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Arritmia: Qué Debes Saber

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El corazón de una persona con un ritmo cardiaco regular y cuya frecuencia cardiaca sea de 70 latidos por minuto (lpm) late 100.800 veces en un día. Esta cifra variará en función de las actividades que se realicen a lo largo del día, pero también de otras circunstancias, como veremos, dando lugar a lo que se conoce como arritmias. Pero lo que es evidente es que nuestro corazón late constantemente y sin parar día a día.

El diagnóstico de una arritmia puede hacerse con un simple electrocardiograma en reposo, aunque a veces es necesario realizar otro tipo de pruebas diagnósticas.

¿Qué puede causar una arritmia?

La frecuencia cardiaca es variable ya que depende de distintas circunstancias, tanto internas como externas. Un susto, un hecho inesperado… pueden provocar un sobresalto que acelera de manera repentina y transitoria el corazón, pero una enfermedad también puede ser el origen de este cambio de ritmo cardiaco. El origen de los cambios de la frecuencia cardiaca puede ser múltiple y algunos podrá controlarlos el propio organismo, mientras que otros requerirán de actuaciones externas como el uso de fármacos o de cirugía.

Diagnóstico

El diagnóstico de una arritmia puede hacerse con un simple electrocardiograma en reposo, aunque a veces es necesario realizar otro tipo de pruebas diagnósticas como pruebas de esfuerzo, sobre todo recomendadas en personas deportistas. La práctica de actividad física comporta una exigencia física a la que el corazón puede no estar adaptado, hacer una prueba en la que se esté monitorizando constantemente los cambios del ritmo, ayudará a controlar lo que puede suceder durante la realización de las diferentes modalidades deportivas. Tras su hallazgo, pueden requerirse otras pruebas como un ecocardiograma para valorar de manera más concreta la patología existente y llegar a un diagnóstico.

Tipos de arritmias

Las arritmias pueden dividirse según el ritmo cardiaco ya que existen las arritmias lentas y las rápidas, que como indican su nombre van a tener velocidades de latido cardíaco completamente diferentes.

Arritmias lentas o bradicardias

Las arritmias lentas son las que se conocen como bradicardias y la frecuencia suele situarse por debajo de 60 lpm en reposo, que es el que se considera el límite bajo, aunque existen circunstancias en las que este ritmo más lento es normal. En deportistas o en momentos de relajación y descanso, nuestro pulso puede enlentecerse y no estamos sufriendo ninguna arritmia patológica. La bradicardia del deportista no es más que una adaptación a la carga de entrenamiento que se realiza de forma regular, y uno de los ejemplos más conocidos es el de Miguel Induráin, ciclista que en los años 90 fue campeón hasta en cinco ocasiones del Tour de Francia, de manera consecutiva. Este ciclista tenía un latido cardiaco en reposo, para él normal, de 28 lpm y nunca en su larga carrera deportiva tuvo problemas cardiacos por esta razón.

Cuando la bradicardia se acompaña de síntomas como mareos o pérdida de conocimiento, si que será necesario acudir al especialista, el cardiólogo, para que haga una valoración del cuadro y determinar el tipo de tratamiento que pueda necesitarse. En aquellos casos en los que la bradicardia afecta de manera importante a la vida del paciente, impidiendo que pueda desarrollar una vida normal y ocasionando trastornos en su salud, el tratamiento será el implante de un marcapasos. Este dispositivo, que se coloca en el pecho del paciente, es el encargado de mantener un ritmo estable, impidiendo que las pulsaciones bajen por debajo de la frecuencia establecida y evitando así síncopes y otros síntomas asociados.

Taquicardias

Por otro lado, cuando la frecuencia cardiaca se sitúa por encima de 100 lpm en reposo, se habla de taquicardia. Las personas que las sufren en la mayoría de ocasiones notan cómo su corazón se acelera. Puede ser transitorio o de manera continuada durante un periodo de tiempo más o menos largo. Esta sensación es realmente incómoda e, incluso, puede acompañarse de una sensación de disnea (falta de aire) y cierta molestia o dolor que genera angustia. El tratamiento puede ser farmacológico o quirúrgico. En aquellas ocasiones en las que el tratamiento no sea el quirúrgico, los fármacos serán el tratamiento de elección, fármacos antiarrítmicos que controlarán la aparición de los cambios de latido cardiaco.

Respecto a la intervención quirúrgica, la técnica es la denominada “ablación por radiofrecuencia”. Con el paciente sedado pero consciente, se introduce un catéter por vía femoral hasta el corazón, constantemente monitorizado. En un primer momento se realiza un estudio electrofisiológico, que provoca la aparición de la arritmia, de modo que puede comprobarse la localización y dónde debe hacerse la ablación. Una vez realizada la intervención, el paciente queda en observación unas horas y tras éstas, si no hay complicaciones, se le da el alta hospitalaria.

Esta es, en la actualidad, una técnica ampliamente utilizada por los especialistas y que da resultados muy positivos.

Fibrilación auricular

Entre las arritmias rápidas la más frecuente es la fibrilación auricular, mientras que la más maligna por ocasionar una muerte súbita es la fibrilación ventricular. En este último caso, debido al elevado riesgo de muerte, una de las recomendaciones es la implantación de un desfibrilador automático. Este dispositivo es muy parecido a un desfibrilador externo, monitoriza de manera constante el latido cardiaco del enfermo y en el momento en el que detecta un cambio que puede ocasionar una fibrilación, produce una descarga para revertir el ritmo anómalo.