1. Home
  2. Contenidos de salud
  3. Qué sabemos de la Dislexia

Qué sabemos de la Dislexia

Regístrate y recibe un mes de servicios ilimitados gratuitos en Savia
Videoconsulta 24 horas
Chat médico 24 horas
Evaluador de síntomas
Regístrate ahora gratis

Posiblemente habrás oído hablar de la dislexia en alguna conversación entre padres del colegio, amigos o familiares y te ha picado la curiosidad por saber más acerca del tema y, estar atento de paso a la evolución y desarrollo de tus propios hijos. Es una buena idea, ya que muchas veces el único referente de sospecha para el pediatra es la indicación de la familia.

Aunque la dislexia tiene su origen en una disfunción cerebral, la reeducación permite mejorar y corregir muchos de estos errores

En la reciente publicación de la edición actualizada del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), la dislexia se incluye dentro del grupo de Trastornos del Aprendizaje definidos como un “desorden en uno o más de los procesos básicos que involucran la comprensión oral y escrita del lenguaje”.  

Se da en personas con un desarrollo cognitivo o un nivel de inteligencia normal o alto, que no padecen alteraciones sensoriales perceptibles y que han recibido una instrucción adecuada.

No se debe confundir la dislexia con la tartamudez o disfemia. Este último es un trastorno de la comunicación (no un trastorno del lenguaje), que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla que se acompañan de tensión muscular en cara y cuello, miedo y estrés, debido a la interacción de determinados factores orgánicos, psicológicos y sociales.

¿Afecta a mucha gente?

Las personas con dislexia constituyen el 80% de los diagnósticos de trastorno del aprendizaje, y corresponden a un 2-8% de los niños escolarizados. Si alguno de los padres ha sufrido este trastorno, la probabilidad de padecerlo los hijos es mayor que en la población general (ocurre en el 60% de los casos). Hay mayor porcentaje de niños afectados que de niñas.

¿Por qué se produce?

Existen factores hereditarios que predisponen a padecer dislexia. Sin embargo, aún no están claros todos los factores que podrían estar implicados en el curso del trastorno. Sí se ha podido comprobar que los disléxicos no utilizan las mismas partes cerebrales que los no disléxicos.  El fallo cognitivo que condiciona la dislexia es una alteración de las capacidades fonológicas (la conciencia fonológica es el conocimiento que tenemos las personas para dividir el habla y la escritura en estructuras cada vez más pequeñas).

Signos y síntomas de la dislexia

La dislexia se da en niños con buena capacidad para aprender, siempre que se encuentren en un entorno bien estimulado. No obstante, es un importante factor de desinterés por el estudio, de calificaciones bajas y/o fracaso escolar, falta de asistencia a la escuela y, en definitiva, de abandono escolar.

Los signos de la dislexia pueden variar a medida que el niño crece. En general, estos trastornos se observan por primera vez cuando el niño está aprendiendo a leer, aunque pueden estar latentes desde mucho antes. Al mismo tiempo, puede ocurrir que la dislexia no se diagnostique hasta muchos años después. Por ejemplo, es común que los niños que tienen un alto cociente intelectual compensen la patología y ésta pase desapercibida hasta que las exigencias de comprensión de la escuela aumentan.

Existen ciertas características clínicas que se presentan siempre y que es necesario observar especialmente:

  • Dificultades en el lenguaje escrito.
  • Dificultades en la escritura.
  • Serias dificultades con la ortografía.
  • Lento aprendizaje de la lectura.
  • Dificultades para aprender y escribir segundas lenguas.

Otros síntomas pueden ser:

  • Dificultades para seguir instrucciones y secuencias complejas de tareas
  • Problemas de comprensión de textos escritos
  • Dificultades en el lenguaje hablado
  • Confusión entre derecha e izquierda
  • Problemas con el ritmo y los lenguajes musicales, etc.

