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Los beneficios de caminar a diario para tu salud física y emocional

Wellbeing

Enero suele llegar cargado de propósitos: hacer más ejercicio, cuidar la alimentación, dedicar más tiempo al autocuidado… Muchas veces, estas metas se quedan en buenas intenciones por ser demasiado ambiciosas o difíciles de mantener. Pero ¿y si te dijéramos que algo tan simple como caminar a diario puede marcar una diferencia real en tu salud?


Todo movimiento cuenta. Ya sea un paseo corto después de comer, una caminata antes de comenzar tu jornada laboral o simplemente elegir las escaleras en lugar del ascensor. Cada paso suma beneficios para el cuerpo y la mente. Descubre en este artículo por qué esta actividad tan sencilla puede convertirse en tu mejor propósito y cómo implementarla de manera sostenible.



Los beneficios de caminar a diario para tu salud física y emocional

La importancia de caminar a diario para tu metabolismo


Caminar, además de ser una actividad placentera, también es un potente regulador del metabolismo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirma que caminar entre 7.000 y 8.000 pasos al día puede reducir significativamente el riesgo de mortalidad y mejorar la salud general. Asimismo, también contribuye a estabilizar los niveles de azúcar en sangre, ayudando a prevenir enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2.


Para los empleados de oficina, donde las largas horas de sedentarismo son comunes, incorporar pausas activas con caminatas rápidas puede ser clave para mantener altos niveles de energía y prevenir problemas metabólicos.


Beneficios de caminar diariamente


  1. Reducción del estrés y mejora del estado de ánimo: Caminar a diario puede reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y promover la liberación de endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad.
  2. Mejora de la salud cardiovascular: La OMS sugiere que caminar a un ritmo moderado durante al menos 150 minutos a la semana reduce el riesgo de enfermedades cardíacas. Además, fomenta una mejor circulación y regula la presión arterial, factores clave para mantener un corazón sano.
  3. Prevención de lesiones y dolores crónicos: A diferencia de actividades más intensas, caminar es de bajo impacto y fortalece los músculos y articulaciones sin forzar el cuerpo. Especialmente útil para prevenir dolores crónicos como los relacionados con el trabajo sedentario, como la lumbalgia o las molestias cervicales.
  4. Impulso de la creatividad y productividad: Según un estudio realizado por la Universidad de Stanford, caminar puede aumentar la creatividad hasta en un 60%. Algo relevante en entornos laborales donde la innovación y la resolución de problemas son imprescindibles.

¿Es mejor andar o correr?


La eterna pregunta entre quienes buscan mejorar su salud. Ambas actividades tienen beneficios significativos, pero elegir entre caminar o correr depende de tus objetivos y condiciones físicas.


Si bien correr quema más calorías por minuto, caminar a un ritmo constante durante más tiempo puede ser igualmente efectivo y más sostenible en el tiempo. Además, caminar tiene un menor impacto para las rodillas y caderas, siendo una opción más segura para personas con sobrepeso o problemas articulares.


Ambas opciones son válidas, pero los beneficios de caminar muestran una mayor adherencia a largo plazo debido a su accesibilidad y menor exigencia física.


¿Cuántos son los pasos recomendados al día?


La famosa cifra de los 10.000 pasos recomendados al día ha sido, hasta ahora, la meta perfecta para mantener una vida saludable. Sin embargo, investigaciones recientes ponen en duda la necesidad de alcanzar esa cifra para obtener beneficios para la salud. Al menos 4.000 pasos al día -y, aconsejable, alcanzar entre 7.000 y 8.000- son suficientes para reducir el riesgo de mortalidad en adultos.


Más allá de alcanzar una cifra exacta, lo importante es mantener una rutina activa y adaptada a las necesidades de cada persona. Para quienes tienen un estilo de vida sedentario, aumentar progresivamente el número de pasos puede ser el punto de partida hacia una vida más saludable.


