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Fractura de Estrés, ¿Por Qué Ocurre?
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Fractura de Estrés, ¿Por Qué Ocurre?

A pesar de su nombre, la fractura de estrés no guarda relación con el estrés emocional. Se trata de una fractura que generalmente afecta al pie , es típica de deportistas, y a menudo pasa desapercibida en la radiografía. ¿Por qué se produce? Esta fractura, descrita por primera vez por un médico prusiano, el Dr. Briethaut, en 1855, es conocida comúnmente con otros apelativos como fractura por fatiga, fractura por sobrecarga , fractura por insuficiencia ósea, fractura del recluta, enfermedad de Deutschländer (cuando se ubica específicamente en el 2º o 3º metatarsiano de pie), etc. En una fractura por estrés, son muchos los posibles factores desencadenantes que pueden entrar en juego: una fuerza repetitiva por sobrecarga mecánica, una densidad ósea disminuida, un hábito tabáquico importante, un error en la técnica de entrenamiento, un calzado inadecuado , un mal apoyo plantar, bajos niveles de vitamina D…. ¿Dónde se produce? Los huesos más comúnmente afectados por una fractura por estrés son el segundo y tercer metatarsianos del pie. Las fracturas por estrés también son comunes en el talón (en el calcáneo), en la pierna (en la tibia o el peroné), y en el pie (en el escafoides tarsiano).  Es una lesión muy frecuente en deportistas. En función del deporte practicado las fracturas de estrés suelen ser más frecuentes en determinadas áreas anatómicas. Por ejemplo, en el jugador de básquet es frecuente la fractura de estrés en el pie mientras que en el corredor es predominantemente en la tibia, el tarso y los metatarsianos. En las gimnastas en las vértebras lumbares, en las bailarinas en la tibia, en saltadores en el quinto metatarsiano, en maratonianos en peroné y un largo etcétera. Las fracturas por estrés constituyen el 2% de todas las lesiones por deporte en los atletas. Tipos de fracturas de estrés Las fracturas de estrés se clasifican en dos grandes grupos: Fracturas por fatiga: por sobrecarga en un hueso sano. Son mucho más frecuentes en deportistas. Fracturas por insuficiencia : por carga normal en un hueso débil (por osteoporosis, por ejemplo). Mucho más frecuentes en mujeres postmenopáusicas. Siempre que se sospecha o evidencia una fractura de estrés y la radiografía no es concluyente solicitamos otras pruebas complementarias para llegar al diagnóstico como pueden ser la tomografía axial computarizada (TAC) o la gammagrafía (si queremos estudiar un hueso presuntamente enfermo). ¿Qué síntomas dan? Los síntomas de una fractura por estrés son muy variados: Dolor mecánico en una zona anatómica. Por ejemplo, en el pie y sólo al apoyar (con el movimiento) Dolor sordo de poca intensidad, pero constante Inflamación espontánea en la parte afecta ¿Cómo se diagnostica? Ante todo, debemos interrogar sobre la forma de aparición del dolor. Asimismo, nos interesa saber los antecedentes médicos . Por ejemplo, una mujer de 60 años y fumadora empedernida con un dolor selectivo en el metatarso tiene muchos números para sufrir una fractura de estrés en uno de sus metatarsianos. Posteriormente, realizaremos una exploración física exhaustiva. Si la sospecha es alta continuaremos el estudio con una radiografía (al menos solicitaremos dos proyecciones diferentes de la zona dolorosa). Aunque no apreciemos ninguna imagen de fractura en la radiografía trataremos al paciente en función de la magnitud de dolor que presente y le citaremos para visitas de control y repetir su radiografía o solicitar otras pruebas ( TAC ). Es frecuentísimo detectar la imagen de fractura en radiografías realizadas unos días después.  Si queremos confirmar la imagen solicitaremos un TAC. Si sospechamos un hueso enfermo solicitaremos una Gammagrafía ósea (consiste en la inyección de un contraste endovenoso radioactivo cuyo marcador se acumula en los huesos en fase de remodelación-reparación ósea). Si no se diagnostica, no se trata, y si no se trata puede ser que el callo óseo formado sea insuficiente o consolide de forma incorrecta. ¿Qué opción terapéutica es la mejor? Trataremos la fractura valorando varios factores: edad del paciente, tiempo de evolución, síntomas y actividad habitual del paciente. Un caso extremo sería una fractura de estrés detectada en una persona anciana y encamada en cuyo caso optaríamos por administrar medicación para el dolor. En el otro extremo tendríamos al atleta lesionado que precisa una recuperación ultrarrápida en cuyo caso es posible que se contemple la opción quirúrgica para sintetizar el hueso lo antes posible. Sabremos si la fractura se ha reparado por la desaparición progresiva de los síntomas y la aparición del callo óseo en la radiografía. ¿HABÍAS OÍDO HABLAR DEL CALLO ÓSEO? Es un hueso neoformado con la finalidad de reparar la fractura ósea. En la radiografía presenta características diferentes al resto de hueso. Cuando el callo se aprecia en la radiografía interpretamos la reparación radiológica del hueso fracturado (suele aparecer a las ocho semanas de la fractura). Es a partir de entonces cuando recomendamos la carga progresiva del hueso. Puede estar indicado un tratamiento rehabilitador antiálgico y para recuperar la funcionalidad del hueso. ¿Se puede prevenir la fractura por estrés? Existen factores no controlables como la calidad ósea por la edad. Sin embargo, si tenemos en cuenta algunos consejos podremos evitar la sobrecarga mecánica: Inicia tu actividad deportiva de forma gradual . Siempre con calentamiento previo. Usa ropa y calzado adecuados. Si normalmente eres portador de plantillas no te las quites para hacer deporte. El cambio de pisada favorece este tipo de fracturas. Corrige tu déficit de vitamina D aunque no tengas síntomas. Si durante la práctica de actividad deportiva notas un dolor agudo injustificado cesa la actividad inmediatamente. No continúes y ven a la consulta para ser valorado.
Dolor en el Tendón de Aquiles
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Dolor en el Tendón de Aquiles

El tendón de Aquiles es el más potente y resistente del cuerpo humano , pues es capaz de soportar hasta más de seis veces el peso de una persona en carrera, por ejemplo. Se encuentra ubicado en la parte posterior de la pierna (pantorrilla) y es la unión del músculo gastrocnemio (gemelos) y del soleo (bajo el gemelo), que forman el músculo tríceps sural , y cuya inserción se encuentra en el hueso calcáneo (el hueso que se sitúa en el talón). Como todo tendón, está formado por haces de fibras que se unen para formar una única estructura. Estas fibras están protegidas por unas vainas fibrosas, que las protegen y las mantienen en óptimas condiciones. Una de las características importantes del tendón es que tiene una pobre vascularización , lo que facilita que aparezcan lesiones a este nivel, sobre todo en la zona más cercana a la inserción en el calcáneo. ¿Por qué? Las causas que ocasionan patología aquilea tiene distintos orígenes, de manera que puede venir provocada por factores inherentes al propio tendón, como depender de las acciones que lleve a cabo la persona. Respecto a las primeras, entre ellas encontramos: Modificaciones anatómicas : la existencia de un pie plano, hiperpronación o las rodillas hacia fuera (Genu varo) tienden a aumentar la tensión en las fibras. Este exceso de tensión puede impedir una correcta realización del movimiento de flexión plantar del pie (que es la función esencial de este tendón). Dismetría de extremidades : cuando una extremidad es más larga o más corta que la otra, la biomecánica de la marcha varia y, por tanto, las estructuras que interviene en el movimiento para conseguir el desplazamiento se ven afectadas. La existencia de sobrecargas por un apoyo incorrecto, por ejemplo, puede ocasionar un exceso de carga y tensión que derive en lesión Patologías: enfermedades como la diabetes o la hipertensión cuya patogenia está relacionada con la vascularización pueden ser una de las causas de problemas a nivel del tendón. Por otro lado, la presencia de sustancias a niveles más elevados de los recomendados como en el caso de pacientes que sufren hipercolesterolemia (colesterol) o hiperuricemia (ácido úrico) también se encuentran entre los factores que aumentan el riesgo de lesión. Hay que destacar que no siempre se piensa que el origen de una lesión puede situarse en una zona alejada, pero en más de una ocasión eso sucede. Es así en aquellos casos en los que se ha producido una infección bucodental y otorrinolaringológica. Edad: con el paso de los años los tejidos degeneran y este tendón no es una excepción. Fibras más débiles, menor elasticidad y mayor rigidez son cualidades que aumentan el riesgo de lesión. En cuanto a aquellas causas que dependen del individuo también existe una larga lista entre los que mencionaremos: Calzado inadecuado: taloneras bajas o zapatillas excesivamente rígidas son elementos que pueden relacionarse con esta lesión. Errores en la técnica de entrenamiento : existen varios errores que pueden intervenir en una patología a este nivel, entre ellas encontramos realizar zancadas excesivamente largas, lo que obliga al tendón a quedar demasiado alejado del eje central del cuerpo y, por tanto, en el momento de recuperar la posición se ejerce una fuerza excesiva. Si ello ocurre de manera puntual no tiene mayor importancia, pero cuando es habitual, es la repetición del acto la que acaba por aumentar el riesgo. Hidratación incorrecta: el tendón en su mayoría está formado por agua y es necesario que exista un equilibrio a este nivel para preservar sus características. Síntomas y tratamiento La sintomatología que lleva al deportista a la consulta del especialista suele ser la existencia de dolor en la zona posterior del tobillo , y en la exploración se palpa engrosamiento del tendón junto con inflamación y, en casos más avanzados, incluso crepitación. En cuanto al tratamiento, el de tipo conservador suele ser habitual. La prioridad es disminuir el dolor y para ello es necesario reducir la carga deportiva. Dependiendo de la gravedad del caso no será necesario realizar un reposo absoluto sino que pueden practicarse otras modalidades. Aplicar hielo , nunca directamente, en la zona afectada es otra de las recomendaciones iniciales, ya que actúa como analgésico y antiinflamatorio. Ejercicios recomendables También es conveniente realizar ejercicios para una mejor y pronta recuperación, pero siempre bajo la supervisión de un profesional. Los ejercicios excéntricos son los que forman parte del programa de recuperación, y son aquellos en los que el movimiento conlleva un alargamiento del músculo. Existen varios, de menor o mayor complejidad, pero cada uno de ellos con un objetivo determinado. Entre los más habituales encontramos el que consiste en colocar la punta del pie en un escalón y flexionar el tobillo de forma que quede a una altura inferior a la de los pies. Se puede hacer primero con los dos pies (ofrece menor dificultad) y pasar luego a trabajar solo con una pierna. Otro de los ejercicios puede ser el caminar “punta-talón” en el que se combinan estas dos posiciones y se trabaja de forma concreta el tendón. ¿Se puede prevenir? El tratamiento es de suma importancia cuando aparece la lesión, pero el objetivo sería evitarla y es por ello que hay que conocer cuáles son los factores predisponentes para poder actuar ante ellos. Es difícil poder reducir el riesgo de lesión cuando se habla de factores intrínsecos como problemas anatómicos ya que no todo tiene solución, pero en muchos casos sí se puede corregir alguno de ellos. Un ejemplo sería el uso de plantillas cuando el problema está en la forma del pie. Por lo que respecta a los factores que dependen de la persona, una buena alimentación, hidratación, el uso de calzado adecuado, conocer el camino y la superficie por la que se va a practicar el deporte, entre otras cuestiones, pueden ayudar a evitar la temida lesión.
Displasia de Cadera: Cómo Identificarla y Tratarla
Artículo especializado

