Contenido Artículos especializados Intolerancia a la Fructosa

Deborah Blasco

Enfermera especialista en Nutrición

Enfermera consultora de Advance Medical

Cada vez se diagnostican más casos en los que los alimentos provocan reacciones adversas, ya sea en forma de alergias o intolerancias alimentarias. Los problemas digestivos causados por la ingesta de fructosa aumentan y habitualmente no suele ser el alimento considerado sospechoso. Aun así, se estima que puede afectar a una de cada cinco personas.

 Cuando hablamos de la intolerancia a la fructosa, nos referimos a que la persona que la padece, cuando toma un alimento con fructosa, no absorbe bien la fructosa contenida en el alimento o no la metaboliza provocándole síntomas. Por ello, para tener un buen control es muy importante saber qué alimentos contienen fructosa.
Cada vez se diagnostican más casos en los que los alimentos provocan reacciones adversas, ya sea en forma de alergias o intolerancias alimentarias.

 ¿Qué es la fructosa?

La fructosa es un azúcar simple presente de forma natural en las frutas, en la miel y, en menos proporción, en las verduras. Es el responsable de su sabor dulce y para poder ser absorbido en el intestino delgado utiliza un transportador específico (Glut5). Incluso así, la fructosa que consumimos se ingiere principalmente en forma de sacarosa. Este azúcar es un disacárido más conocido como azúcar común y está compuesto por dos azúcares simples (glucosa y fructosa) que nuestro intestino delgado separa para después poder ser absorbidos.

La sacarosa se encuentra en algunas frutas y verduras, aunque hay que tener en cuenta que el contenido, tanto de sacarosa como de fructosa, puede variar dependiendo de las condiciones de crecimiento de las plantas.

Cabe destacar que la industria alimentaria también utiliza la sacarosa en la elaboración de múltiples productos manufacturados como galletas, cereales de desayuno, pastelería, bollería, postres y elaboración de algunos medicamentos. Por ello es importante leer la etiqueta de cualquier alimento procesado y fijarnos en el listado de ingredientes para detectar si contienen sacarosa o azúcar y en caso de intolerancia a la fructosa, es necesario disminuir la ingesta de estos azúcares hasta un nivel que no provoque sintomatología.

Otro azúcar relacionado con la fructosa es el sorbitol. Se encuentra de forma natural en los frutos de las plantas de la familia rosáceas como son las peras, manzanas, ciruelas, membrillos, melocotones y albaricoques. Actualmente el sorbitol también se obtiene de manera industrial por modificación química de la glucosa y se utiliza en muchos alimentos elaborados como edulcorante y aditivo. Resaltar que el sorbitol interfiere en la absorción de la fructosa, de manera que, si se ingieren juntos, la malabsorción de estos azúcares es mayor que cuando se administran por separado. Esto es debido a que los dos azúcares compiten por el mismo transportador para ser absorbidos (GLUT 5).

 ¿Qué es la intolerancia a la fructosa?

Debemos diferenciar y no confundir la intolerancia hereditaria a la fructosa y la malabsorción a la fructosa.

  • La intolerancia a la fructosa (IHF) es menos frecuente y está causada por un error genético del metabolismo de la fructosa, es decir que la persona nace con este error congénito y cuando toma un alimento con fructosa su intestino la absorbe, pero el organismo no es capaz de metabolizarla debido a la falta de una enzima hepática (fructosa-fosfato-aldolasa). Esta deficiencia provoca que se acumule en el organismo produciéndole síntomas como vómitos, náuseas, deshidratación, hipoglicemia, ictericia y problemas hepáticos. En estos casos se diagnostica la intolerancia mediante un test genético y el tratamiento a seguir es una dieta estricta sin fructosa, en la que no se consuma más de 1-2 g al día y se debe realizar bajo supervisión por posibles deficiencias. 
  • La malabsorción a la fructosa es más frecuente y afecta a más población. En este caso cuando una persona ingiere un alimento con fructosa su intestino no es capaz de absorber de forma total o parcial la fructosa contenida en el alimento, debido a que la proteína transportadora específica de la fructosa, o bien no está presente, o se ha vuelto inactiva. La fructosa no asimilada pasa al intestino grueso, donde las bacterias intestinales la fermentan provocándole síntomas gastrointestinales como dolor abdominal, diarrea, náusea y flatulencia. Estos síntomas aparecen según el nivel de tolerancia de cada persona y dependen de la cantidad de fructosa ingerida. Ante la sospecha, este trastorno se puede diagnosticar mediante un test de hidrógeno espirado donde se detecta el gas liberado por las bacterias colónicas al fermentar la fructosa.

¿Tiene tratamiento?

El tratamiento de la malabsorción a la fructosa dependerá de la tolerancia individual, ya que es bueno conocer el límite de fructosa que se tolera e implica la realización de una dieta con una cantidad variable de fructosa, pero con la menor restricción posible para evitar problemas carenciales nutricionales.

Para valorar el grado de absorción individual de fructosa, debe hacerse poco a poco, por separado y en una pequeña cantidad, es decir, se debe reducir al mínimo la ingesta de fructosa e ir incrementándola gradualmente.

 ¿Cómo incorporar la fructosa?

Se han de comer los alimentos seguros, aquellos que no producen ninguna molestia, junto al alimento “prueba”.  De este modo, si se produce alguna molestia se podrá detectar si el alimento es seguro o no. En el caso de que se tolere bien el alimento se debe anotar en una libreta la cantidad que se ha tomado y el alimento, para llevar un buen control. Esta valoración se recomienda siempre realizarla en un día en que la persona se sienta tranquila ya que los nervios aceleran el ritmo intestinal dificultando la absorción, sin cambios de horarios habituales y con el único cambio en la dieta del alimento que quiere “poner a prueba”. Si no le provoca síntomas puede ir aumentando la cantidad hasta que sienta molestias y así le indicará su tolerancia individual

Estos consejos pueden ayudar a evitar las molestias:

  • No mezclar en una misma toma dos alimentos con elevado contenido en fructosa (por ejemplo, berenjena + kiwi de postre) sino que es mejor tomar la fruta en pequeñas cantidades y aislada de las comidas principales.
  • Es importante tener en cuenta que lo que más intolerancia genera es el exceso de fructosa en alimentos determinados (manzana, frutas pasas, pera, ciruela, cereza, melocotón y albaricoque) y sobre todo la combinación con sorbitol, ya que dificulta su absorción.
  • En cuanto a los alimentos con bajo contenido en fructosa encontramos las bayas (fresas, frambuesas, etc.), vegetales y legumbres.
  • Mediante la cocción las verduras pierden fructosa (se pierde en el caldo de cocción, debemos desecharlo), lo que mejora su tolerancia
  • En general se deben evitar bebidas comerciales de frutas (zumos y refrescos) y todas aquellas edulcoradas con fructosa y sorbitol.
  • Las frutas menos maduras se suelen tolerar mejor, dado a su inferior contenido en azúcares.

 Por último, para evitar errores se recomienda leer siempre las etiquetas y fijarnos en que no contenga fructosa o sorbitol o sacarosa.

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