Hipertensión intracraneal

Arlenys Karina Batista Urbaez

Licenciada en medicina y cirugía. Especialista en medicina familiar y comunitaria

¿Qué es la hipertensión intracraneal? (HIC)

La cavidad craneal es una cavidad rígida que está formada por masa encefálica y líquido cefalorraquídeo principalmente, además de sangre que se encuentra en el compartimiento arterial y venoso. Cualquier aumento del volumen de la cavidad craneal, el cual es inextensible una vez cerradas las fontanelas y las suturas de los huesos craneales, aumentará la presión intracraneal por encima de los valores normales. 
La cavidad craneal es una cavidad rígida que está formada por masa encefálica y líquido cefalorraquídeo principalmente, además de sangre que se encuentra en el compartimiento arterial y venoso

La presión intracraneal es la que ejerce sobre la duramadre del cerebro los elementos intracraneales. Su rango normal es de 10 mmHg o inferior; al aumentar, una parte del volumen encefálico es flexible y se puede reducir para intentar compensar el aumento de la presión, pero de forma limitada, originando una serie de síntomas y síntomas neurológicos agudos.

Se considera que la elevación mantenida durante al menos 10 minutos por encima de los 20 mmHg es hipertensión intracraneal y causante de daño neuronal. Existe una escala de valoración del grado de hipertensión intracraneal:

  • Grado leve: entre 20 y 30 mmHg
  • Grado moderado: entre 30 y 40 mmHg
  • Grado severo: por encima de 40 mmHg

¿Quién tiene riesgo de padecer hipertensión intracraneal?

Tienen riesgo de aumento de presión intracraneal aquellas personas que presenten algunas de las enfermedades nombradas a continuación:

  • Ictus isquémico y hemorrágico
  • Encefalopatía hipóxica
  • Trastornos metabólicos: hiponatremia severa mantenida
  • Encefalopatía hepática
  • Hidrocefalia
  • Tumores
  • Abscesos cerebrales
  • Hematomas subdurales y epidurales
  • Contusión hemorrágica
  • Hemorragia intracerebral
  • Encefalopatia hipertensiva
  • Tumores con obstrucción del flujo del líquido cefalorraquídeo.
  • Meningitis y Encefalitis
  • Hemorragia subaracnoidea
  • Trombosis venosa central y malformaciones arteriovenosas

Al producirse el aumento de la presión intracraneal, se producen una serie de ajustes como: 

  • Fase de compensación: en ella, el cerebro y sus componentes alteran sus volúmenes para permitir la redistribución del volumen adicional de forma limitada.
  • Fase de descompensación: en ella, se generan cambios en el estado mental, alteraciones vegetativas y pupilares, debidas al sufrimiento del tronco cerebral.

La hipertensión intracraneal puede ocasionar alteraciones en la microcirculación con edema perilesional, en el caso de lesiones que ocupan espacio, como tumores o sangre, así como también condiciona herniaciones para compensar espacialmente; en última instancia disminuye la perfusión cerebral induciendo la isquemia o muerte cerebral.

¿Cuáles son los síntomas?

 La gravedad de los síntomas depende de la causa de la hipertensión intracraneal, ya que no es igual un proceso crónico como, por ejemplo, una hidrocefalia, en la que los síntomas son de inicio insidioso que pueden evolucionar durante meses o años a una hemorragia cerebral que lleva all paciente en minutos a un deterioro del estado neurológico para culminar en coma profundo y parada cardiorrespiratoria.

Existen tres manifestaciones clásicas comunes a todos los tipos de hipertensión intracraneal que son; cefalea, vómitos y papiledema (inflamación del nervio óptico en el interior del ojo), en ancianos se puede observar, además, falta de atención, apatía, falta de concentración, cambios psíquicos, irritabilidad, deterioro neurológico, somnolencia y lentitud mental.

Se pueden dividir los síntomas según su aparición en:

INICIALES:

  • Cefalea
  • Vómitos
  • Somnolencia
  • Alteraciones psíquicas

AVANZADOS:

  • Papiledema
  • Disminución de la agudeza visual
  • Diplopía o visión doble y estrabismo (alteraciones en el VI par craneal)
  • Rigidez de nuca
  • Alteraciones respiratorias
  • Alteraciones del nivel de conciencia, en ocasiones, llegando al coma
  • Alteraciones de la pupila
  • Alteraciones en la presión arterial y frecuencia cardiaca
  • Fiebre en los casos de procesos infecciosos

¿Cómo se trata la HIC?

Ante la sospecha de encontrarnos con un paciente que presente hipertensión endocraneal, se deben realizar pruebas diagnósticas como lo tomografía axial computarizada, resonancia magnética cerebral y, si no hay peligro por herniación, se puede realizar una punción lumbar que servirá para el estudio del líquido cefalorraquídeo y, a su vez, ayudará a disminuir la presión intracraneal.

El tratamiento se basa en la implantación de medidas generales para mantener el equilibrio en el cuerpo, y en medidas específicas según sea la causa del aumento de la presión intracraneal. Como medidas generales a tomar, se debe mantener la vía aérea permeable y usar sedación y analgesia, si el especialista lo considera necesario. Se debe atender correctamente la presencia de baja saturación de oxígeno, fiebre, anemia, trastornos electrolíticos o elevación de la glucosa.

Tratamiento de primera línea

  • Hiperventilación: se utiliza la capacidad de la hiperventilación de producir hipercapnia y de esta producir vasoconstricción cerebral.
  • Terapia hiperosmolar: utilización de agentes como el manitol para disminuir la presión intracraneal, para que funcione debe estar indemne la barrera hematoencefálica.

Tratamiento de segunda línea

  • Hiperventilación forzada: descenso puntual de la PCO2 disminuye la presión intracraneal pero no debe ser mantenida en el tiempo, ya que se asocia con riesgo de isquemia cerebral.
  • Coma barbitúrico: disminuye el consumo cerebral de oxígeno, pero también produce depresión miocárdica, por lo que, para utilizarse, debe ser en un paciente estable hemodinámicamente.
  • Corticoesteroides: se utiliza en aumentos de presión intracraneal asociados a tumores y abscesos cerebrales.

Por último, en pacientes con patologías crónicas que elevan la presión intracraneal, se puede optar por la vía quirúrgica al colocar una derivación ventrículo-peritoneal o lumboperitoneal para desviar el exceso de líquido cefalorraquídeo a otras partes del cuerpo, como puede ser el abdomen.

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