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Qué es el quiet thriving y por qué puede ser la respuesta al burnout en las empresas

Wellbeing

Esa alarma que suena un lunes por la mañana y que, de repente, se siente como una montaña imposible de escalar. Esa sensación de estar «quemado», donde el entusiasmo por los proyectos ha sido sustituido por una inercia pesada.


Es un agotamiento que va más allá del cansancio físico; es el aviso de que tu energía mental ha llegado al límite. Durante mucho tiempo, a esa respuesta de nuestro cuerpo ante el estrés crónico se le puso nombre: burnout.


Y en cierto modo sirvió para entender lo que estaba pasando.


Pero el síndrome del burnout ha dejado de ser una palabra de moda para convertirse en una realidad que la OMS reconoció oficialmente como un fenómeno laboral en 2019. Es el resultado de un sistema que, durante mucho tiempo, ha confundido la productividad con la presencia constante y el sacrificio personal.  


Sin embargo, en el último año ha empezado a asomar una respuesta diferente. Frente a la opción de rendirse o marcharse, muchos profesionales han optado por el quiet thriving. Si el burnout es el incendio, el quiet thriving es la reconstrucción silenciosa de nuestra relación con el trabajo. Se trata de una evolución necesaria: pasar de sobrevivir a las ocho horas de jornada a volver a implicarnos en nuestra carrera, pero esta vez, bajo nuestras propias reglas de bienestar.

Qué es el quiet thriving y por qué puede ser la respuesta al burnout en las empresas

Qué es el burnout y por qué sigue creciendo


El burnout es ese agotamiento profundo que ocurre cuando el estrés crónico en la oficina supera nuestra capacidad de respuesta. No es un cansancio que se cure durmiendo un fin de semana. Es una erosión del ánimo que, según datos de Deloitte, ya ha afectado a más del 70% de los profesionales. Las causas suelen ser una mezcla tóxica de expectativas poco claras, falta de apoyo y esa cultura del «siempre conectado».  


Según Gallup, alrededor del 21% de los empleados en el mundo se siente realmente comprometido con su trabajo (2026). Esta desconexión es el origen del famoso quiet quitting o renuncia silenciosa, donde el trabajador decide limitarse al mínimo estricto para proteger lo que queda de su salud mental. Pero es justo en ese límite donde surge una oportunidad de transformación positiva.


Qué es el quiet thriving (y por qué surge ahora)


Si te preguntas quiet thriving qué es, imagina que en lugar de desconectarte del todo, decides rediseñar tu día a día para que el trabajo “trabaje” para ti. 


Surge como una respuesta proactiva: es el arte de buscar pequeños cambios que devuelvan el sentido a lo que haces. Puede ser algo tan sencillo como liderar un proyecto que de verdad te interesa, establecer límites digitales infranqueables o cultivar una relación más humana con tu equipo.  


Es una estrategia de supervivencia que se ha convertido en tendencia porque los expertos se han dado cuenta de que esperar a que la cultura de empresa cambie por sí sola puede ser, en ocasiones, un camino demasiado lento. El quiet thriving permite que el empleado recupere el control de su narrativa profesional, protegiendo su energía y, curiosamente, mejorando su rendimiento al reducir la ansiedad.


Una persona que practica quiet thriving:


  • Establece límites más claros.
  • Cuida su bienestar emocional.
  • Se implica en su trabajo sin sobrecargarse.
  • Encuentra espacios de equilibrio dentro de su jornada.

Diferencias entre burnout, quiet quitting y quiet thriving


Para dar respuesta a esa evolución entre el agotamiento y la recuperación de la motivación, es fundamental entender que estamos ante diferentes etapas de nuestra relación con el trabajo. Lejos de ser conceptos aislados, cada estado representa un punto distinto en nuestra experiencia profesional.


Mientras que el burnout representa el punto de inflexión donde la salud mental ya se ha visto comprometida, el quiet quitting nace como un mecanismo de defensa pasivo para evitar que el incendio se propague. En contraste, el quiet thriving se posiciona como una respuesta activa y estratégica con el fin de rediseñar nuestro entorno para volver a conectar con el bienestar sin sacrificar nuestra integridad emocional. 


