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Qué vitaminas y minerales necesita tu cuerpo en la vuelta al trabajo
Nutrición

Qué vitaminas y minerales necesita tu cuerpo en la vuelta al trabajo

Septiembre activa un reflejo muy habitual: comprar un multivitamínico. La sensación de cansancio tras el verano, la vuelta a la exigencia laboral y el convencimiento de que algo le falta al cuerpo llevan a mucha gente a buscar en los suplementos una solución rápida. A veces tiene sentido. Otras veces, no tanto. La diferencia está en saber qué está pasando realmente. El cansancio de septiembre puede tener un origen nutricional concreto (un déficit real de algún micronutriente) o puede ser simplemente el resultado de semanas de horarios irregulares, sueño de peor calidad y un cambio brusco de ritmo. En el primer caso, un suplemento específico puede ayudar. En el segundo, tomar vitaminas no va a cambiar nada. Por qué el cuerpo llega cansado a septiembre El verano, con todo lo que tiene de positivo, también deja algunas consecuencias físicas que se notan al volver. Las noches más cortas o de menor calidad, el alcohol más frecuente, la alimentación menos estructurada y la deshidratación acumulada son factores que afectan a los niveles de ciertos micronutrientes y que pueden traducirse en fatiga, menor concentración y un estado de ánimo menos estable de lo habitual. A eso se suma el cambio brusco de ritmo: pasar de días sin urgencias a una agenda llena de reuniones y plazos en cuestión de horas supone un esfuerzo de adaptación real para el sistema nervioso. Ese esfuerzo consume recursos, y si las reservas ya estaban bajas, el cansancio se instala con más facilidad. Los micronutrientes más relevantes para la vuelta al trabajo Vitaminas del grupo B, especialmente B6 y B12 Son las más directamente implicadas en el metabolismo energético: ayudan al cuerpo a transformar los carbohidratos, las grasas y las proteínas en energía utilizable. La B12, además, es esencial para el funcionamiento del sistema nervioso y para la producción de glóbulos rojos.  Su déficit, que es más frecuente en personas que siguen dietas vegetarianas o veganas y en mayores de 50 años, produce fatiga pronunciada, dificultad para concentrarse y sensación de niebla mental. Las vitaminas B se encuentran en carnes, pescados, huevos, lácteos, legumbres y cereales integrales. Vitamina D España tiene sol durante todo el año, pero eso no garantiza niveles adecuados de vitamina D. El trabajo en interiores, el uso de protector solar y las horas de exposición fuera de los picos de síntesis hacen que el déficit de vitamina D sea muy prevalente, incluso en países mediterráneos.  Su deficiencia se asocia a fatiga, debilidad muscular, mayor susceptibilidad a infecciones y bajo estado de ánimo. En septiembre, cuando la exposición solar empieza a reducirse, revisar los niveles con un análisis de sangre es una buena idea antes de suplementar. Magnesio Es un mineral fundamental para la función muscular, la producción de energía y el funcionamiento del sistema nervioso. Su déficit puede causar cansancio, calambres musculares, irritabilidad y dificultad para dormir bien, síntomas que encajan perfectamente con cómo muchas personas se sienten al volver del verano.  Hierro La deficiencia de hierro es una de las causas más frecuentes de fatiga crónica, especialmente en mujeres en edad fértil. Se manifiesta como cansancio desproporcionado al esfuerzo, palidez, menor concentración y sensación de debilidad. Tomar hierro sin una deficiencia confirmada por analítica no solo no ayuda, sino que puede ser perjudicial: el exceso de hierro genera estrés oxidativo y puede dañar el hígado y el corazón. Esta es una de las vitaminas que más claramente requiere valoración médica previa. Vitamina C Tiene un papel bien documentado en la función inmunológica y en la absorción del hierro no hemo (el que proviene de fuentes vegetales). En septiembre, con el inicio de la temporada de resfriados y el estrés de la vuelta al trabajo , mantener niveles adecuados es especialmente relevante. Se obtiene fácilmente de frutas y verduras de temporada: pimientos, cítricos, kiwi, brócoli, perejil. Qué conviene no tomar sin consultar antes El mercado de los suplementos en España mueve miles de millones de euros al año, y una parte significativa de eso se vende sin que haya una necesidad real detrás. Hay algunos casos que merecen especial cautela. Hierro sin analítica previa . Como hemos mencionado, tomar hierro sin confirmar un déficit puede ser contraproducente. Si el cansancio persiste y se sospecha anemia, el primer paso es siempre el análisis de sangre. Multivitamínicos de alta dosis. Los suplementos que contienen dosis muy por encima de los requerimientos diarios no ofrecen más beneficios que los que tienen dosis estándar. Las vitaminas hidrosolubles como la C o las del grupo B se eliminan por la orina si hay exceso, pero las liposolubles como la A, D, E y K se acumulan en el tejido graso y su exceso puede ser tóxico. Suplementos para la energía con estimulantes. Muchos productos comercializados como “energizantes” contienen cafeína, taurina u otros estimulantes que no corrigen ningún déficit nutricional. Dan una sensación temporal de activación que puede enmascarar un cansancio que necesita otra respuesta. Cuándo el cansancio de septiembre merece más que un suplemento Hay una diferencia entre el cansancio de adaptación que se resuelve en dos o tres semanas con la vuelta a la rutina y el cansancio persistente que no cede aunque los hábitos hayan vuelto a su cauce. Este segundo tipo puede indicar un déficit nutricional real, un problema tiroideo, anemia u otras causas que requieren diagnóstico médico. La señal más clara ante la que actuar es el cansancio que no mejora después de tres o cuatro semanas de vuelta a la normalidad, en especial, si se acompaña de otros síntomas como pérdida de peso sin causa aparente, palpitaciones o cambios en el estado de ánimo, o interfiere de forma significativa con el rendimiento en el trabajo. En Savia, salud digital Mapfre, los empleados tienen acceso al servicio de Telemedicina con médicos especializados y al servicio de Nutrición con dietistas-nutricionistas, ambos disponibles por videoconsulta desde cualquier dispositivo. Para hacer una valoración del cansancio, interpretar unos resultados de una analítica o recibir orientación sobre qué suplementos tienen sentido en cada caso, el acceso es inmediato y sin esperas. Infórmate sin compromiso.
Cómo volver a comer bien después del verano (sin dietas ni restricciones)
Nutrición

Cómo volver a comer bien después del verano (sin dietas ni restricciones)

