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Fobia Social
Artículo especializado

Fobia Social

¿Tienes miedo a ser juzgado por los demás? ¿Sientes vergüenza al hablar con gente que no conoces? ¿Te sientes inseguro en situaciones sociales la mayor parte del tiempo? Si estas preocupaciones te están limitando para realizar tus actividades diarias, como ir a estudiar o al trabajo, es posible que sufras de un trastorno llamado fobia social. ¿Qué es la fobia social? Este trastorno se caracteriza por sentir miedo o ansiedad extrema, en ciertas o todas las situaciones sociales . Las personas que lo sufren tienen miedo a ser juzgados por los otros, a ser el centro de atención y a sentirse avergonzados. Temen hacer cosas comunes delante de los demás, como ir al banco, comer o beber delante de otra persona, responder a una pregunta en clase, utilizar baños públicos, etc., y piensan que controlar los síntomas está más allá de su capacidad, por lo que acaban evitando dichas situaciones, destruyendo, así, oportunidades de conocer nuevos amigos o posibles parejas, impidiendo el progreso profesional y, en definitiva, obstaculizando su desarrollo personal. ¿Cuáles son las señales y los síntomas de este trastorno? Las personas con fobia social tienden a: Preocuparse por los escenarios que les producen ansiedad social durante semanas antes de que ocurran y experimentar síntomas con tan sólo pensarlo. Ruborizarse con facilidad delante de los otros. Sudar abundantemente o temblar enfrentando situaciones sociales. Tener taquicardia o sentir que “la mente se queda en blanco” hablando con los demás. Mostrar una postura corporal rígida y tener poco contacto visual. Sufrir náuseas o malestar en el estómago cuando están con otras personas. Tener dificultad para hablar (voz baja, tartamudeo, voz rota, etc.). Tener la sensación de estar constantemente evaluado . Tener dificultad para hacer y conservar amigos . Evitar situaciones que impliquen interacción social . ¿Cuáles son sus causas? La fobia social suele iniciarse durante la adolescencia y puede tener varios orígenes: La timidez : una timidez mal llevada con el tiempo podría desencadenar en una fobia social. Si una persona tímida empieza a evitar situaciones que le producen ansiedad y se engancha a pensamientos negativos que refuerzan su incapacidad para hacer frente al problema, puede acabar padeciendo este trastorno. Desajuste neuroquímico : hay estudios que demuestran que las personas con fobia social producen un exceso de serotonina, una sustancia química responsable de mantener en equilibrio nuestro estado de ánimo. Cuando hay un déficit de esta sustancia, es posible que la persona desarrolle una depresión y, al contrario, cuando hay un exceso, la sobre activación puede producir los síntomas de la ansiedad. Experiencias traumáticas del pasado: haber sufrido una experiencia humillante en el pasado, como que se rían de ti en público o que te dejen en evidencia, puede originar el desarrollo de una fobia social. Crianza sobreprotegida por la familia: cuando la familia evita que el niño se enfrente a situaciones que de por sí generan un cierto nivel de nerviosismo, como conocer gente nueva, hablar en público, etc., es posible que estén obstaculizando el desarrollo de sus habilidades sociales y que con el tiempo acabe desarrollando una fobia social. Limitación de oportunidades de interacción social : la crianza aislada y con poca interacción con los iguales, es decir, los niños que viven en un mundo de adultos, pueden, con el tiempo, acabar sufriendo una fobia social. Dificultad para interpretar la conducta de los demás : hay estudios que demuestran que las personas con fobia social tienden a malinterpretar la conducta de los demás, como pensar que las personas nos están mirando fijamente o frunciendo el ceño, cuando en realidad no lo están haciendo. Falta de habilidades sociales: habilidades básicas como la escucha, saber hacer preguntas, dar las gracias, presentarse y despedirse, etc., o habilidades complejas como disculparse, pedir ayuda, afrontar críticas, admitir la ignorancia..., son necesarias para tener una interacción social de calidad, sentir la gratificación del intercambio y querer volver a repetir. Si no se tienen, la experiencia social es negativa, se tiende a evitar y puede acabar desarrollándose una fobia social. Herencia por aprendizaje: la falta de modelos de referencia en la infancia sobre cómo comportarse a la hora de relacionarse, puede generar fobia social por aprendizaje hereditario. ¿Qué tratamientos existen? Por lo general, la fobia social se trata con psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambos. Lo aconsejable es hablar con el médico para valorar qué tratamiento es el más adecuado y hacer un seguimiento de cerca para controlar los posibles riesgos asociados. Psicoterapia: para tratar la fobia social, habitualmente se utiliza la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), que consiste en conocer el origen del problema y desarrollar nuevas formas de resolver las situaciones temidas, mediante la detección de pensamientos irracionales para reemplazarlos por otros más realistas. Además, incluye estrategias de exposición a los estímulos temidos, para ir bajando la ansiedad progresivamente y practicando en el desarrollo de habilidades sociales Medicación: los medicamentos que se recetan con más frecuencia son los ansiolíticos y los antidepresivos. Los ansiolíticos son fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central relajando las funciones del cuerpo y, por tanto, reduciendo la ansiedad. Sus efectos son rápidos, pero no se pueden tomar durante un tiempo largo, pues se desarrolla tolerancia y cada vez se necesitan dosis más altas para conseguir el mismo efecto. Los antidepresivos , por su parte, son fármacos que alteran las funciones químicas del cerebro aumentando el número de neurotransmisores para captar el exceso de serotonina, y reducir así la sintomatología de activación nerviosa. Tardan varias semanas en hacer efecto y tienen efectos secundarios que varían en función de la persona. También se recetan otro tipo de medicamentos llamados beta bloqueadores , que lo que hacen es bloquear el flujo de adrenalina que se desencadena cuando tenemos ansiedad, haciendo que la sintomatología de la fobia social se atenúe. Técnicas y estrategias de superación Aunque para los casos complejos de fobia social, lo recomendable es acudir a un profesional y recibir un tratamiento guiado, en el caso de las personas con una sintomatología leve, pueden poner en marcha algunas recomendaciones para intentar afrontarla: Busca una razón de peso: lo más importante es tener un motivo claro por el que merezca la pena empezar a afrontar el problema. No te engañes ni te justifiques : “me gusta estar solo, tengo intereses diferentes a los demás, la gente en general me cae mal, no me importa no tener amigos o pareja…”. Las personas somos muy hábiles a la hora de poner excusas, pero no es lo mismo elegir estar solo o que el miedo y la ansiedad elijan por nosotros. Aprende a respirar: cuando tenemos ansiedad sentimos que nos cuesta respirar de forma superficial, de modo que, estar entrenados en esta técnica, nos puede facilitar el reducir la sensación de malestar. Ejercítate en técnicas de relajación : los síntomas de la fobia social pueden llegar a controlarse mediante técnicas de relajación como, por ejemplo, la relajación progresiva, que se centra en la tensión y relajación de diferentes grupos musculares o el entrenamiento autógeno, cercano a la meditación. Autoexposición (progresión y mantenimiento): cuando queremos afrontar un miedo, a veces, por desconocimiento, acabamos grabándolo. Enfrentar un miedo es como subir una escalera (progresión), si intentamos llegar arriba saltando escalones de dos en dos, posiblemente nos caigamos, y si intentamos alcanzar la cima haciendo trampas y cogiendo el ascensor (automedicación, alcohol, sustancias, estar con gente nueva, pero solo en zonas de confort y seguridad, etc.), tampoco servirá. Lo adecuado es fijarse objetivos progresivos, de lo que menos ansiedad me produce a lo que más. Cada objetivo es un escalón, y hay que permanecer en cada uno, tanto tiempo (mantenimiento) como sea necesario hasta que la reacción emocional de ansiedad, se haya transformado en indiferencia por habituación. Exprésate y no abandones : si tienes miedo a la valoración de los otros, la solución no es huir, expresa lo que sientes y pregunta su opinión.
Flutter Auricular
Artículo especializado