Aunque estos estados pueden parecer similares a simple vista, cada uno nace de una emoción distinta y genera un impacto diferente en el largo plazo:


  • El síndrome del burnout (agotamiento acumulado): Se manifiesta como un agotamiento físico y mental constante. El profesional sigue trabajando, pero lo hace bajo una sobrecarga que genera una sensación de saturación y cansancio persistente. Con el tiempo, este desgaste acumulado hace que el rendimiento disminuya inevitablemente, convirtiéndose en un riesgo crítico para la salud y la empresa.
  • El quiet quitting (desconexión necesaria): Aquí la señal principal es el desinterés o la distancia emocional. La persona decide reducir sus esfuerzos a lo estrictamente necesario, cumpliendo con el mínimo de tareas que marca su contrato para proteger su energía. Es una forma de supervivencia donde la motivación es limitada y el rendimiento se estanca en niveles básicos, sin espacio para la innovación o la proactividad.
  • El quiet thriving (reactivación consciente): A diferencia de los anteriores, este estado se basa en una sensación de control y energía estable. El objetivo es reorganizar la forma de trabajar para que sea compatible con el bienestar personal. Existe una implicación consciente y sostenible, donde la motivación está alineada con las prioridades de cada uno. El resultado es un equilibrio real que permite que el rendimiento mejore de forma progresiva y saludable.

Este recorrido refleja que la forma en la que trabajamos no es estática. Puede evolucionar.


Detectar esas señales a tiempo permite pasar de un estado de desgaste a una forma de trabajar más consciente y sostenible.


Cómo impactan el burnout, el quiet quitting y el quiet thriving en las empresas


Estos tres estados no describen únicamente cómo se sienten las personas. También explican cómo funcionan los equipos.


Cuando el burnout se instala, el impacto es progresivo. Al principio se percibe como cansancio, pero con el tiempo se traduce en errores, menor capacidad de concentración y una caída en el rendimiento. El equipo sigue trabajando, sí, pero cada vez con más desgaste y menos claridad.


El quiet quitting (o renuncia silenciosa) aparece como una reacción a ese desgaste. La persona cumple con sus responsabilidades, pero reduce su implicación al mínimo necesario. Las tareas salen adelante, pero desaparece la iniciativa, la creatividad y la conexión con el trabajo. Es un estado más silencioso, pero igual de relevante.


El quiet thriving introduce un cambio distinto. Aquí el trabajo se reorganiza. Las personas siguen implicadas, pero desde un lugar más sostenible. Hay mayor claridad en las prioridades, mejor gestión de la energía y una relación más equilibrada con las responsabilidades. Esto se refleja en el día a día:


  • Equipos más enfocados.
  • Mayor capacidad de adaptación.
  • Mejor clima laboral.
  • Menor rotación y absentismo.


Qué pueden hacer las organizaciones para fomentar el quiet thriving


Para que el bienestar deje de ser una intención y se convierta en una realidad, las empresas deben dejar de ser meras observadoras y pasar a ser facilitadoras de este cambio. 


El objetivo es crear un entorno donde el empleado no necesite «escapar» mentalmente, sino donde pueda crecer con equilibrio:


  • Rediseño de expectativas y límites: Las organizaciones deben liderar con el ejemplo, respetando los tiempos de desconexión y estableciendo objetivos claros que no dependan de la disponibilidad constante.
  • Cultura de la autonomía: Fomentar el quiet thriving implica permitir que las personas tengan voz sobre cómo organizan sus tareas o en qué proyectos pueden aportar más valor según sus fortalezas.
  • Liderazgo con consciencia: Los líderes deben estar capacitados para detectar señales de estrés crónico antes de que se conviertan en bajas laborales, actuando con empatía y flexibilidad.

El rol estratégico de la salud emocional


Cuando una compañía facilita herramientas para gestionar el estrés, está enviando este mensaje: el valor de la persona incluye sus resultados y, sobre todo, su bienestar integral.


Esta mentalidad es la que permite que el quiet thriving eche raíces, transformando la inercia del agotamiento en una energía renovada y consciente que beneficia a todos los niveles de la jerarquía.


En Savia, salud digital Mapfre, acompañamos este cambio de paradigma a través de nuestro servicio de psicología. Nuestro objetivo es proporcionar un recurso estratégico que permita a los empleados redescubrir su equilibrio y a las organizaciones fortalecer su cultura interna desde la empatía y la prevención. Al final, el éxito más duradero es aquel que se construye sin dejar a nadie atrás en el camino del desgaste.

