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Manual de Uso de las Lentes de Contacto

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El uso de lentes de contacto está muy extendido. Es una alternativa cómoda a las gafas que aporta calidad de vida y comodidad a los usuarios y  permiten facilitar el ejercicio de la mayoría de deportes. Sin embargo, a veces se cometen auténticas barbaridades con ellas: se guardan en agua a falta del líquido apropiado, se dejan puestas por la noche por olvido… las anécdotas con las lentillas son muchas. El problema viene cuando de la anécdota se pasa a la infección. Y es que no hay que olvidar que las lentes de contacto son un producto sanitario y, como tal, su uso es seguro si se cumplen unas medidas que repasaremos a continuación.

Para un uso seguro, no olvides…

    • Lavarte las manos antes de colocártelas en los ojos.
    • Lubricarlas y limpiarlas en la solución, no con agua. Las lentes de contacto se limpian usando sólo los líquidos especialmente formulados para ello, evitando el uso de agua corriente del grifo, el agua oxigenada o el alcohol, entre otros ejemplos, ya que no desinfectan y pueden provocar lesiones oculares.
  • Utilízalas dentro del tiempo adecuado, generalmente entre ocho y nueve horas al día. No es aconsejable su uso permanente durante días, de lo contrario se es propenso a caer en alguna infección. Si son de uso diario, deben ser retiradas antes de dormir.
  • Guárdalas en un estuche apropiado rellenado con una solución estéril adecuada y propuesta por el fabricante.
  • Renuévalas según las especificaciones del fabricante. Por ejemplo, las mensuales una vez al mes y las semanales una vez a la semana. Si se trata de lentes de contacto rígidas, podrían durar entre dos y tres años.
  • Las lentes de contacto blandas desechables se pueden rasgar, así que manipúlalas con suavidad. Si se rompe o rasga alguna lente, deséchala.
  • Nunca compartas tus lentes de contacto, no sólo porque pueden propagarse bacterias de una persona a otra, sino también porque las lentes están adaptadas y graduadas para tu visión y tu ojo.
Las lentes de contacto son una alternativa cómoda a las gafas que aporta calidad de vida y comodidad a los usuarios y permiten facilitar el ejercicio de la mayoría de deportes.

Qué y cómo son

Las lentes de contacto (también conocidas como lentillas) son unas lentes correctoras o cosméticas que se colocan en el ojo, concretamente sobre la capa lagrimal que cuida y lubrica la córnea. Las lentillas de colores se han convertido en una moda habitual en la vida cotidiana actual, las cuales no sólo se utilizan con el aumento necesario, sino que, además, pueden elegirse con el color deseado.

Hay dos tipos principales de lentes de contacto: duras y blandas.

  • Las lentes de contacto blandas son la elección preferida entre la mayoría de usuarios de lentes de contacto y se comercializan en diversas versiones (de uso desechable diario, semanal o mensual, de uso prolongado, bifocales o multifocales…).
  • Las lentes de contacto duras más comúnmente utilizadas hoy en día son las lentes de contacto rígidas y permeables al gas (RGP por sus siglas en inglés). Están hechas de plástico y otros materiales como la silicona o fluoropolímeros. Éstas mantienen su forma, sin embargo, permiten un libre flujo de oxígeno a través suyo entre el ambiente externo y la córnea. Los RGPs pueden ser la mejor opción cuando la córnea tiene el astigmatismo suficiente para cambiar su forma (la córnea tiene la forma de un huevo en lugar de una naranja).

Cuándo puede haber problemas

Los portadores de lentes de contacto pueden sufrir irritación ocular por diversas causas:

  • Mecánicas: por roce constante con la superficie del ojo.
  • Hipóxicas: por falta de permeabilidad al oxígeno.
  • Químicas.
  • Infecciosas: bacterianas, víricas…
  • Inmunológicas (por ejemplo, alergia).

