fundamental es resolver los problemas interpersonales dentro de la relación y sentirse más a gusto con el otro y con uno mismo.  Una pareja sana no es la que no tiene problemas, sino la que sabe cómo manejarlos, enfrentándose y flexibilizándose. Es importante considerar que la terapia de pareja no sólo está indicada para recuperar una relación , sino que también es útil para gestionar una ruptura de la forma menos conflictiva posible, cuando esa es la decisión más adecuada. ¿Cuándo consultar? No hay unos parámetros claros que indiquen cuándo debería consultarse. Lo recomendable es que ambos sientan que necesitan aliviar el malestar , con objetivos similares y motivación para solucionar. Si bien lo ideal sería que la terapia no se postergara, la mayoría de las parejas convive una media de entre cinco y seis años con el problema antes de acudir a terapia. ¿Cuántas sesiones son necesarias? Dependerá del problema, el momento en que se encuentre, la motivación para resolverlo , las capacidades que despliegue cada miembro, etc. En ocasiones, una intervención breve, muy focalizada y que desatasque ciertos puntos puede cambiar el rumbo de la relación en tan solo un par de sesiones. ¿Cuáles son los motivos de consulta más habituales? Las discusiones, rutina, dificultades sexuales, dependencia, celos, infidelidad, dificultades en la convivencia, problemas con las familias de origen, diferencias en la crianza de los hijos, situaciones difíciles específicas (duelo o enfermedad de alguien cercano), etc. son algunas de las demandas más habituales de terapia de pareja . El denominador común de todas ellas suele ser las dificultades en la comunicación. Habitualmente los miembros de la pareja tienen a polarizarse en las opiniones, alejándose aún más a cada intento de diálogo y afianzándose en la rigidez en vez de en la flexibilidad. ¿Duración y frecuencia? Habitualmente se empieza con una sesión de una hora y media de duración cada 15 días , aunque esto puede variar en función del problema o el modelo terapéutico. ¿Existen tipos diferentes de terapia? Sí, hay diferentes modelos u orientaciones teóricas, que entienden y manejan los problemas de maneras diferentes. El modelo más reconocido es el sistémico , aunque también existen otros muy habituales y efectivos, como el cognitivo- conductual , el psicodinámico , el humanista , etc . ¿Y si uno de los miembros de la pareja no quiere ir a terapia? Antes de nada, sería indicado entender por qué el 50% de la relación no quiere consultar (¿ha tirado la toalla?, ¿no percibe que haya un problema?, ¿no quiere expresar la intimidad ante un tercero?, etc.), ya que según cuál sea la respuesta también podemos ver si es posible o no reconstruir la pareja. Si hay posibilidades de solución, se puede pedir a la parte que no quiere asistir que acompañe a la que sí, aunque sólo sea para estar presente y escuchar lo que se tiene que decir. Habitualmente, el miembro que en principio no deseaba ir, acaba mostrando su punto de vista e involucrándose. ¿Qué ayuda a producir el cambio? Es fundamental reforzar la empatía entre los miembros de la pareja de forma que puedan realmente entender las necesidades del otro, atendiendo las responsabilidades propias y comunes, así como potenciar la escucha activa, abandonando los monólogos y cultivando los diálogos. Para ello puede ser de utilidad instruir en nuevas pautas comunicacionales que potencien el vínculo y la reciprocidad, para así reforzar las bases de la ilusión y potenciar un proyecto común. En ocasiones pueden darse actividades para realizar fuera de sesión y así afianzar los cambios. ¿Qué efectividad tienen? Datos clínicos concluyen que alrededor del 75% de las parejas que consultan mejoran tras la terapia. El porcentaje aumenta si se aborda el problema en un estadio inicial.
