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Dermatitis exfoliativa

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La dermatitis exfoliativa es una patología poco común que se manifiesta por medio de un estado inflamatorio de la piel, con disfunciones en la barrera cutánea y a nivel metabólico. Puede presentarse al nacer o puede desarrollarse de forma aguda o insidiosa, debido a la progresión de una patología que ya estaba presente.

Aunque existe una amplia gama de enfermedades que se asocian con la dermatitis exfoliativa, la gran mayoría de los casos son el resultado de dermatosis preexistentes y crónicas. Es importante conocerla porque puede tratarse de una urgencia médica que precise hospitalización y tratamiento inmediato para evitar la deshidratación y la sobreinfección por bacterias y hongos que pueden llevar a la muerte.





¿Qué es la dermatitis exfoliativa?

La dermatitis exfoliativa o eritrodermia exfoliativa es una afección inflamatoria cutánea que se presenta con piel eritematosa extensa y descamación, que afecta a más del 90% de la superficie corporal.

La edad en la que aparece la dermatitis exfoliativa está directamente relacionada con la causa. La mayor parte de los casos se describen en promedio a partir de los 50 años de edad, si bien existen casos infantiles y neonatales.

Su principal manifestación es debida a la alteración del recambio celular epidérmico rápido. Las causas son desconocidas, aunque se presenta con más frecuencia en el contexto de trastornos cutáneos preexistentes, como dermatitis atópica, dermatitis de contacto, dermatitis seborreica y psoriasis, entre otras.

También puede aparecer con mayor probabilidad en el transcurso de tratamientos con algunos fármacos como antibióticos, barbitúricos y antiepilépticos, entre otros. Finalmente, esta afección cutánea puede aparecer asociada a determinados tipos de cáncer, como linfomas, micosis fungoide, leucemia y, en menor medida, adenocarcinomas.



¿Qué produce la dermatitis?

La eritrodermia puede ser consecuencia de diversos procesos patológicos de diferente naturaleza, incluyendo las siguientes categorías causales:

  • Patologías y síndromes congénitos.
  • Enfermedades infecciosas.
  • Patologías inflamatorias e inmunitarias.
  • Enfermedades neoplásicas.
  • Causas iatrogénicas o debidas a algunos tratamientos farmacológicos.
  • Causas idiopáticas, o de causa desconocida.

En muchos casos, la eritrodermia es consecuencia del agravamiento de dermatosis preexistentes, como sucede con la psoriasis, la dermatitis atópica grave o la dermatitis seborreica del neonato.

En la eritrodermia psoriásica la causa puede ser la propia enfermedad de la piel o la retirada repentina de fármacos corticosteroides potentes tópicos u orales que formaban parte del tratamiento.

Por otro lado, las erupciones de eritrodermia relacionadas con la toma de medicamentos suelen estar causadas por anticonvulsivantes, antibióticos y barbitúricos.



¿Qué es la dermatitis exfoliativa neonatal?

La eritrodermia neonatal es una patología poco habitual. Al igual que su cede en los casos en los que afecta a los adultos, sus causas pueden dividirse en:

  • Inflamatorias (dermatitis atópica, psoriasis, dermatitis seborreica, etc.).
  • Infecciosas (síndrome de la piel escaldada por estafilococos, candidiasis, etc.).
  • Inducidas por fármacos.
  • Genodermatosis e inmunodeficiencias primarias, como el síndrome de Omenn, el síndrome de Di George y el síndrome de Wiskott-Aldrich.

Los pacientes neonatos están en riesgo de pérdida de líquidos, lo que les lleva a situaciones de hipernatremia, deshidratación, hipotermia y aumento del riesgo de infecciones.

Los casos de eritrodermia congénita pueden presentarse junto con una diversidad de características clínicas cutáneas y extracutáneas al nacer o que pueden aparecer más adelante.

En otros casos, como la eritrodermia por dermatitis atópica, la presentación es más tardía, usualmente cuando ya han cumplido, al menos, un mes de vida.



Síntomas de la dermatitis exfoliativa

La eritrodermia es una enfermedad grave que en ocasiones puede llegar a comprometer la vida del paciente. En ella se pueden diferenciar dos presentaciones o fases:

  • Aguda. Por ejemplo, debido a una infección o a un medicamento. Se caracteriza por presentar un eritema intenso, de inicio súbito, acompañado de malestar general y descamación fina.
  • Crónica. Su evolución es más gradual debido a la progresión de una patología primaria subyacente, incluyendo dermatosis y neoplasias malignas. En esta fase el paciente presenta descamación más abundante y gruesa. Existe un aumento del grosor de la piel y se acentúan los pliegues. Se puede dar una alopecia generalizada y a nivel de las uñas, un aumento de su grosor con una posterior rotura.

Los signos y síntomas asociados a la enfermedad pueden ofrecer pistas sobre la causa que provoca la eritrodermia. Además de piel eritematosa y descamación, otros síntomas que se pueden dar incluyen:

  • Malestar general.
  • Fiebre y escalofríos.
  • Prurito
  • Edema (principalmente en miembros inferiores).
  • Linfadenopatías generalizadas.


¿Cómo curar la dermatitis exfoliativa?

La eritrodermia es una urgencia dermatológica, por lo que los casos más graves requieren de ingreso hospitalario.

El abordaje terapéutico debería incluir, en primer lugar, la interrupción de cualquier tratamiento farmacológico que resulte innecesario y un examen adecuado dirigido a excluir cualquier tipo de malignidad como causa de la dermatitis.

Inicialmente, el tratamiento de todos los tipos de eritrodermia es muy similar, aunque no se haya podido llegar a identificar las causas. Para llegar al diagnóstico se realizará una biopsia cutánea y una analítica sanguínea completa. En los casos más graves será necesario monitorizar al paciente en unidades de cuidados intensivos y reponer los líquidos perdidos a través de la piel con sueros intravenosos.

Es importante controlar la temperatura ambiental ya que los pacientes presentan el deterioro de las funciones de control de la temperatura corporal para evitar el enfriamiento o el sobrecalentamiento.

La función de barrera de la piel deteriorada por la enfermedad puede mejorarse mediante baños coloides y compresas húmedas sobre una superficie que no supere una cuarta parte del cuerpo, así como la aplicación de cremas emolientes y corticosteroides tópicos de baja potencia. Así mismo, deberán tratarse las sobreinfecciones por bacterias y hongos con antibióticos y antifúngicos.

Por otro lado, los antihistamínicos con efecto sedante intramusculares o intravenosos pueden disminuir el prurito previniendo de esta forma infecciones cutáneas provocadas por el rascado, además de mitigar la ansiedad del paciente.

Finalmente, el tratamiento estará condicionado por la enfermedad o la causa subyacente de la dermatitis exfoliativa, si es que esta ha podido ser identificada.