Flutter Auricular

El ritmo cardiaco normal se conoce como ritmo sinusal , y la frecuencia cardiaca normal es de 60-100 latidos por minuto (lpm). Las arritmias alteran tanto el ritmo como la frecuencia cardiaca. Hay diferentes tipos y una de ellas es el flutter auricular. Ahora te explicamos más. Tipos de arritmias Existen muchos tipos de arritmias y cada una de ellas requiere un tratamiento diferente, también los síntomas, su gravedad y la repercusión sobre la calidad de vida del paciente puede ser muy variable. Las arritmias pueden originarse en la aurícula o en el ventrículo . Las que se originan por encima del ventrículo se llaman supraventriculares y a esta categoría pertenece el flutter auricular . Es común la coexistencia en un mismo paciente de dos tipos de arritmias supraventriculares: el flutter y la fibrilación auricular y se da más en varones. ¿Cómo se produce? En condiciones normales el corazón se contrae de forma rítmica y sincrónica .  Esta contracción es el resultado de un impulso eléctrico que se genera en la aurícula, llega al ventrículo y se traduce en un latido cardiaco. Estos impulsos eléctricos ocurren a intervalos regulares. En una arritmia se produce una alteración de este mecanismo que conduce a que el corazón no se contraiga de manera regular generando un trastorno del ritmo. Las arritmias se producen por diversos mecanismos, básicamente existe una ausencia del impulso eléctrico , éste se inicia en un lugar diferente o sigue una ruta (vía de conducción) errónea.  En el flutter se produce una alteración en la conducción normal de los impulsos eléctricos del corazón, lo que se conoce como un circuito de reentrada.   Durante la actividad eléctrica normal, el ciclo cardiaco se inicia en el nódulo sinoauricular y continúa propagándose hasta activar todo el corazón, activando las fibras cardiacas y dejándolas refractarias hasta que se inicia un nuevo ciclo, lo que permite mantener el ritmo cardiaco.  Si un grupo aislado de fibras no se ha activado durante el impulso eléctrico inicial, pueden hacerlo antes de que éste finalice y activar además otras zonas que se han recuperado del inicio del ciclo dando lugar a un ritmo rápido y desorganizado.  Este tipo de proceso se denomina reentrada y es el mecanismo del flutter típico. Causas Problemas cardiacos: provocan una alteración de la estructura del corazón, como la hipertensión, la enfermedad coronaria, enfermedades de las válvulas cardiacas, miocardiopatías (inflamación del músculo cardiaco), etc. Se asocia además a la presencia de otras enfermedades no cardiacas como hipertiroidismo, anemia, enfermedades pulmonares (EPOC, embolia pulmonar) o hipertiroidismo entre otras. También hay que descartar consumo de determinados fármacos. También puede aparecer en personas con corazón sano , sin enfermedad aparente. Síntomas Los síntomas más comunes incluyen: Palpitaciones, el paciente “nota el latido cardiaco”. Hay que tener en cuenta, por otro lado, que las palpitaciones no siempre traducen una arritmia. Pueden aparecer como resultado de un estado de ansiedad y no tener ninguna relevancia. Mareos y pérdida de conocimiento (síncope). Sensación de falta de aire (disnea), dolor en el pecho. Cansancio. La aparición de esta arritmia puede ser paroxística (aparición aguda y de forma breve) o recurrente para acabar siendo persistente. Es común la coexistencia en un mismo paciente de dos tipos de arritmias supraventriculares: el flutter y la fibrilación auricular. Generalmente si la presencia de flutter es secundaria a una enfermedad aguda (por ejemplo, un infarto), una vez tratada la enfermedad de base no suele recidivar. Diagnóstico El diagnóstico del flutter, como el de cualquier arritmia, se basa en el estudio de la actividad eléctrica del corazón mediante una serie de pruebas. Además se ha de realizar un interrogatorio detallado al paciente para conocer los factores que pueden causar o desencadenar su arritmia. El electrocardiograma es la prueba más sencilla y eficaz para diagnosticar una arritmia. En el electrocardiograma tiene un patrón característico «en dientes de sierra» por su morfología. La frecuencia está generalmente entre 250 y 320/min. Existen otras pruebas más complejas que permiten conocer de forma más detallada el mecanismo de la arritmia que son los estudios electrofisiológicos. Los estudios electrofisiológicos permiten obtener un mapa del sistema de conducción eléctrica del corazón, para averiguar el tipo de arritmia y su posible origen. Se pueden administrar fármacos para eliminar la arritmia o destruir las vías de conducción anómalas mediante ondas electromagnéticas. Las pruebas de imagen como la ecocardiografía, el TAC, la RM o el cateterismo cardiaco permiten valorar si existen lesiones estructurales en el corazón. Tratamiento El flutter puede tratarse mediante cardioversión, técnicas de ablación con catéter o con fármacos . El objetivo del tratamiento es el control de la frecuencia cardiaca y restablecer el ritmo sinusal (ritmo cardiaco normal) evitando la repetición de episodios de flutter. Las indicaciones de tratamiento están marcadas por la escasa respuesta del flutter a los fármacos antiarrítmicos y la posibilidad de eliminar el circuito del corazón que provoca la arritmia mediante la ablación con catéter. La ablación con catéter es una técnica muy eficaz y con un alto porcentaje de éxito en el tratamiento del flutter. La ablación mediante catéter es un procedimiento en el que se utiliza un catéter y un dispositivo que permite obtener un mapa de las vías de conducción eléctrica del corazón. Utilizando ondas electromagnéticas de alta frecuencia (radiofrecuencia) o frío (crioablación), se pueden bloquear las vías de conducción responsables de la arritmia. La ablación es una opción de primera línea en el tratamiento del flutter típico recurrente, especialmente en casos de mala tolerancia clínica. La ablación puede ser difícil técnicamente cuando el miocardio es grueso y la anatomía irregular. Las aplicaciones de radiofrecuencia pueden ser dolorosas y requieren sedación, mientras que la crioablación es indolora. Las complicaciones de la ablación son infrecuentes. Generalmente problemas vasculares en las venas femorales (vía de acceso con el catéter), bloqueos cardiacos (<1%) y de manera excepcional perforación de la aurícula . Si ésta ha tenido éxito, tras la ablación se puede interrumpir la administración de fármacos antiarrítmicos y anticoagulantes (en la mayoría de los casos). La cardioversión eléctrica es un tratamiento que se utiliza para devolver el ritmo normal tras la aplicación de una descarga eléctrica sobre el tórax. La cardioversión suele reservarse en los casos de flutter de corta duración (<48 h) y especialmente en las situaciones en que existe mala tolerancia e inestabilidad del paciente a consecuencia de la arritmia. La cardioversión programada (flutter persistente) requiere anticoagulación previa. También se puede indicar tratamiento farmacológico (antiarrítmicos), si bien la eficacia es más baja que la de la ablación. Existen numerosos grupos de fármacos que actúan por mecanismos diferentes. Se pueden administrar por vía oral o por vía endovenosa y siempre bajo indicación y control médico. Finalmente existen tratamientos complementarios que reducen las complicaciones de algunas arritmias como fármacos anticoagulantes. No hay datos precisos sobre la incidencia de embolias cardiacas en pacientes con flutter, están indicados en pacientes con flutter crónico y en aquellos a los que se vaya a practicar una cardioversión. Pronóstico El tratamiento mediante ablación no garantiza la eliminación de la arritmia en el 100% de los casos, y puede volver a aparecer en un 5-10% de los casos, generalmente durante los tres meses siguientes. Se puede volver a repetir la ablación. Otra opción, en algunos casos, es añadir fármacos antiarrítmicos previamente ineficaces. La ablación puede hacer que estos fármacos sean eficaces en la prevención de las recidivas de flutter.
Ginecomastia, No Solo en Mujeres
Artículo especializado