Displasia de Cadera: Cómo Identificarla y Tratarla

La displasia de cadera engloba varias alteraciones en la cabeza del fémur que provocan problemas de desarrollo y estabilidad de la articulación de la cadera . Estos problemas están presentes desde el nacimiento. Es importante realizar un correcto diagnóstico del bebé al nacer para evitar problemas futuros. ¿Displasia o luxación congénita de cadera? En el mal desarrollo de la cabeza del fémur y/o del acetábulo (la zona donde encaja el fémur con la pelvis) puede provocar diferentes grados de gravedad. Hace unos años se utilizaba el término “luxación congénita de cadera” pero, actualmente, consideramos más correcto por el de displasia de cadera, ya que no todas las caderas evolucionan hasta la luxación. Una cadera es “luxable” cuando al aplicar un movimiento podemos luxar la cadera. En este caso la luxación es reductible . Esto quiere decir que el fémur vuelve a su posición normal. Cuando hablamos de “cadera luxada” nos referimos a que la cabeza del fémur y el acetábulo no están bien adaptados o integrados, su función y movimientos no son correctos. Estos casos son los más graves, ya que la luxación es irreductible . Esto quiere decir que el fémur nunca vuelve a su posición normal. Factores de riesgo de displasia Hay algunos factores que influyen en el bebé para desarrollarla, como: Ser niña: debido a su mayor laxitud articular. Ser primogénito : debido a que el bebé está colocado en un útero más tenso (primerizo). La genética : hay mayor predisposición si el padre o la madre tuvieron displasia de cadera. La cadera izquierda es más frecuente. Parto de nalgas: por la posición de las caderas durante el embarazo y el parto. Los sistemas de porteo (mochilas portabebés) actuales no producen alteraciones en la articulación de la cadera porque mantienen las piernas separadas y permiten su movimiento. Diagnóstico Detectar precozmente la displasia de cadera es la clave para que el tratamiento sea un éxito y el desarrollo del niño sea normal y sin secuelas. Esto se consigue mediante la exploración rutinaria de todos los recién nacidos. El pediatra realiza dos maniobras o movimientos en la cadera del bebé que se llaman Barlow y Ortolani. Con esta exploración se puede evaluar si la cadera está luxada o es luxable. Es la típica frase del pediatra: “he notado un clic”. La primera maniobra que se realiza es la de Ortolani : se intenta recolocar en su sitio la cadera luxada. Si notamos un “clic” es que hemos reducido una cadera luxada. En cambio, la maniobra de Barlow consiste en intentar luxar una cadera que está en su sitio. Si notamos un “clic”, sospechamos que el bebé tiene una cadera luxable. Además, el pediatra también evalúa, para mayor seguridad a la hora de sospechar este diagnóstico, si la cadera se mueve con normalidad, cuánto abre y separa las piernas el bebé o si existen asimetrías en los movimientos de una y de otra. Siempre que se sospeche en la exploración o bien si el bebé tiene tres o más factores de riesgo, se debe confirmar el diagnóstico mediante una ecografía de cadera. La ecografía es una exploración segura, sencilla y sin efectos secundarios. Esta prueba sólo es válida para menores de seis meses. Si sospechamos una displasia de cadera en bebés mayores de seis meses hemos de confirmarlo con una radiografía . ¿Cómo se trata? El éxito terapéutico radica en un diagnóstico precoz. Cualquier retraso en el diagnóstico puede comprometer el futuro de la articulación de la cadera y provocar la evolución hacia una artrosis prematura. A todos los recién nacidos se les deben explorar las caderas tras el nacimiento (en la primera exploración del pediatra antes del alta hospitalaria) y en los controles pediátricos habituales. El objetivo del tratamiento es conseguir un desarrollo normal de la cadera. Si el bebé solo presenta una ligera inestabilidad (clic) hay dos opciones terapéuticas en función de la opinión del traumatólogo infantil: Hacer controles ecográficos durante las primeras semanas de vida y esperar que la inestabilidad desaparezca por sí misma (esto suele pasar en los casos leves). En algunos casos se aconseja el uso del “doble pañal” para mantener la cabeza de fémur en su sitio al mantener las piernas ligeramente más abiertas (en abducción) con la colocación de dos pañales. Tratamiento con férulas de abducción (Paulik o Tubingen): estas mantienen las piernas muy abiertas (más que el doble pañal) y con las caderas reducidas, en su sitio. El tratamiento suele durar unos tres meses. En el caso de que la displasia sea más grave o los tratamientos anteriores no sean eficaces, el traumatólogo plantea un tratamiento más agresivo pero eficaz: colocar la cadera en su sitio bajo anestesia e inmovilizarla con un yeso . En los casos de diagnósticos tardíos o en mayores de 18 meses en los que no se ha conseguido reducir la cadera con los tratamientos anteriores, la única opción que nos queda es la cirugía . ¿Puede haber secuelas? Si el diagnóstico y el tratamiento se realiza en los primeros tres meses de vida no vemos apenas secuelas cuando el niño crece. La complicación más frecuente en el niño no diagnosticado a tiempo es la cojera permanente. Debido al malfuncionamiento articular, se acabará desarrollando una artrosis precoz de la cadera que requerirá, en el adulto joven, la colocación de una prótesis.
Metatarsalgia, ¿Cómo Solucionarla?
Artículo especializado

Metatarsalgia, ¿Cómo Solucionarla?

