Acceder
Close
  1. Savia
  2. Blog
  3. ¿Qué es el prana y qué beneficios aporta?
Ayuda a tus empleados
Ayuda a tus empleados a llevar una vida más sana y feliz
Nuestros planes Savia Empresas buscan el bienestar físico y mental de tus empleados. Pide información o personaliza tu propio plan con los servicios que ofrece Savia.
Pedir información
Personalizar el plan

¿Qué es el prana y qué beneficios aporta?

Salud Emocional

En la sociedad actual, el bienestar físico y mental es una prioridad. Actividades como el yoga y el pilates han ganado popularidad, no solo como formas de ejercicio, sino como herramientas para gestionar el estrés y mejorar la calidad de vida. Inspiradas en antiguas prácticas orientales, estas disciplinas han encontrado un lugar en la rutina diaria de millones de personas en todo el mundo.


Según datos recopilados por la encuesta Statista Consumer Insights, tanto el yoga como el pilates están siendo practicados con mayor frecuencia, especialmente por mujeres. En España, por ejemplo, un 16% de las mujeres lo incorporan en su vida cotidiana. Por otro lado, los hombres parecen ser más reticentes a adoptarlas, ya que solo un 4% las integra ocasionalmente en su rutina.



¿Qué es el prana y qué beneficios aporta?

La popularidad del yoga y el pilates puede atribuirse en parte a la creciente conciencia sobre la importancia del bienestar holístico, especialmente en un contexto laboral cada vez más estresante.


Según el “State of the Global Workplace 2023 Report” de Gallup, empleados de todo el mundo enfrentan niveles históricos de estrés, falta de compromiso con su trabajo y tensiones en sus relaciones laborales.


Este estrés laboral, que ha alcanzado niveles récord y persiste como una preocupación constante, está afectando negativamente la salud y el desempeño de los empleados. Y ante este panorama laboral tan acelerado que puede afectar la salud física y mental, estas prácticas han llegado como una alternativa para recuperar el equilibrio físico, mental y emocional.


Tanto el yoga como el pilates, más allá de ser simples actividades físicas, promueven la conexión entre cuerpo, mente y espíritu, brindando una experiencia integral más allá del ejercicio físico. Y, en esta búsqueda de equilibrio, el concepto de “prana” surge como una pieza clave en ambas prácticas.


¿Qué significa prana?


El término prana proviene del sánscrito y significa “energía vital”.


Es como una fuerza invisible que fluye a través de nuestro cuerpo, mente y espíritu, conectándolos entre sí y animándolos.


¿Qué es el prana?


El prana en sí, es la esencia que nos da vida, la que nos permite respirar, movernos, pensar, sentir y experimentar el mundo que nos rodea.


Aunque a menudo se asocia al acto de respirar, el prana no se limita al aire que inhalamos y exhalamos. Es una energía mucho más amplia que proviene de diversas fuentes, como la comida que ingerimos, los pensamientos que generamos y las emociones que experimentamos.


Es decir, no solo nos da vida, sino que también tiene el poder de transformarla.


¿Y qué sucede cuando comprendemos e implementamos el prana? Podemos mejorar nuestra salud física y mental, aumentar nuestra vitalidad y potenciar nuestro bienestar.



¿Para qué sirve el prana antes o después del trabajo?


Al incorporar prácticas que estimulen y canalicen el prana en nuestra rutina diaria, podemos potenciar nuestra salud física y mental, combatir el estrés laboral y aumentar nuestra productividad.


Al implementar el prana antes del trabajo puedes:


  • Comenzar el día con energía: Una breve sesión de pilates o yoga con enfoque en el prana puede ayudarnos a sentirnos más energéticos, enfocados y motivados.
  • Mejorar la concentración y el enfoque: El prana nos ayuda a conectar con nuestro cuerpo y mente, mejorando nuestra capacidad de concentración.
  • Reducir el estrés y la ansiedad: El prana promueve la relajación y la liberación de tensiones, ayudándonos a combatir el estrés y la ansiedad que pueden afectar nuestro bienestar emocional y desempeño laboral.