Ginecomastia, No Solo en Mujeres

Es más común de lo que parece (cerca de un 3%) que algunos hombres presenten inflamación del tejido mamario. Esta se produce debido a desequilibrios hormonales en los niveles de estrógeno y progesterona, y se conoce como ginecomastia. Puede producirse en uno o ambos senos, y presentarse con sintomatología dolorosa . Tiene un gran componente psicológico, pues muchos hombres aseguran no querer mostrar el torso desnudo en la playa, gimnasio... Para solucionarlo, contamos con soluciones médicas y quirúrgicas. ¿Cuáles son los signos y síntomas? El paciente se presentará con el tejido glandular inflamado, sensible al tacto, con dolor o secreción en uno o ambos senos. Clínicamente, se manifestará de acuerdo a la etapa de crecimiento por la que el hombre atraviese: En los lactantes, desaparece a las 2 o 3 semanas del nacimiento. Se produce por la influencia hormonal mamaria. Durante la pubertad, se produce por cambios hormonales, desapareciendo a los 6 meses o al año desde la aparición de la patología. En el hombre adulto, alcanza su pico entre los 50 y 69 años, y se van afectados uno de cada cuatro, y generalmente optan por la cirugía para resolverlo . Es fundamental para esta elección el componente psicológico que presentan, debido a las asimetrías que generalmente se presentan cuando la ginecomastia afecta a un solo seno. Se presenta con más frecuencia en la adolescencia o edad avanzada , y predispone a su aparición el uso de esteroides anabólicos (en hombres que quieran aumentar la masa muscular a expensa de estas drogas comerciales); enfermedad de Klinefelter; enfermedades renales, hepáticas o tiroideas; consumo de drogas como heroína, metanfetaminas y marihuana; consumo de alcohol; y medicación como diazepam. ¿Cómo se diagnostica? El examen físico incluye revisión de genitales, tórax, abdomen y pelvis , con preguntas acerca de sus antecedentes personales y familiares; y se pueden realizar análisis de sangre con perfil hormonal y mamografías para descartar cáncer de mama. En última instancia, se podrán realizar TAC, resonancia magnética (RMN) y biopsia del tejido. ¿Cuál es el tratamiento? El tratamiento podrá ser médico o quirúrgico, y deberá ser llevado a cabo por un especialista. El tratamiento médico implica regularizar el nivel hormonal corporal. Debe ser controlado por un médico endocrinólogo. En cuanto a la cirugía, existen dos opciones a realizar: Liposucción , donde se realiza la lipoaspiración de la grasa; por ejemplo, mediante liposucción laser, que extrae la grasa y genera retracción de la piel sobrante. Mastectomía , donde se reseca la glándula mamaria, y puede combinarse con liposucción. En mi experiencia personal, varios pacientes masculinos, de entre 50 y 60 años, me han planteado la posibilidad quirúrgica para resolver de manera definitiva la afección, debido a lo intimidados que se sentían mostrándose en la playa con torso desnudo, a pesar de no tener un grado importante de ginecomastia.  El componente psicológico tiene un gran pesar en esta afección, y es prioritario resolverla para evitar complicaciones mayores para el paciente a futuro. Recuperación La recuperación es relativamente rápida : el paciente debe llevar una faja durante al menos 15 días, y puede retomar las actividades diarias a las 48 horas de realizado el procedimiento. Se aconseja no hacer grandes esfuerzos durante la primera semana tras la operación, y es preferente realizar el procedimiento en épocas invernales. Las principales complicaciones son el hematoma y la inflamación de la zona. No deben realizarse ejercicios aeróbicos ni levantamientos de pesas hasta pasados los dos meses de la cirugía. Ginecomastia en la mujer En casos excepcionales, en las mujeres puede aparecer ginecomastia en una mama, o en un tejido mamario, como un todo. Implica factores hormonales, aunque es muy raro que aparezca. Ante cualquier cambio o duda, debe consultarse a un ginecólogo especialista para descartar otras afecciones de mayor frecuencia, como son los fibroadenomas, o la fibrodisplasia glandular mamaria y, en menor medida, el cáncer de mama.
Halitosis: Cómo Combatirla
Artículo especializado