Las vacaciones suelen traer consigo horarios diferentes, comidas fuera de casa, celebraciones y una mayor flexibilidad a la hora de elegir qué comer. Disfrutar de esos momentos forma parte del verano y también de una relación saludable con la alimentación. Sin embargo, cuando septiembre llega, muchas personas sienten la necesidad de «compensar». Empiezan las dietas exprés, las promesas de eliminar determinados alimentos y los planes para recuperar en pocos días los hábitos que cambiaron durante las vacaciones. La evidencia científica apunta en otra dirección, ya que volver a comer bien después del verano no depende de hacer cambios drásticos, sino de reconstruir poco a poco aquellas rutinas que favorecen el bienestar durante el resto del año. Por qué el verano desordena los hábitos alimentarios El verano modifica nuestra forma de vivir y, con ella, la manera de comer. Las comidas se desplazan a terrazas, reuniones familiares o viajes; los horarios cambian; aparecen más aperitivos y las cenas suelen alargarse. Además, el calor hace que busquemos alimentos diferentes y que la hidratación cobre un papel aún más importante. Estos cambios forman parte de la vida social y, por sí mismos, no representan un problema para la salud. Lo que suele resultar más difícil es recuperar la organización cuando vuelven el trabajo, el colegio o las responsabilidades cotidianas. Preparar las comidas con menos tiempo, recurrir a productos ultraprocesados o saltarse alguna comida por falta de planificación son situaciones habituales durante las primeras semanas de septiembre. La trampa de la dieta de septiembre (y por qué no funciona) Cada año se repite el mismo patrón. Después de las vacaciones aumentan las búsquedas relacionadas con dietas rápidas, planes detox o estrategias para perder peso en pocos días. Aunque puedan parecer una solución inmediata, este tipo de propuestas rara vez ayudan a consolidar hábitos duraderos. Las restricciones muy intensas suelen generar más sensación de hambre, aumentan la frustración y hacen que muchas personas abandonen el plan pocas semanas después. Así que, más que intentar compensar los excesos del verano, resulta mucho más útil recuperar una alimentación variada, organizada y compatible con la rutina diaria. Cómo volver a una alimentación equilibrada después del verano Si hay que elegir un único punto de partida para volver a comer bien en septiembre , ese punto es la estructura horaria. Recuperar horarios aproximados de desayuno, comida y cena hace que el cuerpo vuelva a generar señales de hambre y saciedad regulares , que es la base sobre la que funciona cualquier alimentación saludable. Con esa estructura recuperada, el resto se ordena de forma más natural. Cuando se come con hambre real a horas previsibles, las decisiones sobre qué comer son mejores y el picoteo compulsivo entre horas se reduce sin esfuerzo. Volver a cocinar en casa con más frecuencia. Las semanas de vacaciones suelen significar más restaurantes y menos cocina propia. Retomar la cocina en casa no requiere platos elaborados: una ensalada completa, una legumbre con verduras, un pescado a la plancha. Lo que importa es recuperar el control sobre los ingredientes y las cantidades, algo que en el restaurante siempre es parcial. Reducir el alcohol de forma gradual. El consumo de alcohol suele ser más alto en verano por el contexto social. Reducirlo en septiembre no tiene que ser una renuncia total: simplemente volver al patrón habitual del resto del año, con el alcohol como ocasión y el agua como norma. Recuperar las legumbres y los cereales integrales. Son dos grupos que suelen desaparecer en los menús de verano y que tienen un papel central en la saciedad, la energía sostenida y la salud digestiva. Incorporarlos en dos o tres comidas semanales desde las primeras semanas de septiembre es uno de los ajustes con más impacto y menos esfuerzo. Los productos de septiembre que ayudan a recuperar el equilibrio digestivo Septiembre tiene algo a su favor que pocas veces se menciona: es el mes con mayor consumo de verdura fresca de todo el año en España, según datos del Ministerio de Agricultura . La oferta del mercado en esta época del año combina los últimos productos del verano con los primeros de la nueva estación, y el resultado es una variedad excepcional. Los mercados de septiembre ofrecen una combinación que resulta especialmente útil para recuperar el ritmo digestivo tras el verano. Higos, uvas y granadas: Frutas en su momento óptimo, ricas en fibra y antioxidantes. La granada tiene además propiedades antiinflamatorias bien documentadas y encaja perfectamente como postre o en ensaladas. Manzana y pera : La manzana con piel es una de las fuentes de fibra soluble más accesibles y eficaces para mejorar el tránsito intestinal. Un par de piezas al día en septiembre, cuando están en su mejor momento de sabor, no requiere ningún esfuerzo. Pimientos, berenjenas y calabacín: Los últimos de la temporada de verano, en su punto más sabroso. Son la base ideal para platos sencillos al horno o a la plancha que permiten recuperar la verdura en el centro del plato sin elaboraciones complicadas. Coliflor y brócoli: Empiezan su temporada en septiembre y son dos de las verduras con mayor densidad nutricional. Tienen fibra, vitamina C, folatos y compuestos con efecto antiinflamatorio. Al vapor o asados, son fáciles de incorporar en cualquier menú semanal. Aprovechar lo que la estación ofrece en su mejor momento es, sin que suene a tópico, una de las formas más sencillas de mejorar la calidad de la alimentación. Los productos de temporada tienen más sabor, más nutrientes y menos coste que los que viajan de lejos fuera de su época. Cómo organizar las comidas al volver de vacaciones Recuperar hábitos saludables resulta mucho más sencillo cuando la planificación se adapta a la realidad de cada persona. Puede ser útil empezar con objetivos pequeños y alcanzables: Preparar el menú semanal antes de hacer la compra. Llevar comida al trabajo algunos días. Mantener fruta disponible para las medias mañanas o las meriendas. Reservar tiempo para realizar actividad física. Dormir las horas necesarias para favorecer la regulación del apetito. No hace falta cambiar toda la alimentación en una sola semana. Cada hábito consolidado facilita el siguiente. ¿Puede un nutricionista ayudarte a encontrar tu propio ritmo? Es importante saber que cada persona vive la vuelta a la rutina de una manera diferente. Algunas recuperan fácilmente sus hábitos habituales. Otras encuentran más dificultades para organizar las comidas, mantener horarios regulares o adaptar la alimentación a sus necesidades personales. Contar con el acompañamiento de un profesional permite diseñar estrategias realistas, resolver dudas y establecer objetivos adaptados al estilo de vida de cada persona, sin recurrir a dietas restrictivas ni soluciones temporales. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Nutrición ofrece videoconsultas y chats con dietistas-nutricionistas colegiados que ayudan a recuperar hábitos saludables de forma personalizada. Desde la planificación de menús hasta la educación nutricional o el seguimiento de objetivos, el acompañamiento profesional facilita una vuelta a la rutina más sencilla y sostenible.
Comer fuera en verano: cómo mantener una alimentación equilibrada durante las vacaciones
Nutrición