Desde regular el metabolismo hasta fomentar la creatividad, caminar a diario tiene un impacto directo tanto en el ámbito personal como laboral. Si quieres implementar estrategias de bienestar en tu empresa, incentiva a tus colaboradores a caminar o correr. Desde Savia, salud digital MAPFRE, podemos ayudarte a diseñar programas de salud y bienestar adaptados a las necesidades de cada compañía. Infórmate sin compromiso y comienza a construir un entorno laboral saludable y productivo.

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Despertarse en mitad de la noche con la ropa o las sábanas empapadas puede resultar desconcertante. En ocasiones ocurre después de una noche especialmente calurosa o por haber utilizado demasiadas mantas. Sin embargo, cuando la sudoración aparece con frecuencia o resulta más intensa de lo habitual, es normal preguntarse si existe alguna causa médica detrás. Los sudores nocturnos pueden tener explicaciones muy diversas. A veces están relacionados con factores ambientales o cambios hormonales; en otras ocasiones pueden ser el primer síntoma de una enfermedad que conviene valorar con un profesional sanitario. Conocer por qué aparecen y aprender a identificar las señales de alerta ayuda a actuar con mayor tranquilidad y a consultar cuando realmente es necesario. Qué son los sudores nocturnos y por qué se producen Los sudores nocturnos , conocidos médicamente como hiperhidrosis nocturna , son episodios de sudoración excesiva que ocurren durante el sueño y que van más allá de lo que explicaría el calor ambiental. La distinción es importante: sudar porque la habitación está a 30 grados en verano es una respuesta fisiológica normal. Sudar de forma empapada con el aire acondicionado puesto y en pleno invierno es otra cosa. El mecanismo es el mismo en ambos casos: el hipotálamo, la región del cerebro que actúa como termostato del cuerpo, detecta que la temperatura interna ha subido y activa las glándulas sudoríparas para refrigerar el organismo. La diferencia está en por qué se activa ese mecanismo. Cuando lo que dispara la señal no es el calor exterior, puede haber una causa hormonal, emocional, farmacológica o médica detrás. Los especialistas distinguen dos tipos. Los sudores nocturnos primarios ocurren sin una causa médica identificable y suelen estar relacionados con el estrés o con una tendencia constitucional a sudar más. Los secundarios tienen una causa subyacente concreta: una enfermedad, un cambio hormonal o un medicamento. Identificar el tipo es el primer paso para saber cómo actuar. Principales causas de la sudoración nocturna Cambios hormonales Es la causa más frecuente. En mujeres, los sudores nocturnos son uno de los síntomas más habituales de la perimenopausia y la menopausia: el descenso de estrógenos altera la regulación de la temperatura corporal y provoca los conocidos sofocos , que también ocurren de noche. Pero los cambios hormonales no son exclusivos de esta etapa: el ciclo menstrual, el embarazo y el postparto también pueden generar episodios de sudoración nocturna . En hombres, los niveles bajos de testosterona (lo que se conoce como andropausia) pueden producir un efecto similar. Estrés y ansiedad El sistema nervioso autónomo, que regula la sudoración, es muy sensible al estado emocional. Cuando el estrés o la ansiedad se mantienen durante el día, el cuerpo puede seguir en estado de activación durante la noche. Eso se traduce en sudoración aunque no haya ninguna causa física que lo justifique. Es uno de los mecanismos más comunes y, al mismo tiempo, uno de los que más se pasan por alto. Medicamentos Varios fármacos de uso habitual tienen la sudoración nocturna como efecto secundario reconocido. Los antidepresivos, especialmente los inhibidores de la recaptación de serotonina, encabezan la lista. También pueden producirla algunos antidiabéticos, fármacos para la presión arterial, terapias hormonales, antipsicóticos y ciertos analgésicos. Si los sudores nocturnos comenzaron al poco de iniciar un nuevo tratamiento, esa relación merece comentarse con el médico. Infecciones Algunas infecciones tienen la sudoración nocturna como síntoma característico. 