Un compañero que resume en segundos un informe que a ti te llevaba una tarde. Una herramienta nueva que llega al equipo sin apenas tiempo para aprenderla. Un titular que vuelve a preguntar qué profesiones seguirán existiendo dentro de diez años.
La inteligencia artificial (IA) se ha incorporado a muchos puestos de trabajo a una velocidad poco habitual. Para algunas personas es una ayuda bienvenida. Para otras, sin embargo, es una fuente de inquietud y desasosiego difícil de apagar: la sensación de no llegar, de quedarse atrás o de que el propio trabajo ha dejado de ser tan seguro como parecía.
Sentir cierta preocupación es comprensible, es un cambio muy significativo. Pero eso sí, si esa preocupación se mantiene en el tiempo, ocupa buena parte de los pensamientos o empieza a afectar al descanso y al bienestar, debe considerarse una señal de alarma que conviene tratar.
Dejemos claros los cimientos: la ansiedad por la IA no es un diagnóstico clínico; es, más bien, una expresión cómoda y fiel para describir el malestar, la inquietud o el miedo que algunas personas experimentan ante la llegada de la inteligencia artificial a su vida profesional.
Tiene mucho en común con un concepto que la psicología del trabajo estudia desde hace años: el tecnoestrés, el estado de tensión que puede aparecer cuando las exigencias tecnológicas superan los recursos de los que una persona dispone para adaptarse. La IA amplía algunas de esas exigencias conocidas, como la sobrecarga de información o la presión por aprender rápido, y añade otras nuevas, como la duda sobre el valor del propio trabajo o la sensación de perder autonomía en las decisiones.
La ansiedad se alimenta, sobre todo, de la incertidumbre. Y pocas transformaciones recientes han llegado con tantas preguntas abiertas al mismo tiempo.
A esto se suma el contexto de cada organización. Cuando la tecnología se introduce sin explicar para qué se usará, sin formación o con la expectativa implícita de hacer más en menos tiempo, la inquietud tiene más terreno para crecer.
La ansiedad no siempre se presenta como un miedo explícito. A veces aparece de formas más discretas. Algunas señales que pueden merecer atención son:
Aunque, evidentemente, no existe una fórmula única, sí existen algunas estrategias que ayudan a recuperar la sensación de control.
La inteligencia artificial va a seguir transformando el trabajo, y sentir inquietud ante ese cambio no significa estar haciéndolo mal. El problema aparece cuando la preocupación se vuelve constante, resta descanso o impide disfrutar de lo que antes resultaba satisfactorio.
Si te reconoces en estas situaciones, hablar con un profesional puede ayudarte a ordenar lo que sientes y encontrar herramientas para gestionarlo.
En Savia salud digital Mapfre, el servicio de Psicología conecta a los empleados con profesionales especializados en bienestar emocional y salud mental laboral. A través de videoconsultas personalizadas, es posible trabajar la ansiedad ante los cambios, reforzar la confianza en las propias capacidades y afrontar la transformación del entorno laboral con más serenidad.