Halitosis: Cómo Combatirla

Todos conocemos el término “ halitosis” para referirnos al m al aliento o al mal olor proveniente de la boca , pero no siempre el origen está en la boca. Generalmente se asocia a una higiene deficiente, aunque en muchos casos se encuentra una causa tratable por el odontólogo. ¿Sabías que más del 50% de la población ha sufrido halitosis en algún momento de su vida? ¿Cómo puedo saber si tengo halitosis? Simplemente comprobando el olor de nuestro aire espirado. ¡Ojo! No lo compruebes por la mañana al levantarte dado que es frecuentísimo el mal olor por la disminución del flujo salival durante el sueño que provoca acúmulo de restos orgánicos en la cavidad bucal. Por ello insistimos tanto en la limpieza bucal nocturna. ¿Qué ocurre dentro de la boca para que se genere el mal olor? Generalmente, es fruto de la acumulación bacteriana y de restos de comida. Recordemos que, sobre todo en el dorso de lengua y en las encías, tenemos bacterias anaerobias gram-negativas, cuyos productos de degradación son compuestos volátiles de sulfuro, de olor muy desagradable. Este olor se verá potenciado por la presencia de enfermedad dental o periodontal , así como en pacientes con el flujo salival afectado por la toma de algunos medicamentos o patología glandular.  ¿Cómo se clasifica la halitosis? En función de su origen, distinguiremos dos tipos de halitosis: La halitosis oral: proviene de la propia cavidad oral. Supone el 90% del total de halitosis. En a mitad de los casos se debe a la acumulación de biofilm oral o placa bacteriana. Otras posibles causas pueden ser: problemas periodontales, caries, tabaco, alcohol, etc. La halitosis extraoral: se debe principalmente a trastornos de base orgánica: aparato respiratorio, aparato digestivo, enfermedades hepáticas o renales, fundamentalmente. Suponen el 10% de los casos. ¿Qué la causa? De entre las principales causas de la halitosis oral podríamos mencionar: Enfermedad periodontal : gingivitis, periodontitis, sarro… Caries: sobre todo las que afectan a la dentina o a la cámara pulpar. Higiene oral deficiente : si no arrastramos la placa bacteriana de la boca a diario provocará el crecimiento bacteriano. La lengua es la localización de mayor predominio de las bacterias anaeróbicas en la boca Faringe: infecciones víricas, bacterianas o fúngicas. Por ejemplo, en caso de amigdalitis. Necrosis por radioterapia y quimioterapia en pacientes neoplásicos. Enfermedad en las glándulas salivares como xerostomía o cálculos. Prótesis mal ajustadas (pueden provocar acúmulo de restos alimentarios), piercings linguales (pueden dificultar la higiene)… Edad: en general, el olor del aliento empeora con la edad por el menor flujo salival y la mayor patología dental o periodontal. Ingesta de fármacos como los anticolinérgicos y los antidepresivos que disminuyen la secreción salival y favorecen el acúmulo de placa.  Tabaco y/o alcohol. Dietas con ayunos prolongados o ingesta de determinados alimentos como ajo, cebolla, queso, huevo y algunas especias. Las causas de la halitosis extraoral pueden ser: Nasales (sinusitis, adenoiditis). Enfermedades digestivas (reflujo gastroesofágico, hiperacidez, infección por Helicobacter pylori, aerofagia, etc.) Enfermedades respiratorias (bronquitis crónica, bronquiectasias o neumonía), enfermedades sistémicas (diabetes mellitus, alteración renal o hepática…). ¿SABÍAS QUE? La intolerancia a la lactosa puede ser causa de halitosis. Quienes la sufren no metabolizan correctamente la lactosa por deficiencia de lactasa, por lo que las características de su biofilm pueden cambiar sensiblemente respecto a la población normal. ¿Cómo se establece el diagnóstico de halitosis? A pesar de ser un síntoma fácilmente evidenciable, debe ser valorado por el odontólogo con la finalidad de descubrir la posible causa que la origina. Se deben conocer los hábitos alimentarios y de higiene bucal del paciente, así como explorar el diente y el peridonto (estructura que rodea al diente: encías y espacios interdentales). ¿Existe un tratamiento específico? Obviamente, vamos a tratar todas las posibles causas que encontremos al explorar una boca. Nos referimos, por ejemplo, a la caries, la gingivitis, el acúmulo de sarro, etc. Todo tratamiento bucal incidirá en la disminución del número de bacterias productoras del mal olor de la boca, así como en la volatilización de productos malolientes. En general, tras el tratamiento de los problemas odontológicos recomendaremos una higiene dental o tartrectomía e insistiremos y adiestraremos al paciente para mejorar la higiene oral. Puede estar indicado el uso de colutorios antisépticos de forma puntual. ¿Puedo prevenir de alguna manera la aparición de halitosis? El principal método de prevención es una higiene bucodental impecable y constante empleando todos los que tenemos a nuestra disposición: cepillo de dientes, seda dental, hilo dental, cepillo interproximal, dentífricos y colutorios (su uso debe ser supervisado). Lo ideal sería cepillarse tres veces al día (después de cada comida principal) y, sobre todo, por la noche antes de ir a dormir. Otras medidas son altamente efectivas como: Evitar comidas muy condimentadas o con ajo y cebolla. Es decir, trataremos de eliminar de nuestra dieta aquellos alimentos que favorezcan la halitosis. Aumentar la ingesta de frutas que contengan enzimas digestivas como el kiwi y la piña. Abandonar el hábito tabáquico. Beber abundante agua y poco alcohol y café. Masticar chicle sin azúcar. Los que poseen xilitol tienen efecto bacteriostático. Y, sobre todo, no te quedes con dudas al salir de la consulta del odontólogo, pregúntale lo que desconozcas. Estará encantado de explicarte la técnica correcta de higiene, las diferencias entre cepillo eléctrico y manual, cómo se usa el hilo interdental y el cepillo interproximal, etc. Para los odontólogos no hay nada más gratificante que un paciente interesado en una correcta higiene bucal. Pregúntanos.
¿Tengo la Helicobacter Pilory?
Artículo especializado

¿Tengo la Helicobacter Pilory?

