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¿Cómo evitar antojos en el trabajo?

Nutrición

Alimentarse siempre de forma saludable en el trabajo se convierte en un gran desafío. Y más cuando los antojos están al acecho. Para las empresas, los hábitos de vida saludables se traducen en una inversión en el bienestar y en un impulso en la productividad. Descubre en este post cómo ayudar a tus trabajadores a evitar los antojos en el día a día.



¿Cómo evitar antojos en el trabajo?

¿Cómo evitar los antojos dulces en la oficina?


Los antojos de dulces son comunes, especialmente a media mañana o durante la tarde, cuando la energía tiende a disminuir. Para combatirlos, es fundamental empezar el día con un desayuno rico en proteínas y fibras. En lugar de máquinas expendedoras llenas de snacks azucarados, ofrece a tus empleados opciones más nutritivas como frutas, frutos secos o yogures naturales.


Asimismo, la educación nutricional y el apoyo emocional juegan un papel clave. Organizar talleres o consultas con nutricionistas otorga a los empleados las herramientas necesarias para tomar decisiones informadas sobre su alimentación, entendiendo por qué surge el antojo de dulces y cómo manejarlo. Recurrir a los dulces en momentos de estrés o ansiedad es más común de lo que pensamos. De esta forma, las sesiones de Psicología de Savia Empresas proporcionan una excelente guía para adquirir técnicas de control del estrés que reduzcan la necesidad de buscar consuelo en los alimentos.



¿Cómo evitar los antojos de comida chatarra cuando trabajas?


La comida chatarra -o comida basura- es una opción tentadora por su inmediatez y sabor, pero sus efectos en la salud y el rendimiento laboral pueden ser contraproducentes. Crear un entorno que promueva la alimentación saludable es esencial. Esto incluye la implementación de menús equilibrados en el comedor de la empresa y la limitación de opciones de comida rápida cercanas al lugar de trabajo.


Fomentar la preparación de comidas es también una estrategia efectiva. Alentar a los empleados a traer comida casera puede disminuir significativamente el consumo de alimentos procesados y poco saludables durante la jornada laboral. Como empresa debes proporcionar instalaciones adecuadas para almacenar y calentar alimentos, así como espacios cómodos para comer.


Otros trucos para evitar los antojos de comida chatarra en el trabajo son: beber suficiente agua -sobre todo antes de las ingestas-, seguir un horario regular de comidas, dormir lo suficiente y realizar ejercicio físico para distraer las causas emocionales.



¿Cómo evitar los antojos tras el trabajo?


Los antojos post laborales suelen estar relacionados con el estrés o el agotamiento del día. E incluso todo lo contrario, también las personas que se aburren o duermen durante el día se asocian históricamente con los antojos.


Es importante saber que lo ideal no es luchar contra un antojo. Por ello, la mejor solución es distraer el cerebro a través de sesiones de mindfulness o actividades físicas. Sin olvidar, por supuesto, los trucos mencionados en el apartado anterior.



Integrar servicios de nutrición dentro de la empresa garantiza la salud de los empleados y refuerza la cultura del bienestar, contribuyendo a una mayor productividad y un mejor clima laboral. Comprender la conexión entre el rendimiento y la satisfacción laboral marca un antes y un después en el éxito de la compañía. Infórmate sin compromiso sobre los servicios de Nutrición de Savia Empresas e invierte en el activo más valioso de tu organización.

