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Te Han Diagnosticado Trocanteritis
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Las caderas tienen suma importancia a la hora de realizar las actividades de la vida diaria, estabilizan el tronco a través de la pelvis, reparten las cargas que transmiten los miembros inferiores y permiten el movimiento a la hora de caminar, correr, subir escaleras o sentarse.

Nuestra cadera llamada también articulación coxofemoral, está formada por la unión de dos huesos: el hueso coxal y el fémur. Además de ligamentos y músculos la articulación está provista de unas bosas serosas llamadas Bursas. Tienen forma de almohadillas cuya función es amortiguar y permitir que los tendones de la cadera puedan deslizarse sobre el fémur (trocánter mayor) y sobre otros músculos evitando así el roce y la posible irritación de sus tejidos.

La cadera está formada por la unión de dos huesos: el hueso coxal y el fémur, además, la articulación está provista de unas bosas serosas llamadas Bursas.

¿Qué es una trocanteritis o una Bursitis trocantérea?

Cuando realizamos los movimientos de flexión y extensión de cadera (en la marcha, corriendo, subiendo o bajando escaleras) los tendones de la cadera se deslizan por la bursa trocantérea, si hay un aumento de presión en la zona, se produce inflamación de la bursa, irritación  y dolor, es lo que conocemos como trocanteritis o bursitis trocantérea.

¿Por qué se produce la Inflamación de la bursa trocantérea?

La causa más frecuente son los microtraumatismos que se producen por la fricción constante entre el  músculo y la bolsa serosa.

Son varios factores los que pueden producir trocanteritis:

  • Traumatismos: los golpes o caídas sobre la cadera, pueden ser el origen de la trocanteritis aunque no es la causa más frecuente.
  • El aumento de líquido en la bursa: debido a una enfermedad autoinmune como puede ser la artritis reumatoide, en épocas de crisis inflamatorias, esta bursa está llena de líquido.
  • Los desequilibrios mecánicos de los miembros inferiores: una pierna más corta que otra o cualquier traumatismo que modifique la mecánica del pie o de la rodilla modifica las cargas que se trasmiten a  la cadera y como consecuencia se producirá mayor rozamiento entre sus estructuras.
  • Modificaciones a nivel del hueso: la existencia de artrosis en la cadera produce un cambio en las superficies de la articulación, de forma que la congruencia entre las mismas se modifica, cambiando así los ejes de la articulación y aumentando la fricción entre sus estructuras.
  • Pérdida de movilidad a nivel de la columna lumbar y de la pelvis: la articulación de la cadera tiene que asumir la movilidad que las otras estructuras adyacentes han perdido, los movimientos de la cadera se modifican y como consecuencia el roce entre sus estructuras aumentan produciendo irritación.
  • Desequilibrios musculares: causa de debilidad de los músculos de la cadera, es el caso de las operaciones de cadera (prótesis) o las hemiplejías, serán responsables de aumentar la fricción entre el trocánter y la bursa.
  • La trocanteritis puede afectar a ambos sexos pero es más frecuente en mujeres con una edad entre 40 y 60 años, la obesidad es un factor que predispone a tener trocanteritis.

¿Cuáles son los síntomas de la trocanteritis?

El síntoma principal es el dolor en la cadera cuando presionamos la zona del trocánter mayor. Este dolor puede extenderse desde la nalga a lo largo de la cara lateral de la pierna hasta la rodilla. También podemos sentir calor y un aumento de temperatura alrededor de la articulación.

El dolor se agudiza cuando realizamos determinados movimientos como por ejemplo: subir escaleras, tumbarse en la cama sobre la cadera inflamada con las piernas flexionadas, realizar movimientos en rotación externa de cadera como ponerse unos pantalones o los calcetines.

Me duele la cadera pero no es trocanteritis

En ocasiones, podemos tener dolor en la cadera pero no estar producido por una inflamación de la bursa. Esto nos lleva a posibles confusiones a la hora de determinar el problema principal  ya que los síntomas que aparecen en la zona de la cadera son parecidos. Por ejemplo:

  • Un problema a nivel de la raíz lumbar L2-L3, L3-L4  produce un aumento de la sensibilidad en la zona de la piel que corresponde al lateral de la cadera y de la pierna, de forma que podemos confundir ese dolor con el de la trocanteritis.
  • Un atrapamiento de los nervios que se sitúan en las zonas adyacentes,  pueden producir dolor en la zona de la cadera.
  • Una Fractura de fémur no desplazada, que produzca dolor en la cadera por rotura y hematoma de los tejidos.
  • Una disfunción muscular que provoque dolor referido a la zona de la cadera, es el caso del musculo glúteo medio, el glúteo menor, tensor de la fascia lata (TFL) y cuadrado lumbar cuyos puntos gatillo dan dolor similar a cuando la bolsa serosa está inflamada.
Los puntos gatillo dan dolor similar a cuando la bolsa serosa está inflamada.

Imágenes tomadas del libro Travell & Simons Myofascial Pain & Dysfunction: the trigger point manual. 2002.

  • Una disfunción de una víscera que provoque dolor  referido a la zona de la cadera, es el caso de los riñones.

¿Qué podemos hacer para aliviar el dolor causado por la trocanteritis?

  • REPOSO: Si la causa de la inflamación es el roce de las estructuras cuando estamos en movimiento, es necesario dar descanso y evitar mover la articulación durante los días de mayor dolor.
  • REALIZAR MOVIMIENTOS ARTICULARES: es necesario que las articulaciones cercanas a la cadera no tengan límites de movimiento. Los ejercicios de movilidad a nivel de lumbares y de la pelvis pueden ayudar en el tratamiento de la trocanteritis.
  • REALIZAR ESTIRAMIENTOS: en la fase menos aguda, es recomendable realizar estiramientos de lo músculos de la cadera.
  • CORREGIR LA DISMETRÍA DE LAS PIERNAS: es importante valorar si existe una pierna más corta que la otra y corregir con alzas si fuera necesario.
  • ACTIVAR LA MUSCULATURA DE LA ZONA ABDOMINAL: Potenciar los abdominales y la musculatura pélvica proporciona equilibrio muscular y visceral.
  • PERDER PESO: En el caso de que exista sobrepeso.
  • TRATAR CON INFILTRACIONES: Cuando el dolor es demasiado agudo y nos limita el movimiento o el tratamiento conservador no da los resultados esperados, podemos recurrir al tratamiento con infiltraciones.

¿Sabías que..?

Una bolsa serosa es una cavidad cuyas paredes están formadas por tejido conjuntivo. Se localizan entre los tendones y los huesos para permitir el deslizamiento entre sus estructuras, el cuerpo humano tiene 160 bolsas serosas repartidas por todo el cuerpo.

¿Sabías que…?

La articulación de la cadera tiene 4 bolsas serosas. La más grande tiene forma de almendra y mide 5 cm de longitud y 3 cm de ancho y se sitúa entre el glúteo mayor y el tendón del glúteo medio.