Al implementar el prana después del trabajo puedes:


  • Despejar la mente y el cuerpo: Una sesión de pilates o yoga con enfoque en el prana puede ayudarnos a relajar nuestros músculos, liberar el estrés y calmar nuestra mente.
  • Recargar energías: Al practicar prana después del trabajo, podemos recargar las baterías para afrontar el resto del día con vitalidad y entusiasmo.
  • Mejorar la calidad del sueño: Una práctica de prana al final del día puede ayudarnos a relajar nuestro cuerpo y mente, preparando a nuestro organismo para un descanso de calidad.

¿Cómo practicar el prana en pilates?


El pilates, una disciplina inspirada en el yoga y otras prácticas orientales, es una excelente opción para integrar el trabajo con el prana. A través de ejercicios específicos, técnicas de respiración y atención plena, podemos despertar, canalizar y optimizar el flujo de prana en nuestro cuerpo, mente y espíritu.


Estas son algunas ideas para implementar el prana en pilates:


  • A través de la respiración consciente

La respiración es un elemento fundamental en el pilates y una herramienta esencial para trabajar con el prana. Al enfocarnos en la respiración profunda y consciente, podemos activar el flujo de prana y energizar nuestro cuerpo.


  • A través de movimientos controlados y precisos

Los ejercicios de pilates se caracterizan por su precisión y control, lo que permite canalizar el prana de manera eficiente hacia diferentes partes del cuerpo.


  • A través de la atención plena y conexión con el cuerpo

El pilates nos invita a conectar con nuestro cuerpo en el presente, prestando atención a las sensaciones y movimientos. Esta práctica de atención plena nos permite tomar conciencia del flujo de prana y ajustar los ejercicios para optimizar su efecto.


Aprovechar el prana antes y después del trabajo puede ser una estrategia efectiva para mejorar el bienestar y el rendimiento de tus empleados en el ámbito laboral. Al incorporar prácticas simples de respiración y pilates en su rutina diaria, el equipo puede cultivar un ambiente más saludable, productivo y equilibrado.


En Savia Empresas comprendemos la importancia de fomentar el equilibrio y el bienestar en el entorno laboral. Por ello, ofrecemos una amplia gama de servicios diseñados para promover la salud física, mental y emocional de tus empleados. Infórmate sin compromiso en nuestra web.

