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Fobia Social

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¿Tienes miedo a ser juzgado por los demás? ¿Sientes vergüenza al hablar con gente que no conoces? ¿Te sientes inseguro en situaciones sociales la mayor parte del tiempo? Si estas preocupaciones te están limitando para realizar tus actividades diarias, como ir a estudiar o al trabajo, es posible que sufras de un trastorno llamado fobia social.
Por lo general, la fobia social se trata con psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambos.

¿Qué es la fobia social?

Este trastorno se caracteriza por sentir miedo o ansiedad extrema, en ciertas o todas las situaciones sociales. Las personas que lo sufren tienen miedo a ser juzgados por los otros, a ser el centro de atención y a sentirse avergonzados. Temen hacer cosas comunes delante de los demás, como ir al banco, comer o beber delante de otra persona, responder a una pregunta en clase, utilizar baños públicos, etc., y piensan que controlar los síntomas está más allá de su capacidad, por lo que acaban evitando dichas situaciones, destruyendo, así, oportunidades de conocer nuevos amigos o posibles parejas, impidiendo el progreso profesional y, en definitiva, obstaculizando su desarrollo personal.

¿Cuáles son las señales y los síntomas de este trastorno?

Las personas con fobia social tienden a:

  • Preocuparse por los escenarios que les producen ansiedad social durante semanas antes de que ocurran y experimentar síntomas con tan sólo pensarlo.
  • Ruborizarse con facilidad delante de los otros.
  • Sudar abundantemente o temblar enfrentando situaciones sociales.
  • Tener taquicardia o sentir que “la mente se queda en blanco” hablando con los demás.
  • Mostrar una postura corporal rígida y tener poco contacto visual.
  • Sufrir náuseas o malestar en el estómago cuando están con otras personas.
  • Tener dificultad para hablar (voz baja, tartamudeo, voz rota, etc.).
  • Tener la sensación de estar constantemente evaluado.
  • Tener dificultad para hacer y conservar amigos.
  • Evitar situaciones que impliquen interacción social.

¿Cuáles son sus causas?

La fobia social suele iniciarse durante la adolescencia y puede tener varios orígenes:

  • La timidez: una timidez mal llevada con el tiempo podría desencadenar en una fobia social. Si una persona tímida empieza a evitar situaciones que le producen ansiedad y se engancha a pensamientos negativos que refuerzan su incapacidad para hacer frente al problema, puede acabar padeciendo este trastorno.
  • Desajuste neuroquímico: hay estudios que demuestran que las personas con fobia social producen un exceso de serotonina, una sustancia química responsable de mantener en equilibrio nuestro estado de ánimo. Cuando hay un déficit de esta sustancia, es posible que la persona desarrolle una depresión y, al contrario, cuando hay un exceso, la sobre activación puede producir los síntomas de la ansiedad.
  • Experiencias traumáticas del pasado: haber sufrido una experiencia humillante en el pasado, como que se rían de ti en público o que te dejen en evidencia, puede originar el desarrollo de una fobia social.
  • Crianza sobreprotegida por la familia: cuando la familia evita que el niño se enfrente a situaciones que de por sí generan un cierto nivel de nerviosismo, como conocer gente nueva, hablar en público, etc., es posible que estén obstaculizando el desarrollo de sus habilidades sociales y que con el tiempo acabe desarrollando una fobia social.
  • Limitación de oportunidades de interacción social: la crianza aislada y con poca interacción con los iguales, es decir, los niños que viven en un mundo de adultos, pueden, con el tiempo, acabar sufriendo una fobia social.
  • Dificultad para interpretar la conducta de los demás: hay estudios que demuestran que las personas con fobia social tienden a malinterpretar la conducta de los demás, como pensar que las personas nos están mirando fijamente o frunciendo el ceño, cuando en realidad no lo están haciendo.
  • Falta de habilidades sociales: habilidades básicas como la escucha, saber hacer preguntas, dar las gracias, presentarse y despedirse, etc., o habilidades complejas como disculparse, pedir ayuda, afrontar críticas, admitir la ignorancia..., son necesarias para tener una interacción social de calidad, sentir la gratificación del intercambio y querer volver a repetir. Si no se tienen, la experiencia social es negativa, se tiende a evitar y puede acabar desarrollándose una fobia social.
  • Herencia por aprendizaje: la falta de modelos de referencia en la infancia sobre cómo comportarse a la hora de relacionarse, puede generar fobia social por aprendizaje hereditario.

