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¿Cómo Controlar la Glucemia?

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Cuando hablamos del correcto control metabólico de la glucemia hacemos referencia, sobre todo, al control de las cifras elevadas. Sin embargo, tenemos que saber identificar y manejar perfectamente una bajada brusca del nivel de glucemia por suponer una urgencia de riesgo vital para el paciente.

La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica crónica caracterizada por niveles elevados de glucemia (glucosa en sangre) mantenidos.

¿Qué es la diabetes?

La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica crónica caracterizada por niveles elevados de glucemia (glucosa en sangre) mantenidos. Si los niveles de glucosa se mantienen elevados persistentemente ocasionan daños en los órganos periféricos (ojos, riñón, corazón…) que se traducirán en complicaciones, agudas o crónicas (a largo plazo). En estados avanzados de la enfermedad o en casos mal controlados observaremos, además de la hiperglucemia, la presencia de glucosa, incluso en la orina, llamada glucosuria (normalmente inexistente) y se explica por una afectación renal.

Diagnóstico

Ante el debut de una diabetes es muy importante realizar diferentes mediciones de glucosa en diferentes momentos del día (en ayunas, tras dos horas de ingesta, antes de las comidas…). Debemos tener catalogado el perfil glucémico del paciente para indicarle la conducta más adecuada a seguir y prescribir la familia de fármacos más recomendada (en caso de que sea preciso medicar).

En aquellos pacientes con valores límite de glucemia y antecedentes personales o familiares relevantes debemos realizar un seguimiento exquisito.

  • Hablaremos de prediabetes ante aquellos valores persistentes de glucosa plasmática entre 110 y 125.
  • Hablaremos de diabetes ante valores mantenidos superiores a 126 mg/dl o nivel de glucemia al azar mayor de 200 mg/dl.

Desde el punto de vista de seguimiento médico nos guiaremos por este parámetro y otros específicos que solicitamos en la analítica de control: la hemoglobina glicosilada, la presencia o no de glucosuria y los valores aportados por el paciente y medidos en domicilio antes y después de las ingestas.

La importancia de la dieta y el ejercicio

Tras la confirmación diagnóstica tenemos que emplear todo el tiempo necesario en concienciar al paciente en cuanto a la dieta que debe seguir, pues va a ser fundamental en el control de los valores en las fases iniciales de la enfermedad y en el enlentecimiento de la progresión de la misma. El objetivo será también la prevención de sus complicaciones. Para ello, nuestras áreas de acción son la dieta y el ejercicio. En cuanto a la prevención y detección precoz de las posibles complicaciones de la enfermedad actuamos derivando al paciente a otros especialistas como son el nefrólogo y el oftalmólogo.

Centrándonos en la dieta recomendaremos al paciente una valoración por la enfermera experta en diabetes o por la nutricionista. Estos expertos analizan los hábitos dietéticos del paciente para realizar un plan personalizado y le adiestran en el manejo de los grupos de alimentos y su contenido en azúcares. Indican la distribución horaria de las ingestas (se recomiendan 5 comidas al día). Al final de esta entrevista el paciente debe estar familiarizado con el consumo calórico y saber identificar los alimentos que más le perjudican (los azúcares simples): azúcar, miel, bollería industrial, mermelada, caramelos, chocolate, frutas en conserva, determinadas frutas frescas, cerveza y vino. Le recordaremos la importancia de comer mucha fibra por su propiedad de disminuir la absorción de hidratos de carbono. Advertiremos del consumo controlado de grasa (idealmente 70% de grasas vegetales y 30% de animales).

Estos consejos dietéticos los conjugaremos con la potenciación de la actividad deportiva pues no solamente le ayudará a mantener las cifras de glucemia, sino también a controlar el peso.

Tratamiento farmacológico

Cuando, a pesar de nuestro plan de actuación, las cifras no consiguen controlarse debemos optar por iniciar un tratamiento farmacológico y para ello consideraremos varias características del paciente: peso, niveles de glucemia, otras patologías que presente, otros tratamientos que realice, si es fumador y su capacidad de adherencia (cumplimiento) al tratamiento. Inicialmente pautaremos una familia de fármacos y una dosis mínima que iremos aumentando según su tolerancia y eficacia. A largo plazo puede precisarse la combinación de varios fármacos orales o de varios tipos de insulina e incluso, de fármacos orales e insulina a la vez. Por si no lo sabías, en caso de embarazo optamos directamente por tratamiento insulínico.

Tras la instauración del tratamiento monitorizaremos al paciente en cuanto a la posible aparición de efectos adversos y valores glicémicos conseguidos. Por supuesto, entre los efectos adversos no podemos dejar de mencionar la hipoglucemia, por su gran trascendencia y frecuencia (tanto con algunos fármacos orales como con insulina).

Qué hacer en la hipoglucemia

Hablaremos de hipoglucemia ante cifras de glucemia menores a 60 mg/dl. Sus síntomas son: sudor frío, temblores, nerviosismo, hambre, debilidad, palpitaciones, hormigueos, alteración de la visión, respuestas o conductas incoherentes, cefalea, convulsiones e, incluso, pérdida de conocimiento o coma.

Lo más importante ante esta situación es identificarla y actuar rápidamente. Si nos resulta posible mediremos la glucemia, pero igualmente actuaremos ante la sospecha, aunque no podamos medirla. En tal caso daremos una bebida azucarada si el paciente está consciente y puede tragar. Si la persona está inconsciente (no podrá ingerir correctamente) lo correcto será inyectarle Glucagón®, que es un antagonista de la insulina (estará guardado en la nevera) que sube inmediatamente los niveles de glucemia. Si no tenemos Glucagón® a nuestra disposición podemos poner miel o azúcar bajo la lengua para garantizar su absorción rápidamente.