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Por qué septiembre es un buen momento para incorporar nuevos hábitos Los cambios de etapa favorecen la creación de nuevas rutinas. La vuelta al trabajo , el inicio del curso escolar o el regreso a unos horarios más estables hacen que muchas personas revisen cómo organizan su día y estén más abiertas a introducir pequeños cambios. Los investigadores en comportamiento conocen este fenómeno como el «efecto del nuevo comienzo» (fresh start effect) . Diversos estudios muestran que momentos como el inicio de un mes, un cumpleaños o la vuelta de las vacaciones aumentan la motivación para modificar hábitos cotidianos. Aprovechar ese impulso inicial puede facilitar que los nuevos comportamientos encuentren un espacio dentro de la rutina. Qué es un microhábito y por qué funciona mejor que los propósitos grandes BJ Fogg, investigador de comportamiento humano en la Universidad de Stanford y autor de Tiny Habits, define un microhábito como un comportamiento que se realiza al menos una vez al día, tarda menos de treinta segundos y requiere un esfuerzo mínimo. La simplicidad es deliberada: cuanto más pequeña es la acción, menos resistencia genera el cerebro y mayor es la probabilidad de que se repita. Lo que hace que los microhábitos funcionen no es la acción en sí, sino la repetición. Cada vez que se realiza un comportamiento en el mismo contexto y con la misma señal, el circuito neuronal que lo sostiene se refuerza. Con suficiente repetición, el comportamiento deja de requerir decisión consciente y se vuelve automático. Ahí es donde el hábito está instalado de verdad. La diferencia con los propósitos grandes es estructural. Proponerse “hacer deporte todos los días” activa la resistencia del cerebro, que detecta una exigencia alta y responde con procrastinación. Proponerse “ponerme las zapatillas de deporte nada más llegar a casa” es tan pequeño que el cerebro no lo percibe como una amenaza. Y una vez puestas las zapatillas, el siguiente paso sale solo. El error más frecuente al intentar cambiar de hábitos en septiembre La motivación suele ser intensa durante los primeros días después de las vacaciones. Sin embargo, confiar únicamente en ella puede jugar en contra. Uno de los errores más habituales consiste en querer transformar toda la rutina de golpe: cambiar la alimentación, empezar un nuevo deporte, dormir antes, organizar mejor el trabajo y reducir el tiempo frente a las pantallas, todo al mismo tiempo. El cerebro necesita tiempo para automatizar nuevos comportamientos. 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Levantarse a estirar cada vez que termina una reunión. Caminar cinco minutos después de comer. Preparar la fruta del día siguiente al recoger la cocina por la noche. El cerebro aprende con mayor facilidad cuando un comportamiento nuevo se vincula a otro que ya está automatizado. Cuándo el bienestar necesita algo más que microhábitos Los microhábitos pueden marcar una diferencia importante en el bienestar cotidiano. Sin embargo, existen situaciones en las que el malestar persiste a pesar de mantener una rutina saludable. El cansancio constante, las dificultades para dormir, la ansiedad mantenida o la sensación de desbordamiento durante varias semanas pueden indicar que conviene buscar apoyo profesional. Contar con orientación especializada permite comprender mejor lo que está ocurriendo y encontrar estrategias adaptadas a cada situación. En Savia, salud digital Mapfre, ayudamos a las empresas a cuidar la salud física y emocional de sus equipos mediante nuestros Programas de Bienestar , que combinan acciones de prevención, promoción de hábitos saludables y acceso a profesionales de distintas especialidades.
Sudoración por las Noches: Causas
Sudoración por las Noches: Causas
Despertarse en mitad de la noche con la ropa o las sábanas empapadas puede resultar desconcertante. En ocasiones ocurre después de una noche especialmente calurosa o por haber utilizado demasiadas mantas. Sin embargo, cuando la sudoración aparece con frecuencia o resulta más intensa de lo habitual, es normal preguntarse si existe alguna causa médica detrás. Los sudores nocturnos pueden tener explicaciones muy diversas. A veces están relacionados con factores ambientales o cambios hormonales; en otras ocasiones pueden ser el primer síntoma de una enfermedad que conviene valorar con un profesional sanitario. Conocer por qué aparecen y aprender a identificar las señales