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¿Por qué usar calzado adecuado en el trabajo?

Fisioterapia en el TrabajoWellbeing

¿Alguna vez te has parado a pensar cuántas horas al día pasan tus pies encerrados en un zapato mientras trabajas? Ya sea que pases la jornada de pie, caminando de un lado a otro o sentado frente a un escritorio, el calzado es el único punto de contacto entre tu cuerpo y el suelo. 


Es el cimiento sobre el cual se apoya toda tu estructura ósea. Sin embargo, a menudo priorizamos la estética o el protocolo corporativo por encima de la salud biomecánica, olvidando que un zapato inadecuado es capaz de alterar la alineación de tus rodillas, cadera y, por supuesto, de tu columna vertebral.


En los últimos años, ha cobrado mucha fuerza el concepto de calzado respetuoso o barefoot. Esta tendencia nos propone volver a la esencia: zapatos que permiten al pie moverse como si fuera descalzo, con punteras anchas que no comprimen los dedos y suelas planas (sin «drop«) que no alteran nuestro centro de gravedad.


¿Por qué usar calzado adecuado en el trabajo?

El efecto del calzado en el cuerpo (más allá del pie)


Cada paso que das genera una pequeña cadena de impacto que recorre tobillos, rodillas, caderas y columna. Cuando el calzado no acompaña ese movimiento de forma natural, el cuerpo empieza a compensar. Y esas compensaciones, mantenidas durante horas (y repetidas cada día), son las que terminan generando molestias.


Según el Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos de España, el calzado inadecuado provoca alteraciones podológicas que derivan en dolores de tobillos, piernas, rodillas, cadera y espalda, con el 83% de mayores de 64 años afectados por su uso inadecuado.


En el entorno laboral, donde pasamos muchas horas de pie o sentados, este efecto se multiplica.


Calzado adecuado para el trabajo si tienes problemas lumbares


Mucha gente se sorprende al descubrir que su dolor lumbar crónico no nace en la espalda, sino en una pisada deficiente. Cuando usamos un calzado con una amortiguación excesiva o un tacón pronunciado, obligamos a nuestra pelvis a inclinarse hacia adelante, generando  una tensión extra en las vértebras de la zona baja.


Si tienes problemas lumbares, un calzado adecuado debería:


  • Favorecer una pisada estable.
  • Evitar desniveles excesivos entre talón y antepié.
  • Permitir que el pie se adapte al suelo sin rigidez.

Cuando el apoyo mejora, la carga sobre la zona lumbar se reduce de forma progresiva.


Calzado adecuado para evitar la fascitis plantar


La fascitis plantar es, probablemente, una de las dolencias más incapacitantes en el entorno laboral, especialmente si tu trabajo requiere estar mucho tiempo de pie. Ese dolor punzante en el talón al dar los primeros pasos, después de estar sentado, es una señal clara de que la fascia (el tejido que sostiene el arco del pie) está sufriendo.


Para combatir la fascitis, es vital evitar el calzado excesivamente plano y rígido o, por el contrario, los que tienen un soporte de arco artificial que «duerme» la musculatura del pie.


El calzado adecuado, tanto si tienes fascitis plantar como si la quieres evitar, debe permitir que el pie se expanda y trabaje. En este sentido, la transición hacia un calzado más barefoot o respetuoso, realizada de forma progresiva, puede ayudar a fortalecer la musculatura intrínseca del pie, aliviando la tensión sobre la fascia y devolviendo la elasticidad a tu pisada.


Calzado adecuado hallux rigidus


El hallux rigidus es una forma de artrosis degenerativa que afecta a la articulación en la base del dedo gordo, limitando su movilidad y causando dolor al caminar. En el entorno laboral, un zapato de puntera estrecha o con una suela que no flexione correctamente puede convertir cada paso en un suplicio.


Las características del calzado adecuado para hallux rigidus más recomendables son:


  • Suela que permita una transición fluida al caminar.
  • Espacio suficiente en la parte delantera del pie.
  • Evitar presión directa sobre la articulación.

Calzado adecuado para hernias discales


Cuando hay una hernia discal, cualquier factor que aumente la carga sobre la columna puede empeorar los síntomas. Un zapato que no absorbe bien el impacto o que altera la postura puede hacer que cada paso genere más presión, más carga, sobre los discos intervertebrales.


Por eso, en estos casos, se recomienda un calzado adecuado para hernias discales que contenga:


  • Amortiguación equilibrada (ni excesiva ni inexistente).
  • Estabilidad en la pisada.
  • Evitar cambios bruscos en la altura del talón.

El objetivo es reducir el impacto que llega a la columna en cada movimiento.


Elegir bien el calzado es importante, pero no siempre resuelve el problema por sí solo. Cuando el dolor se mantiene, es habitual que haya otros factores implicados: postura, movilidad, fuerza muscular o hábitos diarios. En estos casos, una valoración profesional permite entender el origen real de la molestia y actuar de forma más precisa.

En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de fisioterapia ayuda a analizar estos factores y a diseñar un plan adaptado a cada persona. Contar con una valoración profesional te ayudará a saber si necesitas ejercicios específicos para fortalecer tu pisada o si el calzado que usas es el responsable de tus molestias. Infórmate sin compromiso.

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Dos semanas durmiendo hasta tarde, moviéndote más, sin silla de oficina ni pantalla fija durante horas. Y de repente, el lunes de vuelta, ocho horas seguidas en la misma postura. El cuerpo lo nota casi de inmediato: tensión en el cuello, pesadez en los hombros, rigidez en la zona media de la espalda… La espalda alta es una de las zonas más afectadas por el trabajo de oficina y una de las que más se resiente con la vuelta brusca a la rutina sedentaria tras el verano. La buena noticia es que unos pocos estiramientos bien elegidos, hechos en el propio puesto de trabajo, pueden marcar una diferencia real en cómo termina el día. Por qué la espalda alta acumula tanta tensión en el trabajo La zona de la espalda alta , que comprende la región dorsal y la musculatura de cuello y hombros, es la que más carga soporta cuando se trabaja frente a un ordenador. Mantener los brazos extendidos hacia el teclado durante horas acorta los músculos pectorales y tensa los de la espalda alta , que trabajan de forma continua para sostener la postura. A eso se suma la tensión que genera la concentración sostenida: muchas personas aprietan los hombros hacia las orejas sin darse cuenta cuando están bajo presión, lo que acaba traduciendo el estrés mental directamente en contractura muscular. Un ensayo clínico publicado en el Brazilian Journal of Physical Therapy con 142 trabajadores de oficina demostró que quienes incorporaron estiramientos regulares en su jornada redujeron de forma significativa las molestias en cuello y hombros a lo largo de seis meses. El efecto, además, fue acumulativo: cuanto más constante era la práctica, mejor el resultado. Tras el verano, ese proceso se acelera porque el cuerpo ha estado acostumbrado a moverse con más libertad y vuelve de golpe a una demanda postural estática que no ha practicado en semanas. 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