Comer fuera en verano: cómo mantener una alimentación equilibrada durante las vacaciones

Llega el verano y con él una sensación muy habitual: “estas vacaciones voy a comer fatal”. Restaurantes, chiringuitos, cenas largas, copas de más, horarios sin estructura y la nevera vacía porque nadie está en casa para hacer la compra. La conclusión que muchas personas sacan antes de que empiece julio es que el verano y la alimentación saludable son incompatibles. La realidad es bastante diferente. Una alimentación saludable no depende de una comida concreta, sino del conjunto de hábitos que mantenemos a lo largo de los días. Saber elegir, disfrutar sin culpa y recuperar el equilibrio cuando hace falta permite cuidar la salud sin renunciar a la gastronomía propia del verano . Por qué en vacaciones cambia nuestra forma de comer El verano altera casi todos los factores que sostienen los hábitos alimentarios del resto del año. Desaparecen los horarios fijos, la cocina en casa se reduce, las ocasiones sociales alrededor de la comida se multiplican y el calor cambia lo que el cuerpo pide. A eso se suma algo menos evidente pero igual de relevante: la relajación psicológica que acompañan las vacaciones afecta también a las decisiones sobre lo que se come. Sin la estructura habitual, es más fácil picar entre horas, posponer el almuerzo hasta las cuatro de la tarde o cenar más tarde y más abundante de lo habitual. Nada de eso es un problema por sí solo. El problema aparece cuando ese patrón se convierte en la norma durante varias semanas seguidas, o cuando la respuesta a dos semanas de comer fuera es una dieta restrictiva en septiembre que tampoco se sostiene. Ahí sí se genera un ciclo que no beneficia a nadie. Comer fuera también puede formar parte de una alimentación saludable Durante mucho tiempo se ha asociado comer fuera de casa con una alimentación poco saludable. Sin embargo, cada vez es más fácil encontrar restaurantes que ofrecen opciones variadas y equilibradas. Además, muchos platos tradicionales de la cocina mediterránea encajan perfectamente dentro de un patrón de alimentación saludable . Elegir pescado a la plancha, ensaladas completas, verduras, legumbres o arroces acompañados de alimentos frescos permite disfrutar de la comida sin que ello suponga un desequilibrio importante en la dieta. El objetivo tampoco consiste en controlar cada elección. Compartir un postre, disfrutar de una comida especial o probar la gastronomía local forma parte de la experiencia de viajar y convivir con otras personas. La clave está en el equilibrio a lo largo de toda la semana. Si el martes hubo una cena larga con más vino y más postre de lo habitual, el miércoles puede volver a un ritmo más ligero sin que el martes haya “arruinado” nada. Ese cambio de perspectiva (de la culpa por comida al equilibrio por semana) es uno de los ajustes más útiles que propone la evidencia en nutrición para mejorar la adherencia a largo plazo. Qué elegir cuando comes en restaurantes o chiringuitos Algunos pequeños gestos ayudan a mantener hábitos saludables durante las vacaciones . Priorizar platos con verduras Las verduras aportan fibra, vitaminas, minerales y una gran cantidad de agua, especialmente útil durante los meses más calurosos. Ensaladas completas, verduras a la plancha, gazpacho o salmorejo son opciones que ayudan a empezar la comida de forma ligera y saciante. Elegir proteínas de calidad Pescados, mariscos, pollo, pavo, huevos o legumbres favorecen una mayor sensación de saciedad y suelen resultar más fáciles de digerir cuando hace calor. España cuenta además con una amplia oferta de pescados y mariscos frescos durante el verano , una excelente oportunidad para incorporarlos con mayor frecuencia. Dar protagonismo a la cocina mediterránea La dieta mediterránea continúa siendo uno de los patrones alimentarios con mayor respaldo científico para la prevención de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Aceite de oliva virgen extra, frutas, verduras, legumbres, pescado y frutos secos forman parte de este modelo de alimentación que resulta especialmente fácil de seguir durante el verano . Elegir bebidas que favorezcan la hidratación El agua es la mejor bebida para mantener una hidratación adecuada. Aunque refrescos y bebidas alcohólicas suelen estar más presentes durante las vacaciones , conviene recordar que el alcohol favorece la deshidratación y puede aumentar la sensación de cansancio cuando las temperaturas son elevadas. Los errores más frecuentes al comer fuera durante el verano Picar constantemente entre horas: Los aperitivos prolongados, las tapas o los pequeños snacks pueden hacer que se consuman muchas más calorías de las previstas sin apenas percibirlo. Descuidar la hidratación: Esperar a tener sed suele indicar que el organismo ya ha comenzado a perder líquidos. Comer con demasiada rapidez: Las comidas compartidas invitan a conversar y disfrutar del momento. Dedicar tiempo a comer despacio facilita la digestión y permite que el cerebro reciba las señales de saciedad antes de continuar comiendo. Reservar las frutas y verduras para «cuando vuelvan las rutinas»: Durante el verano existe una enorme variedad de frutas y hortalizas de temporada que facilitan mantener una alimentación fresca y equilibrada. Sandía, melón, melocotón, tomates o pepino son solo algunos ejemplos de alimentos ricos en agua y nutrientes que ayudan a combatir el calor. Cómo recuperar el equilibrio sin caer en restricciones Al final de las vacaciones, muchas personas sienten que han comido peor de lo que querían y la respuesta habitual es una dieta estricta en septiembre. Esa respuesta rara vez funciona y casi siempre genera más oscilaciones que las que habría producido no hacer nada. Recuperar el equilibrio después de un periodo de vacaciones es mucho más sencillo de lo que parece si se aborda con gradualidad. Volver a cocinar en casa con más frecuencia, recuperar los horarios habituales, incorporar más verdura y fruta en el día a día y reducir el alcohol son los cuatro movimientos que más impacto tienen, y ninguno requiere restricción ni esfuerzo extremo. Lo que la evidencia en nutrición muestra de forma consistente es que los cambios sostenibles se construyen sobre hábitos que se pueden mantener en el tiempo, no sobre planes que requieren fuerza de voluntad constante. La alimentación saludable tiene que caber también en el verano , en los restaurantes y en las celebraciones. Si el modelo que seguimos solo funciona cuando todo está bajo control, no es un modelo que vaya a durar. El verano también puede ser una oportunidad para mejorar hábitos El tiempo libre de las vacaciones tiene algo valioso que el resto del año no siempre permite: más espacio para prestar atención a cómo uno come, para explorar mercados locales y productos de temporada, para cocinar sin prisa cuando se tiene ganas, para descubrir que comer bien y disfrutar de la mesa no son objetivos contradictorios. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Nutrición conecta a los empleados de las empresas con nutricionistas especializados a través de videoconsultas personalizadas. Ya sea para revisar hábitos, resolver dudas concretas sobre alimentación o diseñar un plan que encaje con el ritmo real de cada persona, el acceso es sencillo, sin desplazamientos y en el momento que mejor viene. 
¿Tienes hambre o estás aburrido? Cómo influye el verano en nuestra forma de comer
Nutrición

