Contenido Artículos especializados Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

Dra. Gemma Cardona

Especialista en Pediatría

Médico consultor de Advance Medical

Atención, porque niños (o adultos) considerados socialmente como unos “veletas”, “oveja descarriada” o “cabeza loca”, pueden esconder el diagnóstico de un TDAH.

Las bases científicas del conocimiento de las peculiaridades del TDAH clínicas se establecieron a principios del siglo XX.

Aunque el cuadro clínico se conoce “desde siempre” a lo largo de la historia de la Humanidad, las bases científicas del conocimiento de sus peculiaridades clínicas se establecieron a principios del siglo XX. El TDAH había sido considerado como un cuadro que predominaba ampliamente en los varones, pero esta teoría va perdiendo fuerza a medida que pasa el tiempo y, actualmente, se estima que su prevalencia es muy similar en ambos sexos, si bien en los varones parece predominar la hiperactividad y en las mujeres el déficit de atención.

Qué es

Desde la reciente publicación de la edición actualizada del “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5)”, se considera un TDAH cuando se cumplen los siguientes criterios diagnósticos:

  • Patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo, que se caracteriza por (1) y/o (2):
1. Inatención: seis (o más) de los siguientes síntomas (observados con frecuencia) se han mantenido durante al menos seis meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecta directamente las actividades sociales y académicas/laborales (Nota: los síntomas no son sólo una manifestación del comportamiento de oposición, desafío, hostilidad o fracaso en la comprensión de tareas o instrucciones). (Para adolescentes mayores y adultos se requiere un mínimo de cinco de los siguientes síntomas).
  • Falla en prestar la debida atención a detalles o por descuido se cometen errores en las tareas escolares, en el trabajo o durante otras actividades.
  • Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas (por ejemplo, tiene dificultad para mantener la atención en clases, conversaciones o la lectura prolongada).
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente (por ejemplo, parece tener la mente en otras cosas, incluso en ausencia de cualquier distracción aparente).
  • No sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares, los quehaceres o los deberes laborales (por ejemplo, inicia tareas, pero se distrae rápidamente y se evade con facilidad).
  • Tiene dificultad para organizar tareas y actividades (por ejemplo, dificultad para gestionar tareas secuenciales; dificultad para poner los materiales y pertenencias en orden; descuido y desorganización en el trabajo; mala gestión del tiempo; no cumple los plazos).
  • Evita, le disgusta o se muestra poco entusiasta en iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (por ejemplo, preparación de informes, completar formularios, revisar artículos largos, etc.).
  • Pierde cosas necesarias para tareas o actividades (por ejemplo, materiales escolares, billetero, llaves, papeles del trabajo, gafas, móvil…).
  • Se distrae con facilidad por estímulos externos (en adolescentes mayores y adultos puede incluir pensamientos no relacionados).
  • Olvida las actividades cotidianas (como devolver las llamadas, pagar las facturas, acudir a las citas).
2. Hiperactividad e impulsividad: seis (o más) de los siguientes síntomas (observados con frecuencia) se han mantenido durante al menos seis meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecta directamente a las actividades sociales y académicas/laborales. (Nota: ídem a la anterior). (Ídem para adolescentes mayores y adultos).
  • Juguetea con o golpea las manos o los pies o se retuerce en el asiento.
  • Se levanta en situaciones en que se espera que permanezca sentado (por ejemplo, en la clase, en la oficina o en otras situaciones).
  • Corretea o trepa en situaciones en las que no resulta apropiado. (En adolescentes o adultos puede limitarse a estar inquieto).
  • Es incapaz de jugar o de ocuparse tranquilamente en actividades recreativas.
  • Está “ocupado,” actuando como si “lo impulsara un motor” (por ejemplo, es incapaz de estar o se siente incómodo estando quieto durante un tiempo prolongado, como en restaurantes, reuniones, etc.).
  • Habla excesivamente.
  • Responde inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta (por ejemplo, termina las frases de otros, no respeta el turno de conversación).
  • Le es difícil esperar su turno (por ejemplo, mientras espera en una cola).
  • Interrumpe o se inmiscuye con otros (por ejemplo, se mete en las conversaciones, juegos o actividades; puede empezar a utilizar las cosas de otras personas sin esperar o recibir permiso; en adolescentes y adultos, puede inmiscuirse o adelantarse a lo que hacen otros).

Cómo se trata

El tratamiento de los niños y jóvenes con TDAH conlleva:

  • Prestar una información adecuada acerca del cuadro clínico a los padres, siempre intentando tranquilizar, relajar y motivar al entorno familiar para facilitar el sacarlos adelante.
  • También incluiría el negar cualquier tipo de culpabilidad en su aparición tanto a padres como profesores.
  • Reafirmar que el niño lleva el cuadro en su constitución y tampoco es culpable del mismo.
  • Hay que recalcar que el cuadro persiste siempre, pero que ello no impide que la mayoría de los niños que lo padecen sean personas normales.
  • Hay que informar de que la mejor medicina para ellos es la paciencia, la comprensión, la ayuda y la firmeza de criterio.
  • Desde el punto de vista farmacológico, hay que saber que las sustancias estimulantes (el metilfenidato es el fármaco de elección) suelen calmarles y los tranquilizantes les ponen más nerviosos.

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