Si alguna vez has sentido inflamación o sensación de quemazón en la parte superior del abdomen, es posible que la causa sea alimentaria: algún exceso, comidas pesadas o picantes, etc. No obstante, si ese malestar es intermitente, dura varios días y va acompañado de náuseas o pérdida de peso a corto plazo, podría tratarse de una úlcera gástrica , en cuyo caso deberías consultar con el médico especialista en sistema digestivo para valorar si el culpable de todo esto es el denominado Helicobacter Pylori. Sobre la bacteria y de sus consecuencias El Helicobacter pylori (H. pylori) es una bacteria que habita exclusivamente en nuestro estómago ya que es altamente resistente al PH ácido de los fluidos gástricos . Dicha bacteria se encuentra, aproximadamente, en dos tercios de la población mundial y es asintomática en el 70 % de los casos. Sin embargo, el H. pylori puede provocar una infección , muy común en los países en vías de desarrollo, que puede empezar en la niñez y cuyos síntomas no aparecen hasta la edad adulta. Esta infección se debe a los daños que provoca esta bacteria en el revestimiento de la mucosa gástrica que protege el estómago y el duodeno, permitiendo así que los ácidos estomacales irriten dicha mucosa y se originen inflamaciones gástricas (gastritis) e incluso úlceras de estómago y del intestino delgado. De hecho, el H. pylori es responsable de más de la mitad de las úlceras pépticas en todo el mundo. Además, recientemente se ha clasificado esta bacteria dentro del grupo I de carcinógenos ya que su infección puede ser un factor de riesgo para desarrollar cáncer gástrico , según la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer. En definitiva, la infección por H. pylori puede producir diferentes patologías según la severidad y duración de dicha infección, entre las que encontramos: gastritis aguda (duración de unos días), o gastritis crónica (permanente) que, a su vez, puede ocasionar úlceras gástricas y duodenales, cáncer gástrico y linfoma MALT (cuyo acrónimo en inglés significa "tejido linfoide asociado a mucosas"). Síntomas de la infección por Helicobacter Pylori Cuando existe una infección por H. pylori, los principales síntomas que se pueden sufrir son: Hinchazón abdominal. Mayor sensación de saciedad tras la ingesta de alimentos. Dolor ardiente que se presenta con el estómago vacío (o entre comidas) de aparición intermitente que puede durar días o semanas. Cambios en las heces. Náuseas y/o vómitos. Pérdida de peso. Falta de apetito. Debilidad. Anemia. Eructos y regurgitación. ¿Cómo se diagnostica una úlcera causada por esta bacteria? Ante la aparición de los signos de sospecha de infección que hemos mencionado, es necesaria una evaluación completa del paciente por parte del médico para valorar si los síntomas de gastritis son debidos a un uso continuado de AINES (antiinflamatorios no esteroideos) o debidos a la presencia de H. pylori. Entre los test no invasivos para evaluar la presencia de H.pylori, encontramos : Prueba de sangre: su principal objetivo es la detección de anticuerpos contra el H.pylori. Prueba de aliento: el paciente ingiere una solución con urea que, ante la presencia de la bacteria, será transformada en dióxido de carbono, gas detectable por el aire expirado al cabo de 10 minutos. En dicha prueba, se recomienda que el paciente no tome antibióticos ni inhibidores de la bomba de protones (protectores de estómago) en las dos semanas anteriores a ésta. Prueba en heces : es necesaria para detectar antígenos de H . pylori. Además, según el caso, el médico puede ordenar una endoscopia a través de la cual se realizará una biopsia para analizar el tejido esófago-gastro-duodenal y confirmar la presencia de H. pylori ¿Cuál es su tratamiento? El único tratamiento que erradica la bacteria H. pylori es la terapia con una combinación de antibióticos específicos (claritromicina, tetraciclina y/o metronidazol) administrados entre siete y 14 días. No obstante, aunque los antibióticos pueden curar el 80-90% de las úlceras causadas por H. pylori, también es necesario combinar los antibióticos con la toma de otros medicamentos que ayuden a reducir la secreción de ácido en el estómago y a favorecer la cicatrización de la úlcera. Estos medicamentos se denominan comúnmente “antiácidos” y entre ellos encontramos los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol, etc.) Tras cuatro semanas de tratamiento, se deberán realizar nuevamente las pruebas de aliento o de heces para confirmar que la bacteria ha sido eliminada ¿Qué alimentación puede ayudar a mejorar los síntomas de infección? Aunque el tratamiento principal se lleve a cabo mediante la medicación pautada por el médico, también podemos mejorar la sintomatología derivada de esta infección (gastritis, úlceras, irritación, etc.) mediante una dieta de protección gástrica (o dieta “blanda”), cuyas principales premisas son: Evitar comidas copiosas. Realizar pequeñas ingestas de alimentos varias veces al día (seis o siete). Comer despacio, masticando bien y reposando tras las comidas. Beber suficiente agua o infusiones (ni muy frías ni muy calientes). Evitar los zumos de frutas , las bebidas con gas, el café, el té, el cacao y el alcohol. Preparar los alimentos con poca sal, sin especias picantes y con poco aceite (evitar fritos y rebozados). Evitar los alimentos ultraprocesados (dulces, galletas, bollería salsas, snacks, patatas chips) y los fiambres y embutidos (pavo, jamón dulce, salchichón, etc.) Tomar los cereales refinados (arroz, avena, maíz, etc.) en vez de integrales. Priorizar la ingesta de vegetales y frutas cocidas al vapor, hervidas o al horno o en forma de purés frente a verduras y frutas crudas. Optar por el consumo de carnes blancas (pollo o pavo) y pescado blanco frente a la ingesta de pescado azul (atún salmón, etc.), marisco y carnes rojas (ternera). Evitar la ingesta de leche entera y probar la tolerancia a yogures o quesos frescos. Evitar la yema de huevo o, según tolerancia, ingerir el huevo muy cocido (en forma de tortilla o huevo duro). Probar la tolerancia a legumbres cocidas o en forma de puré. ¿Qué puedo hacer para evitar una infección por h. pylori? La principal forma de transmisión de la bacteria de H. pylori de una persona a otra es por medio de la boca (concretamente la saliva ) o del contacto con vómitos o heces. A su vez, éstas pueden contaminar aguas o alimentos, por lo que resulta indispensable una correcta higiene y preparación de los alimentos para minimizar los riesgos de infección. En general, las principales acciones que nos pueden ayudar a prevenir una infección por H.pylori son: Lavarse las manos con agua y jabón después de usar el baño y antes de comer. Comer alimentos correctamente lavados, higienizados y cocinados. Beber agua de fuentes limpias y seguras.
Hernia de Hiato: Preguntas con Respuesta
Artículo especializado