de alerta ayuda a actuar con mayor tranquilidad y a consultar cuando realmente es necesario. Qué son los sudores nocturnos y por qué se producen Los sudores nocturnos , conocidos médicamente como hiperhidrosis nocturna , son episodios de sudoración excesiva que ocurren durante el sueño y que van más allá de lo que explicaría el calor ambiental. La distinción es importante: sudar porque la habitación está a 30 grados en verano es una respuesta fisiológica normal. Sudar de forma empapada con el aire acondicionado puesto y en pleno invierno es otra cosa. El mecanismo es el mismo en ambos casos: el hipotálamo, la región del cerebro que actúa como termostato del cuerpo, detecta que la temperatura interna ha subido y activa las glándulas sudoríparas para refrigerar el organismo. La diferencia está en por qué se activa ese mecanismo. Cuando lo que dispara la señal no es el calor exterior, puede haber una causa hormonal, emocional, farmacológica o médica detrás. Los especialistas distinguen dos tipos. Los sudores nocturnos primarios ocurren sin una causa médica identificable y suelen estar relacionados con el estrés o con una tendencia constitucional a sudar más. Los secundarios tienen una causa subyacente concreta: una enfermedad, un cambio hormonal o un medicamento. Identificar el tipo es el primer paso para saber cómo actuar. Principales causas de la sudoración nocturna Cambios hormonales Es la causa más frecuente. En mujeres, los sudores nocturnos son uno de los síntomas más habituales de la perimenopausia y la menopausia: el descenso de estrógenos altera la regulación de la temperatura corporal y provoca los conocidos sofocos , que también ocurren de noche. Pero los cambios hormonales no son exclusivos de esta etapa: el ciclo menstrual, el embarazo y el postparto también pueden generar episodios de sudoración nocturna . En hombres, los niveles bajos de testosterona (lo que se conoce como andropausia) pueden producir un efecto similar. Estrés y ansiedad El sistema nervioso autónomo, que regula la sudoración, es muy sensible al estado emocional. Cuando el estrés o la ansiedad se mantienen durante el día, el cuerpo puede seguir en estado de activación durante la noche. Eso se traduce en sudoración aunque no haya ninguna causa física que lo justifique. Es uno de los mecanismos más comunes y, al mismo tiempo, uno de los que más se pasan por alto. Medicamentos Varios fármacos de uso habitual tienen la sudoración nocturna como efecto secundario reconocido. Los antidepresivos, especialmente los inhibidores de la recaptación de serotonina, encabezan la lista. También pueden producirla algunos antidiabéticos, fármacos para la presión arterial, terapias hormonales, antipsicóticos y ciertos analgésicos. Si los sudores nocturnos comenzaron al poco de iniciar un nuevo tratamiento, esa relación merece comentarse con el médico. Infecciones Algunas infecciones tienen la sudoración nocturna como síntoma característico. La tuberculosis es el ejemplo clásico, pero también pueden producirla infecciones bacterianas, la endocarditis o el VIH. En estos casos, los sudores nocturnos suelen ir acompañados de otros síntomas como fiebre, pérdida de peso o cansancio pronunciado. Alteraciones del tiroides El hipertiroidismo , que ocurre cuando la glándula tiroides produce más hormona de la necesaria, estimula de forma excesiva el sistema nervioso simpático. Las glándulas sudoríparas se activan más de lo normal, tanto de día como de noche. Además de sudoración, el hipertiroidismo suele manifestarse con palpitaciones, pérdida de peso sin causa aparente e intolerancia al calor. Diabetes e hipoglucemia nocturna En personas con diabetes que siguen tratamiento con insulina u otros hipoglucemiantes, una bajada de azúcar durante la noche puede activar la sudoración como respuesta de alerta del organismo. Despertar sudado y con sensación de confusión o debilidad puede ser una señal de hipoglucemia que conviene valorar. Apnea del sueño La apnea obstructiva del sueño, que provoca interrupciones repetidas de la respiración durante la noche, genera un esfuerzo físico y un estado de activación que puede traducirse en sudoración. Suele acompañarse de ronquidos intensos, cansancio durante el día y sensación de sueño no reparador. Factores que pueden aumentar los sudores nocturnos Además de las causas principales, hay factores del estilo de vida que pueden intensificar o desencadenar los episodios de sudoración nocturna en personas que ya tienen