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Apnea del sueño La apnea obstructiva del sueño, que provoca interrupciones repetidas de la respiración durante la noche, genera un esfuerzo físico y un estado de activación que puede traducirse en sudoración. Suele acompañarse de ronquidos intensos, cansancio durante el día y sensación de sueño no reparador. Factores que pueden aumentar los sudores nocturnos Además de las causas principales, hay factores del estilo de vida que pueden intensificar o desencadenar los episodios de sudoración nocturna en personas que ya tienen cierta predisposición. Alcohol y cafeína: ambas sustancias tienen efecto vasodilatador y pueden elevar la temperatura corporal, lo que activa el mecanismo de sudoración. Consumirlos en las horas previas al sueño aumenta la probabilidad de sudar durante la noche. Comidas copiosas o muy especiadas por la noche: la digestión genera calor. 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Evitar alcohol, cafeína y cenas copiosas en las horas previas al sueño: reducir estos factores de forma coherente con el descanso mejora la calidad del sueño en general y puede reducir la sudoración nocturna de forma notable. Gestionar el estrés antes de dormir: una rutina de desconexión en los treinta o cuarenta minutos previos al sueño (sin pantallas, sin trabajo, sin conversaciones que activen el sistema nervioso) ayuda a que el cuerpo llegue a la cama en un estado de menor activación. Ducharse con agua templada-fresca antes de dormir: baja la temperatura corporal de forma directa y facilita la conciliación del sueño, especialmente en noches de calor. Revisar la medicación con el médico: si los sudores nocturnos coinciden con el inicio de un nuevo tratamiento, comentarlo con el profesional puede abrir la posibilidad de ajustar la dosis o explorar alternativas. Cuando la sudoración nocturna es frecuente, molesta o va acompañada de otros síntomas, tener acceso rápido a un médico marca la diferencia entre resolver el problema a tiempo o dejarlo avanzar sin diagnóstico. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Telemedicina permite a los empleados consultar con un médico desde cualquier dispositivo, en el momento que lo necesiten y sin desplazamientos. Una evaluación inicial puede aclarar si los sudores nocturnos tienen una causa sencilla o si requieren un estudio más completo.
¿Por qué aburrirse también ayuda a rendir mejor? Lo que dice la neurociencia
¿Por qué aburrirse también ayuda a rendir mejor? Lo que dice la neurociencia
Vivimos en una época en la que cualquier momento de espera parece una oportunidad para hacer algo más. Contestar un mensaje mientras esperamos el ascensor. Revisar el correo durante un trayecto corto. Consultar las redes sociales en la cola del supermercado. El silencio, la pausa o el aburrimiento se han convertido en experiencias cada vez menos habituales. Sin embargo, el cerebro necesita precisamente esos momentos para hacer parte de su trabajo más importante. Lejos de ser tiempo perdido, los periodos de inactividad favorecen procesos esenciales como la consolidación de la memoria, la creatividad, la regulación emocional o la capacidad para resolver problemas. Cada vez más investigaciones en neurociencia coinciden en una idea: descansar mentalmente también forma parte del rendimiento. Qué ocurre en el cerebro cuando no hacemos nada Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro «descansaba» cuando dejábamos de concentrarnos en una tarea. Hoy sabemos que ocurre algo muy distinto. Cuando la atención deja de estar dirigida a una actividad concreta, entra en funcionamiento la llamada red neuronal por defecto (Default Mode Network) , un conjunto de áreas cerebrales que continúa trabajando mientras la mente divaga. Los investigadores han observado que esta red participa en procesos como la organización de recuerdos, la integración de experiencias, la planificación del futuro y la búsqueda de soluciones creativas a problemas cotidianos. En otras