¿Tienes hambre o estás aburrido? Cómo influye el verano en nuestra forma de comer

En vacaciones cambian los horarios, las rutinas y también nuestra forma de relacionarnos con la comida. Hay más comidas fuera de casa, aperitivos que se alargan, helados durante los paseos, reuniones familiares y tardes en las que abrir la nevera parece convertirse en un plan más. Muchas personas terminan el verano convencidas de que han perdido el control sobre su alimentación, cuando en realidad detrás de esos cambios suelen intervenir factores mucho más complejos que la falta de fuerza de voluntad. El aburrimiento , el estrés, las emociones o simplemente disponer de más tiempo libre pueden influir en el momento en que comemos y en los alimentos que elegimos. Aprender a identificar esas señales permite disfrutar del verano sin culpa y mantener una relación más equilibrada con la comida. ¿Por qué comemos diferente durante las vacaciones? Durante el verano desaparecen muchas de las rutinas que organizan el día a día. Los horarios laborales cambian, aumentan las comidas en grupo, aparecen celebraciones, viajes y planes improvisados. Además, el calor modifica el apetito y suele favorecer comidas más ligeras, aunque también incrementa el consumo de bebidas azucaradas, helados o picoteos frecuentes. La alimentación deja de estar marcada por la rutina y pasa a depender, en mayor medida, del contexto y de las emociones. Por eso es habitual comer a horas diferentes, prolongar las sobremesas o recurrir a determinados alimentos simplemente porque están disponibles o forman parte del momento social. Hambre física y hambre emocional: aprender a diferenciarlas Sentir ganas de comer no siempre significa que el cuerpo necesite alimento. Los especialistas distinguen entre el hambre física , que responde a una necesidad fisiológica, y el hambre emocional , que aparece como respuesta a emociones, pensamientos o situaciones concretas. Estas son algunas diferencias que pueden ayudar a identificarlas. Hambre física Aparece de forma gradual. Se satisface con distintos alimentos. Desaparece cuando el organismo se siente saciado. Responde a una necesidad de energía. Hambre emocional Suele surgir de manera repentina. Busca alimentos concretos, generalmente muy apetecibles. Puede continuar incluso después de comer. Suele aparecer asociada al aburrimiento , el estrés, la ansiedad o determinadas emociones. Reconocer estas diferencias permite comprender mejor qué necesita el cuerpo en cada momento. El aburrimiento también puede influir en las ganas de comer Durante las vacaciones aparecen más momentos libres. Después de varios días con menos obligaciones, muchas personas descubren que acuden a la cocina con más frecuencia sin haber sentido un hambre clara. El aburrimiento activa la búsqueda de estímulos, y la comida constituye uno de los más accesibles y gratificantes. Determinados alimentos ricos en azúcar o grasa estimulan los circuitos de recompensa del cerebro y producen una sensación inmediata de placer, aunque sea pasajera. Por eso resulta tan habitual abrir la nevera varias veces durante la tarde o picar algo mientras vemos una película, navegamos por internet o descansamos en casa. Antes de comer puede ser útil hacerse una pregunta sencilla: ¿qué estoy necesitando realmente en este momento?  A veces la respuesta será comida. Otras veces puede ser descanso, compañía, hidratación o simplemente cambiar de actividad durante unos minutos. Las emociones también forman parte de nuestra alimentación El aburrimiento es solo una de las emociones que pueden influir en el apetito , pero durante el verano también aparecen otros factores que modifican nuestra conducta alimentaria. Celebraciones y reuniones sociales: Muchas actividades giran alrededor de la comida, lo que favorece un consumo mayor del habitual sin que exista una sensación clara de hambre . Estrés antes o después de las vacaciones: Los días previos al descanso o la vuelta a la rutina pueden aumentar la ansiedad, y algunas personas encuentran en la comida una forma de aliviar momentáneamente esa tensión. Cansancio: Dormir peor debido al calor o alterar los horarios también puede modificar las hormonas que regulan el apetito, aumentando la sensación de hambre durante el día. Recompensa: Después de varios meses de trabajo es frecuente pensar que las vacaciones son el momento para «permitirse todo». Disfrutar de alimentos especiales forma parte del verano, aunque mantener cierto equilibrio ayuda a que el bienestar continúe cuando terminan las vacaciones. Cómo mantener una relación equilibrada con la comida durante el verano Mantener horarios relativamente estables: Aunque exista más flexibilidad, conservar cierta regularidad ayuda al organismo a reconocer mejor las señales de hambre y saciedad. Hacer una pausa antes de comer: Detenerse unos segundos permite identificar si el cuerpo necesita alimento o si existe otra necesidad detrás de ese impulso. Mantener una buena hidratación: La sed y el hambre pueden confundirse fácilmente, especialmente durante los días de más calor. Beber agua de forma regular y consumir frutas y verduras ricas en agua favorece una hidratación adecuada. Comer con atención: Disfrutar de la comida sin pantallas o distracciones facilita reconocer cuándo aparece la saciedad y mejora la experiencia de comer. Las vacaciones suelen ofrecer más tiempo para cocinar, descubrir alimentos de temporada o recuperar comidas compartidas con calma. Aprovechar ese contexto puede ayudar a construir hábitos saludables que continúen después del verano, siempre desde un enfoque flexible y adaptado a cada persona. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Nutrición ofrece videoconsultas con nutricionistas colegiados que ayudan a comprender mejor la relación con la alimentación, adaptar los hábitos a cada situación personal y resolver dudas sobre cómo mantener una dieta equilibrada durante las vacaciones y el resto del año.
Qué comer en el trabajo los días de calor (y qué evitar si quieres llegar a la tarde con energía)
Nutrición

