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Hoy en día, una parte importante de nuestro trabajo asistencial como médicos es el de la medicina preventiva, fomentando hábitos de vida saludables, como la dieta y la actividad física, y realizando en ocasiones pruebas de detección precoz en casos necesarios para poder prevenir enfermedades potencialmente graves o mortales. Algunas de estas enfermedades tienen un comienzo insidioso, con un periodo de tiempo prolongado durante el cual la persona permanece completamente asintomática, pese a que en su organismo ya se hayan producido cambios a nivel celular.
Con todo, el diagnóstico precoz de las enfermedades oncológicas no está exento de ciertos inconvenientes, como son la detección de falsos positivos.

Es en estas ocasiones y en casos particulares en los que vale la pena llevar a cabo algunas pruebas que permitan detectar estas enfermedades en sus primeros estadios para poder tratarlas de inmediato. En el caso de las enfermedades oncológicas, este cribado preventivo puede ser de vital importancia, no para la población general, pero si en determinados pacientes en concreto.

No para todos los tipos de cáncer

Desde un punto de vista sanitario no es factible ni eficiente realizar un cribado de todos los posibles tipos de cáncer a toda la población sana. Para que la relación coste-beneficio sea tal que haga pertinente dicho cribado, la enfermedad tiene que cumplir una serie de requisitos:

  • Que sea una causa habitual de morbilidad y mortalidad.
  • Que sea detectable y tratable en un estadio temprano, cuando el paciente permanece asintomático.
  • Que se disponga de pruebas diagnósticas efectivas y eficaces.
  • Que la aplicación de un tratamiento temprano resulte mejor que el tratamiento en la fase manifiesta de la enfermedad.
  • Y que el daño potencial de la intervención sea menor que el del tratamiento no precoz.

Así pues, no se puede realizar un cribado poblacional de todos los tipos de cáncer porque eso sería inviable desde un punto de vista económico y porque muchos de estos tipos de tumores, pese a su potencial gravedad para la vida de los pacientes, no cumplen los requisitos mencionados. Por ejemplo, no sería ético realizar un cribado oncológico para un tumor concreto para el que no se dispone de un tratamiento o intervención que frene o trate dicho cáncer, sometiendo a la persona sana a un estado de estrés o angustia innecesario.

Programas de detección precoz

Sin embargo, en algunos casos sí que disponemos de programas sanitario de detección precoz de ciertos tipos de cáncer que cumplen los criterios mencionados anteriormente y en los cuales intervención precoz permite disminuir la morbilidad y la mortalidad de estas enfermedades oncológicas, lo cual, a su vez, permite reducir los costes sanitarios. Algunos de estos programas son:

  • Cribado del cáncer de mama mediante mamografías periódicas.
  • Cribado del cáncer de cuello de útero mediante las citologías anuales.
  • Cribado de pacientes con pólipos intestinales para detectar su malignización precoz.
  • Cribado de cáncer de colon y recto mediante detección de sangre oculta en heces (en estudio).

Las pruebas a realizar tienen que ser altamente sensibles y específicas, cómodas, que no supongan un coste elevado y que los médicos podamos interpretarlas con facilidad. Las ventajas de la detección precoz son muchas, ya que se reduce la tasa de mortalidad de estos tumores, aumenta la posibilidad de éxito de los tratamientos oncológicos, disminuyen las complicaciones y secuelas tanto de la enfermedad per se como de los propios tratamientos, y se recorta el coste asistencial al sistema sanitario.

Herencia

En algunos casos, algunos cánceres, como ciertos tipos de cáncer de colon, de mama o de ovario pueden tener un componente hereditario familiar relevante. En pacientes con familiares directos que hayan sufrido alguno de estos tipos de cáncer puede ser necesario y útil, siempre bajo supervisión médica, hacer algunas pruebas genéticas para detectar la presencia de los genes implicados en este tipo de tumores y, en caso positivo, realizar pruebas de cribado para esos cánceres.

¿Inconvenientes del diagnóstico precoz?

Con todo, el diagnóstico precoz de las enfermedades oncológicas no está exento de ciertos inconvenientes, como son la detección de falsos positivos (resultado positivo de la prueba sin que la persona esté enferma) o falsos negativos (resultado negativo de la prueba cuando la persona está realmente enferma), con las consecuencias anímicas y de salud que esto conlleva. Estas limitaciones dependen de las pruebas empleadas para la detección precoz del cáncer. Un falso positivo implicará llevar a cabo toda una serie de pruebas para confirmar el diagnóstico, con la carga emocional, física y económica que eso conlleva, mientras que un falso negativo supondrá que se perderá la oportunidad de tratar a una persona en estadios precoces de una enfermedad, con el consiguiente riesgo de que esta enfermedad progrese y luego no pueda tratarse o suponga un coste más elevado tanto para la salud del paciente como para el sistema de salud.

Algunas voces ponen en tela de juicio la utilidad de ciertas medidas de detección precoz, como es el caso de la valoración del PSA para detectar de manera precoz el cáncer de próstata. En ocasiones se diagnostican cánceres de próstata sin que se vaya a llevar a cabo ningún tratamiento activo y cuya evolución natural no va a acortar la vida del paciente. Sí es útil, no obstante, que a partir de los 40 años los hombres nos sometamos anualmente a un tacto rectal para poder palpar anomalías en la próstata, una exploración que conlleva un coste prácticamente nulo.

En conclusión

La detección precoz es una herramienta útil para luchar contra el cáncer y mejorar la salud de las personas desde un punto de vista global, pero no se puede ni se deben realizar pruebas para detectar todos y cada uno de los cánceres que existen y en todas las personas, sino en casos determinados y bajo la valoración de los profesionales de la salud.