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Aunque puedan parecer una solución inmediata, este tipo de propuestas rara vez ayudan a consolidar hábitos duraderos. Las restricciones muy intensas suelen generar más sensación de hambre, aumentan la frustración y hacen que muchas personas abandonen el plan pocas semanas después. Así que, más que intentar compensar los excesos del verano, resulta mucho más útil recuperar una alimentación variada, organizada y compatible con la rutina diaria. Cómo volver a una alimentación equilibrada después del verano Si hay que elegir un único punto de partida para volver a comer bien en septiembre , ese punto es la estructura horaria. Recuperar horarios aproximados de desayuno, comida y cena hace que el cuerpo vuelva a generar señales de hambre y saciedad regulares , que es la base sobre la que funciona cualquier alimentación saludable. Con esa estructura recuperada, el resto se ordena de forma más natural. Cuando se come con hambre real a horas previsibles, las decisiones sobre qué comer son mejores y el picoteo compulsivo entre horas se reduce sin esfuerzo. Volver a cocinar en casa con más frecuencia. Las semanas de vacaciones suelen significar más restaurantes y menos cocina propia. Retomar la cocina en casa no requiere platos elaborados: una ensalada completa, una legumbre con verduras, un pescado a la plancha. Lo que importa es recuperar el control sobre los ingredientes y las cantidades, algo que en el restaurante siempre es parcial. Reducir el alcohol de forma gradual. El consumo de alcohol suele ser más alto en verano por el contexto social. Reducirlo en septiembre no tiene que ser una renuncia total: simplemente volver al patrón habitual del resto del año, con el alcohol como ocasión y el agua como norma. Recuperar las legumbres y los cereales integrales. Son dos grupos que suelen desaparecer en los menús de verano y que tienen un papel central en la saciedad, la energía sostenida y la salud digestiva. Incorporarlos en dos o tres comidas semanales desde las primeras semanas de septiembre es uno de los ajustes con más impacto y menos esfuerzo. Los productos de septiembre que ayudan a recuperar el equilibrio digestivo Septiembre tiene algo a su favor que pocas veces se menciona: es el mes con mayor consumo de verdura fresca de todo el año en España, según datos del Ministerio de Agricultura . La oferta del mercado en esta época del año combina los últimos productos del verano con los primeros de la nueva estación, y el resultado es una variedad excepcional. Los mercados de septiembre ofrecen una combinación que resulta especialmente útil para recuperar el ritmo digestivo tras el verano. Higos, uvas y granadas: Frutas en su momento óptimo, ricas en fibra y antioxidantes. 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A eso se suma algo menos evidente pero igual de relevante: la relajación psicológica que acompañan las vacaciones afecta también a las decisiones sobre lo que se come. Sin la estructura habitual, es más fácil picar entre horas, posponer el almuerzo hasta las cuatro de la tarde o cenar más tarde y más abundante de lo habitual. Nada de eso es un problema por sí solo. El problema aparece cuando ese patrón se convierte en la norma durante varias semanas seguidas, o cuando la respuesta a dos semanas de comer fuera es una dieta restrictiva en septiembre que tampoco se sostiene. Ahí sí se genera un ciclo que no beneficia a nadie. Comer fuera también puede formar parte de una alimentación saludable Durante mucho tiempo se ha asociado comer fuera de casa con una alimentación poco saludable. Sin embargo, cada vez es más fácil encontrar restaurantes que ofrecen opciones variadas y equilibradas. Además, muchos platos tradicionales de la cocina mediterránea encajan perfectamente dentro de un patrón de alimentación saludable . Elegir pescado a la plancha, ensaladas completas, verduras, legumbres o arroces acompañados de alimentos frescos permite disfrutar de la comida sin que ello suponga un desequilibrio importante en la dieta. El objetivo tampoco consiste en controlar cada elección. Compartir un postre, disfrutar de una comida especial o probar la gastronomía local forma parte de la experiencia de viajar y convivir con otras personas. La clave está en el equilibrio a lo largo de toda la semana. Si el martes hubo una cena larga con más vino y más postre de lo habitual, el miércoles puede volver a un ritmo más ligero sin que el martes haya “arruinado” nada. Ese cambio de perspectiva (de la culpa por comida al equilibrio por semana) es uno de los ajustes más útiles que propone la evidencia en nutrición para mejorar la adherencia a largo plazo. Qué elegir cuando comes en restaurantes o chiringuitos Algunos pequeños gestos ayudan a mantener hábitos saludables durante las vacaciones . Priorizar platos con verduras Las verduras aportan fibra, vitaminas, minerales y una gran cantidad de agua, especialmente útil durante los meses más calurosos. Ensaladas completas, verduras a la plancha, gazpacho o salmorejo