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Las Principales Causas de Agotamiento

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Cansancio, decaimiento, debilidad, fatiga… Estos son algunos de los sinónimos que se asocian al agotamiento, que se define como la “acción de agotar o agotarse”, siendo agotar “cansar extremadamente”. En cualquier caso, no es un estado positivo, y debe valorarse adecuadamente para conocer el origen y poder realizar acciones para combatirlo y revertirlo, así como para evitar de nuevo su aparición. Aquí nos centraremos en el agotamiento causado por el estrés y por el sobreentrenamiento.

El agotamiento debe valorarse adecuadamente para conocer el origen y poder realizar acciones para combatirlo y revertirlo.

Algunas causas…

Largas y densas jornadas laborales, la práctica de actividad física o estados emocionales complejos pueden ser algunas de las causas que lleven a la presencia de esta sintomatología. No sólo se refleja en la existencia de cuadros en los que una persona se queja de molestias físicas, sino que también afecta a la esfera psicológica.

Síndrome del quemado

La existencia de agotamiento asociado al ámbito laboral, el archiconocido estrés laboral, tiene nombre propio, y se conoce como el síndrome del “quemado”, que fue mencionado por primera vez por el psiquiatra estadounidense Herbert Freudenberger en los años 70 refiriéndose a aquellas profesiones del campo sanitario. Hoy en día, sin embargo, cualquier profesional puede sufrirlo.

Este estrés laboral se acompaña de la incapacidad del trabajador para reaccionar ante ciertas situaciones, que no deberían generar dificultades de antemano, pero que no es capaz de gestionar. Los síntomas son de diversa índole siendo el primero una total falta de energía, acompañado de falta de eficiencia en el trabajo y, como consecuencia, de un bajo rendimiento laboral. Llegar a este punto no sólo va a depender del trabajador, de su carácter y sus expectativas laborales, sino también de la misma empresa por la falta de claras directrices por su parte o estilos de mando excesivamente rígidos.

El diagnóstico puede venir dado por indicadores relacionados con la apatía, la falta de compromiso laboral y la sensación de estar “perdiendo el tiempo” en el trabajo, si se compara con épocas anteriores en las que el trabajo le resultaba interesante y gratificante, pasando ahora a ser indiferente. Además, estos pueden ir acompañados de síntomas más físicos como cefaleas, problemas para dormir o trastornos gástricos. La labilidad emocional (con reacciones exageradas a situaciones normales) es otro de los síntomas que pueden hacer levantar sospechas y que, sumado a alguno de los anteriores, puede requerir de una consulta con el especialista.

Tomar medidas

Abordar la problemática es necesario para conseguir revertir el proceso. En este sentido, acudir a un profesional que ofrezca las herramientas adecuadas es completamente necesario, pero hay algunas pautas que se pueden seguir:

  • Buscar momentos de ocio para reducir la “carga”: la actividad física solo o en grupo y una vida social más plena son algunas de las opciones a este nivel.
  • Proponerse nuevos retos y metas, ya que de este modo se obliga a salir de la rutina.
  • La perfección no existe, así que se trata de sentirse bien con el trabajo bien hecho.
  • Por parte de las empresas también pueden realizarse acciones que ayuden a prevenir estas situaciones, como realizar talleres dentro de sus agendas formativas para gestionar situaciones de estrés.

Síndrome del sobreentrenamiento

Pero no sólo el campo laboral puede ocasionar síntomas de agotamiento; la práctica de actividad física también. En el deportista se habla de síndrome de sobreentrenamiento. Excesiva carga de entrenamiento, falta de descanso, déficit de progresión… pueden ser algunas de las causas que generen esta fatiga que merma las capacidades del deportista. Tanto el amateur como el profesional pueden revelar síntomas que hagan pensar en este síndrome. Hoy en día, hay muchos deportistas amateurs que se exigen como los profesionales, a nivel de marcas y rendimiento sin tener presente que ellos no sólo se dedican a la práctica deportiva, sino que habitualmente existe un compromiso laboral, que les impide seguir programas de entrenamiento adecuados a las horas de descanso necesarias. Cuando la disminución del rendimiento se asocia a cambios en el apetito o la presencia de desmotivación, hay que pensar en que quizás ha habido un hecho o una suma de estos que han generado estas circunstancias hasta entonces ajenas a la vida diaria. Aunque también es cierto que los síntomas son muy individualizados y subjetivos y que no puede generalizarse. Algunos de los síntomas más objetivos que pueden ayudar a su diagnóstico son:

  • Mayor frecuencia cardiaca y tensión arterial en reposo.
  • Mayor número de infecciones por la existencia de una función inmunológica deprimida.

Y ello debería valorarse por un profesional.

Ejercitarse produce en el organismo una serie de reacciones metabólicas que generan radicales libres y la presencia de estrés oxidativo y, como consecuencia, aparece un envejecimiento temprano, que aumenta el riesgo de lesiones y enfermedades. En aquellas situaciones en los que los niveles de exigencia física asociada al deporte son excesivamente elevados el estrés oxidativo es también mayor y por tanto el riesgo previamente mencionado también lo será. Las lesiones músculo-esqueléticas suelen ser las más frecuentes asociadas a esta elevada exigencia física. El tratamiento de esta situación compleja de gestionar para un deportista, consiste en básicamente en la reducción de la carga e intensidad del entrenamiento o el descanso. Hay que añadir que es importante reconocer cual o cuales han sido el origen, a modo de prevención posterior.