cierta predisposición. Alcohol y cafeína: ambas sustancias tienen efecto vasodilatador y pueden elevar la temperatura corporal, lo que activa el mecanismo de sudoración. Consumirlos en las horas previas al sueño aumenta la probabilidad de sudar durante la noche. Comidas copiosas o muy especiadas por la noche: la digestión genera calor. Una cena abundante o con alimentos termogénicos, como el picante o el jengibre, puede elevar la temperatura corporal lo suficiente para activar la sudoración durante las primeras horas de sueño. Ropa o ropa de cama inadecuada: los tejidos sintéticos o poco transpirables retienen el calor y la humedad. Incluso en personas sin ninguna causa médica, este factor puede ser suficiente para provocar sudoración durante la noche . Temperatura del dormitorio: una habitación por encima de los 18-20 grados dificulta que el cuerpo baje su temperatura interna durante el sueño, que es lo que fisiológicamente necesita para descansar bien. El calor ambiental es la causa más frecuente y la más fácil de resolver. Tabaco: la nicotina estimula el sistema nervioso simpático y puede alterar la regulación térmica, especialmente en fumadores habituales. Cuándo preocuparse por la sudoración nocturna La mayoría de los episodios de sudoración nocturna tienen causas benignas y se resuelven al identificar y modificar el factor que los provoca. Pero hay situaciones en las que consultar con un médico es lo más prudente. Conviene buscar valoración médica cuando la sudoración nocturna es frecuente o intensa, cuando aparece sin una causa ambiental clara, cuando interrumpe el sueño de forma habitual o cuando se acompaña de alguno de estos síntomas: fiebre, escalofríos, pérdida de peso sin explicación, cansancio persistente, tos que no cede, inflamación de los ganglios, dolor localizado o cambios en el apetito. La combinación de sudores nocturnos con pérdida de peso involuntaria y cansancio es la que más habitualmente lleva a los médicos a descartar causas que requieren atención prioritaria. Si esos tres síntomas coinciden, la consulta médica no debería postergarse. También merece atención si los sudores nocturnos comenzaron de forma repentina sin ningún cambio aparente en los hábitos o en la medicación, o si persisten durante varias semanas sin mejoría. Cómo reducir la sudoración nocturna Cuando la causa está identificada y tiene tratamiento específico, la sudoración mejora al tratarla. Pero hay medidas generales que ayudan a reducir los episodios con independencia de la causa. Mantener el dormitorio fresco y bien ventilado: una temperatura de entre 16 y 19 grados favorece el descenso de la temperatura corporal que el sueño requiere. El ventilador o el aire acondicionado a temperatura moderada puede marcar una diferencia significativa en noches calurosas. Elegir ropa de cama y pijama de fibras naturales: el algodón, el bambú y el lino transpiran mucho mejor que los tejidos sintéticos. Permiten que la humedad se evacúe y reducen la sensación de calor acumulado. Evitar alcohol, cafeína y cenas copiosas en las horas previas al sueño: reducir estos factores de forma coherente con el descanso mejora la calidad del sueño en general y puede reducir la sudoración nocturna de forma notable. Gestionar el estrés antes de dormir: una rutina de desconexión en los treinta o cuarenta minutos previos al sueño (sin pantallas, sin trabajo, sin conversaciones que activen el sistema nervioso) ayuda a que el cuerpo llegue a la cama en un estado de menor activación. Ducharse con agua templada-fresca antes de dormir: baja la temperatura corporal de forma directa y facilita la conciliación del sueño, especialmente en noches de calor. Revisar la medicación con el médico: si los sudores nocturnos coinciden con el inicio de un nuevo tratamiento, comentarlo con el profesional puede abrir la posibilidad de ajustar la dosis o explorar alternativas. Cuando la sudoración nocturna es frecuente, molesta o va acompañada de otros síntomas, tener acceso rápido a un médico marca la diferencia entre resolver el problema a tiempo o dejarlo avanzar sin diagnóstico. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Telemedicina permite a los empleados consultar con un médico desde cualquier dispositivo, en el momento que lo necesiten y sin desplazamientos. Una evaluación inicial puede aclarar si los sudores nocturnos tienen una causa sencilla o si requieren un estudio más completo.

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