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Dieta de ayuno intermitente para llevar al trabajo

Nutrición

Lo que ingerimos, cómo y cuándo lo ingerimos impacta en nuestra salud así como en otros ámbitos de nuestra vida, como es el laboral. Partiendo de ese contexto, no es de extrañar que el ayuno intermitente sea uno de los planes de alimentación más demandados al ser más fácil de mantener que las dietas tradicionales de control de calorías. Su ejecución es simple, consiste en alternar una serie de horas en las que se ingiere comida con otras en las que se hace ayuno. Pero no existe un único tipo de ayuno intermitente, son numerosas las opciones que se adaptan a las necesidades laborales y personales de cada individuo. Descubre en este post cuáles son los beneficios de la dieta del ayuno intermitente y cómo implementarla en el trabajo.



Dieta de ayuno intermitente para llevar al trabajo

Menú de ayuno intermitente para llevar al trabajo


Dentro del ayuno intermitente la clave es que las comidas sean completas y nutritivas. Como decíamos anteriormente, y abordaremos con más detalle a lo largo de este post, no existe un único tipo de ayuno intermitente. Este ejemplo de menú de ayuno intermitente para llevar al trabajo resultará muy útil e interesante para aquellos que eligen realizar ayuno 16:8. Es decir, ayunar durante 16 horas y comer en un período o ventana de 8 horas:


  • Desayuno (10:00 horas): Un smoothie verde (espinacas, aguacate, plátano, proteína en polvo y leche de almendra) y un puñado de almendras o nueces.
  • Comida (13:00 horas): Ensalada de pollo a la plancha, quinoa, tomates cherry, espinacas y pepino, acompañada de una fruta fresca. Puedes escoger entre manzana o naranja.
  • Merienda (16:00 horas): Yogur natural con miel y semillas de chía.
  • Cena (18:00 horas): Salmón al horno con espárragos y patatas dulces asadas.

Este menú, además de ser equilibrado y saludable, es fácil de preparar y transportar, ideal para aquellos que tienen una agenda laboral ocupada.


Beneficios del ayuno intermitente


El ayuno intermitente no es solo una tendencia, y así lo respaldan sus numerosos beneficios: pérdida de peso, reducción del riesgo de enfermedades, mayor longevidad, detoxificación… Aunque no hay que olvidar que, atendiendo a las evidencias más recientes, la mayor parte de ellos se extraen de la restricción calórica. Estos son algunos de los beneficios más relevantes que tiene el ayuno intermitente para el ámbito empresarial:


  1. Mejora de la concentración, la productividad y el rendimiento cognitivo: Durante el ayuno, el cuerpo aumenta la producción de proteínas llamadas factores neurotróficos derivados del cerebro (BDNF) que ayudan a la formación de nuevas conexiones neuronales. Esto conlleva una mejora significativa de la memoria, la atención y la claridad mental.
  2. Control de peso y mejora de la composición corporal: Al reducir las horas de alimentación es más fácil controlar la ingesta, contribuyendo en la pérdida de peso y reducción de la grasa corporal.
  3. Beneficios metabólicos: El ayuno intermitente puede mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir los niveles de azúcar en sangre. Este aspecto es crucial para prevenir enfermedades como la diabetes tipo 2.
  4. Reducción del estrés oxidativo e inflamación: Las ventanas de ayuno pueden ayudar a reducir el daño celular y la inflamación, promoviendo una mejor salud general.

Tipos de ayuno intermitente


¿Estás buscando cómo hacer ayuno intermitente en el trabajo o quieres compartirle esta información con tu equipo? Recuerda que existen diferentes métodos de ayuno intermitente, ajustándose al estilo de vida y necesidades de cada persona, variando en la cantidad de días de ayuno y las cantidades de calorías:


  • Ayuno de 12 horas al día: Este tipo de ayuno intermitente puede ser una buena opción para principiantes ya que el período de ayuno es relativamente corto y gran parte ocurre al dormir.
  • Ayuno de 16 horas: También conocido como método 16:8. Consiste en terminar la cena (sobre las 20:00) y no volver a ingerir alimento hasta el mediodía. Es uno de los métodos más populares y fáciles de seguir.
  • Ayuno 2 días a la semana o método 5:2: En este tipo de ayuno se comen cantidades regulares de alimentos saludables durante cinco días a la semana y se limitan las calorías (500-600 kcal) dos días no consecutivos.
  • Ayuno en días alternos: Implica alternar días de ayuno completo con días de alimentación saludable con normalidad. En los días de ayuno, se consume solo una comida ligera de alrededor de 500 calorías. Insostenible a largo plazo, es una forma muy extrema de ayuno intermitente y podría no ser adecuado para principiantes o personas con ciertas afecciones médicas.
  • Ayuno de 24 horas: Ayunar completamente durante una o dos veces a la semana, implica no comer alimentos durante 24 horas. Por ejemplo, ayudar de una cena a la siguiente.
  • Ayuno espontáneo o saltarse alguna comida: Algunas personas optan por ayunar de manera espontánea, saltándose comidas cuando no tienen hambre o tienen restricciones de tiempo.


En un entorno laboral, donde la eficiencia y el bienestar son fundamentales, adoptar esta práctica puede marcar una gran diferencia en la productividad y satisfacción de los empleados. Como cada empresa es única, desde Savia Empresas ofrecemos soluciones personalizadas de nutrición para transformar el bienestar de tu equipo y potenciar el éxito de tu empresa.