Es frecuente que los niños que padecen dislexia tengan antecedentes de trastornos de desarrollo del habla (dislalia…), acompañados de problemas de adaptación social, así como problemas emocionales y de conducta. Con bastante frecuencia, la tendencia familiar y de muchos profesores, es la de considerar que el niño padece un mero retraso evolutivo (o intelectual en casos graves), o bien, más frecuentemente, tienden a considerarlo un ‘vago’ y ello se le reprocha continuamente. Esta conducta tiene consecuencias funestas para la personalidad del niño, que se rebela frente a la calificación con conductas disruptivas para llamar la atención o, por el contrario, se hunde en una inhibición y pesimismo cercanos o inmersos en la depresión.

OTROS TRASTORNOS EN LAS DIFICULTADES ESPECÍFICAS DE APRENDIZAJE (DEA) ASOCIADAS A LA DISLEXIA

  • Disgrafía: dificultad específica para aprender a escribir correctamente.
  • Disfasia: falta de coordinación de las palabras.
  • Dispraxia: falta de coordinación en los movimientos.
  • Discalculia: trastorno relacionado con las habilidades aritméticas.
  • Dismapia: dificultad para leer los mapas y encontrar lugares, relacionado con la confusión de los puntos cardinales o con la orientación espacial.
  • TDAH: trastorno de déficit de atención e hiperactividad.
  • Trastornos emocionales y conductuales.

Las investigaciones de los últimos años hablan de dislexia como un síndrome que se manifiesta de múltiples formas o tipos diferentes, en función de muy diversos factores.

¿Cómo se diagnostica?

Aunque la sospecha inicial pueda tenerla la familia o el profesorado, debe ser un profesional escolar (psicólogo, pedagogo o psicopedagogo) quien haga el diagnóstico. La evaluación se realiza por medio de pruebas estandarizadas (test) que verifiquen la existencia de dicho trastorno (por ejemplo, Test fonológico, Test de vocabulario de Boston, Batería de Evaluación de los procesos lectores en Educación Primaria, Test para la detección de Dislexia en niños, etc). Cabe destacar que el diagnóstico es una tarea compleja.

El proceso incluye, de una forma íntimamente relacionada, la exploración médica (cuya finalidad es descubrir los posibles trastornos neurológicos y/o sensoriales que podrían incidir en el problema), la exploración psicológica (que pretende analizar el nivel aptitudinal y la dinámica de la personalidad) y la exploración pedagógica (que persigue detectar la madurez lecto-escritora y el grado de instrucción). Los test lingüísticos deben acompañarse de un test de inteligencia general.

Tratamiento

Aunque la dislexia tiene su origen en una disfunción cerebral, la reeducación permite mejorar y corregir muchos de estos errores. Aunque deben ser los especialistas los que apliquen las medidas terapéuticas orientadas a reeducar (logopedas, profesorado especializado en apoyo escolar, psicólogos, psicopedagogos…), los padres y la familia cercana también juegan un papel importante en el hogar.

En cuanto al pronóstico, hay acuerdo en que, cuanto antes se empiece el trabajo rehabilitador, menores van a ser las consecuencias.

¿CÓMO PUEDO AYUDAR EN CASA?

  • Dado que estos niños tienen dificultades escolares es necesario potenciar su autoestima, haciéndoles partícipes de sus avances y logros, sin enfados ni presiones. A estos niños no les motivarán los sobornos, amenazas o súplicas “para que haga un esfuerzo”.
  • Con frecuencia sienten rechazo por los deberes y las tareas de lectura y escritura, por lo que es aconsejable buscar juegos o métodos interactivos de ordenador.  En la Red existen gran cantidad de páginas web y blogs que trabajan la reeducación.
  • Compartir con ellos juegos que ayudan a adquirir una buena conciencia fonológica y a mejorar los errores. Algunos ejemplos pueden ser:
    • Jugar a hacer Sopas de letras.
    • El juego del Veo, veo, ¿qué ves?: un objeto que lleva dos letras “a”...
    • Adivinanza de palabras:  p.ej. p____a (pelota).
    • Dar palmas por cada palabra hablada.
    • Dar palmas por cada sílaba de una palabra.
    • El juego de “De la Habana ha venido un barco cargado de…“palabras que empiecen por R”
  • A nivel escolar, el profesor cualificado debe adaptar el programa de estudios a las necesidades educativas específicas del niño, lo que permitirá desarrollar su confianza en sí mismo, su motivación y las estrategias de asimilación necesarias para que pueda aprender.