Insuficiencia Renal: Detección precoz y su importancia
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Insuficiencia Renal: Detección precoz y su importancia

La insuficiencia renal es una enfermedad crónica y evolutiva cuyo estadiaje evoluciona de forma variable de una persona a otras y en función de la causa que la ocasione. Se trata de un problema mundial de salud pública que afecta a más de un 10% de la población adulta . Cómo se manifiesta Puede tener diferentes manifestaciones clínicas entre las cuales destacan la hematuria (presencia de sangre en la orina), los edemas (acumulación de líquido intersticial) y la hipertensión arterial. Sin embargo, la función renal alterada tarda en manifestarse en una analítica o en un uroanálisis y suele detectarse en una revisión rutinaria. Una insuficiencia renal puede instaurarse de forma aguda ante un fracaso renal agudo o de forma progresiva ante una enfermedad de evolución crónica. Generalmente, al hablar de insuficiencia renal solemos referirnos a insuficiencia renal crónica. Es muy importante recalcar que la detección precoz de la insuficiencia renal mejora su morbilidad. Causas y síntomas de la insuficiencia renal Existen muy diferentes causas de enfermedad renal crónica siendo la hipertensión  y la diabetes las principales. La lesión renal incipiente se detecta con la aparición de  albúmina en orina   y/o la reducción progresiva de la tasa de filtrado glomerular . En sus primeras etapas, el daño renal no ocasionando ningún síntoma , pero a medida que se deteriora la función renal empiezan a aparecer los síntomas y a manifestarse claramente en la analítica. En general, el primer indicador de posible lesión renal es la excreción de albúmina en orina, por lo que su determinación está recomendada en los pacientes de riesgo (hipertensos, diabéticos, hepatópatas…). Diagnóstico Para detectar a los pacientes con alto riesgo de progresar a insuficiencia renal habría que establecer el grado exacto de daño glomerular mediante una biopsia renal, pero se trata de un método invasivo no indicado ni recomendado en todos los pacientes. El análisis de otros parámetros urinarios está en proceso de investigación, de forma que pueda detectarse el daño glomerular incipiente (se trata de la detección de biomarcadores como proteínas específicas en orina). La posibilidad de utilizar biomarcadores urinarios para detectar el daño glomerular temprano abre nuevas posibilidades diagnósticas, siendo una prueba complementaria fácil de realizar (con sólo la obtención de una muestra de orina). Existen otros parámetros sanguíneos cuya alteración puede sugerir lesión renal:          Electrolitos: sodio, potasio, bicarbonato… Normalmente, una disfunción o enfermedad renal ocasiona un desequilibrio electrolítico que afecta el pH sanguíneo. Si la función renal empeora, puede desarrollarse una acidosis  metabólica.          Iones: fósforo, calcio… Un fósforo elevado y un calcio disminuido son sospechosos de lesión renal.          Albúmina: una baja concentración en sangre y alta en orina puede indicar que los riñones no pueden evitar su pérdida por la orina.          Urea y creatinina: un aumento de estos valores en sangre sugiere disfunción renal por cualquier situación que disminuya el aporte de sangre hacia los riñones.          Anión gap: un resultado elevado puede indicar un exceso de ácido  en sangre (acidosis) que se asocia a enfermedad renal, aunque puede deberse a otras causas. Control de la enfermedad Los pacientes renales son controlados habitualmente por el médico de familia y periódicamente por el nefrólogo. Es importante controlar sus parámetros renales con asiduidad pues nos permiten conocer la función renal. En el momento en que el paciente es catalogado como nefrópata deben contemplarse unas consideraciones especiales en cuanto a la prescripción médica y a restricciones en la ingesta. En determinados fármacos debe hacerse un ajuste de dosis para evitar su acumulación por su alteración en el filtrado renal (que provocaría un acúmulo de fármaco en sangre). En conclusión, ante cualquier hallazgo patológico en orina o sangre sugerente de lesión renal debe iniciarse un estudio de despistaje. Algunas de las pruebas complementarias que se realizan para el estudio renal serían: el análisis de la orina recogida durante 24 horas (para conocer el grado de disfunción renal), la ecografía renal, la biopsia renal, el TAC…. Asimismo, además de etiquetar la insuficiencia renal y su grado, debemos realizar el estudio completo para identificar la causa subyacente. El diagnóstico de insuficiencia renal nos influirá en el tratamiento de este paciente de por vida. El objetivo será enlentecer la progresión de la insuficiencia renal.
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