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¿Tienes hambre o estás aburrido? Cómo influye el verano en nuestra forma de comer
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En vacaciones cambian los horarios, las rutinas y también nuestra forma de relacionarnos con la comida. Hay más comidas fuera de casa, aperitivos que se alargan, helados durante los paseos, reuniones familiares y tardes en las que abrir la nevera parece convertirse en un plan más. Muchas personas terminan el verano convencidas de que han perdido el control sobre su alimentación, cuando en realidad detrás de esos cambios suelen intervenir factores mucho más complejos que la falta de fuerza de voluntad. El aburrimiento , el estrés, las emociones o simplemente disponer de más tiempo libre pueden influir en el momento en que comemos y en los alimentos que elegimos. Aprender a identificar esas señales permite disfrutar del verano sin culpa y mantener una relación más equilibrada con la comida. ¿Por qué comemos diferente durante las vacaciones? Durante el verano desaparecen muchas de las rutinas que organizan el día a día. Los horarios laborales cambian, aumentan las comidas en grupo, aparecen celebraciones, viajes y planes improvisados. Además, el calor modifica el apetito y suele favorecer comidas más ligeras, aunque también incrementa el consumo de bebidas azucaradas, helados o picoteos frecuentes. La alimentación deja de estar marcada por la rutina y pasa a depender, en mayor medida, del contexto y de las emociones. Por eso es habitual comer a horas diferentes, prolongar las sobremesas o recurrir a determinados alimentos simplemente porque están disponibles o forman parte del momento social. Hambre física y hambre emocional: aprender a diferenciarlas Sentir ganas de comer no siempre significa que el cuerpo necesite alimento. Los especialistas distinguen entre el hambre física , que responde a una necesidad fisiológica, y el hambre emocional , que aparece como respuesta a emociones, pensamientos o situaciones concretas. Estas son algunas diferencias que pueden ayudar a identificarlas. Hambre física Aparece de forma gradual. Se satisface con distintos alimentos. Desaparece cuando el organismo se siente saciado. Responde a una necesidad de energía. Hambre emocional Suele surgir de manera repentina. Busca alimentos concretos, generalmente muy apetecibles. Puede continuar incluso después de comer. Suele aparecer asociada al aburrimiento , el estrés, la ansiedad o determinadas emociones. Reconocer estas diferencias permite comprender mejor qué necesita el cuerpo en cada momento. El aburrimiento también puede influir en las ganas de comer Durante las vacaciones aparecen más momentos libres. Después de varios días con menos obligaciones, muchas personas descubren que acuden a la cocina con más frecuencia sin haber sentido un hambre clara. El aburrimiento activa la búsqueda de estímulos, y la comida constituye uno de los más accesibles y gratificantes. Determinados alimentos ricos en azúcar o grasa estimulan los circuitos de recompensa del cerebro y producen una sensación inmediata de placer, aunque sea pasajera. Por eso resulta tan habitual abrir la nevera varias veces durante la tarde o picar algo mientras vemos una película, navegamos por internet o descansamos en casa. Antes de comer puede ser útil hacerse una pregunta sencilla: ¿qué estoy necesitando realmente en este momento?  A veces la respuesta será comida. Otras veces puede ser descanso, compañía, hidratación o simplemente cambiar de actividad durante unos minutos. Las emociones también forman parte de nuestra alimentación El aburrimiento es solo una de las emociones que pueden influir en el apetito , pero durante el verano también aparecen otros factores que modifican nuestra conducta alimentaria. Celebraciones y reuniones sociales: Muchas actividades giran alrededor de la comida, lo que favorece un consumo mayor del habitual sin que exista una sensación clara de hambre . Estrés antes o después de las vacaciones: Los días previos al descanso o la vuelta a la rutina pueden aumentar la ansiedad, y algunas personas encuentran en la comida una forma de aliviar momentáneamente esa tensión. Cansancio: Dormir peor debido al calor o alterar los horarios también puede modificar las hormonas que regulan el apetito, aumentando la sensación de hambre durante el día. Recompensa: Después de varios meses de trabajo es frecuente pensar que las vacaciones son el momento para «permitirse todo». Disfrutar de alimentos especiales forma parte del verano, aunque mantener cierto equilibrio ayuda a que el bienestar continúe cuando terminan las vacaciones. Cómo mantener una relación equilibrada con la comida durante el verano Mantener horarios relativamente estables: Aunque exista más flexibilidad, conservar cierta regularidad ayuda al organismo a reconocer mejor las señales de hambre y saciedad. Hacer una pausa antes de comer: Detenerse unos segundos permite identificar si el cuerpo necesita alimento o si existe otra necesidad detrás de ese impulso. Mantener una buena hidratación: La sed y el hambre pueden confundirse fácilmente, especialmente durante los días de más calor. Beber agua de forma regular y consumir frutas y verduras ricas en agua favorece una hidratación adecuada. Comer con atención: Disfrutar de la comida sin pantallas o distracciones facilita reconocer cuándo aparece la saciedad y mejora la experiencia de comer. Las vacaciones suelen ofrecer más tiempo para cocinar, descubrir alimentos de temporada o recuperar comidas compartidas con calma. Aprovechar ese contexto puede ayudar a construir hábitos saludables que continúen después del verano, siempre desde un enfoque flexible y adaptado a cada persona. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Nutrición ofrece videoconsultas con nutricionistas colegiados que ayudan a comprender mejor la relación con la alimentación, adaptar los hábitos a cada situación personal y resolver dudas sobre cómo mantener una dieta equilibrada durante las vacaciones y el resto del año.

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