Despertarse en mitad de la noche con la ropa o las sábanas empapadas puede resultar desconcertante. En ocasiones ocurre después de una noche especialmente calurosa o por haber utilizado demasiadas mantas. Sin embargo, cuando la sudoración aparece con frecuencia o resulta más intensa de lo habitual, es normal preguntarse si existe alguna causa médica detrás.
Los sudores nocturnos pueden tener explicaciones muy diversas. A veces están relacionados con factores ambientales o cambios hormonales; en otras ocasiones pueden ser el primer síntoma de una enfermedad que conviene valorar con un profesional sanitario.
Conocer por qué aparecen y aprender a identificar las señales de alerta ayuda a actuar con mayor tranquilidad y a consultar cuando realmente es necesario.
Los sudores nocturnos, conocidos médicamente como hiperhidrosis nocturna, son episodios de sudoración excesiva que ocurren durante el sueño y que van más allá de lo que explicaría el calor ambiental. La distinción es importante: sudar porque la habitación está a 30 grados en verano es una respuesta fisiológica normal. Sudar de forma empapada con el aire acondicionado puesto y en pleno invierno es otra cosa.
El mecanismo es el mismo en ambos casos: el hipotálamo, la región del cerebro que actúa como termostato del cuerpo, detecta que la temperatura interna ha subido y activa las glándulas sudoríparas para refrigerar el organismo. La diferencia está en por qué se activa ese mecanismo. Cuando lo que dispara la señal no es el calor exterior, puede haber una causa hormonal, emocional, farmacológica o médica detrás.
Los especialistas distinguen dos tipos. Los sudores nocturnos primarios ocurren sin una causa médica identificable y suelen estar relacionados con el estrés o con una tendencia constitucional a sudar más. Los secundarios tienen una causa subyacente concreta: una enfermedad, un cambio hormonal o un medicamento. Identificar el tipo es el primer paso para saber cómo actuar.
Es la causa más frecuente. En mujeres, los sudores nocturnos son uno de los síntomas más habituales de la perimenopausia y la menopausia: el descenso de estrógenos altera la regulación de la temperatura corporal y provoca los conocidos sofocos, que también ocurren de noche. Pero los cambios hormonales no son exclusivos de esta etapa: el ciclo menstrual, el embarazo y el postparto también pueden generar episodios de sudoración nocturna. En hombres, los niveles bajos de testosterona (lo que se conoce como andropausia) pueden producir un efecto similar.
El sistema nervioso autónomo, que regula la sudoración, es muy sensible al estado emocional. Cuando el estrés o la ansiedad se mantienen durante el día, el cuerpo puede seguir en estado de activación durante la noche. Eso se traduce en sudoración aunque no haya ninguna causa física que lo justifique. Es uno de los mecanismos más comunes y, al mismo tiempo, uno de los que más se pasan por alto.
Varios fármacos de uso habitual tienen la sudoración nocturna como efecto secundario reconocido. Los antidepresivos, especialmente los inhibidores de la recaptación de serotonina, encabezan la lista. También pueden producirla algunos antidiabéticos, fármacos para la presión arterial, terapias hormonales, antipsicóticos y ciertos analgésicos. Si los sudores nocturnos comenzaron al poco de iniciar un nuevo tratamiento, esa relación merece comentarse con el médico.
Algunas infecciones tienen la sudoración nocturna como síntoma característico. La tuberculosis es el ejemplo clásico, pero también pueden producirla infecciones bacterianas, la endocarditis o el VIH. En estos casos, los sudores nocturnos suelen ir acompañados de otros síntomas como fiebre, pérdida de peso o cansancio pronunciado.
El hipertiroidismo, que ocurre cuando la glándula tiroides produce más hormona de la necesaria, estimula de forma excesiva el sistema nervioso simpático. Las glándulas sudoríparas se activan más de lo normal, tanto de día como de noche. Además de sudoración, el hipertiroidismo suele manifestarse con palpitaciones, pérdida de peso sin causa aparente e intolerancia al calor.
En personas con diabetes que siguen tratamiento con insulina u otros hipoglucemiantes, una bajada de azúcar durante la noche puede activar la sudoración como respuesta de alerta del organismo. Despertar sudado y con sensación de confusión o debilidad puede ser una señal de hipoglucemia que conviene valorar.
La apnea obstructiva del sueño, que provoca interrupciones repetidas de la respiración durante la noche, genera un esfuerzo físico y un estado de activación que puede traducirse en sudoración. Suele acompañarse de ronquidos intensos, cansancio durante el día y sensación de sueño no reparador.
Además de las causas principales, hay factores del estilo de vida que pueden intensificar o desencadenar los episodios de sudoración nocturna en personas que ya tienen cierta predisposición.
La mayoría de los episodios de sudoración nocturna tienen causas benignas y se resuelven al identificar y modificar el factor que los provoca. Pero hay situaciones en las que consultar con un médico es lo más prudente.
Conviene buscar valoración médica cuando la sudoración nocturna es frecuente o intensa, cuando aparece sin una causa ambiental clara, cuando interrumpe el sueño de forma habitual o cuando se acompaña de alguno de estos síntomas: fiebre, escalofríos, pérdida de peso sin explicación, cansancio persistente, tos que no cede, inflamación de los ganglios, dolor localizado o cambios en el apetito.
La combinación de sudores nocturnos con pérdida de peso involuntaria y cansancio es la que más habitualmente lleva a los médicos a descartar causas que requieren atención prioritaria. Si esos tres síntomas coinciden, la consulta médica no debería postergarse.
También merece atención si los sudores nocturnos comenzaron de forma repentina sin ningún cambio aparente en los hábitos o en la medicación, o si persisten durante varias semanas sin mejoría.
Cuando la causa está identificada y tiene tratamiento específico, la sudoración mejora al tratarla. Pero hay medidas generales que ayudan a reducir los episodios con independencia de la causa.
Cuando la sudoración nocturna es frecuente, molesta o va acompañada de otros síntomas, tener acceso rápido a un médico marca la diferencia entre resolver el problema a tiempo o dejarlo avanzar sin diagnóstico. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Telemedicina permite a los empleados consultar con un médico desde cualquier dispositivo, en el momento que lo necesiten y sin desplazamientos. Una evaluación inicial puede aclarar si los sudores nocturnos tienen una causa sencilla o si requieren un estudio más completo.