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El bótox mejora tu piel, pero también tu salud

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En realidad “bótox” es un nombre comercial. La denominación correcta de este fármaco es toxina botulínica y es uno de los tratamientos estéticos de rejuvenecimiento facial más demandados. Se inyecta en la dermis y su función principal es eliminar las líneas de expresión y pequeñas arrugas. Aunque no somos conscientes de ello, gesticulamos continuamente. Cada día hacemos miles de gestos: masticar, sonreír o fruncir el ceño son solo algunos de ellos. Para conseguirlo ponemos en funcionamiento distintos músculos de la cara y, con el paso del tiempo, aparecen las temidas marcas de expresión.

Las zonas faciales más afectadas por la gesticulación son los ojos y la boca. Afortunadamente, la medicina estética ha desarrollado numerosos tratamientos para combatir estas muescas que el paso del tiempo va dejando en nuestro rostro, creando un aspecto envejecido y cansado. Uno de los más efectivos para contrarrestar estos efectos son las inyecciones de toxina botulínica. Principalmente, para eliminar las arrugas horizontales de la frente, las líneas que se marcan en el entrecejo y las patas de gallo.

Al contrario que otras sustancias que se infiltran, el bótox no rellena las arrugas, ni sirve para aportar volumen a zonas deprimidas. Por este motivo, no es un tratamiento efectivo para las arrugas que aparecen en reposo, fruto del envejecimiento. La toxina botulínica paraliza el conjunto de músculos de la zona en la que se aplica. Impide su movimiento y, en consecuencia, las líneas de expresión desaparecen.

Los efectos del tratamiento no son inmediatos, comenzarán a ser efectivos pasados unos días tras la aplicación. Su efectividad para minimizar las líneas que marca la gesticulación en nuestra cara es altamente reconocida. Su éxito le precede y es una de las técnicas más aplicadas por los dermatólogos en las clínicas de medicina estética. Es un procedimiento indoloro, la sustancia se aplica mediante inyecciones y la principal molestia es el pinchazo de la aguja para inyectar la toxina.

Además, el bótox no deforma la expresión facial. Se puede gesticular con normalidad tras la aplicación del tratamiento. Aunque siempre debe ser aplicado por un médico especializado en este tipo de técnicas, ya que debe inyectarse en la zona apropiada y en la cantidad necesaria. Solo con una aplicación adecuada se consigue el efecto de rejuvenecimiento facial perseguido.

Otras aplicaciones de la toxina botulínica

Aunque relacionamos esta sustancia con técnicas de rejuvenecimiento facial, lo cierto es que en sus orígenes esta no era su finalidad. En 1989 la Food and Drugs Administration, FDA, aprobó su uso en el campo de la oftalmología para tratar casos de estrabismo. Durante estos tratamientos los oftalmólogos observaron como su aplicación minimizaba las arrugas de los pacientes alrededor de los ojos. A partir de este momento comenzó a utilizarse en el campo de la medicina estética.

embargo, la toxina botulínica no deja de sorprendernos. En los últimos años se han desarrollado diferentes investigaciones y se han hallado nuevas aplicaciones para las que esta sustancia es altamente efectiva. Desde hace algunos años, también se utiliza para combatir la sudoración excesiva o hiperhidrosis. Hablamos de un problema que causa cierto nivel de malestar e inseguridad en las personas que lo padecen. La inyección de esta sustancia en las zonas afectadas puede mejorar, notablemente, la calidad de vida de estos pacientes.

Estos tratamientos médicos resultan muy efectivos. Se aplican, con anestesia local, en las zonas más problemáticas. Generalmente, la sudoración intensa afecta principalmente a las palmas de las manos, axilas y plantas de los pies, donde se encuentra la mayor cantidad de glándulas sudoríparas. Las inyecciones eliminan el problema de sudor excesivo durante un tiempo, de forma mínimamente invasiva y sin efectos adversos. Cuando el efecto desaparece, el paciente se puede someter a una nueva dosis para mantener la hiperhidrosis fuera de su vida.

Otra aplicación novedosa del bótox es su capacidad para eliminar el bruxismo. Hablamos de un problema que afecta a un gran porcentaje de la población que consiste en rechinar o apretar los dientes de forma involuntaria e intensamente. Muchos pacientes no saben que padecen este problema, ya que generalmente se produce durante el sueño, aunque también pueden hacerlo despiertos. Además del desgaste evidente de las piezas dentales, pueden desencadenar otras afecciones como migrañas o dolor de cervicales.

Los pacientes con esta dolencia contraen de forma reiterada los músculos masticatorios, especialmente los maseteros. La inyección de toxina botulínica en área muscular permite aliviar la presión producida por este acto involuntario de la mandíbula.

Investigaciones científicas han aportado luz sobre otros beneficios del bótox para la salud. De hecho, la FDA aprueba su uso para problemas de incontinencia urinaria, migraña crónica, parálisis infantil, osteoartritis o blefaroespasmo. Los estudios más recientes también señalan que su aplicación también puede resultar beneficiosa para problemas de rosácea o el tratamiento de cicatrices.

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