Cada verano, los dermatólogos ven cómo su agenda se llena de consultas similares. Quemaduras que podrían haberse evitado, hongos que se detectan tarde, reacciones al sol que se confunden con picaduras. La mayoría de estos problemas tienen algo en común: llegan con retraso. El calor invita a normalizar lo que molesta, a esperar a que “se pase solo”. Y cuando al fin se consulta, el problema ya está más avanzado de lo necesario.
Saber identificar las señales de alerta puede ayudar a actuar antes de que una molestia puntual termine convirtiéndose en un problema más difícil de tratar.
Las quemaduras solares son la consulta dermatológica más común del verano. Se producen por una exposición excesiva a la radiación ultravioleta sin protección adecuada, y van desde el enrojecimiento leve hasta la aparición de ampollas y dolor intenso.
Lo que muchas personas no saben es que cada quemadura deja una huella en el ADN de la piel. Las quemaduras repetidas, especialmente en las mismas zonas, aumentan de forma acumulativa el riesgo de desarrollar cáncer de piel, a veces décadas después. En el momento, la quemadura duele y molesta. A largo plazo, es un factor de riesgo que merece tomarse en serio.
¿Cuándo solicitar una consulta dermatológica?
El calor y la humedad son el entorno ideal para los hongos. Por eso, en verano aumentan significativamente las consultas relacionadas con infecciones fúngicas, especialmente el pie de atleta, los hongos en uñas y la pitiriasis versicolor.
El pie de atleta aparece con más frecuencia en personas que van descalzas por piscinas, vestuarios o zonas de ducha compartidas. Se manifiesta como picor intenso, piel agrietada entre los dedos y, en algunos casos, mal olor. Si no se trata a tiempo, puede extenderse a las uñas, donde es mucho más difícil de eliminar.
La pitiriasis versicolor es otra infección fúngica frecuente en verano. La provoca un hongo que habitualmente vive en la piel pero que, con el calor y la humedad, puede crecer de forma descontrolada y producir manchas de color rosado o anaranjado en el tronco y los brazos. Es más llamativa en verano porque el contraste con la piel bronceada la hace más visible.
¿Cuándo consultar? Ante cualquier picor persistente, cambio en el aspecto de las uñas o manchas en la piel que no desaparecen con las medidas habituales de higiene.
No todo el mundo tolera el sol de la misma manera. La alergia al sol, también llamada fotodermatosis, es una serie de reacciones anómalas de la piel ante la radiación ultravioleta. Las más frecuentes son la urticaria solar y el eritema polimorfo solar.
La urticaria solar aparece en minutos: ronchas rojas que pueden surgir tanto en zonas expuestas como en otras partes del cuerpo. El eritema polimorfo solar suele afectar más a mujeres jóvenes y se manifiesta como erupciones en cara, escote y brazos tras varias horas de exposición.
Hay que tener en cuenta que ciertos medicamentos, como algunos antibióticos, antidepresivos, antiinflamatorios o diuréticos, pueden aumentar la sensibilidad al sol y provocar reacciones similares. Las personas polimedicadas o de mayor edad son especialmente vulnerables a este tipo de fotodermatosis secundaria.
Si aparecen ronchas o erupciones tras la exposición solar, si los síntomas se repiten o si se está tomando algún medicamento y se nota una reacción inusual, es recomendable solicitar una consulta dermatológica para evaluar.
En verano también aumentan las consultas por foliculitis, es decir, la infección de los folículos pilosos que se manifiesta como pequeños granitos con pus. Es frecuente tras la depilación y también como consecuencia del sudor acumulado en zonas con ropa ajustada o húmeda.
Los granos por sudor, conocidos como miliaria, aparecen cuando el sudor queda atrapado en los poros obstruidos. Son especialmente frecuentes en zonas de pliegues y en personas con tendencia a sudar mucho. Generalmente se resuelven solos con una buena higiene, pero pueden complicarse si hay una infección bacteriana añadida.
La ventaja de consultar antes de que se complique
La mayoría de estos problemas tienen solución sencilla cuando se detectan a tiempo. El error más habitual es esperar demasiado: dejar que el hongo crezca, que la quemadura se infecte o que la reacción alérgica se repita sin identificar la causa.
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Poder mostrar una erupción cutánea a un profesional a través de la pantalla, resolver dudas sobre medicamentos fotosensibles o recibir una pauta de tratamiento en tiempo real aporta una tranquilidad absoluta al equipaje veraniego. Cuidar la salud de la piel de forma preventiva es la clave para asegurar un verano libre de complicaciones.