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Convivir con la Dispepsia

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Es muy frecuente que, en épocas de celebraciones, cumpleaños o fechas festivas, ante una transgresión dietética (comidas más abundantes o más copiosas) o un consumo más elevado de alcohol, podamos experimentar ciertas molestias en el estómago propias de un proceso de indigestión. No obstante, cuando estas molestias se repiten con más frecuencia y sin estar relacionadas con un consumo excesivo de comida o alcohol, podemos estar ante una dispepsia, considerada un trastorno frecuente que puede afectar hasta el 30% de la población general.

La dispepsia se define como cualquier dolor o molestia en la zona superior del abdomen (por encima del ombligo).

Definiendo la dispepsia

Etimológicamente, la palabra dispepsia se compone del término griego dys, que significa “malo” y pepto, que significa “digestión”, por lo que su significado podría ser “mala digestión”. Así pues, la dispepsia se define como cualquier dolor o molestia en la zona superior del abdomen (por encima del ombligo) que cursa con los siguientes síntomas: dolor estomacal, sensación de hinchazón, saciedad precoz, pérdida de peso, digestión pesada, ardor, gases, vómitos o náuseas.

Tipos y causas de la dispepsia

En base a sus causas, la dispepsia se puede clasificar en orgánica o funcional:

  • Dispepsia orgánica: es más frecuente en las edades más avanzadas ya que su causa es debida a varias patologías que deben ser diagnosticadas mediante pruebas específicas. Entre las causas más frecuentes de dispepsia orgánica encontramos:
    • Enfermedad ulcerosa péptica.
    • Enfermedad por reflujo gastroesofágico.
    • Cáncer gástrico.
    • Enfermedades biliares.
    • Cáncer pancreático.
    • Pancreatitis crónica.
    • Causas extra digestivas como: diabetes mellitus, uremia, insuficiencia adrenal y alteraciones hidroelectrolíticas, alteraciones tiroideas.
    • Consumo de ciertos medicamentos (antiinflamatorios, antibióticos).
    • Consumo excesivo de alcohol y tabaco.

De entre todas estas causas, la esofagitis erosiva y la úlcera péptica son las más frecuentes. De hecho, existe una mayor probabilidad de encontrar una úlcera en un paciente con dispepsia si éste es mayor de 40 años, varón, consumidor habitual de antiinflamatorios (AINES), o está infectado por Helicobacter pylori. En concreto, el consumo de AINES es responsable de hasta un 5% de las úlceras duodenales y un 30% de las gástricas.

  • Dispepsia funcional: cuando no existe ninguna evidencia de enfermedad estructural (incluida la endoscopia digestiva alta) que pueda explicar los síntomas, se considera que la dispepsia es funcional. Antiguamente, la dispepsia funcional se denominaba dispepsia no ulcerosa, aunque hoy en día esta nomenclatura es errónea ya que existen otras causas de dispepsia orgánica además de la úlcera.

Para su diagnóstico es importante saber que sus síntomas:

  • Pueden ser continuos o intermitentes.
  • Pueden no estar relacionados con la ingesta de alimentos.
  • Deben haber aparecido al menos seis meses antes del diagnóstico y estar activos durante al menos tres meses.

Además, se requiere un estudio diagnóstico que incluya, al menos, una endoscopia y la ausencia de infección por Helicobacter pylori y que excluya cualquier enfermedad orgánica, sistémica o metabólica que justifique los síntomas.

Este tipo de dispepsia es la afecta a las 2/3 partes de los casos diagnosticados y entre sus causas más comunes encontramos:

  • Motilidad digestiva.
  • Regulación autonómica.
  • Sensibilidad visceral.
  • Respuesta general al estrés.
  • En concreto, los pacientes con dispepsia funcional suelen padecer alteraciones psicológicas como tensión, ansiedad, estrés, etc. ya que estos factores pueden alterar la función nerviosa central y, por ende, alterar la función sensorial y motora del estómago, provocando una hipersensibilidad visceral. Por ello, las terapias psicológicas, incluyendo la terapia cognitivo conductual, también pueden mejorar síntomas de este tipo de dispepsia.