Artículos relacionados
¿Es bueno que los niños se aburran en verano? Lo que la psicología explica sobre la hiperestimulación
¿Es bueno que los niños se aburran en verano? Lo que la psicología explica sobre la hiperestimulación
“ Mamá, me aburro. ”. Tres palabras que a muchos padres les generan una incomodidad inmediata y el impulso de buscar solución en los siguientes treinta segundos. Una pantalla, una actividad, un plan. Lo que sea para llenar ese espacio vacío que, de alguna manera, se ha vuelto difícil de tolerar. Pero ese impulso tiene un coste que no siempre se ve a tiempo. El verano, con sus semanas largas y sin estructura escolar, se ha convertido en la época del año en la que más claramente se nota cuánto hemos llenado la vida de los niños de estímulos constantes, y cuánto les cuesta estar simplemente con ellos mismos. Qué significa que un niño está hiperestimulado Un niño hiperestimulado es aquel que está sometido de forma continua a un exceso de estímulos externos sin espacios reales de desconexión. Actividades programadas encadenadas unas con otras, pantallas de fondo, juguetes con sonidos y luces, notificaciones, ruido constante. Cada uno de estos estímulos puede formar parte del día a día. La dificultad aparece cuando se suceden de forma continua y apenas existen momentos de descanso. El sistema nervioso infantil no está preparado para procesar ese volumen de información de forma indefinida. Cuando no tiene momentos de calma para ordenar y asimilar lo que ha vivido, empieza a dar señales de saturación. Y esas señales suelen confundirse con mal comportamiento: el niño que está irritable sin razón aparente, que no puede concentrarse en nada, que pasa de una cosa a otra sin terminar ninguna, que se frustra con facilidad ante cualquier límite. En verano, cuando desaparece la rutina escolar y los días se alargan, ese patrón se hace más visible. Muchos padres describen la misma sensación: sus hijos lo tienen todo, están entretenidos casi constantemente, y aun así parecen insatisfechos o agotados. Esa paradoja tiene nombre: es la saturación que produce el exceso de estímulos. La neurociencia lo confirma: el cerebro infantil necesita alternar periodos de actividad con momentos de calma para consolidar aprendizajes y desarrollar funciones ejecutivas como la atención, la memoria de trabajo y el autocontrol. El Center on the Developing Child de Harvard remarca que el desarrollo saludable depende de interacciones que permiten regularse, no de una exposición continua y saturante a estímulos. Por qué nos asusta tanto el aburrimiento Lamentablemente, vivimos en una cultura que equipara el tiempo libre con tiempo desperdiciado. Si el niño no está aprendiendo, desarrollando una habilidad o siendo productivo de alguna manera, hay una sensación difusa de que algo falla. A eso se suma la presión comparativa: otras familias apuntan a los niños a campamentos de idiomas, deportes, robótica, manualidades. La agenda infantil se ha convertido en un indicador de implicación parental. Las pantallas han agravado este fenómeno. Ofrecen entretenimiento inmediato, de alta intensidad y sin ningún esfuerzo por parte del niño. El cerebro infantil aprende a esperar ese nivel de estimulación constante y, cuando no lo tiene, interpreta la calma como algo insoportable. El aburrimiento se vuelve cada vez más difícil de gestionar cuando el cerebro se acostumbra a recibir estímulos constantes y pierde oportunidades para ejercitar esa capacidad. El resultado es una espiral: el niño se aburre, el adulto busca solución, el niño aprende que el aburrimiento siempre tiene una salida rápida, y la capacidad de estar consigo mismo se atrofia un poco más cada vez. Los beneficios del aburrimiento de los niños que la ciencia lleva años documentando Lo que la investigación en psicología del desarrollo lleva décadas señalando es que el aburrimiento es un estado necesario para el desarrollo más que un problema que resolver. Desarrolla la creatividad. Un estudio de la Universidad de Central Lancashire, recogido por la doctora Sandi Mann en “El arte de saber aburrirse” , demostró que el aburrimiento es fundamental para el desarrollo de la creatividad infantil. Cuando un niño no tiene un estímulo externo que lo entretenga, su mente empieza a generar sus propios recursos. Construye historias, inventa juegos, transforma objetos cotidianos en materiales de juego. Ese proceso es exactamente donde se desarrolla el pensamiento creativo. Fortalece la autonomía. Un niño que aprende a gestionar su propio tiempo libre desarrolla iniciativa y capacidad de decisión. Aprende a preguntarse qué quiere hacer, a probar, a equivocarse, a encontrar su propia manera de ocupar el espacio. Eso es autonomía en su forma más básica y más valiosa. Mejora la tolerancia a la frustración. La incomodidad del aburrimiento, cuando no se elimina de forma inmediata, enseña al niño a sostener una emoción desagradable sin que sea una catástrofe. Esa capacidad, que los psicólogos llaman tolerancia a la frustración, es uno de los mejores predictores de bienestar emocional en la adolescencia y en