Hernia de Hiato: Preguntas con Respuesta

Hiato, del latín  hiatus , aplicado en anatomía significa orificio o hendidura en alguna parte del cuerpo. En el diafragma tenemos un orificio natural o hiato a través del cual el esófago llega al estómago, separando la cavidad torácica de la cavidad abdominal. Cuando se forma una hernia de hiato, esta barrera anatómica no cumple su función y se crea una abertura en el diafragma , provocando que la parte superior del estómago suba a la cavidad torácica. ¿Qué relación tiene con el reflujo? Esta situación, que se estima que afecta al 20% de la población, suele favorecer el reflujo del contenido gástrico hacia el esófago, debilitando la pared del esófago por su acidez, llegando incluso con el tiempo, en algunos casos, a dañar las células epiteliales del esófago, dando lugar al esófago de Barret, donde el tejido del esófago se reemplaza por un tejido similar al del revestimiento intestinal. Este efecto dañino, si no se pone remedio, puede derivar a una displasia , situación que predispone al cáncer de esófago. Sin embargo, aunque el reflujo gastroesofágico suele asociarse con la hernia de hiato, la mayoría de las personas que padecen una hernia de hiato no presentan síntomas. Y cuando se manifiestan, los más comunes suelen ser acidez o ardor de estómago, dolor torácico, tos seca, dificultad para tragar alimentos y halitosis o mal aliento. Cuando estos síntomas aparecen o persisten se debe acudir al médico especialista (gastroenterólogo) para que valore el caso y el tipo de tratamiento más adecuado. En la mayoría de los casos la toma de medicación o la combinación de los mismos, junto con una modificación de algunos hábitos del estilo de vida, ayudan a controlar los síntomas. Se suelen administrar fármacos que reduzcan la producción de ácido y que facilitan el vaciamiento gástrico. Si los síntomas persisten y no mejoran con la medicación se suele recurrir a la cirugía, como mejor opción. ¿Qué causas tiene la hernia de hiato? En la mayoría de los casos la causa es desconocida, aunque se cree que ciertos esfuerzos físicos realizados de forma repentina pueden provocar un debilitamiento de la musculatura del diafragma y favorecer su aparición. También existen factores de riesgo que predisponen a su aparición como la propia edad (por el envejecimiento del músculo diafragmático), fumar, sufrir estreñimiento (por el esfuerzo ejercido para evacuar) y estar obeso (por la presión que ejerce la grasa en los músculos del abdomen). En niños también puede darse, pero su causa suele ser hereditaria. ¿Qué papel juega la dieta? En cuanto a la dieta, ciertas recomendaciones dietéticas pueden ayudar a reducir las molestias, teniendo en cuenta la propia tolerancia individual. Evitar las comidas abundantes : es preferible realizar cinco o seis comidas a lo largo del día, masticar despacio y de manera relajada, dedicando un mínimo de 30 minutos a cada comida. Procurar no beber mucho durante las comidas o justo después de las mismas, pues retrasan la digestión al diluir los jugos gástricos. Cenar dos o tres horas antes de acostarse y evitar tumbarse después de las comidas. Si de todas formas notas molestia sería aconsejable que levantases la cabecera de la cama unos 15-20 cm, para permitir que la gravedad mantenga el contenido del estómago en su interior. No utilizar ropa que te oprima el abdomen. Evitar el cinturón apretado. Introducir alimentos de fácil digestión y evitar aquellos considerados irritantes. Aunque en algunos casos depende de la tolerancia individual (ver tabla) Cocinar con técnicas de cocción saludables que utilicen poca grasa : hervido, vapor, plancha, horno, etc. Los alimentos muy calientes o muy fríos pueden provocar molestias. Introducir según tolerancia individual Evitar tomar alimentos y bebidas que disminuyan la fuerza de los músculos del esófago como: Alcohol contenido en bebidas alcohólicas y bebidas gaseadas Alimentos carminativos (favorecedores de la expulsión de gases), como menta, ajo o cebolla. Provocan una estimulación de la secreción gástrica, por lo que deben tomarse según tolerancia. Chocolate. Alimentos de elevado contenido graso (fritos, aceite, mantequilla o margarina, carnes grasas, etc). Evitar alimentos o bebidas que irritan el esófago como : Cítricos y zumos (tomate, naranja, uva…). Café o té (sustituir por achicoria, malta o infusiones). Pimienta, guindilla, especias y alimentos condimentados. Entre las hierbas aromáticas el eneldo, laurel, tomillo y romero, entre otras, favorecen la digestión. Derivados del tomate. Alimentos muy salados o en escabeche por su acción irritativa. Vinagre de vino (mejor utilizar el vinagre de manzana). Evitar ciertas hortalizas : nabo, rábano, ajo y cebolla y aquellas que causan muchos gases (col, coliflor). Se recomienda tomar con mayor frecuencia los siguientes alimentos: Alimentos ricos en proteínas , pero con bajo contenido en grasa (carnes magras, leche desnatada, quesos bajos en grasa, etc). Alimentos ricos en hidratos de carbono y bajo contenido en grasa (pan, cereales, pasta, arroz, patata, etc.). Alimentos ricos en mucílagos . Este tipo de fibra suaviza la mucosa, sus fuentes alimentarias son: calabaza, calabacín y borraja.
Infertilidad: Causas, Pruebas y Tratamientos
Artículo especializado

Infertilidad: Causas, Pruebas y Tratamientos

En nuestro medio cada vez se está posponiendo más la edad en la que nos planteamos los embarazos. También nos encontramos con que el ritmo de vida actual favorece situaciones de estrés, hábitos tóxicos, sobrepeso, obesidad … que habitualmente juegan en contra de la fertilidad. Todos estos factores y el hecho de que cada vez tenemos más recursos para ofrecer soluciones hace que más parejas consulten por temas de infertilidad y esterilidad. ¿Fértil o estéril? Suele haber confusión con estos dos términos, que se usan por igual pero los médicos hacemos diferencia entre ellos: se califica como infértil a una pareja que no consigue llevar a término los embarazos y presenta abortos de repetición, y estéril a la pareja que no consigue embarazos en un plazo medio de 12 meses sin tener ninguna precaución anticonceptiva. Ambos pueden ser primarios si nunca ha habido un embarazo a término previo, o secundarios cuando esto ocurre después de haber tenido un hijo. ¿Cuándo consultar? La tasa de embarazos espontáneos en parejas que no tienen ningún problema de fertilidad es de media uno de cada cuatro ciclos que, en realidad, no es mucho, por este motivo se aconseja intentarlo durante un año antes de consultar al especialista, ya que tras este periodo el 85% de las parejas habrán conseguido gestación. El 15% restante quizás tengan algún factor que se lo dificulte y eso es lo que las pruebas que se realizarán intentarán descubrir. ¿En qué consiste el estudio? El estudio ha de ser de ambos miembros de la pareja ya que las causas pueden ser diversas y tanto de origen masculino, como femenino o mixto. El especialista valorará en la visita a través del interrogatorio y la historia clínica si existe algún factor ambiental que pueda estar incidiendo en la pareja, que la frecuencia de las relaciones sexuales sea suficiente, si hay algún antecedente de salud que pueda tener alguna repercusión en la esperada fertilidad y con la información de los ciclos menstruales y edad de la mujer si a priori hay que sospechar algún problema ovárico. A la mujer se le realizará una exploración ginecológica y ecografía transvaginal para valorar útero y ovarios. Después se solicitará una analítica a ambos miembros de la pareja para valorar su estado de salud, serologías de enfermedades infecciosas, y un estudio de sus cromosomas , llamado cariotipo, que confirme que no hay ninguna alteración cromosómica responsable de la esterilidad o infertilidad, y a la mujer un estudio hormonal que nos dará la información de qué pronóstico tienen los ovarios en cuanto a su capacidad de ovulación y qué respuesta podemos esperar en caso de iniciar un tratamiento de reproducción. Al varón le solicitaremos un análisis del semen , o seminograma, que nos informará sobre la concentración, morfología, motilidad y vitalidad de los espermatozoides. La siguiente prueba básica a realizar una vez hemos confirmado que hay óvulos y espermatozoides competentes es comprobar que el camino que han de recorrer está despejado y pueden encontrarse. Para ello se practican unas pruebas de imagen para ver la cavidad uterina y las trompas con un líquido de contraste simulando el trayecto que tienen que hacer espermatozoides y óvulos. Estas pruebas se llaman histerosalpingografía, la prueba clásica, que se realiza con un contraste radiológico y múltiples radiografías o histerosalpingosonografía, más moderna e inocua que utiliza un gel espumoso y ecografía transvaginal. En parejas infértiles, que han presentado dos o más abortos, a la mujer se le pedirá un estudio especial de factores específicos de la coagulación llamado estudio de trombofilia , pues algunas alteraciones a este nivel pueden ser responsables de fallos en la implantación de la placenta y provocar abortos. Estas pruebas básicas pueden detectar un problema al que se planteará el tratamiento oportuno, pero habrá un porcentaje, que se calcula de alrededor de un 20%, en las que no encontraremos ninguna patología, y son las que llamamos esterilidad de causa desconocida, que no significa que no haya causa, sino que las pruebas que actualmente tenemos no son capaces de diagnosticarlas. Tras el estudio básico… Después del estudio básico y en función del resultado de las pruebas podemos realizar otras más específicas o pasar directamente a un tratamiento de reproducción asistida. Como pruebas diagnósticas más específicas en algunos casos puede ser necesario realizar: Una histeroscopia , que es una técnica endoscópica que se realiza por vía vaginal para valorar el interior del útero y descartar malformaciones uterinas, tabiques, pólipos o miomas. O una laparoscopia en casos de sospecha de endometriosis o patología de los ovarios. Al varón también se le puede ampliar el estudio con un test de recuperación espermática o test de REM, que consiste en una selección de los espermatozoides más móviles y más rápidos para evaluar su calidad con un estudio de fragmentación del ADN espermático o un FISH. O un cultivo del semen si se sospechan cuadros infecciosos. O ecografía en casos de sospecha de patología testicular o prostática. Tratamientos Una vez interpretados los resultados, el especialista planteará el tratamiento más adecuado en cada caso. Simplificando mucho son dos: la inseminación artificial y la fertilización in vitro. La inseminación artificial consiste en planificar un ciclo ovárico con una medicación que nos mejorará la calidad del óvulo (a veces con ciclo espontáneo sin medicación) y el momento exacto de la ovulación recogemos una muestra de semen que se prepara en el laboratorio para potenciar los espermatozoides más rápidos y sanos y depositarlos con una cánula en el interior del útero para dejar menos pasos al azar y asegurarnos que se encuentran en el momento óptimo. La fertilización in vitro consiste en administrar una medicación durante la primera fase de un ciclo para obtener cuantos más óvulos mejor. Madurarlos y controlarlos ecográficamente mientras crecen, y en el momento en que están a punto de ovular extraerlos (se realiza una punción de los ovarios por vía vaginal mientras la mujer está sedada). En el laboratorio se unen a una muestra seleccionada de espermatozoides y se obtienen los embriones, de los cuales se seleccionarán los mejores y se depositarán cuidadosamente también mediante una cánula en el interior del útero al tercer o quinto día, o bien se congelarán para uso posterior. Todo este peregrinaje por las distintas consultas, pruebas y tratamientos tiene un importante desgaste para la pareja, pero por suerte cada vez más contamos con conocimientos y tecnología que nos hace cumplir el sueño de la gran mayoría de estas parejas… ¡ser padres!
Despeja Tus Dudas sobre la Hernia Discal
Artículo especializado