En general, todo dolor que afecta al metatarso (conjunto de los cinco huesos largos llamados metatarsianos que unen los dedos del pie con el tarso o talón) recibe el nombre de metatarsalgia. Sin embargo, puede deberse a causas muy diferentes, entre las que podemos citar: la fractura por estrés, la fascitis plantar, el Hallux Valgus (juanete) y la enfermedad de Morton , como las más frecuentes. Sobre el pie… Metatarso o metacarpo. ¿Cuál de los dos está en el pie?, ¿a que alguna vez has dudado de cuál es cuál? Pues bien, el metatarso es el conjunto de los cinco huesos largos llamados metatarsianos que unen los dedos del pie con el tarso o talón. Mientras que el metacarpo es el conjunto de los cinco metacarpianos que unen los dedos de la mano con el carpo o muñeca. Como este tema va a centrase en el pie nos olvidamos ya del metacarpo y hablemos del metatarso, una parte importante del pie implicada en la marcha. Durante la marcha, las fuerzas recaen sobre el pie provocando un impacto que puede llegar a ser entre dos y tres veces el peso corporal de una persona. Esta fuerza se transmite a la fascia plantar y al arco longitudinal (formado por el metatarso). Por tanto, es donde se absorbe dicho impacto. Por ello es una zona poco estable y proclive a las lesiones. ¿Qué síntomas da una metatarsalgia? La metatarsalgia se caracteriza por un dolor ubicado en la planta del pie a nivel de la almohadilla que protege a las cabezas de los metatarsianos. En esta zona es frecuente encontrar unas duricias o hiperqueratosis planta r (también llamadas callo o callosidad) donde se delata el mal apoyo de la zona. ¿No te has parado nunca a pesar por qué siempre nos sale la callosidad en la misma zona del pie? Justamente porque esa zona del pie recibe una carga superior al resto del metatarso y por ello la fricción constante genera la formación de hiperqueratosis. ¿Cuál será la solución?, ¿limarse la hiperqueratosis o ponerse una plantilla? Seguramente, si te pones una plantilla ya no te saldrá más la hiperqueratosis en esa zona. ¿Y si no me pongo la plantilla? Además de hiperqueratosis, con el paso del tiempo puedes encontrarte unos dedos en garra (por sobrecarga compensatoria de los metatarsianos) o un Hallux Valgus. ¿SABÍAS QUE…? Ante un dolor del metatarso, es muy recomendable hacerse una radiografía del pie, aunque no haya habido un mecanismo traumático que haya desencadenado el dolor. Podemos encontrar hallazgos muy relevantes como signos artrósicos o artríticos, una calcificación o una fractura. ¿Cuáles son las patologías más frecuentes del metatarso? El neurinoma de Morton (o neuroma interdigital). La fractura por estrés (también llamada fractura del soldado). El Hallux Valgus. Otras: fascitis plantar, tendinitis, bursitis... Vamos a dar una pequeña pincelada de las tres primeras, que son las más frecuentes, aunque por su importancia, merecerían un tema individual cada una de ellas. Neurinoma de Morton También llamado neuroma interdigital o neuroma plantar, es una causa de dolor muy frecuente en el antepié . Su frecuencia es 8-10 veces mayor en mujeres que en hombres y predomina en la mediana edad.  Su mecanismo lesional es una fibrosis o engrosamiento del tejido perineural de los nervios interdigitales (muy frecuente entre el tercero y cuarto nervios interdigitales). Dicho engrosamiento puede afectar a los ligamentos circundantes. Causas: existen factores favorecedores de esta fibrosis como pueden ser el calzado de tacón alto y punta fina, los traumatismos plantares directos y las deformidades digitales (como el dedo en martillo o en garra o el Hallux Valgus). Síntomas: el paciente refiere un dolor plantar quemante e incluso acorchamiento normalmente ubicado entre los dedos que se intensifica con la actividad en general: bipedestación, marcha prolongada o uso de calzado (sobre todo de punta estrecha y tacones altos).  Mejora cuando el pie no está en apoyo. Diagnóstico : en la exploración, normalmente, no encontraremos signos externos. Sin embargo, existe una maniobra característica, llamada signo de Mulder , que consiste en la compresión del espacio interdigital afecto con dos dedos (al apretar esa zona se reproduce el dolor siendo entonces el signo de Mulder positivo). Para confirmar nuestra sospecha, la exploración clínica es fundamental. Sin embargo, se realiza una resonancia magnética (RM) que evidencia la lesión de los tejidos blandos (engrosamiento del tejido perineural). También se podría estudiar mediante una ecografía . Es probable que se solicite una radiografía del pie para descartar otras posibles causas como pudiera ser una fractura por fatiga o por estrés. Tratamiento : inicialmente se realizará un tratamiento sintomático con antiinflamatorios, crioterapia y recomendación de calzado cómod o. Se pueden recomendar plantillas acolchadas o de silicona y almohadillas metatarsianas que alivian el dolor durante el apoyo. El segundo eslabón terapéutico contempla la infiltración local (con anestésico y corticoides) justo en la zona dolorosa. Cuando el tratamiento conservador no es suficiente se recurre a la opción quirúrgica, que consiste en extirpar una pequeña porción del nervio o liberar el tejido inflamatorio en torno al nervio. Las tasas de éxito suelen ser buenas (alrededor del 80%) y el período de recuperación es breve, pero puede quedar la zona acorchada permanentemente. Fractura por estrés También llamada fractura del soldado o fractura por fatiga. El término estrés hace referencia a una sobrecarga mecánica y no a una situación de irritabilidad. Es una lesión en las trabéculas óseas en forma de discontinuidad o fractura sin traumatismo directo, pero por sobrecarga o uso prolongado en individuos físicamente muy activos (militares, atletas, bailarinas…). Es muy frecuente en los metatarsianos, sobre todo en el segundo. Causas: puede suponer la primera manifestación de una osteoporosis u osteomalacia en edad perimenopáusica. Síntomas: un dolor mal definido en el antepié que aumenta con la actividad y el apoyo y disminuye con el reposo. Es relevante que el paciente no refiera ningún traumatismo. Diagnóstico: por ello ante una exploración sospechosa pedimos una radiografía del pie en diferentes proyecciones, y seguramente, será necesaria alguna otra prueba como TAC, resonancia magnética o gammagrafía ósea para confirmar la sospecha y estudiar la calidad ósea. Tratamiento : cuando el diagnóstico se realiza en fase aguda o subaguda puede estar indicada la inmovilización y la descarga (deambulación con muletas). Posteriormente se programará una rehabilitación progresiva. Las complicaciones más importantes de esta lesión son el dolor crónico y una consolidación deficiente. Hallux Valgus Es una desviación lateral del primer dedo del pie y medial del primer metatarsiano que origina una angulación inadecuada de la articulación primera metatarsofalángica. Causas : el uso de calzado de punta estrecha y las anormalidades anatómicas y de apoyo del pie son las principales causas de esta entidad. Síntomas : el paciente manifestará un dolor en la primera articulación metatarsofalángica que empeorará con la deambulación y mejorará con reposo y calor local.   Diagnóstico : en la exploración se puede evidenciar la típica deformidad, por tanto, el diagnóstico es clínico. Sin embargo, es necesario realizar radiografías de pie en diferentes proyecciones con la finalidad de determinar la severidad y la terapéutica más adecuada, así como descartar otras causas. Tratamiento : inicialmente se realiza un tratamiento conservador con antiinflamatorio o infiltración local. La opción de la cirugía se reserva para aquellos casos severos que no mejoren con tratamiento conservador. Existen diferentes opciones quirúrgicas, en función de la gravedad y del perfil del paciente, pero todas ellas tienen como finalidad corregir la desviación del primer dedo. Las complicaciones más frecuentes, independientemente del procedimiento empleado, son la corrección incompleta y la recidiva del Hallux Valgus. Si has llegado hasta aquí habrás comprobado que en todas estas patologías del pie está contemplado el tratamiento quirúrgico como última opción terapéutica cuando el tratamiento conservador no ha sido suficiente para erradicar los síntomas. Por ello, te recomiendo que consultes con el traumatólogo ante un dolor de pie de días de evolución, aunque no exista un traumatismo. Ahora ya sabes algunos de los diagnósticos posibles y las ventajas de tratarlos precozmente.  
Lesiones Más Frecuentes en Deportistas Ocasionales
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Lesiones Más Frecuentes en Deportistas Ocasionales

Ser un deportista ocasional, que dedica grandes esfuerzos físicos en un espacio de tiempo muy concreto y sin ninguna regularidad a una disciplina deportiva, suele ser sinónimo de problemas. Como casi todo en la vida, dosis pequeñas, progresivas y regulares suelen ser la mejor manera para obtener beneficios, y evitar lesiones, sobre todo cuando se hace referencia al beneficio físico del deporte. Nuestro organismo está preparado para reaccionar ante estímulos de estrés. Tenemos capacidad para reaccionar y salir corriendo detrás de un autobús que se nos escapa, o atrapar algo al vuelo cuando se va a caer, pero de eso a jugar un partido de futbol o correr sin previa preparación 10 km seguidos, tras meses sentados en el sofá hay una gran diferencia. Adquirir hábitos y regularidad es esencial para que nuestro cuerpo sume beneficios y eso sería lo ideal, pero también es cierto que ello no siempre es posible y de vez en cuando “cae” en nuestra agenda la necesidad de ejercitarnos y aparecen partidos con amigos, competiciones o simplemente salidas por la montaña que parecen fácilmente realizables. Tras estas prácticas y en más ocasiones de las que nos gustaría, se diagnostican lesiones que podían haberse evitado, simplemente siendo conscientes de las capacidades individuales. Falta de regularidad, un motivo importante Según la Encuesta de Hábitos Deportivos de la población española publicado en 2015, el 51% de la población mayor de 15 años practicó actividad física al menos una vez al mes y el 52,3% al menos una vez al trimestre, frente al 46,2% que lo hace de manera semanal o el 19,5% que lo hace diariamente. Así pues, estas cifras nos dan una idea de que las lesiones asociadas a la falta de regularidad de la práctica deportiva serán elevadas. El sistema musculo-esquelético es el más afectado, especialmente los tejidos blandos, es decir, músculos y ligamentos, por ser los que requieren una mayor adaptación a la técnica y a la exigencia del momento, sin olvidar las contusiones que son también lesiones frecuentes. Una lesión común Según el tipo de ejercicio o deporte que se realice las lesiones se concentrarán en una zona u otra del organismo. Pero hay una lesión que puede aparecer en cualquier localización, el DMAT (dolor muscular de aparición tardía) o más conocido comúnmente como las “ agujetas”. Este proceso es uno de los más comunes y se produce como consecuencia de lesiones microscópicas a nivel de las fibras musculares que están implicadas en el ejercicio. Estas molestias pueden durar hasta 72 horas tras el ejercicio, por lo que hay que ser prudente al retomarlo de nuevo. La prevención es básica para evitar su aparición, por lo que un buen calentamiento, aumento de tiempo y carga progresiva y estiramientos no deben faltar en las sesiones programadas. Extremidades inferiores Aquellos que practican deportes en los que las extremidades inferiores son el eje, contusiones y lesiones músculo-tendinosas suelen ser las más habituales. En general, cuando se trata de partidos en los que se enfrenta puede existir contacto físico una contusión suele ser un “souvenir” inequívoco de que se ha jugado un partido entre amigos. Son, frecuentemente, contusiones de poca importancia y gravedad que desaparecen tras unos días, y que no requieren de tratamiento específico más que crioterapia (hielo) y la aplicación de alguna crema que tenga acción trombolítica (disuelve pequeños trombos o coágulos formados superficialmente) para ayudar a reducir y reabsorber el hematoma que aparece tras un golpe. En cuanto las afectaciones de partes blandas (músculo, tendón y ligamento), los esguinces se sitúan en la parte alta de la lista del ranking de lesiones que sufren deportistas ocasionales. Los tobillos son la localización más habitual. La falta de regularidad en la práctica y también de técnica aumentan la posibilidad de lesión ya que la respuesta de dicha articulación no es siempre la que podría esperarse. Cuando un deportista es regular en la realización de su deporte no sólo trabaja la técnica, que es muy importante, sino que también trabaja a nivel de la condición física, y prepara a sus músculos y articulaciones para la situación de “estrés” al que se va exponer. En el caso del deportista ocasional, este punto se obvia y la respuesta delante de la exigencia física puede ser insuficiente. Un mal apoyo del pie en carrera o tras un salto puede significar una lesión de ligamento. Los esguinces suelen ser de poca gravedad, pero requieren de un diagnóstico para un tratamiento y recuperación adecuados. Dolor lumbar A nivel muscular, sobrecargas y/o contracturas por falta de acondicionamiento físico son también frecuentes entre este colectivo. Deportes en los que se exige mucho ocasionan molestias que pueden acarrear problemas en el día a día. Movimientos poco comunes, cargas elevadas o posiciones forzadas pueden ocasionar molestias en zonas que poco tenían que ver con la práctica deportiva propia. El dolor lumbar , por ejemplo, sea por sobrecarga o por previa lesión a la que no se le ha dado la suficiente importancia, es una de las razones más habituales de consulta que vemos los profesionales de la salud. En ocasiones esta molestia podría evitarse con un buen calentamiento previo o el uso de equipamiento adecuado. De hecho, la prevención es una de las recomendaciones más importantes para evitar estas lesiones. Conocerse y saber cuáles son los límites individuales, usar el material adecuado, una preparación física mínima basada en la regularidad y un cierto conocimiento del deporte a practicar ayudan en gran medida a reducir el riesgo de aparición de cualquier lesión.
Las Lesiones del Corredor
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Las Lesiones del Corredor