la vida adulta. Permite procesar emociones. El cerebro infantil necesita momentos de calma para integrar lo que ha vivido. Sin esos espacios, las emociones se acumulan sin procesarse. Un niño que nunca está tranquilo tiene menos recursos para entender lo que siente y para regularse cuando algo lo desborda. Cómo acompañar el aburrimiento de los niños sin eliminarlo Acompañar el aburrimiento implica dar espacio para que el niño atraviese esa sensación y descubra sus propios recursos para gestionarla. La incomodidad inicial forma parte del proceso y, con el tiempo, puede convertirse en el punto de partida de un juego, una idea o una actividad que nazca de su propia iniciativa. Cuando un niño dice “ me aburro ”, merece la pena detenerse un momento antes de ofrecer una solución. Validar cómo se siente y devolverle la pregunta, “ ¿Qué se te ocurre que podrías hacer? ”, le anima a buscar respuestas por sí mismo y fortalece su autonomía. También ayuda preparar un entorno que favorezca el juego libre. Tener a mano materiales como papel, pinturas, cartón o piezas de construcción invita a experimentar sin seguir unas instrucciones concretas. Pasar tiempo al aire libre, reservar momentos sin una agenda cerrada o fomentar el juego simbólico también ofrecen oportunidades para que la imaginación tome la iniciativa. Del mismo modo, limitar el uso de pantallas en determinados momentos del día facilita que aparezcan otras formas de entretenimiento más espontáneas. Un verano con algunos espacios libres entre actividad y actividad puede convertirse en una oportunidad para desarrollar la creatividad, la iniciativa y la capacidad de disfrutar del tiempo sin depender de un estímulo constante. La ansiedad de los padres también forma parte de la ecuación Los psicólogos infantiles también ponen el foco en otro aspecto importante: la forma en que los adultos viven el aburrimiento de sus hijos suele estar muy relacionada con su propia manera de gestionar la incomodidad y el tiempo libre. Padres que se sienten culpables si no están haciendo algo por sus hijos, que interpretan el aburrimiento del niño como un fracaso propio, que tienen dificultades para desconectar ellos mismos de la hiperactividad del día a día. Todo eso se traslada al modo en que gestionan el tiempo libre familiar. Trabajar esa parte, entender de dónde viene el impulso de llenar cada espacio vacío y aprender a sostenerse ante la incomodidad de un hijo que dice que se aburre, es tan importante como cualquier estrategia de crianza concreta. En Savia, salud digital Mapfre, ofrecemos a los padres de las empresas el acceso al servicio de Psicología con profesionales especializado. A través de videoconsultas, padres y madres pueden encontrar acompañamiento para gestionar los retos del verano con sus hijos, entender qué hay detrás de ciertas conductas y aprender herramientas concretas para criar con más calma y menos culpa.
Síndrome prevacacional: qué es, por qué afecta a tu equipo y cómo gestionarlo
Síndrome prevacacional: qué es, por qué afecta a tu equipo y cómo gestionarlo
Faltan tres días para que empiecen las vacaciones y la persona que más rinde en el equipo lleva una semana sin dormir bien, contesta con irritabilidad en las reuniones y tiene la bandeja de entrada con 200 correos sin leer. Parece que exagera pero en realidad está viviendo lo que se conoce como síndrome prevacacional , y es más frecuente de lo que parece. Qué es el síndrome prevacacional El síndrome prevacacional es el estado de ansiedad y estrés que tres de cada diez trabajadores experimentan en España en los días o semanas previas a sus vacaciones. La paradoja es llamativa: el descanso está cerca, pero en lugar de generar alivio, genera tensión. Los psicólogos coinciden en que no se trata de una patología clínica en sentido estricto, pero los síntomas son reales y tienen consecuencias concretas sobre el bienestar y el rendimiento.  Se trata de un tipo de ansiedad anticipatoria: el organismo y la mente reaccionan ante lo que perciben como una situación de alta exigencia antes de la pausa, y ante la incertidumbre de lo que viene después. Por qué aparece el síndrome prevacacional: las causas más comunes Hay varios factores que lo desencadenan, y la mayoría tienen que ver con la cultura y la dinámica de trabajo más que con la personalidad individual de cada empleado. La presión por dejarlo todo cerrado. Los días previos a las vacaciones suelen convertirse en una carrera contrarreloj. Informes que terminar, tareas que delegar, instrucciones que dejar por escrito. La necesidad de no dejar cabos sueltos genera una carga de trabajo extra que se acumula sobre la habitual. El miedo a lo que va a encontrar al volver. Muchas personas no piensan solo en el descanso que se acerca, sino en el volumen de trabajo que les estará esperando cuando regresen. Esa anticipación del caos post-vacacional es uno de los factores que más tensión genera. El perfil autoexigente. Los empleados con altos niveles de responsabilidad y dificultad para desconectar del trabajo son especialmente vulnerables. Para ellos, salir de la rutina más