¿Qué tratamientos existen?

Por lo general, la fobia social se trata con psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambos. Lo aconsejable es hablar con el médico para valorar qué tratamiento es el más adecuado y hacer un seguimiento de cerca para controlar los posibles riesgos asociados.

  • Psicoterapia: para tratar la fobia social, habitualmente se utiliza la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), que consiste en conocer el origen del problema y desarrollar nuevas formas de resolver las situaciones temidas, mediante la detección de pensamientos irracionales para reemplazarlos por otros más realistas. Además, incluye estrategias de exposición a los estímulos temidos, para ir bajando la ansiedad progresivamente y practicando en el desarrollo de habilidades sociales
  • Medicación: los medicamentos que se recetan con más frecuencia son los ansiolíticos y los antidepresivos.
    • Los ansiolíticos son fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central relajando las funciones del cuerpo y, por tanto, reduciendo la ansiedad. Sus efectos son rápidos, pero no se pueden tomar durante un tiempo largo, pues se desarrolla tolerancia y cada vez se necesitan dosis más altas para conseguir el mismo efecto.
    • Los antidepresivos, por su parte, son fármacos que alteran las funciones químicas del cerebro aumentando el número de neurotransmisores para captar el exceso de serotonina, y reducir así la sintomatología de activación nerviosa. Tardan varias semanas en hacer efecto y tienen efectos secundarios que varían en función de la persona.
    • También se recetan otro tipo de medicamentos llamados beta bloqueadores, que lo que hacen es bloquear el flujo de adrenalina que se desencadena cuando tenemos ansiedad, haciendo que la sintomatología de la fobia social se atenúe.

Técnicas y estrategias de superación

Aunque para los casos complejos de fobia social, lo recomendable es acudir a un profesional y recibir un tratamiento guiado, en el caso de las personas con una sintomatología leve, pueden poner en marcha algunas recomendaciones para intentar afrontarla:

  • Busca una razón de peso: lo más importante es tener un motivo claro por el que merezca la pena empezar a afrontar el problema.
  • No te engañes ni te justifiques: “me gusta estar solo, tengo intereses diferentes a los demás, la gente en general me cae mal, no me importa no tener amigos o pareja…”. Las personas somos muy hábiles a la hora de poner excusas, pero no es lo mismo elegir estar solo o que el miedo y la ansiedad elijan por nosotros.
  • Aprende a respirar: cuando tenemos ansiedad sentimos que nos cuesta respirar de forma superficial, de modo que, estar entrenados en esta técnica, nos puede facilitar el reducir la sensación de malestar.
  • Ejercítate en técnicas de relajación: los síntomas de la fobia social pueden llegar a controlarse mediante técnicas de relajación como, por ejemplo, la relajación progresiva, que se centra en la tensión y relajación de diferentes grupos musculares o el entrenamiento autógeno, cercano a la meditación.
  • Autoexposición (progresión y mantenimiento): cuando queremos afrontar un miedo, a veces, por desconocimiento, acabamos grabándolo. Enfrentar un miedo es como subir una escalera (progresión), si intentamos llegar arriba saltando escalones de dos en dos, posiblemente nos caigamos, y si intentamos alcanzar la cima haciendo trampas y cogiendo el ascensor (automedicación, alcohol, sustancias, estar con gente nueva, pero solo en zonas de confort y seguridad, etc.), tampoco servirá. Lo adecuado es fijarse objetivos progresivos, de lo que menos ansiedad me produce a lo que más. Cada objetivo es un escalón, y hay que permanecer en cada uno, tanto tiempo (mantenimiento) como sea necesario hasta que la reacción emocional de ansiedad, se haya transformado en indiferencia por habituación.
  • Exprésate y no abandones: si tienes miedo a la valoración de los otros, la solución no es huir, expresa lo que sientes y pregunta su opinión.