Casi todos los niños han pasado la varicela, pero si no se ha tenido en la infancia, puede afectar a adultos jóvenes y entonces es más virulenta y puede complicarse. La varicela, en su estado natural, por eso, suele curar sin ningún tipo de secuelas, salvo algunas cicatrices con poco impacto estético.
La varicela es la principal enfermedad producida por el virus varicela-zóster, y es una infección infantil bien conocida. En su forma natural, se pasa durante la primera infancia o la pubertad, en general entre el primer año de vida y los nueve años. Se manifiesta con fiebre y una erupción generalizada en forma de vesículas (granitos con líquido) que van formando costras, y ocasionan un intenso picor. Cuando no se ha pasado de niño, puede afectar a adultos jóvenes, en cuyo caso es más virulenta, pudiendo ocasionar complicaciones incluso graves como la encefalitis o la neumonía. También puede ser más peligrosa cuando la pasan niños de menos de dos años. Por todo ello, y aunque en general es benigna y cura sin tratamiento, hace años que se vacuna a la mayoría de los niños de los países desarrollados con una preparado de virus atenuados, y se evita pasar una enfermedad que provoca molestias o secuelas.
El tiempo de incubación (el que transcurre entre el momento del contagio y el inicio de los síntomas) es de 12 a 20 días. Habitualmente, uno empieza con fiebre, vómitos, dolor de cabeza o pérdida de apetito durante dos o tres días, y es entonces cuando aparecen los primeros signos de la enfermedad en la piel: lesiones rojas en forma de granitos que en 24 horas se transforman en vesículas (granitos con líquido en su interior), y que poco a poco se van secando y formando costras. Cada lesión va sufriendo la misma evolución, y es típico ver estos granitos en diferentes fases, lo que se conoce como “patrón en cielo estrellado”. Es muy típico que afecten primero a la cabeza, y que luego se extiendan a todo el cuerpo, incluso a los genitales. También es habitual que el picor sea intenso hasta que la enfermedad va remitiendo y toda la erupción se va secando.
La varicela no deja cicatrices por sí misma, pero sí lo hace cuando los granitos se sobreinfectan por bacterias normales de la piel. En este caso las costras se hacen más aparentes y hay mucho enrojecimiento alrededor de las lesiones. Por ello, es habitual que los médicos receten antibióticos en pomada a aplicar en las lesiones más inflamadas o que crean más costras. Cuando hay sobreinfección, las lesiones pueden dejar cicatrices en general poco aparentes, de un tamaño de 3-4 milímetros, redondas, y un poco hundidas. Estas persisten para siempre, aunque en algunos casos pueden ser corregidas con cirugía. Asimismo, los pacientes que tienen tendencia a formar queloides (unas cicatrices más duras y dolorosas), pueden tenerlos como resultado de la varicela, generalmente en el pecho y en la parte superior de la espalda.
Cuando la enfermedad se pasa a las edades habituales, generalmente es poco extensa y cura sola sin ninguna complicación. Sin embargo, en bebés muy pequeños, adultos, o personas inmunocomprometidas (con las defensas bajas), en los que la enfermedad tiende a ser más virulenta, se puede emplear un antivírico, el Aciclovir, en forma de pastillas, jarabe o incluso administrado por vía endovenosa. Es fundamental que este medicamento se empiece a administrar pronto, idealmente en las primeras 24-48 horas, porque es más eficaz para frenar la replicación del virus en estas fases.
Además de plantear el tratamiento antivírico con Aciclovir, es necesario tratar el picor con antihistamínicos y la posible sobreinfección por bacterias con antibióticos en crema.
Además de la edad adulta, otros factores de riesgo para tener una neumonía por varicela son el ser fumador, presentar una historia de contacto estrecho con el paciente que le ha contagiado (por ejemplo, cuando es su pareja o su hijo), sufrir una enfermedad pulmonar crónica previa, y tener fiebre que dura más de tres días.