allá de ser un alivio, es otra fuente de gestión. La presión alrededor del viaje o los planes. Organizar unas vacaciones también tiene su carga: vuelos, alojamiento, coordinación familiar. Todo eso se suma a la agenda laboral y puede volverse abrumador. Cómo se manifiesta: síntomas físicos y emocionales El síndrome prevacacional se expresa de formas distintas según cada persona, pero hay señales que se repiten con frecuencia y que vale la pena conocer para identificarlas a tiempo en el equipo. En el plano emocional, los síntomas más habituales son la irritabilidad, los cambios de humor, la sensación de agobio, la dificultad para concentrarse y el bloqueo mental. La persona puede mostrarse impaciente, más reactiva de lo habitual o con una dispersión que no es característica de su forma de trabajar. En el plano físico, aparecen el insomnio, el cansancio acumulado, los dolores de cabeza, las molestias digestivas y una tensión muscular que no cede aunque la jornada haya terminado.  Son los mismos síntomas que acompañan a cualquier cuadro de estrés, solo que se intensifican en este periodo concreto. Los especialistas señalan un aspecto que merece atención, especialmente desde el ámbito de los Recursos Humanos. El síndrome prevacacional puede aparecer tanto en personas que tienen dificultades para desconectar del trabajo como en aquellas cuya rutina gira casi por completo alrededor de él. Cuando llegan las vacaciones, la ausencia de esa estructura diaria puede generar una sensación de vacío, incertidumbre o desorientación. Aunque las causas sean diferentes, el impacto emocional puede ser muy similar. Por qué le importa a la empresa y al empleado Es fácil asumir que el síndrome prevacacional es un problema personal que cada empleado gestiona como puede. Pero el impacto se nota en el equipo y en los resultados, y por eso merece atención desde la organización. Un empleado en estado de ansiedad prevacacional rinde menos, comete más errores, toma decisiones más impulsivas y contagia tensión al equipo. En los días previos a las vacaciones, cuando la carga de trabajo suele ser mayor precisamente por la necesidad de cerrar asuntos, ese descenso en la concentración y el juicio tiene consecuencias directas. Además, una persona que llega al descanso sin haber podido desconectar emocionalmente es una persona que vuelve sin haberse recuperado de verdad. El descanso no cumple su función, y la reincorporación resulta igual de costosa para el empleado y para la empresa. El bienestar emocional tiene un impacto directo en la productividad y en la experiencia de los equipos. El síndrome prevacacional es un buen ejemplo de cómo el estado psicológico puede influir en el rendimiento y en la forma de afrontar el trabajo antes de las vacaciones. Qué puede hacer RRHH para ayudar La buena noticia es que hay acciones concretas que las organizaciones pueden implementar para reducir el impacto del síndrome prevacacional en sus equipos. La mayor parte no requiere grandes recursos, sino planificación y una cultura que ponga el bienestar en el centro. Planificación anticipada de las vacaciones. Cuando los empleados saben con antelación sus días libres, pueden organizar su carga de trabajo con tiempo y la presión de los últimos días se reduce considerablemente. Establecer calendarios claros y con margen suficiente marca la diferencia. Protocolos de traspaso y delegación. Tener procesos definidos para dejar el trabajo en manos de otra persona evita que el empleado sienta que todo depende de él hasta el último momento. Un buen protocolo de traspaso reduce la ansiedad de ambos lados: el que se va y el que se queda. Cultura del descanso real. En organizaciones donde se premia a quien trabaja hasta el último segundo antes de irse, o donde se manda un correo a alguien que está de vacaciones con total naturalidad, el síndrome prevacacional tiene más terreno para crecer. Revisar esas dinámicas es parte de la solución. Acceso a apoyo psicológico. Algunas personas necesitan más que buenas prácticas organizativas. Para ellas, contar con un espacio donde hablar de la ansiedad y aprender herramientas concretas de gestión emocional puede cambiar cómo viven este periodo. En Savia, salud digital Mapfre, tu empresa puede acceder al servicio de Psicología con profesionales especializados en bienestar laboral. A través de videoconsultas personalizadas, tus colaboradores pueden trabajar la gestión del estrés, la desconexión emocional y las herramientas para llegar a las vacaciones en condiciones de disfrutarlas de verdad.
Fatiga social en verano: por qué a veces las vacaciones también agotan
Fatiga social en verano: por qué a veces las vacaciones también agotan
