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Sobrevivir a la Esquizofrenia

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El diagnóstico de esquizofrenia es, sin duda, uno de los más temidos de la psiquiatría. Cae como una losa. Si bien el impacto es devastador y a menudo estigmatizante o hasta tabú, cada vez hay más posibilidades terapéuticas.

Se estima que un 1% de la población mundial padece esquizofrenia. Es una patología que no distingue entre sexos, clases sociales o nacionalidades. Generalmente comienza en la adolescencia o a principios de la adultez y no suele iniciarse después de los 35 años. Es poco común en la niñez, pero puede aparecer a partir de los cinco años de edad, siendo difícil diferenciarla de otros problemas del desarrollo, como los trastornos del espectro autista.
El concepto de esquizofrenia está en evolución. La última clasificación internacional de diagnósticos psiquiátricos (DSM-V) ha eliminado los diversos tipos clínicos.

¿Causas?

La esquizofrenia es una patología compleja. Aún no se ha podido establecer de forma clara qué la genera. Se reconoce la influencia de factores genéticos, alteraciones bioquímicas y neuropatología, pero también está constatada la influencia de los factores psicosociales, en particular, las experiencias traumáticas. Es como si de alguna manera, un sufrimiento extremo rompiera a la persona por dentro, desorganizando el orden psíquico.

¿Síntomas?

Los síntomas en la esquizofrenia pueden ser muy variados, y tienen múltiples consecuencias a diferentes niveles, pero básicamente se clasifican en dos tipos:

Síntomas positivos: son aquellos que denotan un exceso en las funciones normales de la persona. A pesar de que resultan más evidentes e impactantes que los negativos, tienen un mejor pronóstico.

  • Alucinaciones: experiencias sensoriales que se producen en ausencia de un estímulo. Pueden estar relacionadas con los cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto o tacto), aunque las más habituales son las alucinaciones auditivas (sobre todo escuchar “voces”) o visuales (tener visiones).  
  • Delirios: creencias o ideas fuertemente arraigadas que no pueden entenderse o justificarse en el contexto relacional de la persona y que resultan inamovibles a pesar de que haya pruebas convincentes de su inverosimilitud. Implican un deterioro en la capacidad para hacer inferencias lógicas y tienen un gran impacto emocional.  Entre los más habituales encontramos los delirios de perjuicio (la persona cree que se conspira para dañarla), de persecución (alguien la sigue o la espía), de control (alguien controla sus pensamientos o sus conductas), de grandiosidad (la persona cree que tiene poderes especiales), etc.  

Síntomas negativos: Indican una disminución o una pérdida de las funciones normales.

  • Alogia:alteración del pensamiento que afecta al lenguaje, tanto por falta de fluidez como por producción insuficiente. Por ejemplo, cuando la persona sólo habla cuando se le pregunta o tiene un discurso muy limitado.
  • Abulia/apatía: ausencia de comportamientos dirigidos hacia una meta. Falta de motivación y energía para iniciar, mantener o terminar una conducta, que puede llevar a la inactividad, abandonando tareas cotidianas, como la higiene personal.
  • Anhedonia: disminución de la capacidad para experimentar placer. Pérdida de interés por cosas que antes sí lo tenían, como relaciones sociales o aficiones.
  • Aplanamiento o embotamiento afectivo: ausencia o disminución de la reacción emocional.
  • Atención deficitaria: procesamiento más lento de la información.
  • Aislamiento social.

Otros síntomas de desorganización o cognitivos:

  • Síntomas relacionados con el movimiento: parálisis, agitación, conductas repetitivas y manierismos.
  • Síntomas de lenguaje desorganizado o trastornos del pensamiento: como irse de un tema a otro (fuga de ideas) o hablar demasiado deprisa (taquilalia).
  • Manifestaciones afectivas incongruentes con la situación.
  • Confusión, desorientación.
  • Alteraciones en la memoria.

¿Tipos de esquizofrenia?

El concepto de esquizofrenia está en evolución. La última clasificación internacional de diagnósticos psiquiátricos (DSM-V) ha eliminado los diversos tipos clínicos, y los ha sustituido por especificadores de curso según el síntoma predominante en el momento de la valoración. Es una decisión polémica y hay profesionales que se resisten y siguen utilizando los subtipos clásicos:

  • Paranoide: afectación más psíquica con habituales delirios y alucinaciones.
  • Catatónica: Implica graves alteraciones psicomotoras como inmovilidad, incapacidad para hablar o la adopción de posturas extrañas.
  • Residual: en el pasado ha habido una crisis esquizofrénica, pero en la actualidad los síntomas positivos son moderados y permanecen como “restos” los síntomas negativos.
  • Hebefrénica o desorganizada: predominan las alteraciones emocionales y el comportamiento imprevisible.
  • Indiferenciada: “Cajón de sastre” donde entran los casos que no se ajustan a ninguna de las anteriores tipologías.

¿Tratamiento?

Hasta hace unos años, el tratamiento de la esquizofrenia era exclusivamente médico. Al ir evolucionando el concepto de enfermedad, también ha ido evolucionando la forma de abordarla terapéuticamente, incluyendo así a otros profesionales. Hoy por hoy se entiende que el tratamiento debe ser multidisciplinar, trabajando en equipos coordinados psiquiatras, enfermeros, psicoterapeutas, neuropsicólogos, trabajadores sociales, etc.

A nivel psicológico: están habiendo avances muy importantes. Países nórdicos como Noruega y Finlandia están obteniendo resultados reveladores desde principios de los años ochenta, que ya se empiezan a aplicar progresivamente en España. Algunos de los elementos en que se centran son:

  • Encontrar sentido a las alucinaciones y delirios: buscar causas y explicaciones dentro de la historia de la persona.
  • Establecer elementos del día a día desencadenantes de la psicopatología.
  • Estrategias de afrontamiento.
  • Creación de red y soporte.
  • Trabajo con familias.
A nivel farmacológico: es importante señalar que la medicación debería ser considerada una herramienta, no un fin en sí misma. Responde de formas diversas en función de cada persona. Los fármacos más habituales, los antipsicóticos (o neurolépticos), tienen eficacia únicamente en los síntomas positivos. También se usan antidepresivos, ansiolíticos y estabilizadores del humor, así como medicación específica para corregir efectos secundarios de los neurolépticos (por ejemplo, antiparkinsonianos).

A nivel social:
es conveniente que haya un asesoramiento que posibilite la integración de la persona a nivel global. Si corresponde: prestaciones socioeconómicas y sanitarias, alternativas de vivienda, formación laboral, etc.

¿Pronóstico?

La esquizofrenia es curable, pero no todos los casos se curan. En clínica existe la “regla de los tercios”, donde un tercio de los pacientes se recupera, un tercio tiene un pronóstico intermedio, necesitando soporte para su integración social y el tercio restante se cronifica, necesitando tratamiento a largo plazo. El tratamiento es complejo, pero también está constatado que puede tener excelentes resultados.