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Entendiendo el Trastorno Bipolar

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Grandes personalidades del mundo de la literatura (como Virginia Woolf, Edgar Allan Poe o Ernest Hemingway), del cine (Marilyn Monroe o Vivien Leigh), de la música (Kurt Cobain o Frank Sinatra), del arte (Vincent Van Gogh), de la política (Winston Churchill o Abraham Lincoln) han sufrido trastorno bipolar. Coloquialmente se usa (y abusa) equivocadamente el término “bipolar” para referirse a las personas que son impredecibles y que cambian de opinión o de emociones a menudo. No obstante, poco o nada tiene que ver el trastorno con esta forma de entenderlo: conozcámoslo un poco más.
El estado de ánimo normal del trastorno bipolar se combina con episodios maníacos y depresivos, por lo que según en qué fase esté la persona tendrá unos síntomas u otros.

¿Qué es?

El trastorno bipolar, antiguamente llamado “psicosis maniaco-depresiva”, forma parte de los trastornos del estado de ánimo, y se caracteriza por cambios de humor que oscilan entre dos polos opuestos, uno muy alto y uno muy bajo.

Afecta a alrededor del 1,5% de la población y no hay diferencias entre sexos. Se da en todas las culturas y grupos étnicos. Habitualmente empieza al final de la adolescencia o principios de la adultez y aunque puede aparecer en niños o personas mayores, es mucho menos frecuente. Requiere de un tratamiento a largo plazo.

¿Síntomas?

El estado de ánimo “normal” (eutimia) se combina con episodios maníacos (o hipomaníacos) y depresivos, por lo que según en qué fase esté la persona tendrá unos síntomas u otros:

Episodio maníaco (es cuando el estado de ánimo es más alto). Los episodios maníacos se caracterizan por un alto descontrol y los síntomas pueden llegar a ser peligrosos para el propio paciente o para otras personas.

  • Euforia.
  • Irritabilidad.
  • Agitación o alta actividad motriz.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Aumento de la líbido (impulso sexual).
  • Gastos excesivos y/o inapropiados.
  • Planes irrealizables.
  • Aumento de energía, capacidad para hacer muchas cosas.
  • Cambios en los hábitos alimentarios, p.ej. descontrol de horarios.
  • Fuga de ideas o mayor productividad de pensamiento.
  • Hablar demasiado y demasiado rápido.
  • Aumento de la sociabilidad.
  • Sentimientos de grandeza, comportamiento extravagante.
  • Implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves.
  • Pueden darse síntomas psicóticos, p.ej. alucinaciones o delirios.

También se puede dar un episodio hipomaníaco, que sería como un estado maníaco, pero menos grave. Incluso al principio puede resultar agradable para la persona, y habitualmente no necesita de hospitalización. Puede ser la fase previa al episodio maníaco o un episodio en sí mismo. Entre los síntomas habituales encontramos:

  • Aumento de la autoestima.
  • Sentimientos de grandiosidad.
  • Hiperactividad.
  • Aumento de la sociabilidad.
  • Locuacidad.
  • Dormir menos.
  • Gastar más de lo habitual.
  • Falta de autocrítica.
  • Optimismo exagerado.
  • Aumento de la líbido.
  • Aumento de la emotividad.

Episodio depresivo (estado de ánimo bajo -depresión mayor-). El episodio depresivo es más largo y más profundo cuanto más larga y profunda es la fase maníaca o hipomaníaca previa, por lo que cuanto más se reduzcan los picos, más estable estará la persona. Por eso es importante tratar los síntomas hipomaníacos cuanto antes. Se caracteriza por:

  • Tristeza, vacío o desesperanza.
  • Baja autoestima.
  • Falta de energía y de motivación.
  • Bajo nivel de actividad y lentitud.
  • Cambios en el sueño: o dormir poco (insomnio) o demasiado (hipersomnia).
  • Cambios en el apetito: comer demasiado o demasiado poco.
  • Tendencia al aislamiento.
  • Disminución de la líbido.
  • Falta de concentración.
  • Sentimientos de culpa.
  • Ideación suicida.