Qué comer en el trabajo los días de calor (y qué evitar si quieres llegar a la tarde con energía)

Con el calor, comer bien en el trabajo se convierte en un desafío mayor del habitual. El cuerpo pide cosas ligeras, frías, que no generen pesadez. Pero muchas veces lo que se acaba eligiendo es un sándwich rápido, un snack del cajón o directamente saltarse la comida porque el calor quita el apetito. El resultado: una tarde de “bajón”, dificultad para concentrarse y ganas de que el día termine cuanto antes. La alimentación en verano tiene un impacto directo en el rendimiento. Una deshidratación leve ya es suficiente para reducir la concentración y aumentar la fatiga. Y una comida demasiado pesada al mediodía puede hacer que la segunda parte de la jornada sea prácticamente improductiva. Por qué el calor cambia la alimentación en verano Cuando hace calor, el cuerpo trabaja más para regular su temperatura. Eso consume energía, genera más sudoración y aumenta las necesidades de hidratación. Al mismo tiempo, el apetito disminuye porque el organismo evita generar el calor extra que produce la digestión de comidas pesadas. De ahí que en verano apetezcan menos los guisos y más las ensaladas. El cuerpo pide alimentos con alto contenido en agua, fáciles de digerir y que no generen una sobrecarga calórica innecesaria. El problema es que muchas veces la comodidad gana a la nutrición. Y lo que parece una solución rápida (un bocadillo de embutido, una bolsa de frutos secos salados, un refresco) no es lo que el cuerpo necesita en esas condiciones. Lo que sí funciona: qué comer en el trabajo cuando hace calor Ensaladas completas, no solo de lechuga. Una ensalada con legumbres (garbanzos, lentejas, alubias), proteína (pollo, huevo, atún, queso fresco) y carbohidratos integrales (quinoa, arroz, cuscús) es un plato completo que no genera pesadez y aporta energía sostenida durante horas. El secreto está en llevar el aliño aparte para que no se ablande todo. Gazpacho y sopas frías. Son hidratantes, nutritivas y muy fáciles de llevar en un tarro hermético. El gazpacho es uno de los platos más completos del verano: aporta agua, vitaminas, fibra y antioxidantes. Proteínas frías. Pollo cocido, pavo, huevo duro, sardinas en aceite de oliva, bonito. Sacian sin generar la digestión pesada que sí produce la carne roja o los platos con mucha grasa. Son fáciles de preparar la noche anterior y aguantan bien en una bolsa isotérmica. Frutas de temporada. Sandía, melón, melocotón, nectarina, uvas. Son alimentos con alto contenido en agua y aportan azúcares naturales que dan energía sin los picos y bajones que producen los ultraprocesados. Un trozo de fruta a media mañana es infinitamente mejor que una barrita energética. Cereales integrales. Pan integral, arroz integral, quinoa, avena. Aportan energía de liberación lenta, lo que evita los bajones de glucosa que se notan especialmente en la tarde. Mucho mejor que el pan blanco o los snacks dulces. Qué comidas evitar en el trabajo cuando hace calor Comidas muy grasas o con mucho frito. El cuerpo tarda más en digerirlas y genera más calor interno durante el proceso. El resultado es sensación de pesadez, somnolencia y menor rendimiento en la segunda mitad del día. Bebidas azucaradas y energéticas. Dan una subida rápida de energía seguida de un bajón igualmente rápido. En verano, además, no hidratan eficazmente. El agua sigue siendo la mejor opción para mantener la concentración. Alcohol en el almuerzo. Aunque en verano hay más ocasiones sociales, el alcohol deshidrata y aumenta la somnolencia. Una cerveza en un almuerzo puede traducirse en una tarde muy poco productiva. Snacks ultraprocesados. Bolsas de patatas, galletas saladas, frutos secos con sal en exceso. Son fáciles y tentadores, pero no hidratan, generan más sed y no aportan la energía sostenida que el cuerpo necesita. La hidratación en los días de calor Muchas personas llegan al final de la mañana con dolor de cabeza sin relacionarlo con el hecho de que llevan horas sin beber agua o hidratarse lo suficiente. La deshidratación leve ya reduce de por sí la capacidad de concentración y aumenta la sensación de fatiga. En el trabajo, esto se traduce en más errores, menos agilidad mental y peor humor. La recomendación es no esperar a tener sed para beber. Tener siempre agua a mano en el puesto de trabajo, beber pequeñas cantidades de forma frecuente a lo largo del día y complementar la hidratación con alimentos ricos en agua (frutas, ensaladas, gazpacho) marca una diferencia real en cómo se llega a la tarde. En Savia, salud digital Mapfre, ponemos a disposición de las empresas nuestro servicio de Nutrición con profesionales especializados. A través de videoconsultas personalizadas, tu equipo puede recibir pautas concretas adaptadas a su situación: qué llevar al trabajo, cómo organizar las comidas en verano, cómo mantener la energía sin depender de la cafeína o el azúcar.
Cómo influye la alimentación en la toma de decisiones y el rendimiento mental
Nutrición

