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¿Qué es el Herpes Zoster?

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Conocido comúnmente como “culebrilla”, el herpes zóster es una infección de la piel causada por el virus varicela-zóster, un virus de la familia de los herpesvirus, similar por lo tanto al herpes simple que produce las “calenturas” en el labio. Son infecciones muy frecuentes y, aunque en la mayoría de los casos se resuelven sin secuelas, pueden comportar complicaciones en algunos pacientes. En el caso del zóster, la más importante es un dolor intenso y prolongado.

¿Cómo se produce?

El virus varicela-zóster se manifiesta en dos fases.

  • La primera es la varicela, una infección típica de niños, que hasta hace pocos años se debía pasar de forma natural, como otras enfermedades víricas muy conocidas (la rubeola, el sarampión, etc), hasta que se ha instaurado la vacuna en el calendario vacunal.
  • Tanto si se pasa de forma natural como con la vacuna (la vacuna consiste en realidad en administrar el virus más débil o atenuado), el virus queda latente o escondido en el organismo, y puede dar lugar al zóster en una segunda fase en algún momento de la vida. Es decir, la enfermedad o la vacuna crean anticuerpos, pero estos no son capaces de neutralizar el virus completamente. Esta segunda fase, el zóster, consiste en una reactivación del mismo virus, sólo en un territorio de la piel, de forma unilateral Es, por lo tanto, como pasar una “segunda varicela” en una zona de la piel, con la diferencia de que en esta fase la enfermedad puede provocar como complicación un intenso dolor, y no sólo picor, como la varicela.

¿A quién afecta?

Puede aparecer a cualquier edad sobre cualquier persona que haya pasado la varicela o haya sido vacunada para esta enfermedad, ya que tiene el virus latente, y éste puede volver a crecer y viajar a la piel para producir los síntomas. En general, el zóster aparece a edades más avanzadas, a partir de los 60 años. También es típico que aparezca en situaciones de estrés o enfermedades que comportan “bajadas de defensas”, como una pulmonía o un tratamiento con quimioterapia para un cáncer.

Síntomas

La zona más frecuentemente afectada es la región torácica o lumbar, apareciendo las lesiones típicas sobre una franja en forma de cinturón que abarca desde la línea media del abdomen a la línea media de la espalda, es decir, sólo media circunferencia del cuerpo. Por ello, se le conoce comúnmente como “culebrilla”.

  • En la piel primero hay un intenso dolor o escozor, que puede parecer un esguince o un “tirón” de una costilla, o incluso puede simular el dolor de una angina de pecho, un fuerte golpe, o un infarto de miocardio.
  • En 24 o 48 horas aparece enrojecimiento, y granitos con líquido en su interior, agrupados sobre la zona, que duran una o dos semanas hasta que se van secando y formando costras.
  • Puede dejar cicatrices si ha sido muy intenso.

El zóster puede afectar a cualquier zona del cuerpo, incluso la cara, con una posible afectación del ojo que puede comportar gravedad y necesitar de la colaboración de un oftalmólogo para su correcto diagnóstico y tratamiento.

El síntoma más temido: la neuralgia postherpética

El virus provoca inflamación en los nervios de la piel, y una vez eliminado correctamente con tratamiento, ese dolor puede persistir semanas o meses, y necesita ser tratado para no interferir con la calidad de vida. La neuralgia postherpética aparece más cuanto más avanzada es la edad (en general por encima de los 70 años), cuanto más extenso es el zóster, o cuanto más debilitado este el paciente.

Puede ser un dolor muy intenso, continuo, que impide el sueño, como “un puñal clavado” o como “latigazos”. En otros casos, el dolor se describe más como quemazón o escozor. Como en el momento de presentarse la neuralgia, lo único que hay es inflamación en los nervios, deben administrarse tratamientos dirigidos a controlarla, y en general no está recomendado seguir administrando más antibióticos contra el virus (antivíricos). En muchos casos, el tratamiento de la neuralgia puede necesitar de la colaboración de un neurólogo (especialista en las enfermedades del sistema nervioso).

Diagnóstico

Cualquier médico entrenado, y por supuesto un dermatólogo, somos capaces de reconocer la clínica de un herpes zóster. En casos de duda, puede obtenerse líquido por raspado de los “granitos” de la piel, y realizarse una citología, que es una prueba rápida que puede confirmar la infección de las células por el virus. Si existen dudas sobre si el paciente ha pasado o no la varicela o ha sido vacunado, el médico puede pedir una prueba en sangre llamada “serología” para saber si el cuerpo ha producido anticuerpos para el virus, y si la infección es pasada o reciente.

En las primeras 24 o 48 horas, cuando sólo hay dolor y no se observa nada en la piel, puede ser difícil asegurar que se trata de un zóster. Cuando existe esa posibilidad, el médico puede dar tratamientos para el dolor, y dar una cita al paciente para el día siguiente para volver a explorar la piel. Esto es muy importante, porque el tratamiento para frenar al virus (con antivíricos) será más eficaz cuanto antes se inicie, en los primeros dos o tres días del comienzo del zóster.

Tratamiento

El tratamiento es sencillo si se diagnostica a tiempo, y se basa en el empleo de los antivíricos en pastillas. Estos son aciclovir, famciclovir o brivudina entre otros. Los antivíricos en pomada, como los que se dan para los herpes simples del labio, no son eficaces para el herpes zóster. El tratamiento suele durar una semana, y las dosis son diferentes para cada medicamento. El médico puede necesitar ajustar la dosis si el paciente es mayor, o diabético o tiene alguna enfermedad que haga que el riñón funcione mal.

El paciente debe aplicar en la piel alguna solución secante, como povidona o alcohol, para ayudar a secar las lesiones y que hagan costras lo más rápido posible.

En el caso de presentarse neuralgia, puede ser necesario dar analgésicos como paracetamol, metamizol o codeína, y en casos en los que no se controle, hay que recurrir a medicamentos más potentes como gabapentina o pregabalina. En casos muy invalidantes, con dolor que no responde a medicamentos, el paciente puede ser remitido por el dermatólogo o el neurólogo a una clínica del dolor, una consulta realizada habitualmente por anestesistas, para la administración de otros tratamientos.

Medidas preventivas

Si un paciente con herpes zóster está en contacto con personas que no hayan pasado la varicela, como niños muy pequeños, o mujeres embarazadas que pueden pasarle la infección al bebé, debe evitar tocarlas o compartir toallas u objetos que la puedan transmitir.

Por lo demás, no existe una manera de evitar el herpes zóster. La vacuna para la varicela, que se lleva administrando más de 10 años, no ha demostrado reducir de momento la incidencia del zóster.