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Marisa tiene 58 años, visita la consulta porque desde hace un mes y medio tiene un dolor muy fuerte en la zona derecha y alta del cuello , este dolor se acompaña con dolor de cabeza. En este tiempo, ha tomado medicación prescrita por el médico: antiinflamatorios y relajante muscular pero el dolor no ha cesado. Le preguntamos si asocia ese dolor a alguna situación concreta, caída, malas posturas en el sillón, cargas pesadas…y nos cuenta que una semana antes de aparecer el dolor en el cuello tuvo una caída en la calle, llevaba una bolsa en la mano derecha y al subir un bordillo, tropezó y cayó de frente parando el golpe con las manos, la cabeza y las rodillas. A las pocas horas tenía un fuerte dolor en los dedos de la mano derecha y sentía que no podía moverlos con normalidad. Dada la situación decide ir a Urgencias, allí le realizan una radiografía y detectan una fractura de su dedo meñique. Le ponen un vendaje y le recomiendan guardar reposo. A las 3 semanas, la fractura del dedo está perfectamente consolidada y la movilidad recuperada. En cuanto a dolor en el cuello, como no fue inmediato a la caída Marisa no puede relacionarlo. En ocasiones después de un golpe, caída o traumatismo el cuerpo comienza a expresar los síntomas después de unos días. Cuando realizamos la exploración, observamos que: La movilidad de las cervicales en la zona más alta está limitada en el lado derecho. Uno de los músculos en la zona derecha de la cabeza tiene su punto gatillo activo, cuando presionamos la zona, el dolor en el cuello se intensifica y automáticamente Marisa nos describe como ese dolor aparece de la misma forma que ha sentido estos días atrás. La mayoría de los músculos del cuerpo, tienen zonas específicas de tensión, se llaman Puntos gatillo miofasciales. Cuando el músculo sufre un aumento de tensión , estos puntos pueden activarse y dar dolor en la misma zona del punto o producir un dolor referido cercano a otras zonas del cuerpo. En el caso de Marisa, la limitación de movilidad en las cervicales más altas y el aumento de tensión en los músculos de alrededor, ha originado la activación de uno de estos puntos gatillos en el cuello refiriendo el dolor a la zona de la cabeza. Imágenes tomadas del libro Travell & Simons Myofascial Pain & Dysfunction: the trigger point manual. 2002 En la primera sesión de tratamiento No tenemos una radiografía cervical para descartar cualquier tipo de lesión en las cervicales de Marisa, por eso, debemos tener precaución a la hora de realizar el tratamiento. Nuestro objetivo principal será: Valorar la movilidad de las articulaciones de la columna vertebral de Marisa, concretamente la zona cervical y dorsal y tratar con técnicas articulares las zonas que están más limitadas. Valorar el estado de tensión de la musculatura de todo el miembro superior (mano, brazo, hombro) y tratar con técnicas manuales la musculatura afectada. Identificar los puntos gatillos activos en la zona del brazo y del cuello y tratarlos con técnicas manuales. Revisar la movilidad del dedo meñique para evitar futuras secuelas. Tras realizar el tratamiento el dolor en la zona del cuello remite y la movilidad cervical está recuperada en un 90%. Recomendamos a Marisa realizar ejercicios de movilidad para toda la columna y volver a consulta una semana después. Ejercicios cervicales Con una buena posición de tronco, girar la cabeza a ambos lados de forma lenta y llegando al final del recorrido. Con la misma posición de tronco, hacer inclinaciones de cabeza a ambos lados cuidando de no mover los hombros. Con el tronco recto, mirar hacia el suelo y al frente sin llevar la cabeza hacia atrás. Realizar estos ejercicios 10 repeticiones dos veces al día. En la segunda sesión de tratamiento Marisa nos cuenta que se encuentra mejor, el dolor de cuello ha disminuido pero aún sigue sintiendo molestias, sin embargo el dolor de cabeza ha remitido casi por completo. Volvemos a valorar la movilidad cervical, la tensión muscular en todo el brazo derecho y revisamos los puntos gatillo que estaban activos en la anterior sesión. Observamos que aún siguen activos y que la intensidad del dolor es mucho menor que en la primera sesión. Tratamos la tensión muscular del brazo y del cuello con técnica manuales. Movemos de forma suave y controlada las articulaciones del cuello Tratamos los puntos activos de la musculatura cervical. Recomendamos a Marisa realizar los ejercicios cervicales en su domicilio durante los siguientes 15 días. Después de un mes, Marisa nos informa de que se encuentra bien, sus dolores han cesado al 100% y puede realizar su vida con total normalidad.  
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Ser un deportista ocasional, que dedica grandes esfuerzos físicos en un espacio de tiempo muy concreto y sin ninguna regularidad a una disciplina deportiva, suele ser sinónimo de problemas. Como casi todo en la vida, dosis pequeñas, progresivas y regulares suelen ser la mejor manera para obtener beneficios, y evitar lesiones, sobre todo cuando se hace referencia al beneficio físico del deporte. Nuestro organismo está preparado para reaccionar ante estímulos de estrés. Tenemos capacidad para reaccionar y salir corriendo detrás de un autobús que se nos escapa, o atrapar algo al vuelo cuando se va a caer, pero de eso a jugar un partido de futbol o correr sin previa preparación 10 km seguidos, tras meses sentados en el sofá hay una gran diferencia. Adquirir hábitos y regularidad es esencial para que nuestro cuerpo sume beneficios y eso sería lo ideal, pero también es cierto que ello no siempre es posible y de vez en cuando “cae” en nuestra agenda la necesidad de ejercitarnos y aparecen partidos con amigos, competiciones o simplemente salidas por la montaña que parecen fácilmente realizables. Tras estas prácticas y en más ocasiones de las que nos gustaría, se diagnostican lesiones que podían haberse evitado, simplemente siendo conscientes de las capacidades individuales. Falta de regularidad, un motivo importante Según la Encuesta de Hábitos Deportivos de la población española publicado en 2015, el 51% de la población mayor de 15 años practicó actividad física al menos una vez al mes y el 52,3% al menos una vez al trimestre, frente al 46,2% que lo hace de manera semanal o el 19,5% que lo hace diariamente. Así pues, estas cifras nos dan una idea de que las lesiones asociadas a la falta de regularidad de la práctica deportiva serán elevadas. El sistema musculo-esquelético es el más afectado, especialmente los tejidos blandos, es decir, músculos y ligamentos, por ser los que requieren una mayor adaptación a la técnica y a la exigencia del momento, sin olvidar las contusiones que son también lesiones frecuentes. Una lesión común Según el tipo de ejercicio o deporte que se realice las lesiones se concentrarán en una zona u otra del organismo. Pero hay una lesión que puede aparecer en cualquier localización, el DMAT (dolor muscular de aparición tardía) o más conocido comúnmente como las “ agujetas”. Este proceso es uno de los más comunes y se produce como consecuencia de lesiones microscópicas a nivel de las fibras musculares que están implicadas en el ejercicio. Estas molestias pueden durar hasta 72 horas tras el ejercicio, por lo que hay que ser prudente al retomarlo de nuevo. La prevención es básica para evitar su aparición, por lo que un buen calentamiento, aumento de tiempo y carga progresiva y estiramientos no deben faltar en las sesiones programadas. Extremidades inferiores Aquellos que practican deportes en los que las extremidades inferiores son el eje, contusiones y lesiones músculo-tendinosas suelen ser las más habituales. En general, cuando se trata de partidos en los que se enfrenta puede existir contacto físico una contusión