Cómo influye la alimentación en la toma de decisiones y el rendimiento mental

13:30 de la tarde. Tienes una reunión clave para cerrar un proyecto y, aunque notas un ligero vacío en el estómago, decides seguir adelante. Sin embargo, te sientes más impaciente, las ideas no fluyen con la claridad de la mañana y, ante la primera duda, tomas la opción más rápida, aunque no sea la mejor. Es una respuesta biológica: tu cerebro acaba de entrar en «modo supervivencia» porque te has quedado sin el combustible necesario para decidir con criterio. A menudo pensamos en la alimentación como algo relacionado exclusivamente con el peso o la salud física, pero la realidad es que la nutrición es el motor invisible de nuestra productividad laboral .  Aunque el cerebro solo representa el 2% de nuestro peso corporal, consume aproximadamente el 20% de nuestra energía total. Cuando esos niveles de energía bajan, la primera función que se desconecta no es la de respirar o caminar, sino la más compleja de todas: la capacidad de tomar decisiones estratégicas . Qué ocurre en el cerebro cuando tienes hambre Para entender por qué perdemos la lucidez, hay que mirar a la corteza prefrontal, la zona encargada de la lógica, el autocontrol y la planificación. Esta parte del cerebro depende casi exclusivamente de un flujo constante de glucosa. Cuando pasamos demasiadas horas sin ingerir los nutrientes adecuados, el cerebro interpreta esta carencia como una amenaza. En ese momento, el control pasa de la zona racional a la zona más primitiva y emocional. Es un mecanismo de ahorro: el cerebro deja de invertir energía en analizar escenarios complejos y prefiere respuestas rápidas y automáticas. Por eso, la alimentación y concentración están tan íntimamente ligadas; sin el soporte nutricional correcto, nuestra capacidad de procesamiento se reduce a lo básico, limitando nuestra visión estratégica justo cuando más la necesitamos. Cómo afecta la alimentación a la toma de decisiones La ciencia ha demostrado que la calidad de nuestro juicio fluctúa según nuestros niveles de glucosa en sangre, un fenómeno que los investigadores llaman «agotamiento del ego» o fatiga decisional. No es una coincidencia que las peores decisiones estratégicas suelan tomarse justo antes del almuerzo o al final de una jornada intensa sin pausas para comer. El sesgo del hambre: el caso de los tribunales Uno de los estudios más reveladores en este campo analizó más de 1.100 decisiones judiciales durante diez meses. Los investigadores descubrieron que la probabilidad de que un juez concediera libertad condicional rondaba el 65% al comienzo de la jornada o tras una pausa para comer, y disminuía progresivamente hasta casi 0% hacia el final de la sesión Este «sesgo del hambre» demuestra que, ante la falta de energía, el cerebro opta por la decisión más conservadora, punitiva o sencilla para evitar el esfuerzo mental que requiere analizar un caso complejo. La trampa de la impulsividad y el corto plazo Cuando el cerebro detecta que el combustible escasea, se activa un mecanismo de supervivencia en la amígdala que nubla la corteza prefrontal. Esto tiene tres efectos directos en el entorno laboral: Preferencia por lo inmediato : Bajo los efectos del hambre, tendemos a elegir recompensas pequeñas ahora en lugar de beneficios mayores a largo plazo. En una negociación, esto puede llevar a cerrar acuerdos desfavorables solo por terminar la reunión. Menor tolerancia a la frustración : La falta de nutrientes reduce nuestra capacidad de regular emociones. Un correo electrónico que en otro momento ignorarías, se convierte en un conflicto cuando tu cerebro está en «modo alerta» por hambre. Incapacidad para filtrar información : Un cerebro bien nutrido puede distinguir lo relevante de lo accesorio. Con baja energía, perdemos esa capacidad de síntesis, lo que nos lleva a tomar decisiones basadas en datos irrelevantes. El impacto de la inflamación y el azúcar Las dietas altas en azúcares refinados provocan picos de insulina seguidos de «caídas libres» de glucosa. En esos valles, el cerebro experimenta niebla mental, aumentando la probabilidad de cometer errores de cálculo o de interpretación de datos. Por el contrario, una alimentación rica en antioxidantes y grasas saludables protege las conexiones neuronales, permitiendo que la comunicación entre áreas del cerebro sea más rápida y eficiente. Señales de que estás tomando decisiones con baja energía Solemos creer que la “niebla mental” se manifiesta como un rugido en el estómago, pero en realidad se presenta como sutiles cambios en nuestro comportamiento cognitivo. Identificar estas banderas rojas es crucial para posponer una decisión importante antes de cometer un error: Parálisis por análisis o postergación : Te descubres releyendo el mismo párrafo cuatro veces o posponiendo una respuesta sencilla porque el esfuerzo de procesar la información te resulta abrumador. Irritabilidad y pérdida de empatía : La falta de glucosa afecta la capacidad de la corteza prefrontal para regular las emociones. Si notas que tu paciencia con el equipo ha desaparecido de repente, es probable que tu cerebro esté en «modo ahorro». Preferencia por el «statu quo» : Ante una elección estratégica, tiendes a elegir la opción que no requiere cambios o el camino de menor resistencia, simplemente porque analizar una alternativa innovadora consume demasiada energía. Impulsividad inusual : Aceptar condiciones en una negociación solo por terminar la reunión o tomar decisiones basadas en el «instinto» (que en realidad es fatiga) en lugar de en los datos disponibles. Qué comer para mantener la claridad mental durante el trabajo El objetivo no es «comer mucho», sino mantener una curva de glucosa estable. Los picos y caídas de azúcar son los enemigos número uno de la concentración . Aquí la nutrición se convierte en una herramienta de precisión: Carbohidratos de absorción lenta : Alimentos como la avena, el centeno o las legumbres liberan energía de forma sostenida, evitando el famoso «bajón» de media mañana. Grasas saludables (Omega-3) : El cerebro es, en gran parte, grasa. Las nueces, el aguacate y el pescado azul son fundamentales para mantener la integridad de las membranas neuronales y la velocidad de transmisión de datos entre neuronas. Proteína de calidad : Aportan aminoácidos como la tirosina, precursora de la dopamina, que mantiene la motivación y el enfoque en objetivos a largo plazo. Hidratación estratégica : La deshidratación leve, a partir de aproximadamente un 2% de pérdida de masa corporal, puede afectar la memoria a corto plazo, la atención y la velocidad de procesamiento . El agua es el conductor de todos los procesos químicos del cerebro. Cómo influye la nutrición en el entorno laboral Cuando un profesional optimiza su nutrición , el beneficio se desborda hacia el resto de la organización. Reducción del presentismo y el absentismo : Equipos bien nutridos tienen sistemas inmunitarios más fuertes y una mayor resiliencia al estrés, lo que reduce las bajas y los días de baja productividad. Mejora del clima laboral : Menos fatiga decisional significa líderes más estables emocionalmente, comunicaciones más asertivas y menos conflictos derivados de la irritabilidad por hambre (el famoso fenómeno hanger). Cultura de alto rendimiento sostenible : Fomentar una buena alimentación desde la empresa (comedor saludable, pausas reales) envía un mensaje de que el valor del empleado reside en su capacidad cognitiva y no solo en sus horas de silla. Aun así, no siempre es fácil mantener hábitos constantes, especialmente en entornos exigentes o con horarios variables. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de nutrición está pensado para acompañar este proceso de forma práctica y adaptada a cada persona. A través de videoconsultas y seguimiento profesional, es posible organizar la alimentación de forma que se ajuste al ritmo real del día a día, favoreciendo una energía más estable y una mejor capacidad de decisión. Infórmate sin compromiso.
Cómo controlar tu tensión arterial y qué comer para bajarla
Nutrición

