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En Qué Consiste la Tripofobia

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El mundo de las fobias es realmente curioso. ¿Sabías que hay personas que pueden sentir pánico ante la imagen de un panal de abejas, un traje de lunares o una foto llena de burbujas? Estamos hablando de un trastorno llamado tripofobia, que consiste en la repulsión y ansiedad ante la observación de patrones de pequeños agujeros que se encuentran juntos.
La tripofobia es una fobia al patrón repetitivo, miedo irracional o repulsión al mirar o estar cerca de figuras geométricas muy juntas.

¿A qué tienen miedo?

La palabra tripofobia deriva del vocablo griego trypo, que significa "agujero" o "perforación". Fobia significa "miedo irracional".

La tripofobia es el miedo a imágenes con un patrón de orificios, rectángulos o bultos pequeños muy juntos que generan un contraste. En otras palabras, sería una fobia al patrón repetitivo, miedo irracional o repulsión al mirar o estar cerca de figuras geométricas muy juntas. A pesar de que la tripofobia la padecen muchas personas, todavía su diagnóstico no es oficial, y no se recoge todavía en el DSM-V (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), el que se considera como la Biblia de la psiquiatría.

A quienes sufren tripofobia les genera repulsión y una ansiedad significativa el hecho de observar patrones de pequeños agujeros que se encuentran juntos. Panales, trajes de lunares, las múltiples burbujas de la espuma en el baño, hormigueros, ciertos hongos o los frutos del loto. Incluso, sin ir más lejos, si aumentamos la visión de nuestra piel nos encontramos ante miles de poros que siguen este patrón de pequeños orificios aglomerados. Si el trastorno es muy intenso, los afectados incluso pueden mostrar repulsión a fotos que muestren este tipo de estructuras geométricas repetitivas.

Un poco de historia

Los primeros investigadores de esta entidad fueron los científicos Arnold Wilkins y Geoff Cole. Además de investigar este trastorno, acuñaron su nombre. Sus estudios, en 2005, intentaron probar que la tripofobia es repulsión que no se basa en un miedo cultural aprendido. En un estudio, identificaron reacciones tripofóbicas en un 16% de los sujetos que participaron, por lo tanto, tampoco es una situación tan infrecuente.

En 2010, una encuesta hecha por un grupo de servicios financieros para un programa de mercadotecnia citó la tripofobia, el temor de los agujeros o grupos de agujeros como el segundo mayor temor, detrás del miedo a los objetos de madera (xilofobia).

En febrero de 2013, la revista Psychological Science publicó el estudio de Geoff Cole, experto en ciencias de la visión realizado en la prestigiosa Universidad de Essex que demostraba que la tripofobia no es una fobia condicionada culturalmente.

Entonces, ¿por qué podemos desarrollar miedo a los patrones geométricos?

Muchas de las fobias que conocemos tienen su origen en una mala experiencia muy traumática, o bien aprendida o recibida por herencia cultural.

Con la tripofobia, esto no es exactamente así. Parece que la tripofobia puede ser un mecanismo evolutivo natural de defensa que alerta a nuestro cerebro. Es decir, la persona siente repulsión y se pone nerviosa al observar un patrón similar al de  peligrosos animales venenosos que viven en nuestro planeta; como si fuera una señal de alarma para no acercarse. Es, por lo tanto, un miedo ancestral. Seguramente, hace cientos o miles de años, este “mecanismo de alerta” salvó la vida a muchos de nuestros antepasados.

Muchos de los animales más letales del planeta como, por ejemplo, la cobra real (Ophiophagus hannah), diversas arañas, el escorpión muerte acechante (Leiurus quinquestriatus), la rana punta de flecha, el pulpo de anillos azules, el caracol cono de mármol o algunos escorpiones, tienen en su piel patrones repetitivos de figuras geométricas.

Síntomas

Los síntomas de una fobia son muy heterogéneos y varían según la intensidad de la aversión o miedo de la persona que la padece.

Algunos de sus síntomas son cosquilleos, comezón o picazón en el cuerpo, ansiedad, incluso náuseas. Esta fobia puede estar relacionada con el miedo a los parásitos o a las infecciones.

Podemos encontrar una gran variedad de síntomas, como los siguientes:

  • Ansiedad
  • Palpitaciones
  • Repulsión o asco
  • Sensación de opresión en el pecho
  • Mareo
  • Hormigueo en las extremidades
  • Sensación de debilidad
  • Desmayo
  • Náuseas o vómitos
  • Sensación de falta de aire
  • Sudoración
  • Temblores

¿Tiene cura?

Como todas las fobias, la tripofobia tiene cura. Su abordaje puede ser desde varios puntos de vista y terapias. Siempre se debe acudir a un profesional especializado (psicólogo clínico), para que, tras la evaluación y diagnóstico, elabora una estrategia de tratamiento que se adapte lo mejor posible a la persona que padece el trastorno.

Hay varios tipos de terapias y tratamientos para tratar la tripofobia:

  • Terapia de exposición

Consiste en exponerse a imágenes tripofóbicas, que cumplan con las características de lo que produce el malestar.

Este tipo de exposición suele ser muy efectiva. Se aplica de forma gradual, aumentando la intensidad del estímulo, comenzando desde lo que provoca una menor ansiedad, hasta lo que provoca la ansiedad más intensa.

  • Terapia de desensibilización sistemática

Es menos intrusiva que la terapia de exposición y requiere de más tiempo y esfuerzo.

Habitualmente, a través de la imaginación, el psicoterapeuta irá introduciendo al paciente en sus miedos, paulatinamente, anotando la frecuencia e intensidad de sus síntomas. Sesión tras sesión se va dando un paso más, hasta que la intensidad de los síntomas va reduciéndose.

Finalmente, esta terapia concluye con la exposición del paciente al estímulo que más ansiedad le causaba. Ya pudiendo afrontarlo sin que se dispare su ansiedad y angustia.

  • Tratamiento no convencional

La práctica de yoga o meditación o, la acupuntura, pueden ser prácticas eficaces para disminuir los niveles de ansiedad y acompañar a las terapias psicológicas.

  • Tratamiento farmacológico

Aunque no son el tratamiento de primera línea ni el más eficaz para el tratamiento de las fobias, los fármacos ayudan a disminuir los síntomas producidos por la ansiedad. Los medicamentos que se suelen administrar son los ansiolíticos y antidepresivos.

Se recurre al tratamiento farmacológico cuando la fobia es tremendamente angustiante en el día a día de la persona que la padece, cuando los síntomas son incontrolables e interfieren de una forma significativa en su vida diaria.