Signos y síntomas de que algo no va bien

  • Las lentes de contacto contribuyen decisivamente en la aparición de infecciones oculares (conjuntivitis, que pueden ser, principalmente, bacterianas y víricas) y también en la aparición de ulceraciones corneales.
  • El enrojecimiento del ojo y la blefaritis (inflamación de los párpados) son formas frecuentes de expresión de muchas enfermedades oculares. Puede apreciarse escozor, picor, sensación de cuerpo extraño y lagrimeo en cualquier proceso inflamatorio de la superficie ocular, así como secreción mucosa (blanquecina) o purulenta (amarillo-verdosa) si existe conjuntivitis vírica o bacteriana asociada, respectivamente. El dolor es mínimo y la agudeza visual apenas disminuye
  • Las queratitis, inflamaciones corneales, pueden ser de gravedad variable: desde una afectación epitelial superficial leve hasta una úlcera que puede progresar a la perforación.  Producen intenso dolor (sobre todo con el parpadeo) ojo rojo, sensación e cuerpo extraño en el ojo, lagrimeo, fotofobia (hipersensibilidad a la luz) y visión borrosa (por pérdida de la transparencia corneal). A diferencia de otros procesos como pueden ser, por ejemplo, la uveítis o el glaucoma agudo, las molestias de la queratitis cesan con la instilación de colirio anestésico.

Exploración del ojo afectado

El método ideal es la lámpara de hendidura. Otro método es el uso del colirio de fluoresceína, que permite detectar la presencia de defectos en la superficie epitelial conjuntival y corneal. Tras aplicar la fluoresceína se debe examinar el ojo teñido con luz de Wood o con una luz convencional (filtro casero de papel de celofán azul oscuro en la bombilla). Sólo las zonas teñidas de la superficie ocular que son inmóviles representan úlceras, ya que las secreciones también aparecen teñidas.

Tratamiento

En aquellos casos en los que el ojo se encuentre irritado y rojo se deberá instaurar tratamiento adecuado según la causa que lo haya provocado y se deberá recomendar no volver a ponerse las lentes de contacto hasta la completa resolución del cuadro.

  • Las lentes de contacto no pueden ser utilizadas en una persona con una infección ocular activa.
  • En el caso de las conjuntivitis bacterianas se aconsejará la aplicación de colirios antibióticos varias veces al día y la aplicación de pomada antibiótica al acostarse.
  • En el caso de las conjuntivitis víricas no hay tratamiento específico, y se utilizan igualmente colirios antibióticos tópicos de amplio espectro para prevenir la infección secundaria.
  • En el caso de las queratitis, si se ha demostrado la existencia de lesión epitelial mediante la fluoresceína, debe taparse el ojo y proceder a dilatar la pupila con colirios de atropina.  También se aplican antibióticos tópicos para la prevención de la infección secundaria y pueden usarse pomadas epitelizantes.
  • En todos los casos se lavarán los ojos con suero fisiólogico previo a la aplicación de colirios. Precaución con el uso de corticoides tópicos (colirios de corticoide): pueden provocar catarata y glaucoma. No deberían utilizarse estos medicamentos sin supervisión por especialista en oftalmología.
  • En el caso de uso de lentes de contacto en los problemas de ametropía (miopía-hipermetropía, astigmatismo), cabe destacar que se puede intentar corregir un astigmatismo irregular con lentes de contacto, pero no serán tan eficaces como en las hipermetropías o las miopías. Las lentes de contacto bifocales o multifocales permiten la visión próxima y lejana con la misma lente y son habitualmente usadas para la corrección de la presbicia o “vista cansada”.

¿TAMBIÉN PARA NIÑOS?

En la edad pediátrica, las lentes de contacto acostumbran a utilizarse cuando el niño tiene el criterio y la habilidad suficiente como para poder manipularlas adecuadamente, lo que ocurre, por lo general, hacia los 10 años. Sólo en casos muy especiales, como son la extirpación de cristalino), la ausencia de iris o las altas miopías o hipermetropías que afectan a un solo ojo, se prescribirán lentes de contacto en edades mucho más precoces, incluso en el primer año de vida. En todos estos casos, ello aumentará la calidad de visión y serán los padres los que deberán manipularlas y hacerse cargo de su higiene escrupulosa. Y es que en los primeros años de vida, no está indicada la cirugía refractiva para el tratamiento definitivo de las ametropías importantes. Una alternativa a las lentes son las gafas, normalmente mejor aceptadas por los niños si el ambiente familiar es favorable y acepta su colocación. Un aspecto importante que debe tener en cuenta el oftalmólogo y/o el pediatra es el hecho de informar a la familia de que las gafas de seguridad, habitualmente usadas por los niños, no constituyen ningún riesgo, sino más bien un medio de protección en caso de traumatismo.