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Técnicas Actuales de Reproducción Asistida

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Factores como el planteamiento de la maternidad a edades cada vez más avanzadas, el estrés, los hábitos tóxicos y la mala alimentación junto al sedentarismo, que van unidos al sobrepeso y la obesidad, tienen una incidencia muy negativa en la fertilidad de la mujer. Paralelamente, los avances en el conocimiento de la biología y la genética, unidos a la tecnología, hacen que cada vez haya más recursos y opciones que ofrecer a esas parejas que desean un embarazo y no lo consiguen.
La reproducción asistida no está exenta de riesgos pues tanto los tratamientos hormonales como los tratamientos quirúrgicos pueden tener sus efectos secundarios, pero actualmente son mucho más seguros.

Cuándo iniciar el proceso

Cuando una pareja consulta porque tras un año de relaciones sin protección en búsqueda de gestación no han tenido éxito se pone en marcha una batería de pruebas diagnósticas con la finalidad de detectar si existe una causa que lo justifique y poder corregirla o etiquetar a la pareja de “esterilidad de causa desconocida”.  Una vez tengamos los resultados un especialista podrá aconsejar un tratamiento de reproducción asistida que será de un tipo u otro en función del perfil de cada pareja.

Existen distintas opciones de tratamiento y será el profesional que se dedica a esta especialidad el que tendrá el criterio para escoger la más adecuada en ese caso. Esas opciones van de más sencillo a más complejo:  Inducción de la ovulación, Inseminación artificial y Fertilización in vitro.

Inducción de la ovulación

Es el tratamiento más básico, que resultará adecuado a parejas en las que el único factor que se ha identificado como posible causante de la esterilidad son fallos en la ovulación femenina, que se manifiestan con ciclos menstruales irregulares o ausentes, y el factor masculino se ha descartado.

Consistirá en administrar un tratamiento oral que, tras cinco días de tratamiento, puede conseguir una ovulación forzada cinco días más tarde, y programar en ese momento las relaciones sexuales. Los resultados no son muy espectaculares, pero se trata de un tratamiento sencillo y bastante inocuo que puede ser muy útil en casos muy concretos. Otra opción de inducir la ovulación, mucho más eficaz, pero ya aumentando la sofisticación del tratamiento, es una inyección subcutánea de un fármaco que estimulará la maduración y crecimiento de un óvulo que tendremos que ir supervisando ecográficamente cada dos o tres días hasta observar que está completamente maduro y en ese momento administrar otra medicación que hará que en 36 horas pueda ser fertilizado nuevamente con relaciones sexuales programadas.

Inseminación artificial

Tratamiento adecuado para casos en que existe un factor masculino leve probablemente responsable de la esterilidad, o cuando no hay pareja o no hay pareja masculina, en estos casos recurriendo a semen de banco. También se escogerá una muestra de banco en casos de parejas en que el seminograma muestra ausencia completa de espermatozoides o si el hombre es portador de alguna enfermedad genética que haya que evitar transmitir a la siguiente generación.

Cuando hay alteraciones leves en el resultado del seminograma se recoge la muestra y se potencia en el laboratorio para escoger una selección de los espermatozoides más saludables y depositarlos en el interior del útero, con lo que facilitamos parte del proceso y salvamos el cuello del útero en el caso de que una anomalía anatómica del cuello o sus secreciones sean responsables de frenar el ascenso de los espermatozoides.

Tanto si usamos semen de la pareja como de banco se administra un tratamiento de inducción de la ovulación según se ha descrito en el párrafo anterior, con la diferencia de que, en el momento adecuado, cuando se produce la ovulación, en lugar de programar relaciones se deposita la muestra de semen seleccionada en el interior del útero acercando así a los espermatozoides a su destino, la trompa, donde se producirá la fecundación del óvulo de forma natural.

Fertilización in vitro

Es el tratamiento más complejo, consiste en extraer un óvulo y en el laboratorio fertilizarlo con un espermatozoide para depositario en el útero cuando ya es un embrión de tres a cinco días.  Estará indicado en casos de trompas obstruidas, alteraciones severas del seminograma, o parejas con esterilidad de causa desconocida en las que al controlar el máximo de pasos del proceso aumentamos la tasa de éxito.

Incluye distintas etapas: primero hay que estimular los ovarios de forma similar a la inducción de la ovulación, con la diferencia de que el tratamiento pretende conseguir tantos óvulos como sea posible, no sólo uno. Se sigue igualmente su crecimiento con ecografías cada dos o tres días hasta el momento que están maduros y en ese momento se procede a la punción por vía vaginal de los ovarios, con la paciente sedada en quirófano y se aspiran los distintos óvulos que pasan al laboratorio.

Es una intervención ambulatoria habitualmente sin complicaciones, pero tiene el riesgo eventual de que se produzca un sangrado por la punción. Una vez en el laboratorio se unen los óvulos con una selección de los mejores espermatozoides (de la pareja o de banco) para ser fecundados del mismo modo que harían al encontrarse en la trompa. Existen casos en los que debido a una ausencia prácticamente completa de espermatozoides hay que recurrir a una biopsia testicular, e inyectar uno solo de ellos al óvulo para fertilizarlo. Esta técnica se llama ICSI (siglas inglesas de la inyección espermática intracitoplasmática).

FIV con óvulos de donante

En casos de mujeres de edad avanzada o menopausia precoz, o con ovarios que no responden al tratamiento se puede hacer la fertilización in vitro con óvulos de donante. En ese caso es la donante joven y sana la que se somete al tratamiento y a la punción y posteriormente se fertilizaran con la muestra de semen de la pareja para transferir finalmente los embriones a la paciente.

Qué pasa cuando el óvulo es fertilizado

Un óvulo fertilizado se empieza a dividir y ya lo consideramos un embrión. Durante unos días se observa su crecimiento en el laboratorio en unas especiales condiciones de temperatura, medio, pH, y según su aspecto y velocidad de división podemos estimar su calidad, y a los 2-3 o 5 días se escoge el mejor embrión y se deposita con una cánula muy fina en el fondo del útero. Los embriones sobrantes, si los hay, se criopreservan (congelan) para poderse transferir en ciclos posteriores si no se ha conseguido embarazo o para gestaciones posteriores.

Todos estos tratamientos tienen la duración aproximada de un ciclo menstrual normal, habitualmente dos semanas, no están exentos de riesgos pues tanto los tratamientos hormonales como los tratamientos quirúrgicos pueden tener sus efectos secundarios, pero actualmente son mucho más seguros que en décadas anteriores, y los riesgos son asumibles por las parejas que desean un embarazo. Consulta a un especialista si ese es tu deseo pues prácticamente todos los casos tienen una u otra solución.