Despeja Tus Dudas sobre la Hernia Discal

Es la mayor causa de incapacidad en personas menores de 45 años , ¿lo sabías? ¿Y qué tiene que ver una hernia discal con una ciática? ¿Qué diferencia hay entre protusión y hernia discal? ¿Se ve una hernia discal en una radiografía? Son muchas las preguntas para formular ante esta patología tan frecuente. ¿Qué es una hernia discal? Es una enfermedad que afecta al disco intervertebral , que es una estructura cartilaginosa que se encuentra entre las vértebras confiriéndoles capacidad de amortiguación. Este disco consta de dos partes claramente diferenciadas: anillo fibroso o halo periférico y núcleo pulposo o zona central de consistencia gelatinosa, cuyo contenido es un 88% de agua. Cuando el núcleo pulposo del disco intervertebral se desplaza hacia el exterior empuja al anillo fibroso e incluso puede llegar a romperlo. Es entonces cuando el núcleo pulposo ocupa un espacio anatómico que no le corresponde y compromete las estructuras de dicha área. Cuando el desplazamiento es en dirección lateral (derecha o izquierda) producirá una ocupación del canal medular que se traduce en una compresión y/o desplazamiento de la raíz nerviosa que discurre por allí, originando síntomas neurológicos (hormigueos, pérdida de fuerza o sensibilidad). ¿Cuál es exactamente la diferencia entre protusión y hernia discal? La diferencia radica en la cantidad de disco desplazado . Si es menor del 50% del disco se llama protusión discal, mientras que si es mayor hablaremos de hernia discal. Es importante aclarar que el tamaño de la hernia no tiene correlación con los síntomas. Tiene más trascendencia la ubicación anatómica que el tamaño de la hernia. Las ubicaciones más frecuentes de las hernias discales son: región lumbar (entre los espacios L4-L5 y L5-S1, que suponen el 95% de los casos) y región cervical (entre los espacios C5-C6 y C6-C7). ¿Qué síntomas puede dar una hernia? En función de la ubicación la hernia producirá dolor en la región lumbar (lumbalgia) o cervical (cervicalgia). Se acompañará por un cortejo de síntomas asociados según la estructura anatómica que se vea comprometida por el disco herniado. Podremos encontrar una alteración de la fuerza de la extremidad, una alteración de la sensibilidad, una afectación motora (disminución de la movilidad), una radiculagia (braquialgia o ciatalgia) e incluso mal control de los esfínteres. ¿Todas las lumbalgias tienen una hernia discal de base? En absoluto. A pesar de que la lumbalgia mecánica es uno de los principales motivos de consulta en urgencias de traumatología sospecharemos una implicación discal sólo ante determinados síntomas como pueden ser la sensación de hormigueo o la dificultad para el movimiento de la pierna. En caso de detectar estos síntomas investigaremos la raíz nerviosa afectada.  Al realizar la exploración es muy probable que detectemos una disminución de los reflejos en la zona afectada. ¿Qué exploración y pruebas diagnósticas realizaremos? Ante un dolor cervical o lumbar debemos realizar un buen interrogatorio y una exploración física exhaustiva (donde podremos valorar posibles deformidades, asimetría de extremidades y alteraciones neurológicas). Se deben explorar la fuerza, los reflejos y la sensibilidad de las raíces nerviosas locales. En el caso concreto de una lumbociatalgia o ciática, aproximadamente el 90% de los casos será debido a una hernia discal que comprime una raíz nerviosa (casi siempre L5 o S1). El síntoma guía es un dolor irradiado hacia la extremidad inferior que puede llegar hasta el pie. La primera prueba diagnóstica a realizar sería una radiografía de columna, aunque no nos permitirá la visualización del disco intervertebral por ser radiotransparente. Posteriormente se solicitarán otras pruebas de imagen para completar el estudio (resonancia magnética o tomografía computarizada). La  resonancia magnética nuclear es el método de elección para evaluar la morfología del disco intervertebral. Las pruebas de imagen deben pedirse de forma inmediata ante la sospecha de patología vertebral grave. Uno de los objetivos de las pruebas de imagen es identificar a los pacientes candidatos a tratamiento quirúrgico. Debemos mencionar la electromiografía por ser la siguiente prueba diagnóstica a realizar cuando detectamos una hernia discal que compromete una raíz nerviosa. Es una prueba que nos permite estudiar alteraciones en la conducción nerviosa. Valora el sistema nervioso periférico (nervio y músculo). ¿Cuál sería el tratamiento de elección? Existen numerosas opciones terapéuticas disponibles. Sin embargo, ningún tratamiento ha demostrado ser más beneficioso que otros. El tratamiento médico puede consistir en analgésicos, miorrelajantes, corticoides, antinflamatorios …, en función de los síntomas predominantes. Otros tratamientos coadyuvantes pueden ser contemplados, como la fisioterapia y la rehabilitación. En fase de mantenimiento la práctica de natación sería de gran utilidad para tonificar la musculatura paravertebral. En dolores rebeldes al tratamiento convencional o con mala respuesta al mismo puede indicarse el tratamiento en la Clínica del Dolor (supervisado por anestesistas que suelen infiltrar el foco del dolor con agujas dirigidas por escopia). El tratamiento quirúrgico se reserva para aquellos casos en los que los tratamientos anteriores no han sido efectivos. Esta patología puede ser intervenida por el traumatólogo o por el neurocirujano. El tratamiento quirúrgico estrella es la discectomía (resección del disco herniado mediante laminectomía o hemilaminectomía). Otras opciones quirúrgicas serían la discólisis (desecación del disco con ozono), la artroplastia (fijación de dos o más vértebras consecutivas para descomprimir el disco intervertebral afecto), etc. Como ves existen múltiples abordajes terapéuticos. La tendencia es conservadora. Se descarta la opción quirúrgica en aquellos pacientes con buena respuesta al tratamiento médico. Sin embargo, se contempla la opción quirúrgica en aquellos pacientes con afectación neurológica importante y dolor invalidante. Entre ambos extremos encontramos la mayoría de los casos.
Cómo Evitar el Contagio y las Consecuencias de la Meningitis
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Cómo Evitar el Contagio y las Consecuencias de la Meningitis