suele ser un “souvenir” inequívoco de que se ha jugado un partido entre amigos. Son, frecuentemente, contusiones de poca importancia y gravedad que desaparecen tras unos días, y que no requieren de tratamiento específico más que crioterapia (hielo) y la aplicación de alguna crema que tenga acción trombolítica (disuelve pequeños trombos o coágulos formados superficialmente) para ayudar a reducir y reabsorber el hematoma que aparece tras un golpe. En cuanto las afectaciones de partes blandas (músculo, tendón y ligamento), los esguinces se sitúan en la parte alta de la lista del ranking de lesiones que sufren deportistas ocasionales. Los tobillos son la localización más habitual. La falta de regularidad en la práctica y también de técnica aumentan la posibilidad de lesión ya que la respuesta de dicha articulación no es siempre la que podría esperarse. Cuando un deportista es regular en la realización de su deporte no sólo trabaja la técnica, que es muy importante, sino que también trabaja a nivel de la condición física, y prepara a sus músculos y articulaciones para la situación de “estrés” al que se va exponer. En el caso del deportista ocasional, este punto se obvia y la respuesta delante de la exigencia física puede ser insuficiente. Un mal apoyo del pie en carrera o tras un salto puede significar una lesión de ligamento. Los esguinces suelen ser de poca gravedad, pero requieren de un diagnóstico para un tratamiento y recuperación adecuados. Dolor lumbar A nivel muscular, sobrecargas y/o contracturas por falta de acondicionamiento físico son también frecuentes entre este colectivo. Deportes en los que se exige mucho ocasionan molestias que pueden acarrear problemas en el día a día. Movimientos poco comunes, cargas elevadas o posiciones forzadas pueden ocasionar molestias en zonas que poco tenían que ver con la práctica deportiva propia. El dolor lumbar , por ejemplo, sea por sobrecarga o por previa lesión a la que no se le ha dado la suficiente importancia, es una de las razones más habituales de consulta que vemos los profesionales de la salud. En ocasiones esta molestia podría evitarse con un buen calentamiento previo o el uso de equipamiento adecuado. De hecho, la prevención es una de las recomendaciones más importantes para evitar estas lesiones. Conocerse y saber cuáles son los límites individuales, usar el material adecuado, una preparación física mínima basada en la regularidad y un cierto conocimiento del deporte a practicar ayudan en gran medida a reducir el riesgo de aparición de cualquier lesión.
Las Lesiones del Corredor
Artículo especializado
Las Lesiones del Corredor
La palabra lesión es una de las más temidas en el mundo del deporte, sobre todo porque se relaciona con un tiempo de parón. Hasta hace unos años, el hecho de no poder seguir con una rutina de entrenamiento afectaba mucho al deportista profesional ya que la consecuencia es clara: detener la posibilidad de seguir entrenando y llegar a conseguir el objetivo establecido. Pero de un tiempo a esta parte, algo ha cambiado, y no sólo los profesionales se “desesperan” por estar obligados a parar y no poder seguir con su agenda, sino que el deportista amateur también ha entrado en esta dinámica. ¿Qué pasa al correr? Correr es un deporte de impacto que implica que algunas zonas anatómicas en concreto sufran más que otras, por el impacto que implica la carrera a pie. La biomecánica y la técnica de la carrera obliga al sistema musculo esquelético a una elevada exigencia y ello puede acabar por provocar lesiones que pueden ir desde lesiones de diagnóstico y tratamiento sencillo y con una relativamente rápida recuperación y vuelta a la práctica deportiva, a otras que requieren de mayor tiempo de tratamiento y la consiguiente paciencia por parte del corredor, que verá su agenda “truncada”. ¿SABÍAS QUE…? Las lesiones en cualquier corredor no son algo extraño. De hecho, las cifras hablan de que alrededor de la mitad de corredores que salen de manera regular a correr pueden sufrir alguna lesión asociada a esta práctica. Conseguir reducir estas cifras está en parte en las manos del propio corredor. ¿Qué factores predisponen? En efecto, hay una serie de factores predisponentes que deben tenerse presentes ya que no pueden modificarse y hay que gestionarlos de la mejor manera posible. Algunos son: Género: las diferencias anatómicas entre hombres y mujeres aumentan la predisposición a unas lesiones más que otras. Entrenamiento: realizar un entrenamiento de carácter progresivo y adaptado a las características y a los objetivos es esencial para minimizar riesgos. Alimentación: es necesario que exista una alimentación adecuada a las necesidades individuales. Seguir dietas bajas en hidratos de carbono o en proteínas puede aumentar el número de lesiones, por ejemplo. Por otro lado, una correcta hidratación es básica. Lesiones previas: cualquier estructura anatómica que haya sufrido una lesión tiene mayor posibilidad de lesionarse de nuevo, y más aún si la recuperación no ha sido la correcta. Patología existente: la presencia de alguna patología puede aumentar el riesgo de lesión por las características intrínsecas a éstas, por la afectación de otras zonas anatómicas diferentes. Material inadecuado : cada corredor tiene unas características propias, tanto a nivel anatómico como de objetivo. Usar el material apropiado no es un tema de modas sino de salud. Superficie por la que se corre : cada superficie presenta características propias, algunas tienen una mayor capacidad de amortiguación que otras y, por tanto, estás van a contribuir de manera positiva a mantener a las lesiones “a raya”. ¿Dónde se localizan las lesiones? La rodilla es la localización más habitual y supone entre el 7 y el 50% de lesiones asociadas al “running” , seguida de los pies y de las piernas. Tan importante es esta localización que hasta existe una lesión que se denomina “la rodilla del corredor” o síndrome femoropatelar. Esta patología se caracteriza por la existencia de un dolor en la zona delantera de la rodilla, donde se encuentra la rótula, que es un hueso cuya función es el correcto movimiento articular. Debido a diferentes causas, la rótula puede ver desplazada su posición original y ello ocasiona que el cartílago que se encuentra por debajo de ésta se erosione y a la larga provoque, una degeneración con consecuencias para el individuo, como la aparición de dolor. Este dolor no suele ser agudo, sino que es progresivo. Al inicio es poco limitante y el corredor sigue sin darle excesiva importancia y puede llegar a limitar tanto, que obliga a parar y necesitar de cuidados para seguir posteriormente. El dolor es típico que se agrave al estar sentado un rato o al subir o bajar escaleras. El tratamiento se centra en actuar sobre el dolor para minimizarlo y en conocer la o las posibles causas para así reducir o minimizar el riesgo de una recaída. Los pies : son también una localización frecuente de lesiones en este colectivo, y una lesión común es la fascitis plantar . El runner se queja de un dolor situado en la zona del talón , pero que puede recorrer toda la planta del pie, sobre todo por las mañanas cuando se levanta y lo apoya en el suelo. Por la planta del pie discurre una banda fibrosa (la fascia), que proporciona soporte al arco plantar. Cuando ésta se inflama o sufre pequeñas micro-rupturas por traumatismos repetidos, lo que ocurre evidentemente al correr, aparece dolor . Esta patología impide por completo el apoyo del pie en el suelo y, en consecuencia, la zancada en carrera, y va a requerir de un tiempo relativamente largo para solventarlo (unas ocho a 10 semanas). El tratamiento de fisioterapia es esencial, junto con la crioterapia y medicación pautada para reducir la inflamación. Las recomendaciones de valorar el origen de la lesión en la rodilla son igualmente útiles en este caso. La zona lumbar: es evidente que quien se lleva la peor parte serán las estructuras anatómicas que reciben el impacto de la carrera y, de ahí, que las extremidades inferiores concentren la mayor cantidad de lesiones. Pero otras localizaciones son también foco de lesión en el runner y la zona lumbar es una de ellas. El corredor se queja de una molestia que en ocasiones es mayor y en otras es menor pero siempre está ahí. Puede ser de origen anatómico o mecánico , pero llega a impedir la carrera. Por eso es importante conocer las causas y, sobre todo, darle la misma importancia que podría tener una molestia en la rodilla. Estirar y trabajar la musculatura no sólo como tratamiento sino como prevención, es clave.