La palabra lesión es una de las más temidas en el mundo del deporte, sobre todo porque se relaciona con un tiempo de parón. Hasta hace unos años, el hecho de no poder seguir con una rutina de entrenamiento afectaba mucho al deportista profesional ya que la consecuencia es clara: detener la posibilidad de seguir entrenando y llegar a conseguir el objetivo establecido. Pero de un tiempo a esta parte, algo ha cambiado, y no sólo los profesionales se “desesperan” por estar obligados a parar y no poder seguir con su agenda, sino que el deportista amateur también ha entrado en esta dinámica. ¿Qué pasa al correr? Correr es un deporte de impacto que implica que algunas zonas anatómicas en concreto sufran más que otras, por el impacto que implica la carrera a pie. La biomecánica y la técnica de la carrera obliga al sistema musculo esquelético a una elevada exigencia y ello puede acabar por provocar lesiones que pueden ir desde lesiones de diagnóstico y tratamiento sencillo y con una relativamente rápida recuperación y vuelta a la práctica deportiva, a otras que requieren de mayor tiempo de tratamiento y la consiguiente paciencia por parte del corredor, que verá su agenda “truncada”. ¿SABÍAS QUE…? Las lesiones en cualquier corredor no son algo extraño. De hecho, las cifras hablan de que alrededor de la mitad de corredores que salen de manera regular a correr pueden sufrir alguna lesión asociada a esta práctica. Conseguir reducir estas cifras está en parte en las manos del propio corredor. ¿Qué factores predisponen? En efecto, hay una serie de factores predisponentes que deben tenerse presentes ya que no pueden modificarse y hay que gestionarlos de la mejor manera posible. Algunos son: Género: las diferencias anatómicas entre hombres y mujeres aumentan la predisposición a unas lesiones más que otras. Entrenamiento: realizar un entrenamiento de carácter progresivo y adaptado a las características y a los objetivos es esencial para minimizar riesgos. Alimentación: es necesario que exista una alimentación adecuada a las necesidades individuales. Seguir dietas bajas en hidratos de carbono o en proteínas puede aumentar el número de lesiones, por ejemplo. Por otro lado, una correcta hidratación es básica. Lesiones previas: cualquier estructura anatómica que haya sufrido una lesión tiene mayor posibilidad de lesionarse de nuevo, y más aún si la recuperación no ha sido la correcta. Patología existente: la presencia de alguna patología puede aumentar el riesgo de lesión por las características intrínsecas a éstas, por la afectación de otras zonas anatómicas diferentes. Material inadecuado : cada corredor tiene unas características propias, tanto a nivel anatómico como de objetivo. Usar el material apropiado no es un tema de modas sino de salud. Superficie por la que se corre : cada superficie presenta características propias, algunas tienen una mayor capacidad de amortiguación que otras y, por tanto, estás van a contribuir de manera positiva a mantener a las lesiones “a raya”. ¿Dónde se localizan las lesiones? La rodilla es la localización más habitual y supone entre el 7 y el 50% de lesiones asociadas al “running” , seguida de los pies y de las piernas. Tan importante es esta localización que hasta existe una lesión que se denomina “la rodilla del corredor” o síndrome femoropatelar. Esta patología se caracteriza por la existencia de un dolor en la zona delantera de la rodilla, donde se encuentra la rótula, que es un hueso cuya función es el correcto movimiento articular. Debido a diferentes causas, la rótula puede ver desplazada su posición original y ello ocasiona que el cartílago que se encuentra por debajo de ésta se erosione y a la larga provoque, una degeneración con consecuencias para el individuo, como la aparición de dolor. Este dolor no suele ser agudo, sino que es progresivo. Al inicio es poco limitante y el corredor sigue sin darle excesiva importancia y puede llegar a limitar tanto, que obliga a parar y necesitar de cuidados para seguir posteriormente. El dolor es típico que se agrave al estar sentado un rato o al subir o bajar escaleras. El tratamiento se centra en actuar sobre el dolor para minimizarlo y en conocer la o las posibles causas para así reducir o minimizar el riesgo de una recaída. Los pies : son también una localización frecuente de lesiones en este colectivo, y una lesión común es la fascitis plantar . El runner se queja de un dolor situado en la zona del talón , pero que puede recorrer toda la planta del pie, sobre todo por las mañanas cuando se levanta y lo apoya en el suelo. Por la planta del pie discurre una banda fibrosa (la fascia), que proporciona soporte al arco plantar. Cuando ésta se inflama o sufre pequeñas micro-rupturas por traumatismos repetidos, lo que ocurre evidentemente al correr, aparece dolor . Esta patología impide por completo el apoyo del pie en el suelo y, en consecuencia, la zancada en carrera, y va a requerir de un tiempo relativamente largo para solventarlo (unas ocho a 10 semanas). El tratamiento de fisioterapia es esencial, junto con la crioterapia y medicación pautada para reducir la inflamación. Las recomendaciones de valorar el origen de la lesión en la rodilla son igualmente útiles en este caso. La zona lumbar: es evidente que quien se lleva la peor parte serán las estructuras anatómicas que reciben el impacto de la carrera y, de ahí, que las extremidades inferiores concentren la mayor cantidad de lesiones. Pero otras localizaciones son también foco de lesión en el runner y la zona lumbar es una de ellas. El corredor se queja de una molestia que en ocasiones es mayor y en otras es menor pero siempre está ahí. Puede ser de origen anatómico o mecánico , pero llega a impedir la carrera. Por eso es importante conocer las causas y, sobre todo, darle la misma importancia que podría tener una molestia en la rodilla. Estirar y trabajar la musculatura no sólo como tratamiento sino como prevención, es clave.
Despeja Tus Dudas sobre la Hernia Discal
Artículo especializado

Despeja Tus Dudas sobre la Hernia Discal

Es la mayor causa de incapacidad en personas menores de 45 años , ¿lo sabías? ¿Y qué tiene que ver una hernia discal con una ciática? ¿Qué diferencia hay entre protusión y hernia discal? ¿Se ve una hernia discal en una radiografía? Son muchas las preguntas para formular ante esta patología tan frecuente. ¿Qué es una hernia discal? Es una enfermedad que afecta al disco intervertebral , que es una estructura cartilaginosa que se encuentra entre las vértebras confiriéndoles capacidad de amortiguación. Este disco consta de dos partes claramente diferenciadas: anillo fibroso o halo periférico y núcleo pulposo o zona central de consistencia gelatinosa, cuyo contenido es un 88% de agua. Cuando el núcleo pulposo del disco intervertebral se desplaza hacia el exterior empuja al anillo fibroso e incluso puede llegar a romperlo. Es entonces cuando el núcleo pulposo ocupa un espacio anatómico que no le corresponde y compromete las estructuras de dicha área. Cuando el desplazamiento es en dirección lateral (derecha o izquierda) producirá una ocupación del canal medular que se traduce en una compresión y/o desplazamiento de la raíz nerviosa que discurre por allí, originando síntomas neurológicos (hormigueos, pérdida de fuerza o sensibilidad). ¿Cuál es exactamente la diferencia entre protusión y hernia discal? La diferencia radica en la cantidad de disco desplazado . Si es menor del 50% del disco se llama protusión discal, mientras que si es mayor hablaremos de hernia discal. Es importante aclarar que el tamaño de la hernia no tiene correlación con los síntomas. Tiene más trascendencia la ubicación anatómica que el tamaño de la hernia. Las ubicaciones más frecuentes de las hernias discales son: región lumbar (entre los espacios L4-L5 y L5-S1, que suponen el 95% de los casos) y región cervical (entre los espacios C5-C6 y C6-C7). ¿Qué síntomas puede dar una hernia? En función de la ubicación la hernia producirá dolor en la región lumbar (lumbalgia) o cervical (cervicalgia). Se acompañará por un cortejo de síntomas asociados según la estructura anatómica que se vea comprometida por el disco herniado. Podremos encontrar una alteración de la fuerza de la extremidad, una alteración de la sensibilidad, una afectación motora (disminución de la movilidad), una radiculagia (braquialgia o ciatalgia) e incluso mal control de los esfínteres. ¿Todas las lumbalgias tienen una hernia discal de base? En absoluto. A pesar de que la lumbalgia mecánica es uno de los principales motivos de consulta en urgencias de traumatología sospecharemos una implicación discal sólo ante determinados síntomas como pueden ser la sensación de hormigueo o la dificultad para el movimiento de la pierna. En caso de detectar estos síntomas investigaremos la raíz nerviosa afectada.  Al realizar la exploración es muy probable que detectemos una disminución de los reflejos en la zona afectada. ¿Qué exploración y pruebas diagnósticas realizaremos? Ante un dolor cervical o lumbar debemos realizar un buen interrogatorio y una exploración física exhaustiva (donde podremos valorar posibles deformidades, asimetría de extremidades y alteraciones neurológicas). Se deben explorar la fuerza, los reflejos y la sensibilidad de las raíces nerviosas locales. En el caso concreto de una lumbociatalgia o ciática, aproximadamente el 90% de los casos será debido a una hernia discal que comprime una raíz nerviosa (casi siempre L5 o S1). El síntoma guía es un dolor irradiado hacia la extremidad inferior que puede llegar hasta el pie. La primera prueba diagnóstica a realizar sería una radiografía de columna, aunque no nos permitirá la visualización del disco intervertebral por ser radiotransparente. Posteriormente se solicitarán otras pruebas de imagen para completar el estudio (resonancia magnética o tomografía computarizada). La  resonancia magnética nuclear es el método de elección para evaluar la morfología del disco intervertebral. Las pruebas de imagen deben pedirse de forma inmediata ante la sospecha de patología vertebral grave. Uno de los objetivos de las pruebas de imagen es identificar a los pacientes candidatos a tratamiento quirúrgico. Debemos mencionar la electromiografía por ser la siguiente prueba diagnóstica a realizar cuando detectamos una hernia discal que compromete una raíz nerviosa. Es una prueba que nos permite estudiar alteraciones en la conducción nerviosa. Valora el sistema nervioso periférico (nervio y músculo). ¿Cuál sería el tratamiento de elección? Existen numerosas opciones terapéuticas disponibles. Sin embargo, ningún tratamiento ha demostrado ser más beneficioso que otros. El tratamiento médico puede consistir en analgésicos, miorrelajantes, corticoides, antinflamatorios …, en función de los síntomas predominantes. Otros tratamientos coadyuvantes pueden ser contemplados, como la fisioterapia y la rehabilitación. En fase de mantenimiento la práctica de natación sería de gran utilidad para tonificar la musculatura paravertebral. En dolores rebeldes al tratamiento convencional o con mala respuesta al mismo puede indicarse el tratamiento en la Clínica del Dolor (supervisado por anestesistas que suelen infiltrar el foco del dolor con agujas dirigidas por escopia). El tratamiento quirúrgico se reserva para aquellos casos en los que los tratamientos anteriores no han sido efectivos. Esta patología puede ser intervenida por el traumatólogo o por el neurocirujano. El tratamiento quirúrgico estrella es la discectomía (resección del disco herniado mediante laminectomía o hemilaminectomía). Otras opciones quirúrgicas serían la discólisis (desecación del disco con ozono), la artroplastia (fijación de dos o más vértebras consecutivas para descomprimir el disco intervertebral afecto), etc. Como ves existen múltiples abordajes terapéuticos. La tendencia es conservadora. Se descarta la opción quirúrgica en aquellos pacientes con buena respuesta al tratamiento médico. Sin embargo, se contempla la opción quirúrgica en aquellos pacientes con afectación neurológica importante y dolor invalidante. Entre ambos extremos encontramos la mayoría de los casos.
Descubre Cúal Es El Mejor Tratamiento de la Escoliosis
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Descubre Cúal Es El Mejor Tratamiento de la Escoliosis

