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Mareos al hacer ejercicio físico: por qué ocurren y cómo prevenirlos

Chequeos y reconocimientos médicos

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Sentir un mareo es algo relativamente normal que no tiene por qué ser un síntoma preocupante. Sin embargo, los mareos son una de las causas más habituales de consulta al médico. Cuando son frecuentes o responden a una situación específica como hacer deporte o realizar esfuerzos, los mareos pueden tener una causa patológica grave detrás y poner en riesgo la vida de quien los padece.

La práctica de deporte, especialmente en verano, cuando las condiciones climáticas son adversas, principalmente por el calor y la humedad elevadas, puede conllevar problemas físicos y molestias. Uno de los síntomas que pueden aparecer son los mareos.

Otras causas de mareos durante el ejercicio pueden ser las deficiencias nutricionales, incluyendo grados variables de deshidratación.

Para descartar cualquier problema de salud, y poder disfrutar de cualquier actividad física con tranquilidad, es recomendable la realización de un chequeo de salud. Gracias a él se puede conocer el estado general de salud de la persona y saber si existe alguna causa que pueda provocar los mareos.



Golpe de calor

El golpe de calor es un acontecimiento grave que suele producirse en verano y que relaciona la práctica deportiva con la aparición de mareos. De este modo, en personas poco acostumbradas y que no toman las medidas preventivas adecuadas puede aparecer con síntomas que incluyen mareos, sensación de debilidad, dolor de cabeza, pérdida de conciencia, aumento de la frecuencia cardiaca (palpitaciones), anhidrosis y anuria (ausencia de sudor y orina), sequedad y enrojecimiento de la piel, e hiperventilación.

En condiciones normales, el sudor permite disminuir la temperatura corporal. Cuando se produce el golpe de calor, la temperatura del organismo aumenta, pudiendo superar los 40 °C y viéndose superados todos los sistemas corporales de disminución de la temperatura. En esta situación, se puede producir el daño generalizado de órganos, incluido el cerebro, poniéndose en grave riesgo la vida. Los niños y las personas mayores son especialmente vulnerables.

Para prevenir el golpe de calor hay que desarrollar la actividad física de forma progresiva, evitar las horas de más calor del día y prestar atención a la hidratación, antes, durante y después de la actividad.



Deficiencias nutricionales

Los mareos también pueden ser la señal de alarma de una dieta deficiente. Para que el organismo funcione en condiciones óptimas es necesario que disponga de la energía suficiente y de todos los nutrientes. En este sentido, la dieta juega un papel fundamental. Son especialmente relevantes desde la perspectiva de evitar mareos y desfallecimientos los nutrientes relacionados con el metabolismo energético y el intercambio de oxígeno a nivel celular.

De este modo, nutrientes como los hidratos de carbono complejos y las vitaminas del grupo B, especialmente la vitamina B6, B9 y B12 pueden ser clave para un funcionamiento óptimo del organismo.

Entre los minerales, es destacable el hierro, ya que su carencia puede determinar la aparición de anemia ferropénica.

En cualquier caso, es la dieta en su conjunto la que determinará la posible aparición de problemas relacionados con el rendimiento físico y con el estado de salud.

Hidratación deficiente

La hidratación es un elemento fundamental dentro de la pauta dietética, ya que el agua es el principal componente de nuestro organismo. Es esencial reponer el agua que se pierde constantemente a partir del sudor, la orina, las heces y mediante la respiración. Cuando se realiza ejercicio en condiciones de calor esta pérdida es más acentuada, por lo que habrá que reponerla más frecuentemente a partir de líquidos y alimentos ricos en agua como frutas y verduras.



Problemas cardiológicos

Una de la posible causa de mareos y de un rendimiento físico deficiente son los problemas cardiovasculares. De este modo, el malestar, la fatiga y los mareos pueden formar parte de los síntomas de alarma sobre un problema cardiaco cuando se realiza actividad física.

No en vano, el corazón es el órgano que soporta una mayor sobrecarga durante la práctica de ejercicio físico. De este modo, si existe una patología cardíaca en cualquiera de sus formas básicas (coronaria, valvular, miocárdica o congénita) se puede ver alterado el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono durante la actividad física, con la posible aparición de fatiga, dolor en el tórax, dificultad para respirar y mareos, entre otros síntomas.

Los mareos son un síntoma muy inespecífico que pueden deberse a multitud de causas. Aunque no suele ser lo más habitual, su aparición puede advertir de arritmias y cardiopatías graves. Cuando estos síntomas se producen durante el esfuerzo, de forma brusca y sin los clásicos síntomas que le suelen acompañar como nauseas, sudoración, malestar general, etc., la posibilidad de que se trate de algo grave aumenta considerablemente, por lo que se recomienda una valoración médica.

Las palpitaciones o sensación de que el corazón no late con normalidad también pueden advertir de algún tipo de arritmia. Muchas de estas son benignas, pero la posibilidad de que exista alguna cardiopatía importante hace imprescindible su estudio.



Chequeos y reconocimientos médicos

Desde una perspectiva de la prevención, lo recomendable es no tener que esperar a que aparezcan los síntomas que pueden avisar de un problema grave de salud como una cardiopatía o una arritmia. Por ello, la realización de un chequeo médico previo al inicio de la práctica deportiva y de manera periódica conforme se van cumpliendo años, puede ser la manera de asegurarse de que no existen impedimentos de salud.

Un chequeo de salud o reconocimiento médico sirve para valorar el estado general de salud de una persona. En él se lleva a cabo una historia clínica del paciente y se incluyen las pruebas diagnósticas que permiten conocer si existe alguna patología y cuál es su estado de salud. En algunos chequeos se incluye también electrocardiogramas o ergonometrías.

Este reconocimiento se realiza para detectar anomalías que se puedan solucionar a partir de un plan de cuidados o derivando al paciente a un especialista que pueda profundizar en los hallazgos, si fuera necesario.

Es especialmente recomendable en personas que no han realizado ningún control médico en los últimos meses o que precisen de un seguimiento de parámetros analíticos por algún problema de salud ya diagnosticado (colesterol elevado, hipertensión, glucemia elevada, etc.).

También es especialmente aconsejable en personas que realizan actividad física de forma intensa o han comenzado a practicar deporte por primera vez recientemente.

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Bibliografía