Prevención y Tratamiento del Desgarro Muscular
Artículo especializado
Prevención y Tratamiento del Desgarro Muscular
La rotura fibrilar o rotura de fibras, también conocida popularmente como desgarro muscular, es una lesión del tejido muscular englobada dentro de las enfermedades del sistema osteomuscular y del tejido conjuntivo. Se puede producir desgarro (esguince) muscular cuando un músculo se somete a un estiramiento brusco de forma pasiva (sin contracción muscular) o de manera activa (con contracción). Qué sucede En el momento en que sufrimos un desgarro, se siente un dolor repentino, agudo e intenso, localizado en un punto muy concreto. Desde que éste se produce resulta muy doloroso, y es casi imposible hacer cualquier movimiento con ese músculo. En los casos de desgarros leves, el dolor es la única señal. En casos más graves, como cuando se ocasiona un desgarro de todo un músculo, se produce también un hematoma, debido a la hemorragia interna. Si el dolor es muy intenso puede aparecer un componente de shock, con mareo y sudor frío, pero esto es muy poco frecuente. Por qué sucede En cuanto a las causas de los desgarros, se habla de: Causas directas: Son generalmente c ontracciones violentas del músculo o estirones súbitos y bruscos. También se puede producir cuando se somete a éste a una carga excesiva cuando se está fatigado o no se ha calentado lo suficiente. Los músculos que han sufrido recientemente lesiones de cualquier tipo, que aún no están recuperadas del todo, tienen también bastantes posibilidades de sufrir una rotura. Causas externas, como contusiones o caídas, también pueden originar esta lesión. Causas indirectas : La sudoración origina pérdida de líquidos y sales minerales en el organismo. Los músculos van perdiendo elasticidad al perder hidratación, por lo que tras un ejercicio prolongado aumentan las probabilidades de sufrir un desgarro. Dónde suceden Son frecuentes , sobre todo en: Los músculos que cruzan las articulaciones como los de la cadera o los de la rodilla. La unión miotendinosa. Músculos con predominio de fibras tipo II. Se suelen dar en deportes de aceleración rápida (atletismo, fútbol, pádel, etc). NO TE CONFUNDAS Se han empleado diferentes términos según la gravedad de la lesión anatomopatológica: Elongación muscular o distensión muscular: se refiere al estiramiento de las fibras musculares sin rotura y, por lo tanto, sin hematoma ni equimosis. La rotura fibrilar supone la rotura de varias fibras o fascículos musculares con hemorragia local más o menos importante. Corresponde a un desgarro tipo 1-2. La rotura muscular representa una lesión total o parcial del músculo. Corresponde a un desgarro de tipo 3-4. La desinserción muscular es equivalente a la rotura completa del músculo en la unión musculotendinosa. Síntomas Dolor e inflamación. Equimosis (sangre producida por ruptura de la fibra muscular). Cuando la ruptura es muy significativa nos encontramos una especie de falla en la zona denominada signo del hachazo. Debilidad muscular y contractura de la musculatura que rodea la lesión. Diagnóstico y tratamiento Diagnóstico se basa en la clínica que presenta el paciente, y en el resultado de la ecografía o resonancia magnética . El tratamiento más común y el más aplicado para desgarros musculares es la terapia que se conoce como RICE (del inglés “Rest, Ice, Compression, Elevation”): Aplicar hielo sobre la zona dolorida durante unos 10 o 15 minutos. Esto reducirá la inflamación y disminuirá o cortará la hemorragia si existe. No se debe aplicar calor en la fase aguda, ya que aumenta la hemorragia. Colocar un vendaje compresivo alrededor de la zona afectada. Mantener la zona afectada en elevación para evitar el edema. Reposo relativo, realizando las actividades habituales. Deben ser movimientos libres de dolor, evitando la carga sobre la extremidad/articulación afectada, hasta un correcto diagnóstico. Acudir al fisioterapeuta para iniciar y acelerar la recuperación y su correcta cicatrización. Para desgarros más graves, será necesario una valoración ecográfica para determinar bien el programa de rehabilitación desde las primeras horas. En cuanto al tratamiento quirúrgico , será necesario en aquellas lesiones graves donde el médico valore mejor cirugía que tratamiento conservador. A continuación, te mostramos un ejemplo del tratamiento de terapia física que se puede aplicar en los desgarres según su gravedad. Desgarro Grado 1 o leve Días 1-3: compresión, hielo, elevación, movilización activa, entrenamiento isométrico, tens. Días 4-7: entrenamiento en piscina, estiramientos sin dolor, potenciación isotónica (comenzando con pesos ligeros a más pesados y primero con acciones concéntricas a excéntricas), ejercicios funcionales. Día 8: entrenamiento isocinético (desde velocidades angulares rápidas a lentas y desde acciones concéntricas a excéntricas), entrenamiento pliométrico, ejercicios específicos del deporte practicado. Desgarro Grado 2 o moderado Días 1-3: compresión, hielo, elevación, movilización activa indolora, marcha con muletas. A partir del día 4: entrenamiento isométrico indoloro. A partir del día 7: entrenamiento en piscina, estiramientos indoloros, potenciación isotónica (comenzando con pesos ligeros a más pesados y primero con acciones concéntricas a excéntricas), ejercicios funcionales. A partir de la segunda semana: entrenamiento isocinético (desde velocidades angulares rápidas a lentas y desde acciones concéntricas a excéntricas), entrenamiento pliométrico (combina movimientos rápidos y fuerza), ejercicios específicos del deporte. Desgarro Grado 3 o grave Días 1-3: compresión, hielo, elevación, marcha con muletas. A partir del día 4: electroestimulación muscular. A partir del día 7: movilización activa indolora, Entrenamiento isométrico indoloro. A partir de la segunda semana: entrenamiento en piscina, estiramientos indoloros, potenciación isotónica (comenzando con pesos ligeros a más pesados y primero con acciones concéntricas a excéntricas), ejercicios funcionales. A partir de la tercera semana. Entrenamiento isocinético (desde velocidades angulares rápidas a lentas y desde acciones concéntricas a excéntricas), entrenamiento pliométrico, ejercicios específicos del deporte. ¿Se puede prevenir? El momento en el que se produce más lesiones musculares son al inicio y al final de cualquier actividad física y/o deporte. Al principio, porque el músculo aún no se ha calentado lo suficiente. Al final, porque influyen el cansancio y la deshidratación entre otros. Es por eso que siempre hay que realizar un buen calentamiento y estirar bien activamente antes de iniciar el entrenamiento . Si se transpira mucho, conviene ingerir alguna bebida isotónica durante la actividad para mantener la correcta hidratación de los tejidos.
Recuperación y Tratamiento de un Esguince
Artículo especializado
Recuperación y Tratamiento de un Esguince