Cómo controlar tu tensión arterial y qué comer para bajarla

Es muy probable que ahora mismo, mientras lees esto, alguien en tu oficina o en tu círculo cercano tenga la tensión alta y no sospeche absolutamente nada. Y la hipertensión no suele presentar síntomas evidentes, pero sí tiene consecuencias directas sobre la salud cardiovascular y el bienestar general. En el trabajo, además, factores como el estrés, el sedentarismo o los hábitos alimentarios poco equilibrados pueden contribuir a que estos valores aumenten progresivamente. Por eso, más allá del diagnóstico médico, entender cómo medir la tensión arterial y qué decisiones cotidianas pueden ayudar a mantenerla bajo control resulta clave. El próximo 17 de mayo celebramos el Día Mundial de la Hipertensión , una efeméride que nos recuerda que esta patología, a menudo silenciosa, afecta a una gran parte de la población trabajadora en España. En Savia, como parte del compromiso de salud digital de Mapfre, sabemos que la prevención es la herramienta más rentable para el bienestar de los equipos, por eso en este artículo te compartimos algunos consejos sobre qué podemos hacer, de forma práctica, para prevenir y gestionar la hipertensión . Qué es la tensión arterial y cuándo se considera alta La tensión arterial mide la presión con la que la sangre circula por las arterias. Se expresa en dos valores: Presión sistólica: cuando el corazón se contrae. Presión diastólica: cuando el corazón se relaja. Se considera que una persona tiene hipertensión cuando estos valores se mantienen por encima de los niveles recomendados de forma continuada. El problema es que, en muchos casos, no da señales claras. Por eso se la conoce como una “enfermedad silenciosa”. Cómo medir y controlar la tensión arterial correctamente Controlar la tensión arterial no debería limitarse a consultas puntuales. Hoy en día existen herramientas que permiten hacer un seguimiento más constante y fiable. Estas son algunas recomendaciones clave: Medirla siempre a la misma hora, preferiblemente en reposo. Evitar café, tabaco o ejercicio físico antes de la medición. Mantener una postura adecuada (espalda apoyada, pies en el suelo). Utilizar dispositivos validados. Llevar un registro de las mediciones permite detectar patrones y tomar decisiones con mayor criterio, especialmente si se combinan con asesoramiento profesional. Qué factores influyen en la hipertensión en el día a día La tensión arterial no depende solo de un factor. Suele ser el resultado de varios elementos que se acumulan con el tiempo: Estrés sostenido Falta de actividad física Alimentación rica en sal y ultraprocesados Consumo de alcohol Descanso insuficiente En el contexto laboral, muchos de estos factores se intensifican: jornadas largas, comidas rápidas, falta de pausas o presión constante. ¿Por qué la tensión arterial también es un asunto que debería importarle a las empresas? La hipertensión , más allá de ser un factor de riesgo cardiovascular , también es una de las principales causas de fatiga y reducción de la productividad. Tal y como advierte la Sociedad Española de Hipertensión (SEH-LELHA), casi el 40% de la población adulta en España es hipertensa , y muchos lo desconocen. Por eso, para una empresa, fomentar el control y medición de la tensión se traduce en un equipo más vital y en una reducción significativa del absentismo a largo plazo. Qué comer para ayudar a reducir la tensión arterial La alimentación tiene un impacto directo en el control de la hipertensión . Pequeños ajustes mantenidos en el tiempo tienen más impacto que cambios drásticos. Reducir el consumo de sal : Este es, sin duda, uno de los factores más relacionados con la presión arterial elevada . Conviene limitar alimentos procesados y revisar etiquetas. La OMS recomienda consumir menos de 5 gramos de sal al día. En España, la media duplica esta cifra. Priorizar frutas y verduras : El potasio ayuda a los vasos sanguíneos a relajarse y a eliminar el exceso de sodio a través de la orina . Puedes optar por frutos rojos y plátanos, ricos en antocianinas y potasio, o por verduras de hoja verde, como las espinacas, que ayudan a la elasticidad arterial. Incluir grasas saludables : Alimentos como el aceite de oliva, los frutos secos o el pescado azul contribuyen a la salud cardiovascular. Aumentar el consumo de alimentos frescos : Cuanto menos procesado sea el alimento, mejor será su impacto en la salud. Mantener una hidratación adecuada : El equilibrio hídrico también influye en la presión arterial . Un modelo de alimentación ampliamente recomendado en estos casos es la dieta DASH , diseñada específicamente para ayudar a controlar la hipertensión a través de la alimentación. Señales de alerta que no conviene ignorar Aunque muchas veces la hipertensión no presenta síntomas , hay algunas señales que pueden indicar que algo no va bien: Dolores de cabeza frecuentes Sensación de mareo Fatiga constante Palpitaciones Ante cualquiera de estos síntomas, es importante consultar con un profesional sanitario. En Savia entendemos que cambiar hábitos alimenticios no es fácil si se hace en soledad. Por ello, nuestro servicio de Nutrición para empresas ofrece videoconsultas y chat directo con nutricionistas colegiados. A través de planes nutricionales adaptados a la realidad de cada empleado, ayudamos a los equipos a transformar su salud desde la mesa, previniendo patologías antes de que se conviertan en un problema clínico.
Tendencias alimentarias para 2026: ¿cómo es y será nuestra forma de comer?
Nutrición

Tendencias alimentarias para 2026: ¿cómo es y será nuestra forma de comer?

