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Correcto Uso de los Antibióticos

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Este artículo se convertiría en un tratado si quisiéramos condensar toda la información relevante en cuanto a los antibióticos. Me gustaría que al finalizar esta lectura tuvieras conciencia del uso racional del antibiótico, de la importancia de seguir el tratamiento a pesar de que los síntomas mejoren y de los riesgos del abuso del mismo.

Cuando el antibiótico empleado en primera opción no consigue erradicar la infección debemos iniciar otro antibiótico de una familia diferente.

¿Sabías que España es uno de los países desarrollados con más consumo de antibióticos? Desgraciadamente, está directamente relacionado con mayores tasas de resistencias bacterianas. Del total de prescripciones realizadas, el 90% procede de los centros de atención primaria y de los servicios de urgencias. Y el otro 10%, ¿responde a la automedicación?

Existen dos grandes grupos de antibióticos según su mecanismo de acción:

  • Bactericidas: su acción es letal, llevando a la lisis bacteriana. Erradica el germen.
  • Bacteriostáticos: impiden el desarrollo y la multiplicación bacteriana, pero sin llegar a destruirla.

Cuando un médico extiende una receta de antibiótico debe pensar en cosas muy diferentes a la vez. Fundamentalmente, el foco infeccioso bacteriano a tratar (si se trata de una infección respiratoria, urinaria, cutánea...), la selección del grupo específico de antibióticos (¿el paciente tiene alguna alergia? ¿ha realizado otra pauta recientemente?), la posología a recomendar (según el foco puede variar la dosis de antibiótico a recomendar). Por ejemplo, no es igual la dosis de amoxicilina para una amigdalitis que para una neumonía, el cumplimiento del tratamiento y otra medicación que pueda tomar el paciente.

TRATAMIENTO EMPÍRICO

Normalmente indicamos un tratamiento que llamamos empírico, ¿que significa? Consiste en prescribir el antibiótico que más probablemente va a erradicar la infección del área a tratar, sin conocer con exactitud el germen causante de la infección. ¿Qué ocurre si ese antibiótico no consigue erradicar los síntomas? Si es una infección poco relevante podemos recetar otro antibiótico de una familia diferente. Sin embargo, cuando existe afectación del estado general y, en caso de que el primer antibiótico no sea eficaz, puede estar indicado solicitar un estudio microbiológico y un antibiograma. ¿En qué consisten? Con el estudio microbiológico aislamos con exactitud el germen que causa la infección. Con el antibiograma conocemos exactamente los antibióticos a utilizar frente al germen aislado.

¿Por qué insistimos tanto en la resistencia al antibiótico?

Justamente porque los principales motivos del fracaso terapéutico son la automedicación y el abuso (utilización inapropiada y excesiva), ambos evitables.

Una de las consecuencias inmediatas del abuso de antibiótico es la resistencia de los gérmenes a los antibióticos con un gran impacto clínico negativo y una repercusión económica muy importante. Cuando el antibiótico empleado en primera opción no consigue erradicar la infección debemos iniciar otro antibiótico de una familia diferente. Ello conlleva, no sólo a un doble gasto (con repercusión económica) sino también a un alargamiento en el proceso clínico (mayor tiempo de incapacidad para el paciente).

Por otro lado, la prescripción de un tratamiento antibiótico implica tener un amplio conocimiento de las reacciones adversas y de las interacciones farmacológicas para informar adecuadamente al paciente.

¿Qué nos pasa por la cabeza a la hora de la prescripción?

Una vez confirmado el foco del cuadro infeccioso (tras un interrogatorio y una exploración dirigidos) pensaremos en los posibles gérmenes causantes. En este punto debemos ser conocedores de qué gérmenes son los más habituales en cada uno de los posibles focos infecciosos y de las familias de antibióticos más recomendables para cada tipo de infección. Es decir, que la amoxicilina, por ejemplo, no es eficaz para todos los focos infecciosos.

Vamos a recordar los principales grupos de antibióticos:

  • Betalactámicos: Se pueden clasificar en cuatro grupos diferentes: penicilinas (amoxicilina, cloxacilina…), cefalosporinas (cefuroxima, cefazolina…), monobactámicos y carbapenemes. Constituyen la familia más numerosa de antimicrobianos y la más utilizada en la práctica clínica. ¡Ojo! A este grupo pertenecen los derivados de la penicilina que producen reacciones alérgicas en un 5 % de la población. Si eres alérgico no puedes tomarlos. Además, si eres alérgico a la penicilina también podrías serlo a las cefalosporinas por la llamada reacción cruzada. ¡Cuidado! El 10% de la población es alérgica a las penicilinas y cefalosporinas a la vez.
  • Aminoglucósidos: gentamicina, amikacina y estreptomicina. Cuidado pueden ocasionar Ototoxicidad y nefrotoxicidad.
  • Macrólidos: eritromicina, claritromicina, azitromicina (famoso antibiótico de los 3 días consecutivos a una sola dosis diaria), josamicina.
  • Quinolonas: ciprofloxacino; ofloxacino; levofloxacino; moxifloxacino; norfloxacino. Muy utilizadas en infecciones urinarias.
  • Sulfamidas: trimetoprima; cotrimoxazol.
  • Tetraciclinas: doxiciclina; minociclina; tetraciclina; oxitetraciclina; tigeciclina.
  • Otras familias serían: glicopéptidos como vancomicina; lincosamidas como la clindamicina; anfenicoles como el cloranfenicol.

En el momento de elegir el antibiótico de elección es cuando valoramos el perfil de nuestro paciente (alergia, edad, peso, función renal y hepática, embarazo, antecedentes y tratamiento crónico). Asimismo, pensamos en la vía de administración más adecuada (oral, tópica, endovenosa, intramuscular…).

En la visita de control valoraremos el correcto cumplimiento y la eficacia del tratamiento.

¿Y qué decir en cuanto al uso de antibiótico profiláctico o para prevenir una infección? Su uso debe acotarse sólo para aquellas situaciones clínicas que puedan desestabilizar a un paciente frágil o inmunodeprimido.

¿Qué tenemos que preguntar obligatoriamente al prescribir un antibiótico?

Exactamente lo que has pensado: ¿tiene alguna alergia? Aquí te quiero añadir que es importantísimo tener estudiada cualquier posible alergia detectada previamente, dado que al catalogar a un paciente como alérgico, cerramos la puerta de una determinada familia de antibióticos para toda la vida. Por ello, si alguna vez has tenido una reacción extraña al tomar un antibiótico no te quedes con la duda, hazte las pruebas específicas para confirmar o descartar tu alergia. Ese posible antibiótico puedes necesitarlo en un futuro y tenemos que saber si te lo podemos prescribir o no.