En el mundo del deporte los esguinces se encuentran entre las lesiones más habituales y su localización más frecuente es el tobillo y la rodilla. Los deportes que suelen aparecer en las primeras posiciones de las listas en las que las lesiones ligamentosas de tipo agudo son frecuentes, suelen ser aquellos en los que existe contacto como futbol, baloncesto o rugby. Te explicamos cómo se trata un esguince y en qué consiste la recuperación. Por qué se produce Nuestras articulaciones están formadas por diferentes elementos y cada uno de ellos tiene su función concreta , pero ofrecer estabilidad y permitir el movimiento suelen ser funciones comunes a todos ellos. Entre los elementos de una articulación encontramos los ligamentos , que son bandas de tejido conectivo que unen los huesos entre sí, a diferencia de los tendones que unen músculo a hueso. Estas bandas tienen características que, hasta cierto punto, pueden resultar contradictorias entre sí. Deben ofrecer estabilidad, pero a su vez un cierto grado de flexibilidad para permitir adaptarse a los movimientos sin una extrema rigidez articular. En ocasiones esta flexibilidad no es suficiente y es cuando puede lesionarse, sufriendo un esguince. En general ocurre cuando la articulación pierde el eje, como por ejemplo en una entorsis (torcedura). En función de la gravedad de la lesión se clasificará en grado I, grado II o grado III. El esguince de grado I corresponde al más leve. De inicio hay dolor leve, pero éste desaparece en un periodo corto de tiempo. Apenas hay inflamación y no se produce rotura del ligamento. El esguince de grado II presenta una rotura de la banda, pero ésta es parcial. Se acompaña de edema (hinchazón) y de hematoma. El dolor es más agudo y se acompaña de inestabilidad articular. El esguince de grado III equivale a una rotura completa del ligamento. El edema y el dolor son importantes y hay una imposibilidad de apoyo estable. Tratamiento inicial En general el tratamiento inicial seguirá el método RICE , que se denomina así por sus siglas en inglés: R (Rest -reposo-), I (Ice -hielo-), C (Compression -Compresión-), E (Elevation -Elevación-), para minimizar la sintomatología desde el primer momento tras la lesión. Por su parte, la administración de fármacos antiinflamatorios y analgésicos ayudará a mejorar la calidad de vida del paciente, reduciendo las molestias y el dolor. El reposo no tiene por qué ser absoluto, ya que dependerá del grado de la lesión, así como de la actividad que desarrolle la persona en su día a día. La crioterapia (hielo) tiene función antiinflamatoria, produce una vasoconstricción que reduce el edema, así como una disminución de la temperatura de la zona afectada. Se recomienda colocar hielo varias veces a lo largo del día en el área lesionada en sesiones de unos 15 segundos, sobre todo en las primeras 24-48 horas tras el esguince. El vendaje compresivo actúa a dos niveles: provoca inmovilización de la articulación y actúa sobre el edema. Se realiza con material que proporciona estabilidad pero que no es completamente rígido, como podría ser un yeso. Se trata de un vendaje funcional. Al elevar la articulación , algo que es posible sobre todo cuando el esguince afecta a las extremidades inferiores, se favorece el retorno venoso y, por tanto, se actúa sobre la inflamación. Seguimiento de la lesión Además del tratamiento inicial habrá que hacer seguimiento para valorar la evolución de la lesión, e ir incorporando la rehabilitación para conseguir la recuperación de la funcionalidad de la articulación afectada en un periodo de tiempo adecuado. La rehabilitación es esencial para conseguir recuperar la movilidad adecuada, más aún en los casos en que el paciente es un deportista y requiere de un gesto deportivo determinado para practicar su deporte al nivel previo a la lesión. Apenas el dolor lo permita, y dependiendo de la afectación ligamentosa, se recomienda empezar a hacer apoyos para que los tejidos no lesionados mantengan cierta funcionalidad y los lesionados empiecen a recuperarse. No hay que olvidar que en función de la región afectada se puede seguir entrenado. Si la lesión se circunscribe a las extremidades superiores se puede, y se debe, seguir entrenando el resto del cuerpo y lo mismo pasa si son las extremidades inferiores las que han resultado afectadas. De manera progresiva, se van incorporando al programa de rehabilitación ejercicios para recuperar la movilidad , así como de fortalecimiento de los ligamentos. Las bandas fibrosas que han perdido su continuidad deben recuperarse y es necesario un trabajo específico. Efectuar movimientos articulares concretos, tanto asistidos por el profesional como realizados por el propio paciente, es una práctica habitual, pues de forma gradual se amplía la capacidad de esa articulación para realizar gestos propios y la amplitud de movimiento. Por ejemplo, en el caso del tobillo los ejercicios de propiocepción (de equilibrio y estabilidad) son muy habituales, su objetivo es fortalecer músculos y ligamentos además de trabajar el equilibrio usando superficies inestables. El paciente “reaprende” a controlar su estabilidad recuperando la articulación que ha quedado inestable tras la lesión y para ello es necesario recuperar no sólo las estructuras más físicas sino también la parte más funcional. Incorporar terapias manuales como el masaje “cyriax”, una técnica de fricción profunda, o el uso de métodos de recuperación tisular acelerará la evolución. En este último caso estas técnicas actúan por longitud de ondas favoreciendo, entre otros, el aporte de oxígeno y de nutrientes a los tejidos que promueven la regeneración. Conocer el estado previo Es importante además de una correcta recuperación y tratamiento conocer si exista algún déficit que ha podido aumentar el riesgo de lesión . Poseer una musculatura y articulaciones débiles y poco estables va a favorecer la aparición de estas lesiones por lo que es esencial incorporar al programa de rehabilitación no sólo ejercicios enfocados a mejorar los tejidos afectados sino también ejercicios de prevención cuyo objetivo será fortalecer aquellas estructuras adyacentes que intervienen en el movimiento para reducir el riesgo a posteriori.
Cómo Prevenir y Tratar la Pubalgia
Artículo especializado
Cómo Prevenir y Tratar la Pubalgia
También conocida como “osteopatía dinámica de pubis” o “entesitis pubiana”, l a pubalgia es la denominación genérica de una serie de lesiones que afectan a diferentes grupos musculares de la zona inguinal y que manifiestan con dolor en el pubis. Una de las más frecuentes es la pubalgia del deportista. ¿Qué es? La palabra pubalgia significa dolor en el pubis , hueso que en los mamíferos adultos se une a l ilion y al isquion para formar este hueso. Se caracteriza por un dolor difuso en la zona del pubis , predominantemente unilateral (en un solo lado), que va aumentado progresivamente de intensidad en el trascurso del tiempo , pudiendo durar semanas o meses.   La peculiaridad del dolor es que tiene altibajos y esto hace dudar al que lo sufre. Esta es la razón por la que no se suele acudir al médico hasta transcurridos varios meses desde el inicio del dolor. Pero cuanto más tiempo pasa, los picos de dolor son más agudos y más próximos en el tiempo. Normalmente, primero se presenta al realizar actividades deportivas y posteriormente se asevera y se presenta en la realización de las actividades normales de la vida diaria, como levantarse de la cama o al bajarse del coche.   