son opciones que ayudan a empezar la comida de forma ligera y saciante. Elegir proteínas de calidad Pescados, mariscos, pollo, pavo, huevos o legumbres favorecen una mayor sensación de saciedad y suelen resultar más fáciles de digerir cuando hace calor. España cuenta además con una amplia oferta de pescados y mariscos frescos durante el verano , una excelente oportunidad para incorporarlos con mayor frecuencia. Dar protagonismo a la cocina mediterránea La dieta mediterránea continúa siendo uno de los patrones alimentarios con mayor respaldo científico para la prevención de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Aceite de oliva virgen extra, frutas, verduras, legumbres, pescado y frutos secos forman parte de este modelo de alimentación que resulta especialmente fácil de seguir durante el verano . Elegir bebidas que favorezcan la hidratación El agua es la mejor bebida para mantener una hidratación adecuada. Aunque refrescos y bebidas alcohólicas suelen estar más presentes durante las vacaciones , conviene recordar que el alcohol favorece la deshidratación y puede aumentar la sensación de cansancio cuando las temperaturas son elevadas. Los errores más frecuentes al comer fuera durante el verano Picar constantemente entre horas: Los aperitivos prolongados, las tapas o los pequeños snacks pueden hacer que se consuman muchas más calorías de las previstas sin apenas percibirlo. Descuidar la hidratación: Esperar a tener sed suele indicar que el organismo ya ha comenzado a perder líquidos. Comer con demasiada rapidez: Las comidas compartidas invitan a conversar y disfrutar del momento. Dedicar tiempo a comer despacio facilita la digestión y permite que el cerebro reciba las señales de saciedad antes de continuar comiendo. Reservar las frutas y verduras para «cuando vuelvan las rutinas»: Durante el verano existe una enorme variedad de frutas y hortalizas de temporada que facilitan mantener una alimentación fresca y equilibrada. Sandía, melón, melocotón, tomates o pepino son solo algunos ejemplos de alimentos ricos en agua y nutrientes que ayudan a combatir el calor. Cómo recuperar el equilibrio sin caer en restricciones Al final de las vacaciones, muchas personas sienten que han comido peor de lo que querían y la respuesta habitual es una dieta estricta en septiembre. Esa respuesta rara vez funciona y casi siempre genera más oscilaciones que las que habría producido no hacer nada. Recuperar el equilibrio después de un periodo de vacaciones es mucho más sencillo de lo que parece si se aborda con gradualidad. Volver a cocinar en casa con más frecuencia, recuperar los horarios habituales, incorporar más verdura y fruta en el día a día y reducir el alcohol son los cuatro movimientos que más impacto tienen, y ninguno requiere restricción ni esfuerzo extremo. Lo que la evidencia en nutrición muestra de forma consistente es que los cambios sostenibles se construyen sobre hábitos que se pueden mantener en el tiempo, no sobre planes que requieren fuerza de voluntad constante. La alimentación saludable tiene que caber también en el verano , en los restaurantes y en las celebraciones. Si el modelo que seguimos solo funciona cuando todo está bajo control, no es un modelo que vaya a durar. El verano también puede ser una oportunidad para mejorar hábitos El tiempo libre de las vacaciones tiene algo valioso que el resto del año no siempre permite: más espacio para prestar atención a cómo uno come, para explorar mercados locales y productos de temporada, para cocinar sin prisa cuando se tiene ganas, para descubrir que comer bien y disfrutar de la mesa no son objetivos contradictorios. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Nutrición conecta a los empleados de las empresas con nutricionistas especializados a través de videoconsultas personalizadas. Ya sea para revisar hábitos, resolver dudas concretas sobre alimentación o diseñar un plan que encaje con el ritmo real de cada persona, el acceso es sencillo, sin desplazamientos y en el momento que mejor viene. 
¿Tienes hambre o estás aburrido? Cómo influye el verano en nuestra forma de comer
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En vacaciones cambian los horarios, las rutinas y también nuestra forma de relacionarnos con la comida. Hay más comidas fuera de casa, aperitivos que se alargan, helados durante los paseos, reuniones familiares y tardes en las que abrir la nevera parece convertirse en un plan más. Muchas personas terminan el verano convencidas de que han perdido el control sobre su alimentación, cuando en realidad detrás de esos cambios suelen intervenir factores mucho más complejos que la falta de fuerza de voluntad. El aburrimiento , el estrés, las emociones o simplemente disponer de más tiempo libre pueden influir en el momento en que comemos y en los alimentos que elegimos. Aprender a identificar esas señales permite disfrutar del verano sin culpa y mantener una relación más equilibrada con la comida. ¿Por qué comemos diferente durante las vacaciones? Durante el verano desaparecen