Síndrome del corazón de atleta: ¿Cómo puede dañar el deporte al sistema cardiovascular?

Concepción Sebastián Fernández

Licenciada en medicina y cirugía. Especialista en medicina familiar y comunitaria

¿Qué es el síndrome de corazón de atleta?

El síndrome del corazón de atleta consiste en una serie de cambios fisiológicos que tiene lugar en el corazón de personas que entrenan más de una hora al día. Los cambios que se producen son asintomáticos y producen bradicardia, soplos sistólicos y ruidos cardiacos adicionales. Resulta necesario un control electrocardiográfico y ecográfico para poderlo diferenciar de otros procesos cardiacos que sí presentan patología.
Se trata de una adaptación fisiológica del corazón que da lugar a una hipertrofia de las fibras musculares, las funciones diastólicas y sistólicas permanecen estables. Los cambios son mayores en los hombres que en las mujeres sometidos al mismo entrenamiento físico.

Se trata de una adaptación fisiológica del corazón que da lugar a una hipertrofia de las fibras musculares, las funciones diastólicas y sistólicas permanecen estables. Los cambios son mayores en los hombres que en las mujeres sometidos al mismo entrenamiento físico.

Síntomas

Los pacientes no presentan síntomas, pero sí signos que pueden hacer sospechar de  sufrirlo, como presentar bradicardia y desplazamiento del latido cardiaco en sentido lateral, presentando una mayor intensidad y amplitud. Puede aparecer soplo sistólico en la zona inferior del esternón a nivel izquierdo, y aparecer un tercer y cuarto ruido cardiaco más apreciable con el corazón en reposo.

Si el paciente presenta síntomas como disnea, dolor torácico o taquicardia, se debe sospechar de un daño cardiaco y no de este síndrome.

Diagnóstico y detección

El diagnóstico de corazón de atleta es un diagnóstico de exclusión, en el cual se deben descartar procesos que pueden poner en peligro la vida del paciente.

Para su estudio se realiza electrocardiograma, ecografía y, en algún caso, una prueba de esfuerzo.

En el electrocardiograma, lo que se observa es un enlentecimiento del latido cardiaco, este no suele ser inferior a 40 latidos por minuto, existe alteración en los latidos, pudiendo aparecer extrasístoles que pueden originarse en el ventrículo (extrasístoles ventriculares) o en la aurícula (extrasístoles auriculares). Puede aparecer un bloqueo auriculo ventricular, es decir, algunos latidos que se inician en la aurícula pasan más lentamente hasta el ventrículo. Por último, en las ondas QR, que marcan cómo recorre el latido del ventrículo, son más grandes de lo normal y presentan alteraciones también en la onda T del mismo. Estas alteraciones no se acompañan de daño cardiaco y se suelen normalizar cuando se reduce el entrenamiento.

La ecocardiografía permite distinguir el corazón del atleta de la miocardiopatía hipertrófica, sobre todo midiendo el tabique interventricular. Estas alteraciones se normalizan cuando el paciente deja de entrenar.

Cuando el tabique interventricular mide en los hombres entre 13 y 15 milímetros y en las mujeres entre 11 y 13 milímetros y aparece un movimiento de la válvula mitral durante la sístole, debemos sospechar que hay una miocardiopatía hipertrófica y no un proceso de corazón de atleta.

Los índices diastólicos son normales en el corazón del atleta, los cambios electrocardiográficos se correlacionan poco con el nivel de rendimiento cardiovascular.

Ante la duda de un diagnóstico de miocardiopatía hipertrófica y no de corazón de atleta, la distinción solo se logra cuando hay una reversión del corazón de atleta al cesar el entrenamiento.

La prueba de esfuerzo es una prueba complementaria, aunque su normalidad no descarta que puede haber una miocardiopatía, por lo cual no puede ser valorada de forma individual sino en el conjunto de las pruebas.

En la mayoría de los casos, el proceso revierte cuando se deja de entrenar, aunque puede permanecer en hasta el 20% de los deportistas.

En las pruebas de esfuerzo, la frecuencia cardiaca permanece por debajo de lo normal en el esfuerzo submáximo y se va a aumentar y, es comparable a la de pacientes no deportistas en el esfuerzo máximo. Tras el ejercicio se recupera de forma rápida, la respuesta de la tensión arterial es normal, elevándose la presión sistólica y disminuyendo la diastólica, mientras que la presión media permanece estable.

Muchas de las alteraciones que aparecen en el electrocardiograma en reposo desaparecen en el deportista durante ejercicio, esto permite distinguir esa entidad de otras claramente patológicas.

Tratamiento

El tratamiento de este proceso es un periodo sin entrenamiento controlando la disminución del tamaño del ventrículo izquierdo durante al menos tres meses aunque en atletas con alto rendimiento abandonar el entrenamiento durante tanto tiempo puede ser complicado. Si tras tres meses se normaliza, se puede descartar la presencia de una miocardiopatía.  

 ¿Cómo se puede combatir esta afección?

Realmente el corazón de atleta no se puede combatir, esto se debe a que son cambios que establece el corazón al someter al organismo a un sobreesfuerzo de entrenamiento físico, para conseguir una mejor adaptación al mismo.

Es típico de personas que se someten a un entrenamiento de alto rendimiento. Una vez que se establece el síndrome de corazón de atleta, se debe disminuir el entrenamiento durante tres meses para revertir el proceso.

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