Causas Hay una serie de factores que inciden en el desencadenamiento de una patología púbica: Factores internos: Acortamiento de los miembros inferiores Displasia de cadera (también conocida como luxación de cadera) Hiperlordosis lumbar (aumento excesivo de la curvatura lumbar) Espondilosis (nombre genérico de las enfermedades o afecciones degenerativas de la columna vertebral) Deficiencias de la pared abdominal Factores externos: Mala técnica deportiva Mala calidad del terreno deportivo (resbaladizo o pesado) Sobreentrenamiento Mala programación del entrenamiento Enfermedad “ocupacional” La pubalgia es una enfermedad ocupacional , que se presenta principalmente en actividades físicas en las que se llevan a cabo movimientos repetitivos que se acompañan por aceleraciones y desaceleraciones con cambios bruscos en la dirección del movimiento, viéndose agravada cuando existen condiciones como el sobre entrenamiento. Esto comporta que la sufran los futbolistas (50% de los casos), seguidos de atletas, corredores de larga distancia, jugadores de rugby, ciclistas y levantadores de peso.   Su incidencia es mayor en los varones principalmente, ya que las actividades que suelen desencadenarla son llevadas a cabo más por hombres que por mujeres. Las diferencias morfológicas entre sexos no son influyentes en el desarrollo de la misma. La pubalgia se relaciona con problemas de los músculos abdominales. Si bien existe tensión y tracción del pubis por los músculos aductores del muslo, una de las principales alteraciones que llevan al desarrollo de pubalgia es la debilidad de los músculos rectos abdominales, lo que lleva a que se produzca una alteración en la estabilización de la pelvis, que depende del equilibrio entre los aductores del muslo y los músculos rectos del abdomen. Este desequilibrio muscular genera sobrecarga mecánica que origina una tendinitis que puede afectar a los aductores, a los rectos del abdomen o a ambos grupos musculares. Tratamiento El tratamiento irá enfocado a buscar que los picos de dolor sean menos intensos y a la vez más espaciados entre ellos. Tras diagnosticar la lesión, se plantea primero un tratamiento conservador basado en: Si el facultativo así lo prescribe, se iniciará un tratamiento farmacológico con efectos analgésico y antiinflamatorio para controlar la inflamación y el dolor. El cese o disminución de la actividad deportiva. Simultáneamente es recomendable y/o necesario iniciar un programa de fisioterapia que permita tratar la tendinitis y restablecer la estabilidad de la pelvis. En primer lugar, se realizará una valoración a nivel pélvico para saber si existen déficits de fuerza muscular. Constará por lo general de los siguientes ejercicios: Movilidad pasiva Movilidad activa sin dolor Trabajo isométrico de aductores, abductores, recto anterior abdomen y oblicuos Crioterapia   tras la sesión de fisioterapia. En los casos en que la pubalgia se vuelva recurrente, puede ser necesario suspender la práctica deportiva asociada con esta condición, e incluso tener que recurrir a la cirugía como tratamiento si el conservador no es eficaz ni se observa ningún tipo de mejora. Prevención Como en cualquier otro tipo de lesiones, el objetivo es prevenirla con un buen calentamiento previo a la actividad física a realizar y evitando aquellos movimientos o gestos mal ejecutados que puedan llevarnos a lesionarnos. Reforzar la musculatura estabilizadora de la cadera, que será valorada anteriormente por el fisioterapeuta para determinar las posibles alteraciones entre agonistas y antagonistas. Dosificación de las cargas de trabajo . Cuando notemos molestias, parar y si es posible intentar descansar. El descanso es uno de los mejores recuperadores.
Whiplash
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Whiplash
Miguel tiene 32 años circula por la carretera con su coche y al reducir su velocidad el coche situado detrás impacta contra él. A las pocas horas empieza a sentirse aturdido, con sensación de mareo y malestar general . Se dirige al médico y tras hacer una prueba radiológica le diagnostican esguince cervical agudo , (se descarta la existencia de una fractura cervical).El médico le prescribe el uso de un collarín durante la primera semana y para las siguientes semanas probar a quitarlo progresivamente. Junto a esta indicación le receta analgésicos y antiinflamatorios. La palabra whiplash significa en castellano latigazo . Cuando nuestro cuerpo recibe un impacto, la fuerza del rebote hace que la zona del cuerpo que impacta vuelva a su posición de forma brusca. En el caso de un accidente de coche, cuando recibimos el impacto desde atrás toda nuestra columna (pelvis, la parte del tronco y de las cervicales) se desplaza primero hacia delante (frenados por el cinturón de seguridad) y después hacia detrás (frenado por el reposacabezas), este movimiento de vaivén se denomina latigazo cervical o whiplash . En este vaivén, las articulaciones vertebrales se lesionan, sus movimientos van más allá de sus límites y el sistema neurovegetativo se altera (mareos, inflamación, inestabilidad). Las consecuencias inmediatas de este impacto son: Esguince cervical: Los ligamentos encargados de estabilizar las articulaciones cervicales están distendidos , los músculos de la zona se  contraen para proteger las estructuras cervicales y como reacción se produce una inflamación en la parte dañada.  Los síntomas serán de inestabilidad cervical, mareos y malestar generalizado. Rectificación cervical: La contracción mantenida de los músculos (sobre todo los de la parte anterior del cuello) por  causa del impacto mantiene la columna cervical en una posición rectificada. Los síntomas principales serán sensación de rigidez en el cuello y dolor. Bloqueo en la zona dorsal: Las vertebras dorsales en el impacto rebotan contra el asiento y quedan bloqueadas , sentiremos rigidez en la espalda. Además, la musculatura dorsal se contrae por el impacto y produce  dolor. Dolor y pérdida de movilidad en las articulaciones de la zona lumbosacra. El primer punto de apoyo cuando se produce el impacto es la pelvis, seguidamente las dorsales y finalmente la cervicales que finalizan con el movimiento de latigazo. La pelvis al igual que la zona dorsal también estará bloqueada, es decir, su movilidad de verá reducida y presentará síntomas de dolor. FISIOTERAPIA Miguel decide acudir a la clínica de fisioterapia para aliviar sus síntomas. Comenzamos el tratamiento de fisioterapia dejando una semana de reposo utilizando el collarín . De esta forma permitimos que la inflamación de los tejidos disminuya y el proceso de regeneración empiece su curso. DÍA 1: En esta primera sesión Miguel nos cuenta que tiene mareos y sensación de inestabilidad y mucho dolor en la zona de la espalda. Realizamos una exploración física y observamos: Limitación de los movimientos cervicales: cuando gira el cuello hacia la izquierda tiene dolor y  limitación de movimiento. Perdida de flexibilidad en la zona dorsal: cuenta que tiene sensación de rigidez en la espalda. Dolor en la zona lumbar izquierda: sobre todo cuando se levanta de la silla. EN EL TRATAMIENTO DE FISIOTERAPIA Tratamos la musculatura superficial de la espalda y cuello para reducir la tensión de los músculos con masaje, estiramientos y técnicas neuromusculares. Realizamos técnicas para recuperar la movilidad de la zona dorsal y lumbar, en este caso utilizaremos manipulaciones vertebrales y técnicas articulatorias destinadas a liberar las zonas de menor movilidad y restablecer el sistema neurovascular. Tratamos la zona cervical de manera más específica , valoramos y tratamos la musculatura cervical profunda (largo del cuello) con técnicas miofasciales. Una vez relajada la musculatura realizaremos movimientos pasivos y suaves con la cabeza para recuperar la movilidad limitada. DÍA 2 : Ha pasado una semana y Miguel acude a la consulta para una segunda sesión. Nos cuenta que los mareos y la sensación de inestabilidad se han reducido, aunque en ocasiones puntuales sigue sintiendo algún mareo. El dolor en la zona lumbar ha mejorado, la sensación de rigidez en la espalda también pero aún tiene dolor en la zona dorsal. Para comenzar a tratar a Miguel volvemos a revisar la movilidad de su columna: Realizamos test de movilidad para la zona dorsal y lumbar : Pedimos a Miguel que mueva su tronco hacia delante y hacia los lados. Observamos que la movilidad ha mejorado con respecto a la primera sesión, pero aún quedan zonas que se mueven menos. Realizamos test de movilidad para la zona cervical: Miguel debe flexionar el cuello hacia delante, hacer giros en ambos sentidos y realizar inclinaciones del cuello. Comprobamos que el giro y la inclinación del cuello hacia la izquierda aún están limitados. Según la exploración EL TRATAMIENTO DE FISIOTERAPIA de hoy está centrado en: Recuperar la movilidad de las articulaciones dorsales y lumbares con manipulaciones vertebrales y técnicas de estiramientos. Reducir las sensaciones de mareo e inestabilidad, realizando técnicas craneales y trabajando los tejidos del cuello con masaje, técnicas miofasciales y estiramientos.   