Nuestra forma de alimentarnos también evoluciona. Lo que antes eran modas pasajeras, hoy son movimientos con impacto en la salud, la sostenibilidad y el bienestar general. Para las empresas, comprender las tendencias alimentarias para 2026 es una gran oportunidad de integrar cambios que respalden las estrategias de bienestar corporativo. ¡Te las contamos en este artículo! Salud digestiva y alimentación funcional Una de las tendencias alimentarias para 2026 es el foco en la salud digestiva y en los alimentos que favorecen el equilibrio del microbioma intestinal. Ingredientes ricos en fibra, probióticos y prebióticos son los grandes protagonistas dados sus beneficios para la función digestiva y su relación con el bienestar general. En el entorno laboral, donde la alimentación ultraprocesada suele ser común, aumentar la presencia de alimentos ricos en fibra puede contribuir a una menor sensación de pesadez durante la jornada laboral y a un mejor estado de ánimo . Proteínas diversas y alternativas vegetales La tendencia al alza de la proteína no se detiene, y casi el 60% de los consumidores incorpora más proteína en su dieta para cuidar su salud. Asimismo, las proteínas vegetales , desde legumbres hasta hongos o algas, están dejando de ser simples sustitutos de la proteína animal para convertirse en estrellas nutricionales. Esta evolución responde a la preocupación por la sostenibilidad ambiental y los avances tecnológicos en la producción de alimentos . Es interesante promover opciones variadas y equilibradas en comedores, así como fomentar la adopción de prácticas alimentarias saludables en el día a día de los empleados. Etiqueta limpia y transparencia alimentaria En 2026 la tendencia del “ clean label ” o etiqueta limpia regresa para consolidarse como una exigencia en el mercado alimentario. El consumidor no tiene por qué ser conocedor del significado de la nomenclatura científica de las etiquetas, por ello, exige cada vez más el uso de etiquetas limpias . Es decir, etiquetas que aboguen por el uso de ingredientes sencillos, sin artificios, y transparentes en su formulación. Esta tendencia es una excelente oportunidad para educar en la lectura de etiquetas y en la elección de opciones saludables, tanto dentro como fuera de la oficina, a través de los talleres de Nutrición de Savia . Alimentación sostenible y conciencia ambiental Siguiendo la tendencia creciente de los años anteriores, es incompatible contemplar una dieta saludable sin considerar la sostenibilidad . La reducción del desperdicio y el interés por alimentos locales y de temporada se traducen en beneficios tanto para la salud como para el planeta. Integrar este enfoque en programas de bienestar puede reforzar el compromiso de las empresas con sus equipos y con su responsabilidad social corporativa . Bebidas funcionales y alimentos con propósito Otra de las tendencias alimentarias relevantes para 2026 es la creciente oferta de bebidas funcionales y alimentos con propósito . Es decir, productos diseñados para aportar beneficios más allá de la nutrición básica: máxima hidratación, soporte inmunitario o beneficios cognitivos. Bebidas con electrolitos, snacks altos en proteína o kombuchas probióticas son algunos de los productos que seguirán ganando terreno en el retail y en la oferta de opciones saludables en máquinas de vending.   Para las organizaciones que cuidan del bienestar de sus equipos, estas tendencias alimentarias son grandes oportunidades para influir positivamente en la salud y el rendimiento. Desde los servicios de Nutrición de Savia, salud digital Mapfre , acompañamos a las empresas en la adopción de estos cambios a través de programas personalizados, educación nutricional y recursos prácticos. Alimentarse bien es una pieza esencial del bienestar que, por supuesto, se traduce en equipos más saludables, motivados y productivos. Infórmate sin compromiso, tengas o no seguro médico y siempre con la garantía de Mapfre.
Método del plato para comer bien en el trabajo
Nutrición

Método del plato para comer bien en el trabajo

En enero nos embriagan la motivación y las buenas intenciones. Tras los excesos de las fiestas, uno de los propósitos más repetidos es el de “comer mejor”. No obstante, la vuelta a la rutina no suele ponerlo tan fácil como pensamos: reuniones, jornadas intensas, menos tiempo para cocinar… Mantener una alimentación equilibrada en el trabajo no siempre resulta sencillo. Por ello, recurrir al llamado “ método del plato ” puede convertirse en una herramienta sencilla, pero útil, con la que mejorar la alimentación sin complicarnos demasiado. En este artículo te contamos qué es el método del plato y cuáles son las mejores recetas para llevarlo a cabo. ¿Qué es el método del plato? Cuando hablamos de qué es el método del plato nos referimos a una guía visual que nos ayuda a distribuir los distintos grupos de alimentos. Su planteamiento es muy sencillo, solo hay que dividir el plato en proporciones que aseguren un aporte adecuado de nutrientes: Reserva la mitad del plato para verduras y hortalizas. Destina un cuarto del plato para proteínas saludables: pescado, legumbres, huevos, carnes magras… Y, finalmente, en el último cuarto del plato, incorpora hidratos de carbono de calidad como pueden ser arroz integral, quinoa, patata o pasta integral. El método del plato está alineado con recomendaciones de organismos como la Harvard T.H. Chan School of Public Health, que promueve modelos visuales similares para fomentar hábitos alimentarios saludables. Método del plato: Recetas Sin duda, uno de los grandes beneficios del método del plato es su versatilidad y flexibilidad. Al aprender a combinar alimentos de forma equilibrada y no simplemente seguir recetas rígidas, su aplicación resulta mucho más sencilla. Aunque lo ideal es que realices el método del plato con tus alimentos favoritos, estas son algunas ideas de recetas que pueden servir de inspiración para llevar al trabajo : Salteado de verduras con garbanzos y arroz integral. Ensalada templada de quinoa, verduras asadas y salmón. Plato combinado de judías verdes, pechuga de pollo a la plancha y patata cocida. Lentejas estofadas con verduras y huevo duro. ¿Cómo utilizar el método del plato en el desayuno? Pese a que solemos asociar el método del plato a comidas y cenas, también podemos aplicar el método del plato en el desayuno . La clave está en mantener el equilibrio entre macronutrientes y evitar desayunos excesivamente azucarados o pobres en proteínas. Siguiendo este enfoque, un desayuno equilibrado tendría: La mitad del plato para fruta fresca entera o verduras (por ejemplo, tomate). Un cuarto del plato para proteínas como el yogur natural, huevo, queso fresco o frutos secos. Y, finalmente, el último cuarto del plato para hidratos de carbono como pan integral, avena o cereales integrales. Además, puedes incluir grasas saludables como el aceite de oliva, semillas o aguacate. Con este tipo de desayuno garantizamos la energía y la concentración durante la jornada laboral, algo clave para el rendimiento profesional. Ejemplos del método del plato para el trabajo Nuestro equipo de nutricionistas ha recopilado algunos ejemplos del método del plato pensados específicamente para el entorno laboral: Brócoli y zanahoria al vapor, pavo a la plancha y arroz integral. Ensalada completa con hojas verdes, legumbres, atún y patata. Wok de verduras, tofu y fideos integrales. Plato frío de cous cous integral con verduras y huevo cocido. Estos ejemplos del método del plato para el trabajo demuestran que no es necesario recurrir a elaboraciones complejas para comer bien fuera de casa. Además, una alimentación equilibrada se asocia con mejor concentración, menor fatiga y mayor productividad. En definitiva, el método del plato puede ser un primer paso eficaz para avanzar hacia equipos más sanos, comprometidos y productivos. Y en Savia, salud digital MAPFRE , podemos guiarte y acompañarte ayudando a tus equipos a adquirir hábitos saludables adaptados a sus necesidades . Cuidar la alimentación no debería ser un propósito puntual de año nuevo, al contrario, debería ser una estrategia continua de bienestar corporativo. Infórmate sin compromiso.

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