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Prevención y Tratamiento del Desgarro Muscular

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La rotura fibrilar o rotura de fibras, también conocida popularmente como desgarro muscular, es una lesión del tejido muscular englobada dentro de las enfermedades del sistema osteomuscular y del tejido conjuntivo. Se puede producir desgarro (esguince) muscular cuando un músculo se somete a un estiramiento brusco de forma pasiva (sin contracción muscular) o de manera activa (con contracción).

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En el momento en que sufrimos un desgarro, se siente un dolor repentino, agudo e intenso, localizado en un punto muy concreto. Desde que éste se produce resulta muy doloroso, y es casi imposible hacer cualquier movimiento con ese músculo.

Qué sucede

En el momento en que sufrimos un desgarro, se siente un dolor repentino, agudo e intenso, localizado en un punto muy concreto. Desde que éste se produce resulta muy doloroso, y es casi imposible hacer cualquier movimiento con ese músculo. En los casos de desgarros leves, el dolor es la única señal. En casos más graves, como cuando se ocasiona un desgarro de todo un músculo, se produce también un hematoma, debido a la hemorragia interna. Si el dolor es muy intenso puede aparecer un componente de shock, con mareo y sudor frío, pero esto es muy poco frecuente.

Por qué sucede

En cuanto a las causas de los desgarros, se habla de:

Causas directas:

  • Son generalmente contracciones violentas del músculo o estirones súbitos y bruscos. También se puede producir cuando se somete a éste a una carga excesiva cuando se está fatigado o no se ha calentado lo suficiente. Los músculos que han sufrido recientemente lesiones de cualquier tipo, que aún no están recuperadas del todo, tienen también bastantes posibilidades de sufrir una rotura. Causas externas, como contusiones o caídas, también pueden originar esta lesión.

Causas indirectas:

  • La sudoración origina pérdida de líquidos y sales minerales en el organismo.
    Los músculos van perdiendo elasticidad al perder hidratación, por lo que tras un ejercicio prolongado aumentan las probabilidades de sufrir un desgarro.
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Dónde suceden

Son frecuentes, sobre todo en:

  • Los músculos que cruzan las articulaciones como los de la cadera o los de la rodilla.
  • La unión miotendinosa.
  • Músculos con predominio de fibras tipo II.
  • Se suelen dar en deportes de aceleración rápida (atletismo, fútbol, pádel, etc).

NO TE CONFUNDAS

Se han empleado diferentes términos según la gravedad de la lesión anatomopatológica:

  • Elongación muscular o distensión muscular: se refiere al estiramiento de las fibras musculares sin rotura y, por lo tanto, sin hematoma ni equimosis.
  • La rotura fibrilar supone la rotura de varias fibras o fascículos musculares con hemorragia local más o menos importante. Corresponde a un desgarro tipo 1-2.
  • La rotura muscular representa una lesión total o parcial del músculo. Corresponde a un desgarro de tipo 3-4.
  • La desinserción muscular es equivalente a la rotura completa del músculo en la unión musculotendinosa.

Síntomas

  • Dolor e inflamación.
  • Equimosis (sangre producida por ruptura de la fibra muscular).
  • Cuando la ruptura es muy significativa nos encontramos una especie de falla en la zona denominada signo del hachazo.
  • Debilidad muscular y contractura de la musculatura que rodea la lesión.

Diagnóstico y tratamiento

Diagnóstico se basa en la clínica que presenta el paciente, y en el resultado de la ecografía o resonancia magnética.

El tratamiento más común y el más aplicado para desgarros musculares es la terapia que se conoce como RICE (del inglés “Rest, Ice, Compression, Elevation”):

  • Aplicar hielo sobre la zona dolorida durante unos 10 o 15 minutos. Esto reducirá la inflamación y disminuirá o cortará la hemorragia si existe. No se debe aplicar calor en la fase aguda, ya que aumenta la hemorragia.
  • Colocar un vendaje compresivo alrededor de la zona afectada.
  • Mantener la zona afectada en elevación para evitar el edema.
  • Reposo relativo, realizando las actividades habituales. Deben ser movimientos libres de dolor, evitando la carga sobre la extremidad/articulación afectada, hasta un correcto diagnóstico.
  • Acudir al fisioterapeuta para iniciar y acelerar la recuperación y su correcta cicatrización.
  • Para desgarros más graves, será necesario una valoración ecográfica para determinar bien el programa de rehabilitación desde las primeras horas.

En cuanto al tratamiento quirúrgico, será necesario en aquellas lesiones graves donde el médico valore mejor cirugía que tratamiento conservador.

A continuación, te mostramos un ejemplo del tratamiento de terapia física que se puede aplicar en los desgarres según su gravedad.

Desgarro Grado 1 o leve

Días 1-3: compresión, hielo, elevación, movilización activa, entrenamiento isométrico, tens.
Días 4-7: entrenamiento en piscina, estiramientos sin dolor, potenciación isotónica (comenzando con pesos ligeros a más pesados y primero con acciones concéntricas a excéntricas), ejercicios funcionales.
Día 8: entrenamiento isocinético (desde velocidades angulares rápidas a lentas y desde acciones concéntricas a excéntricas), entrenamiento pliométrico, ejercicios específicos del deporte practicado.

Desgarro Grado 2 o moderado

Días 1-3: compresión, hielo, elevación, movilización activa indolora, marcha con muletas.
A partir del día 4: entrenamiento isométrico indoloro.
A partir del día 7: entrenamiento en piscina, estiramientos indoloros, potenciación isotónica (comenzando con pesos ligeros a más pesados y primero con acciones concéntricas a excéntricas), ejercicios funcionales.
A partir de la segunda semana: entrenamiento isocinético (desde velocidades angulares rápidas a lentas y desde acciones concéntricas a excéntricas), entrenamiento pliométrico (combina movimientos rápidos y fuerza), ejercicios específicos del deporte.

Desgarro Grado 3 o grave

Días 1-3: compresión, hielo, elevación, marcha con muletas.
A partir del día 4: electroestimulación muscular.
A partir del día 7: movilización activa indolora, Entrenamiento isométrico indoloro.
A partir de la segunda semana: entrenamiento en piscina, estiramientos indoloros, potenciación isotónica (comenzando con pesos ligeros a más pesados y primero con acciones concéntricas a excéntricas), ejercicios funcionales. A partir de la tercera semana. Entrenamiento isocinético (desde velocidades angulares rápidas a lentas y desde acciones concéntricas a excéntricas), entrenamiento pliométrico, ejercicios específicos del deporte.

¿Se puede prevenir?

El momento en el que se produce más lesiones musculares son al inicio y al final de cualquier actividad física y/o deporte. Al principio, porque el músculo aún no se ha calentado lo suficiente. Al final, porque influyen el cansancio y la deshidratación entre otros.

Es por eso que siempre hay que realizar un buen calentamiento y estirar bien activamente antes de iniciar el entrenamiento.

Si se transpira mucho, conviene ingerir alguna bebida isotónica durante la actividad para mantener la correcta hidratación de los tejidos.

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