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Preparación y Etapas del Parto

Clases de preparación al parto

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No hay dos partos iguales: el parto es un acontecimiento único, catártico, impredecible. Hay muchas variables en juego: el feto, con su forma y tamaño únicos, su posición... la pelvis materna, también con su forma y su tamaño, la placenta y el cordón umbilical suministrando oxígeno durante ese momento tan crítico, mientras el músculo uterino se contrae rítmicamente para abrir una salida y empujar el cuerpecito del recién nacido fuera. Las combinaciones son infinitas, por eso no hay dos iguales.
El parto es un acontecimiento emocionante como ninguno, y cuando el resultado es que tanto la madre como el bebé están bien no nos replanteemos el camino que hemos recorrido hasta obtener ese resultado.

¿Cuándo sucede?

El parto se desencadena en la inmensa mayoría de mujeres unos tres o cuatro días antes o después de la fecha probable de parto (40 semanas desde la fecha de última regla en mujeres con ciclos regulares). El reloj biológico pone en marcha la secreción de una hormona desde el cerebro, llamada oxitocina, que será la responsable de que el útero se contraiga intensamente y de forma periódica empujando el contenido hacia el canal del parto. Esto hace que el cuello del útero, que es el órgano que hace de “puerta”, se vaya dilatando y que la presentación fetal, habitualmente la cabeza, vaya descendiendo por la pelvis a lo largo de la vagina hasta el exterior.

El orden deseable de los acontecimientos es que la bolsa amniótica se rompa durante el trabajo de parto cuando la dilatación ya está adelantada, por la misma presión provocada por las contracciones. Pero esto no siempre ocurre así, y en ocasiones se rompe accidentalmente la bolsa de las aguas antes de que se inicie el parto, y esto nos obliga a “provocarlo”, pues a partir del momento en que la bolsa está rota el feto deja de estar en su medio estéril y por tanto susceptible de sufrir una infección, así que, cuanto menos horas pasen entre la rotura de la bolsa y el parto, mejor.

El primer parto

El inicio del primer parto suele ser lento, y son frecuentes las “falsas alarmas”, en las que a las primerizas nos confunden las primeras contracciones, que suelen ser irregulares y de baja intensidad. Cuando se inicie de verdad el parto serán mucho más intensas y adoptarán un ritmo preciso, que nos permitirá predecir con exactitud cuándo se inicia la siguiente. Es frecuente que unos días antes del parto la gestante experimente conatos de contracciones, sobre todo por las tardes-noches, que no acaban de acelerarse y terminan cediendo. Si algo tiene el parto que lo hace inconfundible es que siempre va a más: se incrementa el dolor de las contracciones y se reduce el periodo entre ellas.

LAS CONTRACCIONES

Empiezan más espaciadas y se van acelerando, aceptando como norma que estamos de parto cuando hace una hora que se repiten a un ritmo de una cada cinco minutos aproximadamente. Desde el inicio del parto hasta el nacimiento de un primer hijo pasan de media unas ocho horas.

El segundo parto

El segundo parto o posteriores es muy distinto. Son frecuentes los partos que se inician de golpe, sin previo aviso, con contracciones que a veces ya son de alta intensidad y frecuencia desde el principio, y todo va mucho más rápido, reduciéndose el tiempo medio a la mitad.

El dolor

La tolerancia individual al dolor es variable, pero el dolor ocasionado por las contracciones podemos considerarlo como de alta intensidad, tanto es así que en nuestro medio es habitual administrar anestesia epidural durante la fase de dilatación. La anestesia epidural es infiltrar un fármaco a través de una punción en la parte baja de la espalda que dejará insensible al dolor la parte del cuerpo desde la zona de punción hasta los pies. Esto nos permite que la embarazada esté tranquila y sin dolor, sin afectar al bebé ni al ritmo de las contracciones.

La salida

Durante la fase de dilatación el cuello del útero se va abriendo hasta que permite el paso de la cabeza del bebé, en ese momento se llama dilatación completa y corresponde a unos 10 cm. Al mismo tiempo la cabeza va descendiendo a lo largo del canal del parto. La siguiente fase del parto se llama expulsivo, desde que la dilatación es completa hasta que el bebé sale. Esta fase puede durar aproximadamente una hora, pues el descenso de esos pocos centímetros a lo largo del canal del parto es lento, pues el espacio es escaso y la cabeza se va adaptando a la forma de la pelvis y el descenso lo hace a la vez que la cabeza va rotando. La manera que le resulta más eficiente para salir es ir girando 90º desde una posición en que mira a una de las caderas de la madre hasta colocarse mirando a su espalda, que es como saldrán la infinita mayoría de los bebés. Una vez la cabeza está fuera, ésta vuelve a girar en dirección contraria hacia la misma cadera que miraba inicialmente, eso le permite alinear los hombros con el diámetro máximo de la pelvis para que estos puedan salir. A partir de los hombros el resto del cuerpo sale con facilidad.

Una vez fuera, se secciona el cordón y se extrae la placenta que es un tejido carnoso en forma de disco de unos 20 cm de diámetro, que estaba hasta entonces adherido a una de las paredes del útero. La misma reducción de volumen que se produce al salir el bebé favorece que la placenta se despegue espontáneamente y se expulse con facilidad. Si esto no se produce de forma natural es importante extraerla manualmente de forma completa para evitar hemorragias postparto.

¿Parto espontáneo o inducido?

La vagina es muy elástica, y aumenta de capacidad para permitir el paso del feto sin problemas habitualmente, pero la parte más externa, la que limita con la piel de la vulva y el periné, que no son tan elásticos pueden desgarrarse fácilmente durante el expulsivo, para ello es importante que un profesional dirija ese periodo y proteja el periné para que no se desgarre o realice una episiotomía (corte preventivo) si es necesaria. En el postparto tendremos que tener un mínimo de cuidados e higiene con ese corte, pero a pesar de no siempre son pequeños y no estan en una zona demasiado limpia ni ventilada suelen curar sin dar problemas en la mayoría de casos.

Si el parto no se pone en marcha de forma espontánea en un margen de días suficiente después de la fecha probable del parto o hay algún motivo materno o fetal que aconseje finalizar la gestación antes de que se desencadene el parto espontáneamente puede ser necesario “provocar” el parto. En estos casos, los profesionales administramos la medicación que sustituye a las hormonas naturales del parto: prostaglandinas y oxitocina, para imitar lo que la naturaleza no ha hecho espontáneamente.

Los partos provocados cuando el cuello uterino está "maduro" o en segundos partos suelen evolucionar rápido, pero si las condiciones de partida no son buenas pueden durar muchas horas e incluso acabar en una cesárea por una inducción fallida. En ocasiones, los partos, tanto inducidos como espontáneos pueden terminar en cesárea después de haber invertido tiempo y esfuerzo. Es una sensación muy desagradable, pero hemos de comprender que es imposible predecir a priori la evolución de todos los partos, y que hemos de ser conscientes de que, como hemos dicho al principio, el fin es impredecible, y "no se sabe hasta que no se prueba".

En cualquier caso, el parto es un acontecimiento emocionante como ninguno, y cuando el resultado es que tanto la madre como el bebé están bien no nos replanteemos el camino que hemos recorrido hasta obtener ese resultado.

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