Afecta aproximadamente al 2% de la población, y se debe aclarar que la escoliosis no tiene cura , por lo que el objetivo principal de los tratamientos que se apliquen será mejorar la calidad de vida del paciente. La pauta de un tratamiento puede ser algo compleja ya que existen diferentes tipos de escoliosis. No obstante, los objetivos básicos serán controlar la progresión, corregir la deformidad y evitar sus consecuencias. ¿Qué es la escoliosis? La escoliosis es una desviación anormal de columna vertebral . Se trata de una patología reumatológica congénita de origen desconocido en el 85% de los casos, el resto pueden ser debido a déficits del control muscular por una patología neurológica, por una malformación de la columna congénita o un traumatismo. La desviación está formada por una torsión y desplazamiento lateral de las vértebras que se acentúan y desvían en forma de ‘’S’’ o ‘’C’’ de la curvatura fisiológica de la columna vertebral. La escoliosis se desarrolla durante la época de crecimiento, y una vez superada esta etapa, el hueso se vuelve maduro y la desviación deja de agravarse. Se distinguen tres tipos de escoliosis en función de la etapa en la que se desarrolla: En los niños de 3 años o menos, se denomina escoliosis infantil. En los niños de 4 a 10 años, se denomina escoliosis juvenil. En los niños mayores de 11 a 18 años, se denomina escoliosis adolescente.   Entendiendo la columna… La columna está conformada por 33 vértebras distribuidas de arriba a abajo: 7 cervicales,12 dorsales y 5 lumbares, 5 sacras y 4 cóccix. Estas vértebras se disponen entre ellas creando unas curvas fisiológicas que tienen la función de amortiguar la carga de nuestro peso. Si las curvaturas fisiológicas se ven modificadas, la amortiguación de la carga que recibe nuestro cuerpo también, por lo que existirá un desequilibrio que comportará que zonas de nuestro cuerpo soporten más carga que otras. La desviación supondrá también problemas a nivel óseo y muscular e incluso visceral, comprometiendo la función respiratoria. La curvatura escoliótica se suele localizar entre los tramos vertebrales dorsal (T1-T12) y lumbar (L1-L5). ¿SABÍAS QUE…? La escoliosis más común aparece entre los 10 y 11 años. Es dos veces más frecuente en niñas que en niños. La desviación escoliótica en sí no es dolorosa, lo son las contracturas musculares o pinzamientos que pueden surgir consecuentemente. ¿Cómo se manifiesta? La escoliosis conlleva una deformación tridimensional anatómica de las vértebras , pero también de costillas, ligamentos y discos intervertebrales. Se desarrolla de forma progresiva, durante el proceso madurativo óseo, y una vez llegada la edad adulta la deformación deja de aumentar. Durante su desarrollo no produce ningún síntoma o dolor, por lo que son los padres o pediatras quienes se dan cuenta observando las asimetrías que provocan, como por ejemplo un hombro más alto o adelantado que el otro o la pelvis inclinada hacia un lado , que provoca también una dismetría en la longitud de las dos piernas (una más corta que otra). Signos y síntomas más destacados Curvatura anormal hacia el lateral, deformación tridimensional. Hombros y caderas asimétricos (se observa una inclinación). Una pierna más corta que la otra. Dolor espalda por contracturas musculares o compresión de la médula o nervios raquídeos. Rigidez de la columna. Deformidades en las vértebras. Disminución de la función respiratoria (la deformación reduce el diámetro de la caja torácica). ¿Cómo se diagnostica? Para evaluar la escoliosis se utilizan varios parámetros; la rotación vertebral, la maduración ósea y la desviación de la columna que se pueden visualizar a través de una radiografía. La medición de la desviación se realiza a través de la medición del Ángulo de Cobb, y mide los grados de la curvatura determinando la gravedad y el tratamiento de la patología. ¿Cuál es su tratamiento? El tratamiento se pauta en función de la gravedad de la curva que, como se ha mencionado anteriormente, se mide con el Ángulo de Cobb. Existen tres posibles opciones de tratamiento: Curvatura de 10-15º : Se considera leve, por lo que únicamente necesitará revisiones médicas, ejercicio terapéutico y fisioterapia Curvatura de 20-40º: Uso corsé ortopédico, ejercicio terapéutico y fisioterapia Curvatura de 40-50º : Intervención quirúrgica. Tratamiento no invasivo: fisioterapia La fisioterapia tiene gran importancia en el tratamiento para la escoliosis, independientemente de la gravedad de ésta.  Se debe aclarar que la escoliosis no tiene cura, por lo que el objetivo principal de los tratamientos que se apliquen es mejorar la calidad de vida del paciente. El tratamiento fisioterápico consiste en la combinación de ejercicios y tratamiento manual para mantener el equilibrio muscular y aliviar las posibles dolencias que pueden aparecer. Se pautan una serie de ejercicios terapéuticos con el objetivo de reforzar la musculatura debilitada y estirar la acortada. El tratamiento manual, por lo general, se limita a el tratamiento de las contracturas musculares que aparecen a causa de la descompensación muscular que la misma escoliosis. Existen métodos más específicos, como el método Schroth, un método de reeducación postural basado en ejercicios específicos donde se busca entrenar la conciencia corporal, detectando las asimetrías del cuerpo y las zonas musculares concretas que necesitan ser reforzadas o elongadas para fijar la postura que se quiere corregir. Además, se trabaja la respiración para mantener el diámetro de la caja torácica. El tratamiento con ortesis es muy común, aunque no válido para todo tipo de pacientes, el objetivo de éste es disminuir la progresión de la desviación de la curva escoliótica. Sólo se coloca el corsé a pacientes que están en fase de maduración ósea y que por lo menos tengan dos años de maduración restante para que el tratamiento sea efectivo. Este tratamiento se combina también con fisioterapia. Tratamiento Invasivo: cirugía La cirugía corrige la desviación ciertos grados, con la intención de que ésta no empeore. Se utilizan implantes metálicos que fusionan las vértebras para enderezar la curvatura. El postoperatorio es delicado, los pacientes no pueden reanudar sus actividades antes de los 6 meses o año después de la cirugía, razón por la cual la fisioterapia vuelve a cobrar importancia para la reinserción del paciente a su vida diaria.
Cómo Evitar la Osteoporosis con el Paso de los Años
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Cómo Evitar la Osteoporosis con el Paso de los Años

