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La importancia de la dieta y el coronavirus (vitaminas C y D, dieta hiperproteica, pH alcalino, etc.)

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La pandemia de coronavirus ha llenado los medios y las redes sociales de información sobre posibles dietas, suplementos, o remedios que supuestamente podrían prevenir o tratar la COVID-19.

Por desgracia, las evidencias a día de hoy indican que no hay ningún alimento en concreto que pueda disminuir el riesgo de contagio en personas sanas. En personas enfermas, algunas pautas nutricionales pueden ayudar a disminuir las complicaciones de la infección y mejorar el pronóstico.

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Un mensaje erróneo que ha circulado por la redes sociales es que una dieta alcalina puede prevenir la infección por coronavirus lo cual es una afirmación falsa. La  dieta  alcalina consistiría  en  una  ingesta  de  un  80%  de  alimentos  alcalinos  o  alcalinizantes  (como  son  las frutas y verduras) frente a un 20% de nutrientes ácidos (alimentos proteicos y lácteos). Se supone que este tipo de dieta podría aumentar el pH de la sangre y protegernos del coronavirus.

El pH indica el grado de acidez o alcalinidad de un líquido o una sustancia. El pH se mide en una escala de 0 a 14: un valor de pH de 7 es un pH neutro (ni ácido ni alcalino), un pH menor de 7 significa que una solución o sustancia es ácida y un pH mayor de 7 significa que es alcalina o básica.

Por lo general, el organismo mantiene el pH de la sangre alrededor de 7,40 (ligeramente alcalino). Es muy importante tener un pH apropiado en la sangre y otros líquidos del organismo para el buen funcionamiento de todos los órganos y sistemas. El pH de la sangre se mantiene siempre constante gracias a diversos mecanismos compensatorios que ejercen principalmente los riñones, que pueden eliminar los productos ácidos o alcalinos por la orina, y a través de la respiración, al eliminar más o menos CO2 del organismo, el cual es un ácido.

Algunas enfermedades o medicamentos pueden alterar el pH de la sangre pero los alimentos apenas tienen impacto sobre el complejo sistema que regula la acidez o alcalinidad de la sangre. No existe ninguna base científica que sustente que una dieta con alimentos alcalinos pueda prevenir o tratar la infección por coronavirus ni ninguna otra.

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Por otra parte, también se ha promovido el uso de suplementos como vitamina C, vitamina D, etc. Es cierto que algunos nutrientes como la vitamina A, la vitamina B12, la vitamina B6, la vitamina C, la vitamina D o el zinc, son esenciales pare el normal funcionamiento del sistema inmunitario, y desempeñan un papel vital para la salud y el bienestar. Sin embargo, es improbable que potenciar su consumo, se asocie a un menor riesgo de infección por coronavirus. Por ello, no se recomienda fomentar su consumo para este fin. No hay evidencias de que unos niveles por encima de los normales de estos nutrientes aporten ningún beneficio.

Tampoco se ha demostrado la eficacia del uso de ningún otro compuesto de los llamados nutracéuticos (como el ácido ferúlico, el ácido lipoico, la espirulina, los beta-glucanos, etc.) en la prevención o tratamiento de la COVID-19.

Sn embargo, la desnutrición es un factor de mal pronóstico en numerosas enfermedades, y también en la infección por coronavirus, por lo que mantener un buen estado nutricional es clave.

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Siempre es recomendable seguir una dieta equilibrada basada en el patrón alimentario mediterráneo. La dieta mediterránea se basa en el consumo de alimentos de origen vegetal como frutas, hortalizas, legumbres, cereales y sus productos derivados como el pan o la pasta, arroz y otras semillas, principalmente en sus variedades integrales, frutos secos y aceite de oliva, especialmente el virgen extra y, en menor medida, alimentos de origen animal como carnes, pescados, huevos, quesos y otros productos lácteos.

En el caso de los pacientes con infección leve, se recomienda un enriquecimiento nutricional que permita obtener los requerimientos de energía, proteínas y otros nutrientes en las menores cantidades de alimento posibles para que sean abordables por unos pacientes sin apetito y con dificultades para la alimentación habitual. Por ello, se recomienda aumentar el aporte proteico y la densidad calórica de la dieta. Es importante señalar que el objetivo en estos casos no es incrementar la cantidad de alimentos diarios ingeridos, sino obtener  una  mayor cantidad de nutrientes en porciones de alimento pequeñas.

A los pacientes más graves, que requieren ingreso hospitalario, también se les pauta una dieta con una alta densidad de nutrientes y se valora si pueden requerir suplementos hipercalóricos e hiperproteicos.

Una vez pasada la fase aguda de la enfermedad, y especialmente en los pacientes que han requerido un ingreso en una unidad de cuidados intensivos o han desarrollado una forma grave de la enfermedad, hay que prestar atención a la recuperación nutricional y muscular de los pacientes. Por ello, estos pacientes pueden requerir suplementos en la dieta hasta alcanzar un estado nutricional óptimo.

La ayuda de un nutricionista o de un profesional sanitario experto en nutrición puede ser de mucha utilidad para seguir una dieta adaptada a las necesidades de cada persona y en cada momento en particular.

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Para saber más:

Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN):