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Bienestar laboral y privacidad: cuando la confianza en los datos decide si la estrategia funciona

Wellbeing

El debate ya no gira en torno a si implementar o no. Ahora, el abordaje sobre el bienestar laboral se centra en cómo hacerlo de forma efectiva y sostenible. Bajo esta premisa, el pasado 22 de abril tuvo lugar el webinar organizado por ORH, donde expertos en salud, bienestar, datos y gestión de personas analizaron un reto actual: cómo equilibrar el impulso de los programas de bienestar con la confianza en el uso de los datos.


En este encuentro participaron Mar Alarcón, profesora de Derecho del trabajo y Seguridad Social en la Universidad Rey Juan Carlos; Carmen Espinilla, Head of Sales en Betterfly; y Carlos Jover, Head of Product & Growth en Savia, salud digital Mapfre;quienes abordaron –desde distintas perspectivas– el papel de la privacidad como factor decisivo en el éxito de las estrategias de bienestar.


Bienestar laboral y privacidad: cuando la confianza en los datos decide si la estrategia funciona

La confianza, el verdadero reto


El inicio de la sesión estuvo protagonizado por las principales conclusiones de la «Radiografía del bienestar laboral en España 2026» de Savia, que reflejan una evolución clara:


  • El bienestar laboral se consolida como una expectativa estructural, no como un beneficio opcional.
  • El 83% de los encuestados piensa que la oferta de servicios de bienestar es una inversión a largo plazo para las empresas.
  • El 62% de los empleados lo tiene en cuenta al cambiar de empresa.
  • Y sin embargo, solo el 32% recibe actualmente servicios de bienestar.

Pero el dato más revelador es otro: el 51% de las personas está preocupada por la privacidad de sus datos, convirtiéndose en una barrera real de uso. Ya no basta con ofrecer servicios de bienestar. Si no existe confianza, la activación de estos programas se queda a medio camino.


¿Qué datos se recogen realmente en un programa de bienestar?


Uno de los puntos clave fue desmontar las percepciones erróneas sobre el uso de datos. Tal y como explicó Carlos Jover, Head of Product & Growth en Savia, los datos necesarios para activar un servicio pueden ser mínimos (nombre, apellidos y correo electrónico), pero varían según el tipo de servicio:


  • Telemedicina y psicología: incluyen motivo de consulta e información clínica, gestionada exclusivamente por profesionales sanitarios.
  • Fisioterapia: recoge información sobre lesiones y evolución del tratamiento.
  • Apps de hábitos: trabajan con datos de comportamiento (actividad, sueño, objetivos).

Hay que comunicar de forma muy clara que la empresa no accede, de ninguna forma, a datos individuales ni clínicos. Lo único que puede recibir son métricas como el uso del servicio, volumen de consultas o niveles de participación; es decir, datos orientados a analizar y entender tendencias, no comportamientos personalesno ven qué empleado ha usado qué servicio, por ejemplo–, apuntó Jover.


¿Cuándo un dato se convierte en dato de salud?


Desde el punto de vista jurídico, uno de los aspectos más complejos es delimitar qué se considera dato de salud. Como explicó Alarcón, profesora de Derecho del trabajo y Seguridad Social, no importa tanto la etiqueta del dato como su capacidad para revelar información sobre el estado físico o mental de una persona.


Esto implica que:


  • Un dato aparentemente neutro puede convertirse en dato de salud si permite inferir información.
  • La evaluación debe hacerse caso por caso, dato por dato.
  • La anonimización es crítica, siempre que no pueda revertirse.

En este sentido, es esencial tener presente que en el ámbito laboral no existe un tratamiento libre de datos. Todo debe estar justificado por una base legal y una finalidad concreta.


¿Es suficiente con firmar un consentimiento?


Sin duda, este ha sido otro de los grandes aprendizajes del debate entre los expertos. Entender que el consentimiento, por sí solo, no es una base válida en muchos casos dentro de la relación laboral, en parte, por la desigualdad estructural entre empresa y trabajador. Por ello:


  • Si el programa lo gestiona la empresa directamente, el consentimiento no se considera libre.
  • Si interviene un proveedor externo, como puede ser el caso de Savia, el consentimiento debe reforzarse con una finalidad vinculada a la salud laboral.

Además, en el caso de datos especialmente sensibles, como los de salud, se requiere un nivel adicional de protección y justificación.


El verdadero miedo del empleado: ¿qué puede ver la empresa?


Desde su experiencia práctica, Carmen Espinilla, Head of Sales en Betterfly, fue la encargada de poner el foco en la percepción del empleado. El hilo común durante el webinar fue que el principal miedo de los empleados no es el uso del servicio en sí, sino el saber qué datos puede ver la empresa, si puede acceder a la información sobre su salud y si puede saber, por ejemplo, cuántas veces utiliza un servicio o con qué resultado.


Esta incertidumbre genera, una vez más, una barrera clara: cada vez son más los empleados que evitan usar ciertos servicios por falta de confianza, especialmente aquellos relacionados con la salud mental.


