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Astenia primaveral

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La astenia primaveral no es una enfermedad catalogada, si bien existe cierta discusión sobre si se trata de un cuadro patológico que debe ser tratado como tal.





¿Qué es la astenia primaveral?

La astenia primaveral se puede definir como la sensación de debilidad y falta de energía física y mental que puede repercutir negativamente en el rendimiento y la calidad de vida de las personas afectadas.

Suele manifestarse durante la primavera, al desarrollar actividades cotidianas sin necesidad de haber realizado ningún esfuerzo importante. Afecta más a las mujeres que a los hombres.

Se puede considerar como un síndrome incluido dentro de los denominados trastornos afectivos estacionales. Si bien las evidencias al respecto son escasas, su incidencia en los últimos años parece haber experimentado un crecimiento importante. Algunos autores señalan este crecimiento al ritmo de vida actual, con una elevada carga de estrés, ansiedad, sobrecarga laboral, etc., que repercute en el estado de ánimo y reducen la capacidad adaptativa del organismo.

No hay que confundirla con la astenia provocada con el cuadro clínico en el contexto de enfermedad alérgica, porque a esta astenia se le sumarían síntomas típicos de alergia (estornudos, congestión nasal, prurito nasal, faríngeo u ocular,…).



Causas y síntomas de astenia primaveral

La astenia primaveral no tiene una causa orgánica definida ni tiene consideración de enfermedad dentro del Catálogo de Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. Suele manifestarse como una sensación pasajera de cansancio físico e intelectual que aparece al inicio de la primavera, con las típicas oscilaciones de temperatura, presión atmosférica y humedad.

El síndrome se presenta de forma muy variable entre unas personas y otras.

Existen otros factores predisponentes de la astenia primaveral que incluyen las horas de luz solar y su relación con el sistema endocrino. También se apunta un posible componente inmunológico relacionado con la alergia, así como factores víricos.

De este modo, la astenia primaveral aparece cuando coinciden una serie de factores ambientales:

  • El cambio meteorológico y estacional. Con subida de las temperaturas y oscilaciones en la presión atmosférica.
  • Aumento de las horas de luz solar y cambio de hora.
  • Modificaciones en las rutinas diarias.

Todas estas circunstancias pueden alterar la regulación de los ritmos circadianos por medio de determinadas hormonas como el cortisol y la melatonina, entre otras.

En condiciones normales, la astenia primaveral desaparece por sí sola en unas semanas, una vez que el organismo se ha adaptado a estas nuevas condiciones.

La astenia primaveral da lugar a síntomas que no suelen ser graves y que tienen una corta duración. En el caso de no desaparecer en pocas semanas, es recomendable consultar con el médico para que pueda establecer un diagnóstico preciso.

Los signos y síntomas más frecuentes incluyen:

  • Cansancio, fatiga y debilidad.
  • Malestar general.
  • Hipotensión y mareos.
  • Dolor muscular y articular.
  • Cefaleas.
  • Dificultad de concentración.
  • Irritabilidad y cambios del estado de ánimo.
  • Pérdida del apetito.
  • Disminución del deseo sexual.
  • Trastornos del sueño.


Tratamiento para la astenia primaveral

La astenia primaveral no es un estado patológico propiamente dicho y no existe un tratamiento específico para abordarla. De este modo, cuando la astenia no tiene una causa orgánica conocida, se hace necesario aliviar o disminuir sus síntomas, promoviendo la adaptación del organismo.

Algunas de las medidas que se pueden establecer para prevenir y minimizar los efectos de la astenia primaveral incluyen:

  • Procurar adaptarse a los cambios derivados de la nueva estación de manera progresiva.
  • Mantener los horarios estables para las comidas y el descanso nocturno, además de las horas suficientes de sueño.
  • El ejercicio físico moderado puede contribuir a acelerar el proceso de adaptación y reducir los niveles de estrés.
  • La alimentación debe ser equilibrada, aportando todos los grupos de alimentos y todos los nutrientes, especialmente vitaminas y minerales.
  • Una correcta hidratación (principalmente con agua) también es esencial, especialmente cuando se produce la elevación de las temperaturas.

Por otro lado, cuando la astenia y la sensación de cansancio se prolongan durante meses y no se puede identificar ningún problema físico ni psicológico que pueda ser el causante, es posible que se trate de un caso de fatiga crónica.

En cualquier caso, la astenia primaveral es una entidad pasajera que la mayoría de las veces se puede minimizar con unos hábitos de vida saludables. Si algunos de sus síntomas persisten, es recomendable consultar con el médico.