Después de semanas de viajes, reuniones familiares, comidas con amigos, celebraciones y planes acumulados, algunas personas vuelven de las vacaciones con una sensación difícil de identificar. Han tenido tiempo libre, han cambiado de entorno e incluso han reducido el ritmo habitual de trabajo, pero la energía no parece haberse recuperado por completo. Cuando esto ocurre, una posible explicación es la fatiga social : un estado de agotamiento mental y emocional que puede aparecer cuando acumulamos demasiadas interacciones y estímulos sin disponer de suficiente tiempo para recuperarnos. Aunque tendemos a relacionar el cansancio con el trabajo o las obligaciones diarias, las vacaciones también pueden generar desgaste cuando el equilibrio entre actividad y descanso desaparece . Qué es la fatiga social La fatiga social es una sensación de saturación emocional que aparece después de períodos prolongados de interacción con otras personas. Las relaciones sociales son una parte fundamental del bienestar. Compartir tiempo con amigos, familia o compañeros aporta apoyo emocional, conexión y experiencias positivas. Sin embargo, toda interacción requiere atención, adaptación y gestión emocional. Conversar, organizar planes, tomar decisiones en grupo o adaptarse a diferentes dinámicas familiares implica un esfuerzo que muchas veces pasa desapercibido. Cuando estas situaciones se acumulan durante días o semanas sin espacios suficientes para desconectar, puede aparecer una sensación de agotamiento que afecta tanto al estado de ánimo como a la capacidad de disfrutar del tiempo libre. Por qué la fatiga social aumenta durante el verano Durante gran parte del año, las rutinas ayudan a distribuir el tiempo entre trabajo, responsabilidades y ocio. El verano modifica ese equilibrio. Las vacaciones suelen concentrar actividades que durante el resto del año se reparten de forma más gradual: Encuentros familiares. Reuniones con amigos. Viajes. Celebraciones. Eventos sociales. Actividades de ocio. Además, muchas personas sienten una presión implícita por aprovechar al máximo los días libres . El verano se percibe como una oportunidad para hacer todo aquello que no ha sido posible durante el resto del año. Esta combinación de expectativas, convivencia y actividad constante puede generar una sobrecarga emocional difícil de detectar mientras está ocurriendo. Cuando las vacaciones se convierte en una agenda llena Tener tiempo libre no siempre garantiza una recuperación real. El descanso necesita algo más que días sin trabajar. También requiere momentos de tranquilidad, pausas y espacios en los que el cerebro pueda reducir el nivel de estímulo. Cuando las vacaciones se llenan de compromisos, desplazamientos y actividades continuas, resulta más difícil encontrar esos momentos de recuperación. Algunas personas descubren que han pasado varias semanas rodeadas de gente sin apenas disponer de tiempo para estar solas, reflexionar o simplemente no hacer nada. Y, evidentemente, esa falta de equilibrio puede terminar pasando factura. Señales de que podrías estar experimentando fatiga social La fatiga social puede manifestarse de diferentes maneras. Algunas señales frecuentes son: Sensación de agotamiento después de reuniones o encuentros sociales. Irritabilidad o menor tolerancia a situaciones cotidianas. Necesidad creciente de pasar tiempo a solas. Falta de energía para nuevos planes. Sensación de saturación ante mensajes, llamadas o grupos de chat. Dificultad para disfrutar actividades que normalmente resultan agradables. Percepción de volver de vacaciones sin haber descansado del todo. Estas señales no indican necesariamente un problema de salud mental, pero sí pueden ser una invitación a revisar cómo estamos gestionando nuestro tiempo y nuestra energía. Cómo recuperar el equilibrio durante las vacaciones de verano El bienestar emocional durante el verano no depende de la cantidad de actividades realizadas, sino de cómo se combinan con espacios de recuperación. Algunas estrategias que pueden ayudar son: Reservar momentos sin planificar: Dejar huecos libres en la agenda permite reducir la sensación de estar constantemente respondiendo a compromisos o expectativas externas. Alternar actividad y descanso: Los encuentros sociales pueden ser muy enriquecedores cuando conviven con momentos de calma y recuperación. Escuchar las propias necesidades: Cada persona recupera energía de una forma diferente. Algunas disfrutan de agendas más activas, mientras que otras necesitan más tiempo de tranquilidad para sentirse bien. Mantener hábitos básicos de autocuidado: Dormir bien, respetar horarios de comida razonables y cuidar los tiempos de descanso sigue siendo importante durante las vacaciones. El papel de la salud emocional en el descanso Las vacaciones representan una oportunidad para recuperar energía física y mental. Por eso, prestar atención al bienestar emocional también forma parte del autocuidado. Identificar los propios límites, reconocer cuándo necesitamos parar y aprender a gestionar las expectativas sociales puede marcar una gran diferencia en la calidad del descanso. En Savia, salud digital Mapfre, contamos con servicios de psicología para acompañar a las personas en el cuidado de su salud emocional durante todo el año. Porque el bienestar depende, también, de disponer de herramientas para gestionar cómo lo vivimos.

Podemos impulsar la productividad en tu empresa mejorando el bienestar de tu equipo

Suscríbete a nuestra newsletter
Suscríbete a nuestra newsletter