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Cómo Prevenir el Ictus

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En la sociedad occidental actual, en la que los estilos de vida (alimentación, nivel de estrés, sedentarismo…) han cambiado notablemente, el ictus es una de las patologías que más problemas de salud y mortalidad causa. De hecho, es la primera causa de muerte en las mujeres y la primera causa de discapacidad en nuestro país. Pero… ¡no todo son malas noticias! Se puede actuar eficazmente a muchos niveles para disminuir su impacto. Si no, atento a estos datos:

  • Cuantos más factores de riesgo presente una persona, mayor será el riesgo de que lo sufra. Simplemente adoptando una serie de consejos sencillos que vamos a exponer a continuación, entre el 60 y el 80% de los ictus se pueden prevenir.
  • Una vez padecido, la identificación inmediata de sus síntomas será crucial en la evolución del enfermo. Te explicamos cuáles son esos síntomas para que puedas reconocerlos con agilidad. ¡Puedes salvar una vida!
  • La precocidad en el acceso al tratamiento aumenta la probabilidad de recuperación casi total o con muy pocas secuelas del enfermo. ¡Avisa con celeridad a los servicios médicos de emergencia!
  • Cabe destacar que tener un factor de riesgo no implica que forzosamente se vaya a padecer un ictus, sólo indica un aumento de probabilidad de padecerlo.

¿Qué es un ictus?

El “ictus”, “ataque cerebral” o “accidente vascular cerebral (AVC)” es una enfermedad cerebrovascular que se produce por la disminución u obstrucción del flujo sanguíneo que llega al cerebro y, por tanto, éste no recibe la cantidad necesaria de oxígeno, lo que provoca que las células nerviosas dejen de funcionar o, incluso, mueran.

Hasta 1 de cada 6 personas en el mundo padecerá un ictus en algún momento de su vida. Aunque los accidentes cerebrovasculares suelen afectar en mayor medida a los mayores de 65 años, en los últimos años la incidencia en menores de 64 años creció de forma significativa.

Existen dos grandes categorías de ataque cerebral: aquellos llamados “isquémicos” y causados por un bloqueo del flujo sanguíneo (por la generación de una trombosis, una embolia vascular o por una estenosis) y aquellos llamados hemorrágicos”, causados por una hemorragia, coloquialmente denominada derrame cerebral.

  • La formación de un coágulo dentro del vaso sanguíneo en el cerebro o en el cuello se denomina “trombosis”.
  • El movimiento del coágulo por el torrente sanguíneo desde otra parte del cuerpo, como p.ej. desde el corazón al cerebro, se denomina “embolia”.
  • El estrechamiento grave de una arteria dentro del cerebro o que va hacia él se denomina “estenosis”.

Los trastornos cardíacos comunes como la enfermedad coronaria, las valvulopatías, el latido cardíaco irregular (fibrilación auricular) o el aumento de tamaño de una de las 4 cámaras cardiacas, pueden dar lugar, como resultado, a la formación de coágulos que pueden bloquear vasos sanguíneos dentro del cerebro o que van hacia él y también que éstos se desprendan y viajen a otros puntos del organismo. Su médico tratará su enfermedad cardíaca y también podría recetar medicamentos, como la aspirina, para ayudar a prevenir la formación de coágulos. Incluso podría recomendarle la cirugía para limpiar una arteria del cuello tapada si usted presenta un perfil de riesgo particular.

Signos y síntomas

Algunas de las señales de alarma son las siguientes:

  • El entumecimiento, la pérdida de fuerza o de la sensibilidad en la mitad del cuerpo (a nivel del brazo o la pierna). A nivel facial, la asimetría entre ambos lados de la cara (la desviación de la comisura labial).
  • La visión se vuelve borrosa o incluso se pierde repentinamente, de uno o los dos ojos.
  • Confusión súbita, dificultad para hablar o no se entiende lo que el enfermo dice cuando habla (Disartria).
  • Dolor de cabeza intenso y repentino asociado o no a la presencia de vómitos.

Cuando se presenten estos síntomas no debemos caer en los errores siguientes:

  • Decir “¡ya se me pasará!”, retrasando la llegada a un hospital.
  • Automedicarse, sin haber consultado antes el consejo específico de un médico.
  • Conducir el coche personalmente para acudir al centro médico.

Ante la más mínima sospecha de estar padeciendo un ictus, lo más seguro y acertado siempre será avisar a los servicios médicos de emergencia y simplemente decir “¡creo que me está dando un ictus!”.

A veces los signos de advertencia pueden durar solamente unos pocos segundos o minutos y luego desaparecen. Estos episodios conocidos como “ataques isquémicos transitorios (AIT)”, aunque son breves, identifican una afección seria subyacente que no desaparece sin atención médica. Desgraciadamente, cuando se disipan, muchas personas los ignoran. ¡No lo hagas y préstales atención: pueden salvarte la vida!

Factores de riesgo

Cabe destacar que tener un factor de riesgo no implica que forzosamente se vaya a padecer un ictus, sólo indica un aumento de probabilidad de padecerlo.

Algunos de los factores de riesgo asociados al ictus no pueden controlarse, como es el caso de la edad, o la herencia genética, pero otros muchos sí pueden ser controlados (como p.ej. el tratamiento de la enfermedad cardiaca) y algunos de ellos incluso con gran éxito.

Decálogo de consejos para reducir el riesgo de padecer un accidente cerebrovascular

  • Controla la hipertensión arterial: es el principal factor predisponente a padecer ictus. Conviene intentar mantener sus niveles en valores óptimos.
  • Deja de fumar: si necesitas ayuda, consulte con los especialistas.
  • Reduce el consumo de alcohol: porque un buen número de ictus están provocados por un consumo abusivo de alcohol.
  • ¡Adelgaza! La obesidad suele llevar asociada problemas de hipercolesterolemia, diabetes o el sedentarismo, así como enfermedad cardiovascular.
  • Dieta sana y equilibrada: aprovecha nuestra dieta mediterránea y aumenta el consumo de verduras, frutas y hortalizas.
  • Controla la diabetes.
  • Controla el colesterol elevado: junto con el tabaco es el principal causante de la creación de la placa arteriosclerótica que obstruye o tapona las arterias.
  • Muévete más: la práctica de ejercicio físico con regularidad es el mejor aliado en la prevención del ictus debido a que mantiene un corazón fuerte y unas arterias limpias. ¡Sólo con caminar una hora a diario ya es suficiente!
  • Mantente sereno y positivo: el estrés crónico y/o el carácter “temperamental” aumenta el riesgo de ictus.
  • Aumenta la reserva cognitiva: leer, aprender un idioma, hacer tareas bimanuales, o escribir un diario son experiencias que hacen a nuestro cerebro más resistente frente a posibles secuelas de ictus y hacer que la recuperación sea significativamente mejor.

Tratamiento

El ACV es una emergencia neurológica que requiere un tratamiento inmediato. Los estudios científicos han situado el denominado “tratamiento trombolítico” como la primera elección terapéutica durante las primeras tres horas de iniciado el evento isquémico, cuando los cambios cerebrales todavía no se han evidenciado en las imágenes del TC (o TAC) cerebral.