Es una de las llamadas enfermedades silenciosas, pues no da síntomas hasta que debuta con una fractura. Por eso es una enfermedad posiblemente infradiagnosticada. Pero la osteoporosis es una enfermedad que conviene conocer para detectarla y poderla controlar pues afecta al hueso de forma sistémica y progresiva y se caracteriza por una disminución de la masa ósea que ocasiona una mayor fragilidad y un mayor riesgo de fracturas. Causas de la osteoporosis Es más frecuente en mujeres después de la menopausia (por la disminución de estrógenos), sobre todo si ésta ha sido precoz (antes de los 40 años), y en ancianos. Ocasiona el 80% de las fracturas en mujeres menopáusicas de más de 50 años (en varones es menos frecuente pero su riesgo de mortalidad es el doble que en mujeres). El descenso de la densidad ósea es un proceso fisiológico desencadenado a partir de los 40 años. Existen factores favorecedores de la osteoporosis: Edad superior a 65 años Antecedentes personales o familiares de fracturas óseas en huesos diana Ingesta excesiva de alcohol, cafeína o tabaco Consumo insuficiente de alimentos con calcio y vitamina D. Bajo peso Sedentarismo e inmovilización prolongada Tratamientos crónicos con corticoides, anticonvulsivantes, anticoagulantes, algunos antidiabéticos o antidepresivos... ¿Cómo afecta la osteoporosis? La posibilidad de desarrollar una fractura en un hueso con osteoporosis es infinitamente superior. Son muy frecuentes las fracturas espontáneas (sin traumatismo desencadenante). Las áreas anatómicas mayormente afectadas por osteoporosis son: cadera, vértebras, muñeca, hombro, pelvis, costillas y tobillo . Por ello debe realizarse una búsqueda activa de posibles fracturas en pacientes con un dolor espontáneo o en ancianos con pérdida de altura de más de 2 cm en un año (debe sospecharse una fractura vertebral). Diagnóstico de la osteoporosis Es una enfermedad posiblemente infradiagnosticada, dado que no suele generar síntomas hasta el momento de debutar con una fractura. En muchas ocasiones, la osteoporosis es sospechada al realizar una radiografía convencional , caracterizándose por una disminución de densidad ósea (en la radiografía aparece un hueso más blanco y transparente, con mayor porosidad).   La sospecha diagnóstica debe confirmarse mediante una densitometría (DXA o DEXA en inglés) que cuantifica la densidad mineral ósea en algunos huesos diana. Los datos obtenidos con esta máquina son convertidos en dos valores estadísticos: T y Z. El estadístico T mide la cantidad de hueso del individuo comparando con la población normal y estima el riesgo de sufrir una fractura en la persona estudiada. El valor estadístico Z mide la cantidad de hueso que tiene el individuo, en comparación con otras personas de su misma edad. Este dato indica que existe la necesidad de realizar más exámenes médicos e iniciar un tratamiento específico. Otros procedimientos implicados en el estudio de una osteoporosis son una analítica general que incluye la determinación de niveles de calcio y vitamina D. El TAC (tomografía computarizada) o la RMN (resonancia magnética) no se incluyen dentro del protocolo de estudio. ¿Está indicado el estudio de despistaje de una osteoporosis? En el momento actual no existe acuerdo en cuanto al momento de iniciar el cribado de osteoporosis en la población general, aunque existe consenso en que no estaría indicado en adultos menores de 50 años, a menos que existan factores de alto riesgo como uso de glucorticoides, menopausia precoz o antecedente de fractura por fragilidad ósea. Tratamiento de la osteoporosis El abordaje terapéutico se realiza en función del riesgo de fractura. Si el riesgo es bajo son suficientes las medidas higiénicas y de prevención de caídas, manteniendo una ingesta adecuada de calcio y vitamina D.  En caso de riesgo moderado-alto de fractura se debe valorar el inicio de tratamiento farmacológico. Como herramientas terapéuticas debemos hacer énfasis en los siguientes aspectos: Medidas higiénico-dietéticas: Una ingesta adecuada de calcio (1.000-1.200 mg/día) en adultos y ancianos disminuye el riesgo de fractura. La leche y los productos lácteos (queso, yogur y derivados) son las mejores fuentes de calcio. También son ricos en calcio los cereales, las verduras, los frutos secos o el pescado (el boquerón con espina supone un excelente aporte de calcio). Algunos ejemplos de aporte diario de calcio recomendado serían: 2 vasos de leche, 1 yogur, 50 g de queso, 1 plato de legumbres o acelgas o un puñado frutos secos. A pesar de los comentarios difundidos ni el té ni el café tienen efecto negativo sobre la densidad ósea a menos que exista un consumo excesivo. En lo que se referente a la vitamina D , ésta se encuentra en alimentos como los pescados grasos (arenque, salmón, caballa…), aceite de pescado, la yema de huevo o el queso.  Por otro lado, también podemos obtener la cantidad diaria recomendada exponiéndonos 15 minutos al sol (bastaría en rostro y manos). Cuando la piel es expuesta a la radiación ultravioleta B proveniente del sol se sintetiza vitamina D3 a partir de un derivado del colesterol. Recordemos que la vitamina D es la encargada de regular el paso de calcio al interior del hueso, haciéndolo más resistente y disminuyendo el riesgo de fracturas. Sin embargo, no está indicado un aporte externo de vitamina D cuando el nivel sanguíneo está dentro de la normalidad. Realizar ejercicio físico de forma regular es importante: caminar, subir y bajar escaleras, nadar, gimnasia de mantenimiento, danza. En caso de huesos osteoporóticos los ejercicios deben ser supervisado debiéndose evitar los ejercicios que impliquen saltos o movimientos que podrían causar una fractura vertebral. Asimismo, es importante abandonar el hábito tabáquico y moderar el consumo de bebidas alcohólicas, té y café . El tratamiento farmacológico Este se contempla en casos de osteoporosis de intensidad moderada-grave. Destacan los bifosfonatos , cuya principal indicación recae en mujeres postmenopáusicas. Sin embargo, como el resto de fármacos, no están exentos de efectos secundarios. Otras alternativas pueden ser los suplementos con isoflavonas de soja que han demostrado un incremento significativo en la densidad ósea pero no en la prevención de fracturas. Dado que no existe un tratamiento específico para la osteoporosis es muy importante su prevención asegurándonos una ingesta adecuada de calcio a diario, una correcta síntesis de vitamina D mediante una exposición solar de 15 minutos al día y un hábito deportivo frecuente evitando el sedentarismo.  
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Bursitis de Codo
Enfermedad

Bursitis de Codo

¿Qué es la bursitis en el codo? La bursitis de codo es la inflamación de la bolsa sinovial de dicha articulación . Las bolsas sinoviales presentan líquido en su interior y son las encargadas de amortiguar el roce de huesos y tendones. ¿Tienes dudas?  Regístrate ahora  en Savia y habla gratis con nuestros especialistas médicos por chat o videoconsulta. Tipos de bursitis en el codo Existen dos tipos de bursitis de codo: Bursitis profunda: producida por la inflamación de la bursa profunda, que se encuentra en la zona más honda de la articulación, cubriendo los músculos o la relación entre músculos y huesos. Bursitis superficial: se encuentra situada en la parte superficial de la articulación, sobre los epicóndilos y el olécranon, es la que con mayor frecuencia se inflama en el codo. Causas de la bursitis en el codo Las causas de la bursitis son las enfermedades inflamatorias como gota, condrocalcinosis, artritis reumatoide, y enfermedad por depósito de cristales de hidroxiapatita. Se puede producir también por la ejecución de movimientos repetitivos, por apoyo continuo sobre los codos (codo de estudiante) o por traumatismos en la zona. Síntomas de la bursitis en el codo Los síntomas de la bursitis son la presencia de inflamación en la zona, dolor, enrojecimiento y, en la exploración, puede notarse un bulto blando al tacto . En algunas ocasiones, sobre una bursitis se puede producir una infección, dando lugar a dolor intenso, enrojecimiento y calor local, pudiendo presentar el paciente fiebre. ¿Tienes dudas?  Regístrate ahora  en Savia y habla gratis con nuestros especialistas médicos por chat o videoconsulta. Tratamiento de la bursitis en el codo El tratamiento de la bursitis tiene una parte de tratamiento local, otra de tratamiento medicamentoso y, por último, una parte de tratamiento quirúrgico, según la evolución del proceso. Tratamiento local: se pone hielo sobre la zona afectada para mejorar la inflamación. Tratamiento médico: se inicia el tratamiento con fármacos antiinflamatorios tipo ibuprofeno seguido, si no mejora, de corticoides orales y también se debe tratar la enfermedad de base. Es decir, en los casos de artritis reumatoidea puede ser necesario tratamiento con metotrexate, en los casos de enfermedades por depósito de cristales tratamiento con colchicina, etc. En pacientes que presentan infección, se requiere tratamiento antibiótico y puede ser necesario retirar líquido para aliviar los síntomas. En algunos casos puede ser necesario el tratamiento quirúrgico, consistente en la extirpación quirúrgica de la bolsa, aunque este no suele ser frecuente. También se pueden realizar ejercicios que fortalezcan la zona y eviten parte del dolor. Pruebas complementarias de la bursitis en el codo Las pruebas complementarias para el estudio de la bursitis son análisis de sangre , para conocer posibilidades de enfermedades inflamatorias o gota y, también se puede realizar un análisis del líquido extraído . Pruebas de imagen como radiografía simple del codo, sobre todo para descartar que el dolor esté relacionado con otros factores implicados, ecografía y resonancia magnética, para realizar estudios de las bursitis profundas . Factores desencadenantes de la bursitis en el codo Los movimientos repetitivos o los procesos en los cuales se produce un apoyo continuado sobre la articulación , pueden dar lugar a una bursitis en el codo. Factores de riesgo de la bursitis en el codo Los factores de riesgo para la bursitis son las enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide , la gota, las enfermedades por depósito de cristales de hidroxiapatita y la condrocalcinosis. Complicaciones de la bursitis en el codo La complicación de la bursitis del codo es una bursitis infecciosa , esta puede dañar la articulación de forma importante y, en estos casos, es necesario un tratamiento antibiótico.   Prevención de la bursitis en el codo Para prevenir la bursitis del codo es conveniente evitar movimientos repetitivos de estirar y flexionar el codo , también el permanecer apoyado sobre el codo durante periodos muy largos, ya que, esta acción traumatiza la zona del codo y produce la inflamación de la bolsa . Especialidades a las que pertenece La bursitis es tratada por el especialista en reumatología y, en los casos en que se necesita cirugía, se trata por parte de traumatología. Los casos leves pueden ser tratados por el médico de familia con antinflamatorios. Preguntas frecuentes ¿Cómo se llama el líquido del codo? El líquido del codo se llama líquido sinovial . Cuando se produce una inflamación de la bolsa sinovial se conoce como bursitis. Cuando la bursitis se produce en la zona del olécranon se denomina bursitis olecraniana. ¿Qué es el Olécranon del codo? El olécranon es la extremidad del cúbito que articula en el codo del hueso humeral, tiene forma piramidal. Si se palpa el codo, es la zona dorsal que sobresale, al ser una zona ósea prominente, es fácil que sobre ella se produzca una fractura al caer. En este caso se precisa, en la mayoría de ocasiones, cirugía para proceder a la fijación de la misma. ¿Qué huesos forman la articulación del codo?   La articulación del codo está formada por tres huesos: el húmero, es el hueso largo del brazo, en su extremo distal articula con el cúbito y el radio, que son los dos huesos que tiene el antebrazo. Los huesos cúbito y radio articulan entre sí , y ambos articulan también con el húmero. Aunque la articulación del codo es solo una, tiene tres superficies articulares: la radio cubital, la radio humeral y la cúbito humeral. ¿Cuáles son las bolsas serosas? Las bolsas serosas del codo son las bolsas superficiales y las bolsas profundas. Las superficiales comprende la bolsa olecraniano que recubre el olécranon y, las bolsas profundas son las que recubren las inserciones musculares de músculos que se insertan en los diferentes huesos del codo. ¿Qué es la epicondilitis? La epicondilitis es la inflamación de la zona de inserción de los músculos en el epicóndilo , que forma parte del húmero. El dolor se produce en la zona externa del codo, suele deberse a la inflamación en el tendón extensor radial corto del carpo. ¿Tienes dudas?  Regístrate ahora  en Savia y habla gratis con nuestros especialistas médicos por chat o videoconsulta.
Osteopenia
Enfermedad