palabras, el cerebro aprovecha esos momentos aparentemente improductivos para ordenar información que después utilizará cuando volvamos a concentrarnos. Por eso muchas personas encuentran una idea mientras caminan, se duchan o simplemente miran por la ventana. Parece una casualidad pero en realidad es el resultado de un trabajo que el cerebro sigue realizando entre bastidores. Por qué cada vez nos cuesta más aburrirnos Si el tiempo de inactividad o de aburrimiento es tan valioso, ¿por qué lo evitamos de forma tan sistemática? La respuesta tiene varias capas. La primera es cultural En la mayoría de las organizaciones, la visibilidad del trabajo se mide por la actividad: cuántas reuniones se tienen, cuántos correos se responden, cuántas tareas se cierran. El espacio para pensar, para no hacer nada aparente, rara vez aparece en ninguna métrica de rendimiento. La segunda es tecnológica Las pantallas y las notificaciones han colonizado todos los espacios que antes quedaban vacíos. La sala de espera, el trayecto al trabajo, los cinco minutos entre reuniones. Cada espacio del día se llena de estímulos que, aunque parecen ligeros, impiden que la red neuronal por defecto entre en funcionamiento. El cerebro siempre tiene algo a lo que atender, y nunca llega a ese estado de calma activa donde ocurre lo más interesante. La tercera es perceptiva El aburrimiento genera incomodidad. Y la cultura del alto rendimiento ha instalado la idea de que la incomodidad es siempre una señal de que algo va mal. Tolerar ese malestar breve, en lugar de llenarlo de inmediato con el móvil o con otra tarea, requiere un esfuerzo real. Qué beneficios concretos produce el tiempo de aburrimiento o inactividad Creatividad y resolución de problemas La psicóloga británica Sandi Mann , investigadora de la Universidad de Central Lancashire, ha estudiado durante años la relación entre aburrimiento y creatividad. Sus investigaciones muestran que, cuando desaparecen los estímulos externos, el cerebro empieza a generar ideas propias y busca nuevas formas de resolver situaciones. Ese proceso explica por qué muchas ideas aparecen precisamente cuando dejamos de pensar de forma consciente en un problema. Consolidación de la memoria y el aprendizaje El cerebro necesita períodos de reposo para trasladar la información del almacenamiento a corto plazo al de largo plazo. Los profesionales que acumulan reunión tras reunión sin pausas intermedias procesan y retienen peor lo que ocurre en cada una de ellas. Las pausas entre bloques de trabajo intenso mejoran directamente la calidad del aprendizaje y la toma de decisiones posterior. Regulación emocional La red neuronal por defecto también interviene en el procesamiento de las emociones. Sin espacios de calma, las emociones se acumulan sin ser procesadas. Eso se traduce en mayor reactividad, menor tolerancia a la frustración y decisiones más impulsivas. Un equipo que nunca descansa mentalmente es un equipo más irritable y con peor criterio en los momentos que más importan. Recuperación de la capacidad de concentración La concentración sostenida es un recurso finito. Cuando se agota sin reposición, el rendimiento en tareas complejas cae de forma significativa. Las pausas reales, sin estímulos digitales, permiten que ese recurso se recargue. Una pausa de diez minutos entre bloques de trabajo puede sostener el rendimiento durante horas. Ignorarla suele costar mucho más al final del día. Qué ocurre cuando el cerebro permanece siempre ocupado La fatiga cognitiva es el estado que aparece cuando el cerebro lleva demasiado tiempo funcionando a pleno rendimiento sin recuperación. Y hay un dato que conviene entender bien: la fatiga cognitiva no la produce tanto la cantidad de horas trabajadas como la densidad de interrupciones y cambios de tarea a lo largo del día. Un estudio de Gloria Mark en la Universidad de California demostró que, tras una interrupción, el cerebro tarda una media de 23 minutos en recuperar el nivel de concentración previo . En una jornada laboral con notificaciones constantes, eso supone que la concentración real nunca llega a recuperarse del todo entre una interrupción y la siguiente. Las consecuencias de la fatiga cognitiva acumulada son concretas y medibles: más errores en tareas que normalmente se hacen bien, decisiones más impulsivas y menos reflexivas, menor capacidad para priorizar, irritabilidad que afecta al clima del equipo, y una sensación de agotamiento al final del día que no guarda proporción con lo que se ha conseguido hacer.  