Restablecer el ritmo craneosacro. Al terminar la sesión de hoy mandamos a Miguel deberes para casa, deberá hacer ejercicios de movilidad cervical de forma suave todos los días al levantarse, después de las comidas y antes de dormir. Ejercicio 1:  Sentado con el tronco bien posicionado realizaremos 10 giros de cuello suaves hacia ambos lados haciendo una parada de 2sg en el centro. Ejercicio 2:  Sentado con el tronco bien posicionado realizaremos 10 inclinaciones del cuello hacia los hombros (oreja derecha hacia hombro derecho y oreja izquierda hacia hombro izquierdo) de forma lenta parando en los límites de movimiento que más cuesta realizar, en este caso, el giro y la inclinación hacia la izquierda. DÍA 3: Ha pasado una semana desde la 2ª sesión. Miguel nos cuenta que se siente mucho mejor. La inestabilidad y los mareos han desaparecido. Los movimientos cervicales están al 90% de su movilidad. La zona dorsal y lumbar no causa dolor. En esta 3º sesión vamos a revisar los movimientos de la columna cervical, dorsal y lumbar con los test de movilidad realizados en las sesiones anteriores. Observamos que la parte dorsal y cervical aún tienen limitados sus movimientos y la musculatura aun sigue con tensión. En EL TRATAMIENTO DE FISIOTERAPIA realizaremos: Manipulaciones vertebrales en la zona dorsal. Técnica neuromuscular para relajar los músculos dorsales. Estiramientos del los músculos cervicales. Técnicas miofasciales a nivel del tronco y cuello. Después de esta sesión decidimos dar el alta a Miguel. Recomendamos que siga con los ejercicios cervicales en su domicilio y además que añada los siguientes: Ejercicio 1:  Sentados en una silla, comenzaremos a flexionar la cabeza y seguidamente el tronco hasta llegar a tocar con las manos el suelo. Para volver a la posición de partida, volveremos a levantar la cabeza seguida del tronco hasta la posición inicial. (2 o 3 veces al día) Ejercicio 2:  Tumbados en el suelo, posicionamos los brazos estirados de forma de hagan una cruz con nuestro tronco. La cabeza y la zona lumbar deberá estar bien posicionada una vez que tengamos una postura correcta, comenzaremos a respirar profundamente sin perder la posición inicial durante 10 ciclos respiratorios. Ejercicio 3:  Realizaremos estiramientos de los músculos pectorales apoyando los antebrazos en el marco de una puerta y desplazando el cuerpo hacia delante, en cada espiración aumentaremos la tensión del estiramiento. (5 respiraciones o 2 minutos).  
Te Han Diagnosticado Trocanteritis
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Te Han Diagnosticado Trocanteritis
Las caderas tienen suma importancia a la hora de realizar las actividades de la vida diaria , estabilizan el tronco a través de la pelvis, reparten las cargas que transmiten los miembros inferiores y permiten el movimiento a la hora de caminar, correr, subir escaleras o sentarse. Nuestra cadera llamada también articulación coxofemoral, está formada por la unión de dos huesos: el hueso coxal y el fémur. Además de ligamentos y músculos la articulación está provista de unas bosas serosas llamadas Bursas . Tienen forma de almohadillas cuya función es amortiguar y permitir que los tendones de la cadera puedan deslizarse sobre el fémur (trocánter mayor) y sobre otros músculos evitando así el roce y la posible irritación de sus tejidos. ¿Qué es una trocanteritis o una Bursitis trocantérea? Cuando realizamos los movimientos de flexión y extensión de cadera (en la marcha, corriendo, subiendo o bajando escaleras) los tendones de la cadera se deslizan por la bursa trocantérea, si hay un aumento de presión en la zona, se produce inflamación de la bursa, irritación  y dolor, es lo que conocemos como trocanteritis o bursitis trocantérea. ¿Por qué se produce la Inflamación de la bursa trocantérea? La causa más frecuente son los microtraumatismos que se producen por la fricción constante entre el  músculo y la bolsa serosa. Son varios factores los que pueden producir trocanteritis: Traumatismos : los golpes o caídas sobre la cadera, pueden ser el origen de la trocanteritis aunque no es la causa más frecuente. El aumento de líquido en la bursa: debido a una enfermedad autoinmune como puede ser la artritis reumatoide, en épocas de crisis inflamatorias, esta bursa está llena de líquido. Los desequilibrios mecánicos de los miembros inferiores : una pierna más corta que otra o cualquier traumatismo que modifique la mecánica del pie o de la rodilla modifica las cargas que se trasmiten a  la cadera y como consecuencia se producirá mayor rozamiento entre sus estructuras. Modificaciones a nivel del hueso : la existencia de artrosis en la cadera produce un cambio en las superficies de la articulación, de forma que la congruencia entre las mismas se modifica, cambiando así los ejes de la articulación y aumentando la fricción entre sus estructuras. Pérdida de movilidad a nivel de la columna lumbar y de la pelvis : la articulación de la cadera tiene que asumir la movilidad que las otras estructuras adyacentes han perdido, los movimientos de la cadera se modifican y como consecuencia el roce entre sus estructuras aumentan produciendo irritación. Desequilibrios musculares : causa de debilidad de los músculos de la cadera, es el caso de las operaciones de cadera (prótesis) o las hemiplejías, serán responsables de aumentar la fricción entre el trocánter y la bursa. La trocanteritis puede afectar a ambos sexos pero es más frecuente en mujeres con una edad entre 40 y 60 años, la obesidad es un factor que predispone a tener trocanteritis. ¿Cuáles son los síntomas de la trocanteritis? El síntoma principal es el dolor en la cadera cuando presionamos la zona del trocánter mayor. Este dolor puede extenderse desde la nalga a lo largo de la cara lateral de la pierna hasta la rodilla. También podemos sentir calor y un aumento de temperatura alrededor de la articulación. El dolor se agudiza cuando realizamos determinados movimientos como por ejemplo: subir escaleras, tumbarse en la cama sobre la cadera inflamada con las piernas flexionadas, realizar movimientos en rotación externa de cadera como ponerse unos pantalones o los calcetines. Me duele la cadera pero no es trocanteritis En ocasiones, podemos tener dolor en la cadera pero no estar producido por una inflamación de la bursa. Esto nos lleva a posibles confusiones a la hora de determinar el problema principal  ya que los síntomas que aparecen en la zona de la cadera son parecidos. Por ejemplo: Un problema a nivel de la raíz lumbar L2-L3, L3-L4  produce un aumento de la sensibilidad en la zona de la piel que corresponde al lateral de la cadera y de la pierna, de forma que podemos confundir ese dolor con el de la trocanteritis. Un atrapamiento de los nervios que se sitúan en las zonas adyacentes ,  pueden producir dolor en la zona de la cadera. Una Fractura de fémur no desplazada , que produzca dolor en la cadera por rotura y hematoma de los tejidos. Una disfunción muscular que provoque dolor referido a la zona de la cadera , es el caso del musculo glúteo medio, el glúteo menor, tensor de la fascia lata (TFL) y cuadrado lumbar cuyos puntos gatillo dan dolor similar a cuando la bolsa serosa está inflamada. Imágenes tomadas del libro Travell & Simons Myofascial Pain & Dysfunction: the trigger point manual. 