Un 80% de las meningitis ocurren en la infancia, especialmente en niños menores de 10 años . Se trata de un proceso inflamatorio de las capas de meninges que rodean al cerebro y la médula espinal (aracnoides, piamadre) y del líquido que los baña, el líquido céfalo-raquídeo (LCR) debido, entre otras causas, a la invasión de virus, bacterias, hongos o parásitos. Las meningitis bacterianas serán de comienzo agudo y las propias de los virus-hongos- parásitos tendrán un curso clínico más subagudo-crónico. La meningitis bacteriana va precedida de la colonización del área de la nasofaringe del afectado por las bacterias en cuestión, desde donde pasan a la sangre y de ahí al Sistema Nervioso Central. ¿Qué causas tiene? El microorganismo causal de la meningitis bacteriana aguda puede ser relativamente predecible si tenemos en cuenta la edad del paciente, los factores de riesgo predisponentes, las enfermedades de base y el estado inmunológico previo del paciente. Así, el Streptococcus Pneumoniae y la Neisseria Meningitidis son los gérmenes más frecuentes en los casos de niños mayores de cuatro semanas de edad y en el adulto, inmunocompetentes.   El Haemophilus Influenzae tipo B será propio de pacientes con antecedentes de trauma craneal o fístula de LCR, p.ej. Otras bacterias involucradas serían: Listeria monocytogenes y Streptococcus Agalactiae  (ambos típicos del periodo neonatal), Staphylococcus Aureus , Pseudomonas Aeruginosa o Mycobacterium Tuberculosis , entre otros numerosos ejemplos. En la meningitis viral, los enterovirus y los herpesvirus son los agentes causales más frecuentes. Cursa en forma de brotes epidémicos, sobre todo en meses de verano y otoño. ¿Cómo se produce el contagio? Las bacterias que colonizan la nasofaringe y los virus se transmiten típicamente por contacto directo con las secreciones respiratorias (flemas, secreciones de nariz, boca o gotitas que se lanzan al toser). También es posible la transmisión vía fecal-oral. Signos y síntomas Las manifestaciones clínicas son diferentes según la edad del niño (cuanto menor es, más sutil e inespecífica es la sintomatología).   Fiebre, que responde mal a antitérmicos. Mialgias (dolores musculares). Exantema (erupción cutánea). Cefalea (dolor de cabeza). Vómitos. Rigidez de nuca (signos de Kernig y Brudzinsky positivos). Otros: cambios en el nivel de conciencia, convulsiones , parálisis nerviosas… En el recién nacido: irritabilidad o letargia, rechazo de las tomas, fontanela “llena”… Diagnóstico Ante la sospecha clínica se deben realizar pruebas diagnósticas complementarias tales como analítica sanguínea general, toma de hemocultivos (cultivos de la sangre) y ejecución de punción lumbar (para poder extraer una pequeña cantidad de líquido cefaloraquídeo, para proceder al análisis bioquímico y cultivo del mismo). Tratamiento Administración de antibióticos/antivíricos y corticoterapia , específico a cada caso concreto. Aunque la situación ideal sería una rápida identificación del microorganismo y un tratamiento dirigido, en la mayoría de ocasiones no es posible en un primer momento y se empieza con el denominado tratamiento empírico (antibioticoterapia según edad y germen más probable), ya que no se debe posponer el mismo bajo ningún concepto. Una vez conocido el germen causante y su susceptibilidad in vitro , el tratamiento antimicrobiano debe ser modificado, con el fin de prescribir la opción más específica y adecuada a cada caso. Aplicación de medidas generales de antitermia, analgesia, elevación del cabezal de la cama...   Las medidas de soporte hemodinámico (hidratación correcta, aporte de sales, aporte de oxígeno, monitorización de presión arterial, frecuencia cardiaca, temperatura, saturación de oxígeno…) pretenden mantener una oxigenación y una hidratación corporales correctas para evitar consecuencias indeseables del tipo shock o daño cerebral secundario. Pronóstico y prevención La introducción de vacunas frente a los gérmenes causales más frecuentes ( Haemophilus Influenzae b , Neisseria Meningitidis -meningococo-  y Streptococcus Pneumoniae -neumococo-) y el desarrollo de antibióticos cada vez más potentes ha  disminuido la incidencia y ha mejorado el pronóstico de la infección, pero las complicaciones-secuelas y los niveles de mortalidad todavía son importantes: puede haber secuelas hasta en una cuarta parte de los niños afectados, tan graves como la epilepsia, el retraso psicomotor o la sordera neurosensorial (la más frecuente) y el nivel de mortalidad que tiene la meningitis bacteriana alcanza el 4’5% en los países desarrollados (más frecuente por neumococo  y meningococo). VACUNAS Haemophilus Influenzae tipo B : INFANRIX HEXA ®. Neisseria Meningitidis (Tipo A y C): MENINGITEC ®. Neisseria Meningitis (Tipo B): BEXSERO ®. Streptococcus Pneumoniae : PREVENAR ®. Algunas de estas vacunas han disminuido drásticamente la incidencia de algunas infecciones convirtiéndolas en excepcionales, por ejemplo, Haemophilus Influenzae tipo B . Está indicada la realización de quimioprofilaxis (administración de medicamentos preventivos de la infección) sólo a los contactos cercanos de los casos de meningitis meningocócica y meningitis por Haemophilus .
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