Osteopenia

¿Qué es la osteopenia? La osteopenia es una disminución de la densidad mineral ósea por la que el hueso se vuelve más poroso, disminuyendo su masa, en la que todavía no se han presentado cambios definitivos en su estructura. La osteopenia es una alteración de diagnóstico densitométrico, es decir, se establece con la realización de una densitometría ósea al paciente, determinando con ello lo que es, según los resultados de esta prueba, la disminución de la densidad ósea comprendida entre 1 y 2.5 desviaciones estándar por debajo del valor de referencia de la población normal. Se puede considerar un paso previo a la osteoporosis, aunque no todo el mundo que presenta osteopenia va a desarrollar una osteoporosis en el futuro. Junto con la osteoporosis, la osteopenia es la enfermedad ósea más frecuente. Afecta en su mayoría a mujeres mayores de 50 años, aumentando su prevalencia según aumenta la edad. La osteopenia es una alteración de una gravedad leve-moderada, siendo un factor de riesgo que se suma a la osteoporosis, la edad, riesgo de caídas... etc, para el padecimiento de fracturas óseas. Causas de la osteopenia La osteopenia viene determinada por el pico máximo de masa ósea que cada individuo tiene y que se suele alcanzar a en torno a los 25-30 años. A partir de los 40 años la masa ósea va disminuyendo, habiendo un desbalance en los procesos de destrucción y producción de hueso que se producen durante toda la vida adulta, determinado por factores genéticos y la disminución de estrógenos en mujeres postmenopáusicas. Síntomas de la osteopenia La osteopenia en sí misma, como la osteoporosis, no produce síntomas claramente achacables a su padecimiento , salvo cuando se producen fracturas o microfracturas óseas. Tratamiento para la osteopenia El tratamiento de la osteopenia está basado en la indicación de realización de medidas generales como realizar ejercicio (andar, correr, nadar...) y administrar en la dieta un adecuado aporte de calcio y vitamina D. Cuando se determina analíticamente que existe déficit de estos dos componentes, el médico puede indicar un tratamiento específico según la carencia que se establezca de vitamina D y calcio en el paciente. En principio, los fármacos que se utilizan para el tratamiento de la osteoporosis no están aprobados para su uso en el tratamiento de la osteopenia, reservándose a los casos de diagnóstico de osteoporosis asociados a un aumento real de riesgo de fracturas. Pruebas complementarias del tratamiento de la osteopenia Se puede realizar una analítica de sangre con determinación de calcio, fósforo y fosfatasa alcalina, entre otros. La prueba complementaria de referencia para poder decir que un paciente tiene osteopenia es la densitometría ósea o DEXA ( Dual Energy X-Ray Absorptiometry ), prueba precisa que utiliza una mínima radiación y es un estudio rápido de realizar. Se establecen los  valores en columna lumbar y cadera, de tal manera que se indica que existe osteopenia cuando los resultados de su índice “T-score” son entre -1.0 y -2.4, desviaciones estándar en comparación a una población de referencia con una densidad mineral ósea normal. Factores de riesgo que pueden desencadenar la osteopenia Los principales factores de riesgo para el desarrollo de la osteopenia son : El déficit de estrógenos asociado a la menopausia. La edad, a partir de los 50 años sobre todo. Cuanto mayor edad tenga el individuo, más riesgo existe de que este padezca osteopenia. Antecedentes familiares de osteopenia, osteoporosis o fracturas óseas. Toma de determinados fármacos como glucocorticoides sistémicos, heparina, anticonvulsivante...etc. Padecimiento de enfermedades como hipogonadismo (testículos u ovarios no funcionales), hiperparatiroidismo, artritis reumatoide, síndrome de malabsorción, enfermedad celíaca...etc. Alimentación deficiente y alteraciones alimentarias derivadas de patologías como anorexia o bulimia. Complicaciones de la osteopenia Desarrollo de osteoporosis. Fracturas óseas, siendo más frecuentes en columna, cadera y antebrazo. Desarrollo de alteraciones biomecánicas como pérdida de altura, deformidad en la columna, dorso-lumbalgias,  etc. Prevención de la osteopenia Realización de ejercicio físico aeróbico como caminar a paso vivo, correr, montar en bicicleta o saltar, por ejemplo. Garantizar una exposición solar diaria en manos, cara y brazos al menos durante 10-15 minutos al día, dos a tres veces por semana. Evitar el consumo de tabaco. Dieta variada y que contenga suficiente aporte de calcio (1gr/día en mujeres premenopáusicas; 1.2-1.5 gr/día durante el embarazo y la lactancia y 1.5 gr/día en mujeres postmenopáusicas). Evitar tóxicos como el alcohol y un exceso de ingesta de café. Especialidades a las que pertenece la osteopenia La osteopenia puede ser valorada y diagnosticada por el médico de atención primaria, el médico reumatólogo y el traumatólogo . En ocasiones, en las revisiones ginecológicas de las paciente en edad postmenopáusica, el ginecólogo también valora realizar una densitometría para diagnosticar la influencia de este proceso fisiológico en los huesos. Preguntas frecuentes ¿Qué debe comer una persona con osteopenia? Es recomendable comer alimentos ricos en calcio como leche, quesos, yogures, yema de huevo, frutos secos, legumbres, espinacas, grelo, brócoli, acelga, cardo, col lombarda...etc. También alimentos que contengan vitamina D como el pescado azul (salmón, sardinas o caballa) ¿Qué es la osteopenia periarticular? Es la pérdida de densidad mineral ósea producida alrededor de las articulaciones. ¿Cuál es el médico especialista en osteopenia? El reumatólogo es el médico especialista en osteopenia y osteoporosis. ¿Qué diferencia hay entre la osteopenia y la osteoporosis? La diferencia entre osteoporosis y osteopenia es la cuantía o importancia de la pérdida total de masa ósea del hueso. Así, se considera osteopenia la disminución de la densidad ósea comprendida entre 1 y 2.5 desviaciones estándar por debajo del valor de referencia de la población normal, y osteoporosis una densidad ósea inferior a 2.5 desviaciones estándar respecto al pico de masa ósea en adultos sanos. ¿Qué es el reuma? El término reuma no es un término médico, es una denominación coloquial para referirse al conjunto de patologías que afectan al aparato locomotor.
Espondilosis
Enfermedad

Espondilosis

¿Qué es la espondilosis? La espondilosis, también conocida como osteoartritis o artritis vertebral , es un proceso degenerativo y progresivo de los discos intervertebrales , que puede provocar la pérdida de estructura y función espinal normal. Es una patología que está caracterizada principalmente por el desgaste de los discos que se encuentran entre las vértebras de la columna. Dicha pérdida de volumen provoca episodios de dolor que pueden llegar a ser incapacitantes. Los discos intervertebrales son los que dan soporte a la columna al proveer amortiguación natural para mantener diferentes posturas. Este trastorno puede afectar las diferentes regiones de la columna como son cervical (cuello), torácica (parte media de la espalda), y lumbar (parte baja de la espalda). Es una enfermedad muy común, es más frecuente en hombres que en mujeres y  en personas entre los 40 a 60 años. Tipos de espondilosis Los tipos de espondilosis se clasifican según la zona de la columna vertebral más afectada por la enfermedad, como son: Espondilosis cervica l: es la condición que afecta a los discos intervertebrales en la parte alta de la espalda, así como a los huesos del cuello. Se caracteriza por dolor de cabeza, de hombros y cuello, siendo un padecimiento común en personas que soportan más estrés en la zona, como los deportistas. Espondilosis lumbar: es la que afecta el área lumbar de la espalda o parte baja. Este tipo de espondilosis es un tanto más común, debido a que tiene una estrecha relación con las lesiones deportivas. La mayoría de los dolores en esta zona tienen otros orígenes, aun cuando se demuestre la existencia del desgaste discal. Es muy común en mujeres, ya que tiene una relación directa con el periodo de gestación. Espondilosis dorsal: es un tipo muy poco común de esta condición, afectando la zona torácica. Los dolores o molestias de esta zona  son debidos principalmente a la edad, la mala postura o a trabajos muy pesados. Causas de la espondilosis La espondilosis, como muchas de las otras condiciones degenerativas que afectan a huesos y articulaciones, es producto de una vida de presión anormal y desgaste excesivo de la estructura ósea, debido a potenciales abusos físicos y al envejecimiento. Los discos actúan como amortiguadores entre las vértebras de la columna vertebral. Hacia los 40 años, los discos vertebrales de la mayoría de las personas comienzan a deshidratarse y a encogerse, lo que crea mayor contacto de los huesos entre las vértebras. La distribución inadecuada de la presión sobre la columna vertebral, las malas posturas por largos periodos de tiempo, las hernias en los discos, el crecimiento excesivo de huesos y la deshidratación de los discos, podrían ser otras causas. Síntomas de la espondilosis El principal síntoma de la espondilosis es el dolor en las diferentes zonas de la espalda, cercana al área desgastada, que puede parecer una distensión muscular. El dolor puede ser leve o profundo, y tan intenso, que incluso el paciente no puede moverse. Los síntomas a menudo se presentan de manera lenta con el tiempo, pero pueden comenzar o empeorar súbitamente. La inflamación o hernia de los discos vertebrales puede provocar dolor de cabeza, de espalda o inmovilidad de la zona afectada, lo cual también puede causar espasmos musculares y una crisis de dolor. Tratamiento de la espondilosis El objetivo del tratamiento de la espondilosis es aliviar el dolor, ayudar a mantener las actividades habituales tanto como sea posible, y evitar lesiones permanentes a la médula espinal y los nervios. Entre las opciones más comunes de tratamiento tenemos: la fisioterapia , que contribuye a reducir la incomodidad sufrida y a aliviar las tensiones entre los discos vertebrales, masajes especializados, quiropráctica, osteopatía, y las terapias de compresas frías en casa. El uso de medicamentos analgésicos y antiinflamatorios es común cuando el dolor se agudiza. En el último de los casos y solo cuando el paciente experimenta limitaciones en el movimiento, dolor insoportable o pérdida de la sensibilidad, el médico podría contemplar la opción quirúrgica. La cirugía para espondilosis se basa en aliviar la presión existente en la médula espinal y los nervios. Pruebas complementarias del diagnóstico de la espondilosis Para el diagnóstico y el tratamiento de la espondilosis se realizan pruebas como: radiografías , ya que con esta prueba el desgaste o la hernia discal serán visibles fácilmente. También puede realizarse una resonancia magnética o una tomografía axial computarizada, en las cuales el médico o especialista puede definir si el desgaste de los discos es el causante del dolor. Factores de riesgo de la espondilosis Entre los factores que aumentan el riesgo de tener la espondilosis están: la edad , ya que mientras más se envejece más riesgo se tiene de padecer esta enfermedad, los trabajos que requieren hacer movimientos repetitivos del cuello, adoptar una postura incómoda, el sobrepeso , tener una mala nutrición, ya que la descalcificación ósea es un factor principal para sufrir esta enfermedad, predisposición genética, tabaquismo y las lesiones traumáticas anteriores parecen aumentar el riesgo de espondilosis, entre otros factores. Complicaciones de la espondilosis  Si la médula espinal o las raíces nerviosas se comprimen gravemente como resultado de espondilosis el daño puede ser permanente. Otras complicaciones podrían incluir: Incapacidad para retener las heces o la orina. Pérdida de la función o sensibilidad muscular. Equilibrio deficiente. Prevención de la espondilosis Para prevenir esta enfermedad es necesario: Mantener una buena postura al sentarse o estar de pie. No levantar objetos pesados o hacerlo de manera apropiada. No fumar o tomar alcohol en exceso. Mantener un peso saludable. Hacer ejercicio periódicamente. Especialidades a las que pertenece Las especialidades médicas a las que pertenece la espondilosis son la ortopedia , que es la especialidad médica y quirúrgica dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades y lesiones del sistema musculoesquelético. La neurocirugía, que se ocupa del diagnóstico y tratamiento de trastornos del cerebro, la médula espinal, la columna vertebral y los nervios periféricos de todas partes del cuerpo. Preguntas frecuentes ¿Qué es la espondilosis lumbar baja? La espondilosis lumbar baja es la que se da cuando el desgaste de los discos intervertebrales se encuentra en la región lumbar, la cual comprende entre las vértebras L1 a L5. ¿Cuáles son los signos de la espondilosis? La espondilosis presenta signos degenerativos en el cuerpo vertebral, con deformaciones y osteofitos (espolones óseos) que son proyecciones de hueso en forma de pico de loro. ¿Cuál es la zona lumbar de la espalda? La zona lumbar de la espalda comprende entre las vértebras L1 y L5. ¿Cuál es la zona cervical de la espalda? La zona cervical de la espalda comprende entre las vértebras C1 a C7.
Osteomielitis
Enfermedad

