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Inmunizar a los Niños en las Enfermedades más Comunes

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¿Tienes dudas sobre si debes o no debes vacunar a tu hijo/a? ¡Tú tienes la última palabra!

Las vacunas son medicamentos que consiguen “preparar al cuerpo” del niño/a para combatir enfermedades. Deben administrarse antes de padecerse la enfermedad, es decir, de forma preventiva.

Cada vacuna contiene un germen muerto o bien debilitado (o sólo partes de éste) que es causa de una enfermedad concreta.  La inoculación de este germen en el cuerpo provocará que el cuerpo reaccione generando anticuerpos contra ese germen, que pueden permanecer presentes durante toda la vida. Y si alguna vez en su vida, el niño/a se expone a esa enfermedad, sus anticuerpos rápidamente se multiplicarán y defenderán al organismo frente a la misma.
Las vacunas han protegido a millones de niños de enfermedades peligrosas y han salvado miles de vidas.

Es decir, las vacunas actúan reforzando las defensas del pequeño contra la enfermedad.

En la Antigüedad, cuando todavía no existían las vacunas, las personas solamente podían conseguir ser inmunes frente a una enfermedad cuando la contraían y conseguían sobrevivir a la misma.

En España, nuestro Sistema Nacional de Salud autoriza la comercialización de una nueva vacuna sólo cuando se han llevado a cabo numerosos estudios científicos que demuestran y avalan su eficacia y su seguridad.  Y, es más, estos controles continúan una vez se ha comercializado el producto.

Las vacunas funcionan mejor cuando se administran a determinadas edades, por lo que se aconseja seguir el calendario oficialmente establecido para su administración, siempre bajo supervisión del pediatra responsable de la criatura.

¿SABÍAS QUE…?

Desde el inicio de las vacunaciones sistemáticas y generalizadas, los casos de enfermedades infantiles que eran frecuentes en el pasado (sarampión, difteria…), y algunos de ellos potencialmente mortales, se han reducido drásticamente. Las vacunas han protegido a millones de niños de enfermedades peligrosas y han salvado miles de vidas.

Ventajas de la inmunización

Son múltiples:

  • Protege nuestra salud y la de nuestros seres queridos.
  • Previene complicaciones en situaciones de enfermedad crónica (diabetes, asma…).
  • Proporciona beneficios sociales y económicos (optimización de recursos médicos en personal y material/ahorro en gasto de medicamentos, etc).
  • Algunas vacunas ayudan a prevenir la enfermedad del cáncer (vacuna del virus VPH, vacuna del virus Hepatitis B…).
  • La vacunación permite evitar el paso de la enfermedad en el embarazo, de madre a hijo, evitándose muertes fetales y malformaciones congénitas en el bebé (que en algunos casos pueden llegar a ser graves).
  • La vacunación reduce el riesgo de contraer enfermedades durante los viajes.
  • Las personas que, por un motivo u otro, deciden no vacunarse, se hallan protegidas por el entorno que sí está vacunado. Es lo que se denomina la “inmunidad colectiva” (o lo que es lo mismo, “todos se aprovechan de la inmunización de uno”).
  • La vacunación es un derecho básico de la ciudadanía y es gratuito en nuestro país (cabe destacar que no en todos los países ocurre lo mismo…).

Efectos secundarios de la inmunización

Como todo medicamento, las vacunas también tienen efectos secundarios indeseados, pero la mayoría, afortunadamente, son de carácter leve. Principalmente, causarán, en algunos casos:

  • Enrojecimiento, dolor o hinchazón en la zona de punción.
  • Fiebre.
  • Sarpullidos…

En casos excepcionales, las vacunas pueden desencadenar cuadros médicos más importantes, como convulsiones o reacciones alérgicas graves, entre otros. Se han descrito pocas contraindicaciones médicas frente a la administración de vacunas.

EN MI OPINIÓN…

Algunas de las enfermedades que se vacunan en la actualidad son tan excepcionales que opino que es normal que algunos padres se planteen si todavía es necesario mantener esa vacunación en el calendario. Hay que recordar que el germen que causa la enfermedad sigue ahí, todavía existe, ya que no ha sido erradicado y podría volver a resurgir un brote en cualquier momento.  

Vacunarse es un acto de solidaridad y siempre voluntario. Lamentablemente, algunos padres, a pesar de los resultados demostrados científicamente tan aplastantes, prefieren decantarse finalmente por no vacunar a sus hijos, seguramente por la información errónea recibida acerca de las vacunas...