Muchos profesionales describen ese estado como estar ocupado todo el día sin haber avanzado en nada que importe. Cómo incorporar pausas que realmente ayuden al cerebro Las pausas más beneficiosas no siempre implican dedicar largos períodos de tiempo. Pequeños cambios durante la jornada pueden marcar una diferencia importante. Levantarse unos minutos entre tareas: caminar brevemente o cambiar de espacio ayuda a reducir la carga cognitiva acumulada. Evitar llenar cada pausa con el teléfono móvil: si cada momento libre se ocupa revisando mensajes o redes sociales, el cerebro continúa recibiendo estímulos de forma constante. Permitir unos minutos de tranquilidad favorece una recuperación más completa. Mirar al exterior: observar un paisaje, una ventana o un espacio abierto durante unos minutos contribuye a relajar la atención y facilita que el cerebro reorganice la información procesada durante la jornada. Alternar periodos de concentración con descansos: trabajar durante bloques de tiempo definidos e introducir pausas entre ellos suele resultar más eficaz que mantener varias horas seguidas de actividad ininterrumpida. El bienestar también necesita espacios para desconectar Las organizaciones dedican cada vez más esfuerzos a mejorar la productividad de sus equipos. Sin embargo, mantener un buen rendimiento también implica cuidar la salud mental y favorecer hábitos que permitan recuperarse entre las exigencias del día a día. Crear una cultura que respete las pausas, reduzca la hiperconectividad y promueva un equilibrio saludable entre concentración y descanso beneficia tanto a las personas como a la organización. En Savia, salud digital Mapfre, ayudamos a las empresas a desarrollar entornos de trabajo más saludables a través de nuestros Programas de Bienestar . Contar con iniciativas orientadas a la salud física y emocional contribuye a prevenir la fatiga mental, mejorar la calidad de vida de los equipos y favorecer un rendimiento más sostenible a largo plazo.
Cómo afecta el verano a enfermedades dermatológicas como rosácea, psoriasis o acné
Cómo afecta el verano a enfermedades dermatológicas como rosácea, psoriasis o acné
Para muchas personas, el verano significa más horas al aire libre, vacaciones y tiempo de descanso. Para otras, supone también una preocupación añadida: cómo reaccionará su piel durante los meses de más calor. El aumento de las temperaturas, la exposición solar, la humedad o la sudoración pueden modificar el comportamiento de algunas enfermedades dermatológicas . Rosácea, psoriasis y acné son tres ejemplos frecuentes de afecciones que suelen experimentar cambios durante esta época del año. Entender qué ocurre y saber cómo actuar puede ayudar a prevenir brotes, reducir molestias y disfrutar del verano con mayor tranquilidad. Cómo afecta el verano a la salud de la piel El verano combina varios factores que afectan directamente a la piel: temperatura alta, radiación solar intensa, sudoración excesiva y cambios de hábitos. Cada uno de ellos actúa de forma diferente según la condición de cada persona, pero hay un patrón que suele repetirse: la piel inflamada necesita más atención cuando hace calor. Más allá de lo estético, hay muchas enfermedades dermatológicas que tienen un impacto real en el bienestar emocional, la concentración y la calidad del descanso. Y eso, en el contexto laboral, se nota. ¿Por qué la rosácea empeora con el calor? La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente a la zona central del rostro: mejillas, nariz y frente. Se caracteriza por enrojecimiento, sensación de calor y, en muchos casos, pequeñas lesiones similares al acné. El verano es especialmente