¿Qué hacer si sospecho que tengo dispepsia?

Si los síntomas de dispepsia son ocasionales y tienen una causa clara (por ejemplo, una cena abundante el día antes) es suficiente con hacer una dieta de protección gástrica (o dieta blanda) acompañada de un tratamiento con un antiácido si los síntomas son bastante molestos. En estos casos, la sintomatología desaparecerá espontáneamente en pocos días.

Si los síntomas son más intensos o persistentes, es posible que sea necesario consultar al médico para realizar una serie de pruebas diagnósticas entre las que se incluye un análisis de sangre y una endoscopia que nos identificará la causa orgánica de esta dispepsia.

Además, estas pruebas también servirán para descartar alteraciones del funcionamiento de la glándula tiroidea, u otros problemas como una enfermedad celíaca, que pueden ocasionar síntomas similares a la dispepsia

Tratamientos y cuidados a tener en cuenta

Cuando la causa es funcional, el tratamiento se basa en llevar a cabo unos hábitos de vida y alimentarios sanos que pueden ser útiles para mejorar la dispepsia. Entre estas medidas destacamos:

  • Mantener un peso normal, hecho que disminuye significativamente los síntomas de reflujo y a veces la dispepsia.
  • Evitar las comidas muy abundantes.
  • Ingerir comida en pequeñas cantidades y hacer comidas más frecuentes.
  • Comer despacio y masticar adecuadamente para favorecer el procesamiento gástrico de los alimentos.
  • Evitar ingerir alimentos muy tarde y acostarse inmediatamente después de comer.
  • Consultar con el médico, especialmente antes de tomar antiinflamatorios.
  • Dejar de fumar y evitar la ingesta de bebidas alcohólicas.

Si estas medidas no funcionan, los tratamientos farmacológicos para la dispepsia son:

  • Los llamados inhibidores de la bomba de protones (omeprazol), cuya acción es disminuir la producción de ácido del estómago.
  • Los procinéticos (metoclopramida y domperidona), cuya acción es aumentar las contracciones del estómago para favorecer el vaciamiento gástrico
  • Los medicamentos antidepresivos del grupo de la amitriptilina (a dosis más bajas de las que se utilizan para la depresión) ya que se ha demostrado que son capaces de regular las sensaciones provenientes del tubo digestivo, disminuyendo la sensibilidad al dolor y aumentando la tolerancia a las molestias de la dispepsia.
  • En función del tipo y la gravedad de los síntomas, el médico recomendará un tratamiento u otro (o la combinación de éstos), ajustando la dosis a cada persona. Sin embargo, hay que recordar que, la mayoría de veces, la dispepsia funcional no precisa tratamiento farmacológico sino más bien un apoyo psicológico e información suficiente para entender que no se trata de una enfermedad orgánica grave.

Riesgos y complicaciones

La gravedad de la dispepsia funcional puede oscilar en el tiempo, con períodos de más o menos sintomatología, aunque no tiene mayor riesgo de complicaciones ni secuelas a largo plazo. Sin embargo, este tipo de dispepsia tiene el inconveniente de que puede llegar a ser muy molesta y de duración crónica (el 50% de los pacientes siguen experimentando síntomas a los cinco años de seguimiento) ya que no hay un tratamiento 100% efectivo en todos los pacientes.

En el caso de dispepsia orgánica, las complicaciones se derivan de la causa orgánica que las produce. Por ejemplo, si es producida por una úlcera, su evolución dependerá de la gravedad de ésta y su pronóstico mejorará con un tratamiento para la cura y prevención de las causas de dicha úlcera.

SABÍAS QUE…

Aunque se ha relacionado mucho la dispepsia con la infección por Helicobacter pylori, a día de hoy sabemos que esta infección no es una causa directa de dispepsia, salvo que esta bacteria sea la causante de úlcera de estómago o duodeno. Por ello, el tratamiento de una dispepsia cuando coexiste con una infección por Helicobacter pylori no debe ser un antibiótico ya que éste erradicará la bacteria, pero no la causa orgánica de la dispepsia.