Episodio mixto: puede ocurrir que se dé simultáneamente un estado de depresión y de manía. Por ejemplo, se pueden dar sentimientos de grandiosidad con pensamientos suicidas o de culpa intensa. En este estado es más elevado el riesgo de cometer suicidio, ya que se junta una tristeza muy profunda con la dificultad para controlar los impulsos.

¿Otras complicaciones?

  • Alto riesgo de suicidio. Se estima que un 15% de las personas con trastorno bipolar se acaban suicidando.
  • Problemas financieros.
  • Problemas legales.
  • Abuso de alcohol o drogas.
  • Dificultades en las relaciones familiares, de pareja y con las amistades.
  • Dificultades laborales.

¿Tipos?

Existen fundamentalmente dos tipos básicos de trastorno bipolar:

  • Trastorno bipolar tipo I: se diagnostica cuando se han dado uno o más episodios depresivos mayores y al menos un episodio maníaco (o mixto).
  • Trastorno bipolar tipo II: se diagnostica cuando se han dado uno o más episodios depresivos mayores y al menos un episodio hipomaníaco. Alrededor del 10% de los casos con trastorno bipolar tipo II se acaban convirtiendo en tipo I.

Dentro de los trastornos bipolares también encontramos el trastorno ciclotímico (o ciclotimia), que sería una versión más leve, y estaría compuesto por uno o más episodios de hipomanía con uno o más episodios de depresión leve o moderada (no llegan a cumplirse criterios necesarios para diagnosticar episodio depresivo mayor).

¿Causas?

El trastorno bipolar es una alteración de los mecanismos que regulan el estado de ánimo. Estos mecanismos se deben tanto a factores genéticos (herencia, vulnerabilidad biológica) como a factores ambientales (acontecimientos estresantes que activan el problema). No hay una causa única que haga que se desarrolle el trastorno; es siempre debido a la interacción de diversos factores.

¿Tratamiento?

El trastorno bipolar es una de las enfermedades mentales más incapacitantes, pero también de las más abordables terapéuticamente. El tratamiento combinado, es decir, psicoterapia y medicación, hace que sea posible llevar una vida autónoma y gratificante.

Dentro del tratamiento farmacológico destaca el litio, que fue el primer estabilizador del estado de ánimo aprobado para tratar episodios maníacos y depresivos. También existen algunos anticonvulsivos como el ácido valproico o la lamotrigina, que también se usan como estabilizadores. Es importante no abandonar la medicación cuando la persona se encuentra bien, ya que se podría producir una nueva crisis.

Por otro lado, el tratamiento psicológico incide en los siguientes aspectos:

  • Aceptar y conocer el diagnóstico sin hacer de él un estigma. Es importante remarcar el papel que tiene la actitud que tome la persona en el pronóstico de la patología. Si se toman las medidas adecuadas, lo que se “cronificará” será la estabilidad y no la enfermedad.
  • Evitar hábitos que puedan facilitar las crisis, como el consumo de drogas o estimulantes.
  • Fomentar hábitos que promuevan la estabilidad: pautas de sueño adecuadas y alimentación equilibrada.
  • Aprender a manejar el estrés.
  • Averiguar los factores de riesgo: qué situaciones habitualmente producen síntomas, cuáles son los activadores habituales y cómo se les puede hacer frente de una forma efectiva para no se llegue a producir una crisis.
  • Aprender a detectar las señales de alerta para poder intervenir terapéuticamente. Los episodios depresivos o maníacos no aparecen de repente y, además, no todos los afectados experimentan los mismos síntomas. Se trata de que cada persona conozca cuáles son sus manifestaciones para saber cuándo pedir ayuda.
  • Orientación familiar: es importante que los familiares entiendan el trastorno, cómo influye en la familia y cómo puede ésta influir sobre el trastorno. Reducir sentimientos de culpa y recriminaciones.