difícil para quienes la padecen. El calor es uno de los factores que más claramente desencadena los brotes, junto con los cambios bruscos de temperatura, la exposición solar y la sudoración. Pasar del aire acondicionado del trabajo al calor exterior varias veces al día puede ser suficiente para provocar una reacción. Una encuesta de la Sociedad Nacional de Rosácea reveló que el 95% de los pacientes con rosácea sabían poco o nada sobre sus signos y síntomas antes del diagnóstico . Sin embargo, debido a sus efectos enrojecidos, similares al acné, en la apariencia personal, puede causar importantes problemas psicológicos, sociales y laborales si no se trata. Además, el estrés (otro desencadenante conocido) suele ir de la mano con ciertas dinámicas laborales en los meses previos a las vacaciones, lo que añade una presión extra sobre la piel. Psoriasis: el verano tiene dos caras La psoriasis es una enfermedad crónica que provoca la acumulación de células en la superficie de la piel, formando placas rojizas y escamas que causan picor e irritación. Afecta a entre el 2% y el 3% de la población y cursa en forma de brotes. A diferencia de la rosácea , la psoriasis tiene una relación más ambivalente con el verano. La luz ultravioleta, de hecho, es uno de los tratamientos más utilizados: más del 90% de los pacientes notan una mejoría cuando se exponen al sol de forma moderada y progresiva. El agua del mar, la mayor humedad ambiental y la reducción del estrés durante el periodo vacacional también contribuyen a aliviar los síntomas. Sin embargo, el verano también esconde riesgos. Una quemadura solar puede desencadenar nuevas lesiones, un fenómeno conocido como efecto Koebner . El alcohol y el tabaco, más presentes en el ocio veraniego, empeoran la psoriasis . Y el calor excesivo combinado con la sudoración puede irritar las zonas afectadas. La clave está en aprovechar los beneficios del sol sin excederse. Acné en verano: qué ocurre realmente cuando aumenta la temperatura Existe la creencia muy extendida de que el sol mejora el acné porque reseca los granitos. Es un mito que conviene desmontar porque lo que ocurre en realidad es que la radiación ultravioleta puede producir una leve mejoría inicial, pero a medio plazo la piel se inflama más, los poros se obstruyen con más facilidad y el resultado suele ser peor. En verano, el calor estimula las glándulas sebáceas, que producen más grasa. Esa grasa, mezclada con el sudor y las células muertas, obstruye los poros y crea el entorno ideal para que las bacterias proliferen. Por eso, durante los meses más calurosos, aumentan las consultas por brotes no solo en el rostro, sino también en la espalda, el pecho y los hombros (lo que se conoce como bacné) debido a la fricción con la ropa mojada o los trajes de baño. ¿Qué tienen en común estas tres enfermedades dermatológicas? Las tres son enfermedades crónicas. No desaparecen en verano, pero sí cambian. Y las tres tienen algo en común: sin seguimiento médico adecuado, es fácil normalizar los síntomas, suspender los tratamientos o tomar decisiones que empeoran la situación. También comparten el impacto emocional. Vivir con una enfermedad de la piel visible tiene consecuencias sobre la autoestima, la interacción social y el estado de ánimo. En verano, cuando la ropa deja más piel al descubierto y el entorno social es más activo, ese impacto puede intensificarse. Muchas personas con enfermedades dermatológicas no consultan con un médico a tiempo porque les parece una molestia menor, porque no quieren pedir una baja, o simplemente porque pedir cita en verano puede complicarse. La consecuencia es que los brotes se alargan, los tratamientos se abandonan y los síntomas empeoran. En Savia, salud digital Mapfre, ofrecemos a tu empresa acceso a consultas de telemedicina con especialistas. Tus empleados pueden consultar sus dudas dermatológicas desde cualquier lugar, sin desplazarse, sin esperas y en el momento que más lo necesiten. Una piel sana también es parte del bienestar integral de tu equipo.

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