2002. Una disfunción de una víscera que provoque dolor  referido a la zona de la cadera , es el caso de los riñones. ¿Qué podemos hacer para aliviar el dolor causado por la trocanteritis? REPOSO: Si la causa de la inflamación es el roce de las estructuras cuando estamos en movimiento, es necesario dar descanso y evitar mover la articulación durante los días de mayor dolor. REALIZAR MOVIMIENTOS ARTICULARES : es necesario que las articulaciones cercanas a la cadera no tengan límites de movimiento. Los ejercicios de movilidad a nivel de lumbares y de la pelvis pueden ayudar en el tratamiento de la trocanteritis. REALIZAR ESTIRAMIENTOS : en la fase menos aguda, es recomendable realizar estiramientos de lo músculos de la cadera. CORREGIR LA DISMETRÍA DE LAS PIERNAS : es importante valorar si existe una pierna más corta que la otra y corregir con alzas si fuera necesario. ACTIVAR LA MUSCULATURA DE LA ZONA ABDOMINAL : Potenciar los abdominales y la musculatura pélvica proporciona equilibrio muscular y visceral. PERDER PESO : En el caso de que exista sobrepeso. TRATAR CON INFILTRACIONES : Cuando el dolor es demasiado agudo y nos limita el movimiento o el tratamiento conservador no da los resultados esperados, podemos recurrir al tratamiento con infiltraciones. ¿Sabías que..? Una bolsa serosa es una cavidad cuyas paredes están formadas por tejido conjuntivo. Se localizan entre los tendones y los huesos para permitir el deslizamiento entre sus estructuras, el cuerpo humano tiene 160 bolsas serosas repartidas por todo el cuerpo. ¿Sabías que…? La articulación de la cadera tiene 4 bolsas serosas . La más grande tiene forma de almendra y mide 5 cm de longitud y 3 cm de ancho y se sitúa entre el glúteo mayor y el tendón del glúteo medio.
Lesión de Isquiotibiales en el Fútbol
Artículo especializado
Lesión de Isquiotibiales en el Fútbol
José María tiene 24 años , estudia Derecho y juega en dos equipos de futbol. Hace un mes, comenzó a tener molestias en la parte posterior de la pierna. El domingo tuvo partido y al final de la primera parte corriendo hacia el balón, sintió un fuerte pinchazo en la pierna  y tuvo que retirarse porque el dolor no le permitía seguir. Su entrenador le recomienda que se ponga frío durante los 2 días siguientes y que guarde reposo. Una semana después sigue con dolor en la pierna, no puede correr y cuando está tiempo sentado el dolor aumenta. Una de las lesiones más frecuentes de los futbolistas son las microroturas en la zona de los isquiotibiales, concretamente en el bíceps femoral. Los isquiotibiales forman parte de los músculos de la pierna, están formados por tres músculos: el bíceps femoral, el semimembranoso  y el semitendinoso, los tres unen la pelvis con la rodilla por la parte posterior y su principal función es flexionar la rodilla . Esta lesión suele aparecer después de unos minutos jugando a una intensidad alta. Los músculos están fatigados y la sincronización entre los grupos musculares falla y como respuesta podemos tener un tirón muscular (si el músculo se contrae de forma continua) una microrotura o desgarro muscular (si se rompen parte de las fibras musculares) o una rotura completa (si la intensidad de la contracción es demasiado fuerte). En el caso de José María, la molestia comenzó al final de la primera parte del partido. Es posible que sus músculos se fatigaran y no soportaran la intensidad que el partido requería. Le preguntamos por la frecuencia de sus entrenos, nos cuenta que las semanas antes del partido debido a los exámenes había dejado de entrenar y además había cogido peso. Cuando palpamos la zona de dolor, sentimos que en una zona del músculo (bíceps femoral) nuestros dedos se hunden, duele, la zona está más caliente y hay  hematoma. El diagnóstico es ROTURA DE FIBRAS EN EL BICEPS FEMORAL . Jose María llega a la consulta una semana después de producirse la lesión. Ha estado aplicando frío y guardando reposo como le dijo su entrenador de forma que la fase inflamatoria aguda ha pasado y después de 7 días la rotura fibrilar está comenzando a cicatrizar. Nuestro objetivo en la primera sesión será: 1º Establecer una buena movilidad de todas las articulaciones relacionadas con la lesión : La pelvis, la rodilla, el tobillo y el pie. Cuando se produce una lesión de estas características debemos comprobar que las estructuras relacionadas con la lesión se mueven correctamente. Esto facilitará el tiempo de recuperación y evitará lesiones en ocasiones posteriores. 2º Proporcionar una buena circulación sanguínea para ayudar en el proceso de cicatrización y drenar el exceso de líquido que se ha acumulado en la zona . Para ello realizamos técnicas de masaje en todo el grupo muscular. 3º Ayudar a la cicatriz para que se forme correctamente evitando fibrosis y adherencias musculares . Realizamos movilizaciones y estiramientos de forma suave y controlada para activar el músculo. Terminamos la sesión utilizando un vendaje neuromuscular o  kinesiotaping con el objetivo de dar estabilidad a la zona y mantener el músculo relajado hasta la próxima sesión. Recomendamos a José María caminar mínimo 1hora al día y realizar estiramientos suaves de los principales músculos del miembro inferior. (Isquiotibiales, gemelos,  cuádriceps, Psoas iliaco, aductores y tensor de la fascia lata). En la segunda sesión han pasado dos semanas, José María se encuentra mejor, ya no siente dolor cuando está sentado pero cuando corre sigue notando molestias. La zona de lesión tiene mejor aspecto, el hematoma se ha reducido casi por completo, cuando palpamos la zona lesionada hay un ligero dolor y la temperatura en la zona está normalizada. El objetivo en esta sesión será: 1º Relajar la musculatura con técnicas manuales . 2º Recuperar todo el movimiento de la articulación de la pelvis, la rodilla y el pie . 3º Trabajar  la fuerza de la pierna con ejercicios isométricos y  excéntricos . 4º Realizar estiramientos pasivos de todos los grupos musculares de la pierna . Después de la sesión recomendamos a José María realizar ejercicios en el gimnasio durante la siguiente semana. - 10 minutos de bici o elíptica para el calentamiento. -Potenciación de los abdominales (planchas) - Potenciación excéntrica de los isquiotibiales - Ejercicios de propiocepción. Y para terminar estiramientos de todos los músculos de la pierna prestando más atención a los isquiotibiales . Una semana después de realizar estos ejercicios, recomendamos: -sustituir los 10 minutos de bici por carrera continua e ir aumentando de intensidad y tiempo de forma progresiva a lo largo de los días. -Seguir con los ejercicios de activación abdominal -Seguir con los ejercicios excéntricos pero aumentando la intensidad y las repeticiones - Realizar ejercicios de potenciación concéntrica. -Terminar el entreno con ejercicios de propiocepción y estiramiento. A las 5 semanas José María juega un torneo de fin de semana sin tener ninguna molestia. Debemos tener en cuenta que la lesión en los isquiotibiales puede reaparecer durante las dos semanas después de comenzar a jugar. Para evitarlo recomendamos a José María: 1º Realizar una alimentación adecuada y tener una buena hidratación . 2º Realizar entrenamientos fuera de los partidos realizando : - ejercicios de potenciación de la musculatura de la pierna y el abdomen. - ejercicios excéntricos de los isquiotibiales. -Ejercicios de propiocepción de los miembros inferiores. -Ejercicios de estiramientos (después de cada entreno y de cada partido).