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Incontinencia Urinaria

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La incontinencia urinaria es un problema frecuente en mujeres, sobre todo que han tenido hijos y con más incidencia después de la menopausia. Aunque se trate de una patología habitual, no por ello debemos normalizarla, pues tiene tratamiento, y debemos rechazar la idea que transmiten los anuncios de compresas femeninas para orina de que es algo normal.
La incontinencia urinaria es un problema frecuente en mujeres, sobre todo que han tenido hijos y con más incidencia después de la menopausia.

En la mujer…

Es un problema básicamente femenino por la distinta anatomía entre hombres y mujeres. La muy inferior longitud de la uretra femenina respecto a la masculina, y el hecho de que las mujeres presentan un hiato en el suelo pélvico, por el que pasa la vagina, y los hombres no, hacen que esta patología sea prácticamente un problema del género femenino.

Tipos de incontinencia

Resumiendo mucho, podemos hablar de dos tipos de incontinencia urinaria:

  • La incontinencia urinaria de esfuerzo se manifiesta cuando actúa una fuerza sobre el suelo pélvico, que se halla debilitado, por lo que ante un esfuerzo como puede ser un golpe de tos, estornudo, al saltar, correr, subir escaleras o levantar un peso se produce un escape de orina, de pocas gotas o un chorro, según la gravedad del defecto. Traduce una debilidad del suelo pélvico que, aparte de tener un componente genético, suele estar relacionado con el traumatismo sobre los tejidos que conllevan los embarazos y los partos por vía vaginal. En condiciones normales, cuando una mujer tiene sus tejidos en buenas condiciones, a la hora de afrontar un esfuerzo, la uretra se encuentra apoyada sobre un suelo pélvico firme que impide el flujo de orina por la misma cuando es empujada hacia abajo por esa fuerza. Haremos un símil para que sea más fácil de entender: Si la uretra es una especie de manguera por la que pasa agua, y ejercemos una fuerza sobre ella (la pisamos) tendremos un resultado distinto si lo hacemos sobre un suelo firme (cemento) o no firme (tierra blanda). En el primer caso podremos impedir el flujo de agua, y en el segundo caso la manguera se hundirá y continuará pasando agua.

El tratamiento de este tipo de incontinencia es fortalecer el suelo pélvico. Cuando se trata de defectos leves se puede corregir con fisioterapia de los músculos involucrados devolviendo fuerza y tonicidad a ese suelo. Cuando se trata de defectos más importantes, en ocasiones hay que recurrir a la cirugía, colocando una especie de “cinta” de material sintético por debajo de la uretra, y anclándola a los ligamentos de la pelvis para que ejerza de suelo firme cuando haya un esfuerzo.

  • La incontinencia urinaria de urgencia no tiene nada que ver. Puede asociarse a una incontinencia de esfuerzo, la llamamos en ese caso incontinencia mixta, pero puede darse en mujeres con integridad anatómica completa, con un suelo pélvico firme. ¿Qué es lo que falla entonces? En condiciones normales, para que tenga lugar una micción voluntaria, se pone en marcha un complejo mecanismo que por un lado desbloquea las fuerzas que hacen de “esfínter” y tienen la labor de impedir un escape de orina si no es el momento adecuado, y por otro lado se contraen las paredes vesicales empujando la orina al exterior con más o menos presión según la fuerza ejercida.  Y esos mecanismos los ponemos en marcha de forma voluntaria cuando conscientemente es el momento de orinar. Pues a las mujeres con incontinencia urinaria de urgencia lo que les sucede es que de forma involuntaria se contrae la vejiga intensamente y se produce un escape de orina. Muy probablemente en alguna ocasión todas hemos notado ciertas ganas de orinar cuando oímos el sonido del agua, o al tocar agua fría, o al llegar a casa necesitamos salir corriendo al baño cuando segundos antes ni tan solo éramos conscientes de que la vejiga estaba llena. En estas pacientes la necesidad es tan imperiosa que se escapa la orina antes de llegar al WC ante estos estímulos, o incluso sin ellos.

Este tipo de incontinencia se puede tratar con medicación para evitar las contracciones vesicales involuntarias. La fisioterapia también puede ser de ayuda pues cuanto más tonificada esté la musculatura, más efectiva será para contrarrestar la fuerza de las contracciones no inhibidas de la vejiga.

Es muy importante diagnosticar bien de qué tipo se trata, mediante un interrogatorio dirigido y profundo y las pruebas complementarias adecuadas, pues el tratamiento es muy distinto, y si no se ha hecho un buen diagnóstico las posibilidades de un fallo de tratamiento son altas. Si es necesario afrontar el tratamiento quirúrgico, éste resulta poco agresivo y da muy buenos resultados. Así que, ante un problema de incontinencia, ¡consulta y no te resignes a vivir con ella ni a limitar tus actividades por su causa!