muchas de las rutinas que organizan el día a día. Los horarios laborales cambian, aumentan las comidas en grupo, aparecen celebraciones, viajes y planes improvisados. Además, el calor modifica el apetito y suele favorecer comidas más ligeras, aunque también incrementa el consumo de bebidas azucaradas, helados o picoteos frecuentes. La alimentación deja de estar marcada por la rutina y pasa a depender, en mayor medida, del contexto y de las emociones. Por eso es habitual comer a horas diferentes, prolongar las sobremesas o recurrir a determinados alimentos simplemente porque están disponibles o forman parte del momento social. Hambre física y hambre emocional: aprender a diferenciarlas Sentir ganas de comer no siempre significa que el cuerpo necesite alimento. Los especialistas distinguen entre el hambre física , que responde a una necesidad fisiológica, y el hambre emocional , que aparece como respuesta a emociones, pensamientos o situaciones concretas. Estas son algunas diferencias que pueden ayudar a identificarlas. Hambre física Aparece de forma gradual. Se satisface con distintos alimentos. Desaparece cuando el organismo se siente saciado. Responde a una necesidad de energía. Hambre emocional Suele surgir de manera repentina. Busca alimentos concretos, generalmente muy apetecibles. Puede continuar incluso después de comer. Suele aparecer asociada al aburrimiento , el estrés, la ansiedad o determinadas emociones. Reconocer estas diferencias permite comprender mejor qué necesita el cuerpo en cada momento. El aburrimiento también puede influir en las ganas de comer Durante las vacaciones aparecen más momentos libres. Después de varios días con menos obligaciones, muchas personas descubren que acuden a la cocina con más frecuencia sin haber sentido un hambre clara. El aburrimiento activa la búsqueda de estímulos, y la comida constituye uno de los más accesibles y gratificantes. Determinados alimentos ricos en azúcar o grasa estimulan los circuitos de recompensa del cerebro y producen una sensación inmediata de placer, aunque sea pasajera. Por eso resulta tan habitual abrir la nevera varias veces durante la tarde o picar algo mientras vemos una película, navegamos por internet o descansamos en casa. Antes de comer puede ser útil hacerse una pregunta sencilla: ¿qué estoy necesitando realmente en este momento?  A veces la respuesta será comida. Otras veces puede ser descanso, compañía, hidratación o simplemente cambiar de actividad durante unos minutos. Las emociones también forman parte de nuestra alimentación El aburrimiento es solo una de las emociones que pueden influir en el apetito , pero durante el verano también aparecen otros factores que modifican nuestra conducta alimentaria. Celebraciones y reuniones sociales: Muchas actividades giran alrededor de la comida, lo que favorece un consumo mayor del habitual sin que exista una sensación clara de hambre . Estrés antes o después de las vacaciones: Los días previos al descanso o la vuelta a la rutina pueden aumentar la ansiedad, y algunas personas encuentran en la comida una forma de aliviar momentáneamente esa tensión. Cansancio: Dormir peor debido al calor o alterar los horarios también puede modificar las hormonas que regulan el apetito, aumentando la sensación de hambre durante el día. Recompensa: Después de varios meses de trabajo es frecuente pensar que las vacaciones son el momento para «permitirse todo». Disfrutar de alimentos especiales forma parte del verano, aunque mantener cierto equilibrio ayuda a que el bienestar continúe cuando terminan las vacaciones. Cómo mantener una relación equilibrada con la comida durante el verano Mantener horarios relativamente estables: Aunque exista más flexibilidad, conservar cierta regularidad ayuda al organismo a reconocer mejor las señales de hambre y saciedad. Hacer una pausa antes de comer: Detenerse unos segundos permite identificar si el cuerpo necesita alimento o si existe otra necesidad detrás de ese impulso. Mantener una buena hidratación: La sed y el hambre pueden confundirse fácilmente, especialmente durante los días de más calor. Beber agua de forma regular y consumir frutas y verduras ricas en agua favorece una hidratación adecuada. Comer con atención: Disfrutar de la comida sin pantallas o distracciones facilita reconocer cuándo aparece la saciedad y mejora la experiencia de comer. Las vacaciones suelen ofrecer más tiempo para cocinar, descubrir alimentos de temporada o recuperar comidas compartidas con calma. Aprovechar ese contexto puede ayudar a construir hábitos saludables que continúen después del verano, siempre desde un enfoque flexible y adaptado a cada persona. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Nutrición ofrece videoconsultas con nutricionistas colegiados que ayudan a comprender mejor la relación con la alimentación, adaptar los hábitos a cada situación personal y resolver dudas sobre cómo mantener una dieta equilibrada durante las vacaciones y el resto del año.

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