Osteomielitis

¿Qué es la osteomielitis? La osteomielitis es la infección de un hueso y la médula ósea, que se caracteriza por la destrucción progresiva inflamatoria del tejido óseo y que suele producirse principalmente por bacterias piogenas (que producen pus) así como, en algunos casos, por micobacterias y/u hongos. Involucra y afecta las diferentes estructuras óseas como el periostio, la cavidad medular, el endostio y en ocasiones vasos sanguíneos y nervios . Periostio : membrana de tejido conjuntivo, adherida exteriormente a los huesos, que sirve para su nutrición y regeneración. Cavidad medular : es el espacio interno de la diáfisis (parte tubular de un hueso largo), que contiene a la médula ósea amarilla grasa Endostio : membrana vascular delgada del tejido conjuntivo que rodea la superficie interior del tejido óseo que forma la cavidad medular de los huesos largo. Las infecciones pueden llegar al hueso a través del torrente sanguíneo o pueden diseminarse a través del tejido que lo rodea. Es más común en gestantes, niños y adultos de edad avanzada, aunque puede afectar a personas de todas las edades. Afecta más a los hombres que a las mujeres. La población con mayor riesgo incluye a las personas cuyo sistema inmunológico se encuentra debilitado. En niños con mayor frecuencia resultan afectados los huesos largos de brazos y piernas. En los adultos, la osteomielitis es más probable que se manifieste en los huesos de la columna vertebral. La destrucción ósea puede ser muy extensa si no se hace un diagnóstico rápido y se inicia el tratamiento. Tipos de osteomielitis Los tipos de osteomielitis incluyen: Osteomielitis aguda : es aquella que evoluciona en menos de dos semanas.  Es la infección bacteriana piógena (produce pus) localizada en huesos a partir de un área previamente infectada del organismo y que se denomina foco primario. El foco primario puede estar en intestino, oído medio, o a partir de piel: forúnculo, ántrax, celulitis...etc. Osteomielitis crónica : es la que evoluciona en más de cuatro semanas o que no responde al tratamiento antibiótico y requiere cirugía para su curación. Son los enfermos que una vez pasado el período agudo, con tratamiento o sin él, presentan supuración piógena crónica del hueso, siendo característica la presencia de secuestro, cavidades y fístulas. Osteomielitis no hematógena : la que ocurre por inoculación directa, tras un traumatismo o cirugía o por diseminación a partir de un foco contiguo, generalmente celulitis. Causas de la osteomielitis Las causas de la osteomielitis son principalmente bacterianas, debido al   Staphylococcus aureus . Los tipos de gérmenes que normalmente se encuentran en la piel o en la nariz de las personas sanas, provocan la mayoría de los casos de osteomielitis. Dependiendo de la forma en la que el hueso se infecta y de la edad de la persona, otros tipos de bacterias pueden también causar esta enfermedad. Las bacterias pueden infectar a los huesos de varias maneras, pudiendo llegar al hueso a través del torrente sanguíneo proveniente de otras áreas infectadas del cuerpo. Otra forma de contraer la osteomielitis es por una infección directa, cuando la bacteria entra en los tejidos del cuerpo a través de una herida y viaja hasta el hueso. Un hueso también puede infectarse cuando el riego sanguíneo al área del hueso se interrumpe. Esto puede ocurrir en las personas mayores que sufren de arteriosclerosis, lo cual es un estrechamiento de los vasos sanguíneos, o si hay una asociación con la diabetes. Síntomas de la osteomielitis Los síntomas de la osteomielitis incluyen: fiebre y/o escalofríos, dolor severo en el área del hueso infectado, irritabilidad o letargo en niños pequeños, hinchazón, así como calor y enrojecimiento sobre la zona de la infección. A veces la osteomielitis no produce signos ni síntomas o tiene signos y síntomas que son difíciles de distinguir de otros trastornos . Tratamiento para la osteomielitis La osteomielitis aguda requiere de tratamiento antibiótico que debe ser iniciado sin demora, aunque idealmente se debería obtener una muestra de material infeccioso previamente y comenzar el tratamiento en las primeras 72 horas desde el inicio del cuadro, pues en ese período el hueso aún conserva una adecuada irrigación sanguínea y el antibiótico llega mejor al foco infeccioso. En la osteomielitis crónica, además del uso de antibióticos de forma prolongada , en muchas ocasiones, se requiere cirugía, limpiando la zona afectada del material infeccioso, desbridando los tejidos muertos para facilitar la llegada del antibiótico, y rellenando los defectos óseos. También se puede aplicar un tratamiento antibiótico local en el hueso afectado. Pruebas complementarias del tratamiento de la osteomielitis Para el diagnóstico y tratamiento de la osteomielitis es necesario un análisis de sangre que puede revelar niveles altos de glóbulos blancos y otros factores que pueden indicar que el organismo está combatiendo una infección. Si la causa de la osteomielitis es una infección de la sangre , el análisis puede revelar qué gérmenes son los causantes. Otras pruebas importantes son las radiografías, que pueden revelar el daño en el hueso, o exploración por tomografía computarizada (escáner) y la resonancia magnética, así como la biopsia ósea. Factores desencadenantes de la osteomielitis No se conoce un factor específico que pueda desarrollar la osteomielitis. Factores de riesgo de la osteomielitis Los factores que aumentan el riesgo de la osteomielitis incluyen traumas, fracturas óseas graves o heridas punzantes profundas, ya que abren una vía para que las infecciones ingresen al hueso y al tejido que lo rodea. Otros factores de riesgo son los trastornos de la circulación, las afecciones que requieren vías intravenosas o sondas y los trastornos que afectan el sistema inmunitario . Las personas que se inyectan drogas intravenosas tienen más probabilidades de tener osteomielitis porque habitualmente usan agujas no estériles y no desinfectan la piel antes de las inyecciones. Gestantes y niños son de igual modo más propensos a esta enfermedad, así como las personas con diabetes, osteoartritis, neoplasias (tumores) o prótesis articulares. Complicaciones de la osteomielitis Las complicaciones de la osteomielitis incluyen: Muerte ósea (osteonecrosis). Alteración del crecimiento. Artritis séptica. Cáncer de piel. Prevención de la osteomielitis La prevención de la osteomielitis no siempre es posible porque no es una infección predecible, está más asociada a tomar medidas de protección para la salud que disminuyan los factores de riesgo, como: Evitar caídas o lesiones osteomusculares en niños y ancianos. Cuidado de fracturas óseas expuestas o que se puedan ver a través de la piel. Prevenir las infecciones de la piel debidas a diabetes mellitus. Desinfectar bien las heridas y tenerlas limpias y secas. Especialidades a las que pertenece la osteomielitis La osteomielitis pertenece a la especialidad de traumatología y ortopedia , es la parte de la medicina que se dedica al diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y prevención de lesiones y enfermedades del sistema musculoesquelético del cuerpo humano. Este complejo sistema incluye los huesos, las articulaciones, los ligamentos, los tendones, los músculos y los nervios que le permiten a una persona moverse, trabajar y ser activa. Preguntas frecuentes ¿Qué bacteria causa la osteomielitis? La bacteria más común que causa la osteomielitis es la Staphilococcus aureus , aunque existen otros tipos de micobacterias que también la pueden causar. ¿Qué es la osteomielitis maxilar? La osteomielitis maxilar es una infección odontógena de etiología bacteriana donde los agentes causales son los de la cavidad oral, como   Staphylococcus aureus entre otros. Afecta principalmente al maxilar inferior, y en raras ocasiones puede afectar al superior; esto es debido a que este tiene una mayor vascularización. ¿Qué es un absceso de Brodie? El absceso de Brodie es un absceso intraóseo relacionado con un foco de osteomielitis piógena sub-aguda definida por cierta características clínicas, radiológicas y patológicas. ¿Qué es la osteoesclerosis? La osteoesclerosis es una lesión consistente en un engrosamiento del hueso, aumento de su densidad, con posible disminución del espacio medular y la consiguiente atrofia de la médula ósea. ¿Qué es la pseudoartrosis? La pseudoartrosis es una articulación falsa que se forma después de una fractura cuyos fragmentos óseos no se han consolidado.