Por ello, con este contexto, surgió otro nuevo reto que abordar: la comunicación, especialmente la interna, sobre el uso de datos es insuficiente. Actualmente apenas se explica a los empleados el tratamiento de sus datos, por lo que existe un gran desconocimiento tanto en RRHH como en los propios trabajadores y se arrastran prácticas antiguas que ya no son válidas ni aptas en el marco actual.


La comunicación debe ser clara, comprensible y accesible desde el primer momento de la relación laboral: un consentimiento que no se entiende, no es válido.


¿Quién tiene realmente la responsabilidad en el tratamiento de datos y privacidad? ¿Empresas o proveedores?


Ante esta pregunta, la unanimidad en las opiniones entre los ponentes fue destacable. En materia de datos, la responsabilidad nunca debe recaer en un solo actor. Es imperativo crear un marco de corresponsabilidad: La empresa es responsable de definir la finalidad y el uso de los datos y el proveedor, por su parte, es el responsable del tratamiento


Ambos, por lo tanto, son corresponsables del cumplimiento normativo y legal, lo que implica llevar a cabo un trabajo conjunto, donde la transparencia, la seguridad y la pedagogía son esenciales para generar confianza.


Sin cumplimiento, no hay confianza (y sin confianza, no hay bienestar)


La protección de datos es un derecho fundamental con máxima protección jurídica, por lo que:


  • No existe tratamiento libre de datos en el entorno laboral.
  • Todo tratamiento debe responder a una base legal concreta y a una finalidad específica.
  • Solo deben solicitarse los datos estrictamente necesarios (principio de minimización).
  • Y, además, no basta con cumplir: las empresas deben ser capaces de demostrar ese cumplimiento.

En el caso de los datos de salud, especialmente sensibles, la exigencia es aún mayor. Su tratamiento solo es posible bajo condiciones muy concretas, vinculadas al ámbito laboral, la seguridad social o la medicina preventiva, y siempre con garantías reforzadas.


La empresa, recordemos, nunca puede acceder a la información clínica o el estado de salud del empleado


El incumplimiento de estas obligaciones no es menor. Las sanciones en materia de protección de datos pueden alcanzar cifras de hasta 20 millones de euros.


En definitiva, los programas de bienestar que realmente funcionan son aquellos que integran desde el inicio el diseño del servicio, la experiencia del empleado y un modelo sólido de cumplimiento normativo. La privacidad, tal y como se la han abordado grandes referentes a lo largo del webinar, no es un freno al bienestar, es la base que lo hace posible.

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¿Por qué aburrirse también ayuda a rendir mejor? Lo que dice la neurociencia
¿Por qué aburrirse también ayuda a rendir mejor? Lo que dice la neurociencia
Vivimos en una época en la que cualquier momento de espera parece una oportunidad para hacer algo más. Contestar un mensaje mientras esperamos el ascensor. Revisar el correo durante un trayecto corto. Consultar las redes sociales en la cola del supermercado. El silencio, la pausa o el aburrimiento se han convertido en experiencias cada vez menos habituales. Sin embargo, el cerebro necesita precisamente esos momentos para hacer parte de su trabajo más importante. Lejos de ser tiempo perdido, los periodos de inactividad favorecen procesos esenciales como la consolidación de la memoria, la creatividad, la regulación emocional o la capacidad para resolver problemas. Cada vez más investigaciones en neurociencia coinciden en una idea: descansar mentalmente también forma parte del rendimiento. Qué ocurre en el cerebro cuando no hacemos nada Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro «descansaba» cuando dejábamos de concentrarnos en una tarea. Hoy sabemos que ocurre algo muy distinto. Cuando la atención deja de estar dirigida a una actividad concreta, entra en funcionamiento la llamada red neuronal por defecto (Default Mode Network) , un conjunto de áreas cerebrales que continúa trabajando mientras la mente divaga. Los investigadores han observado que esta red participa en procesos como la organización de recuerdos, la integración de experiencias, la planificación del futuro y la búsqueda de soluciones creativas a problemas cotidianos. En otras palabras, el cerebro aprovecha esos momentos aparentemente improductivos para ordenar información que después utilizará cuando volvamos a concentrarnos. Por eso muchas personas encuentran una idea mientras caminan, se duchan o simplemente miran por la ventana. Parece una casualidad pero en realidad es el resultado de un trabajo que el cerebro sigue realizando entre bastidores. Por qué cada vez nos cuesta más aburrirnos Si el tiempo de inactividad o de aburrimiento es tan valioso, ¿por qué lo evitamos de forma tan sistemática? La respuesta tiene varias capas. La primera es cultural En la mayoría de las organizaciones, la visibilidad del trabajo se mide por la actividad: cuántas reuniones se tienen, cuántos correos se responden, cuántas tareas se cierran. El espacio para pensar, para no hacer nada aparente, rara vez aparece en ninguna métrica de rendimiento. La segunda es tecnológica Las pantallas y las notificaciones han colonizado todos los espacios que antes quedaban vacíos. La sala de espera, el trayecto al trabajo, los cinco minutos entre reuniones. Cada espacio del día se llena de estímulos que, aunque parecen ligeros, impiden que la red neuronal por defecto entre en funcionamiento. El cerebro siempre tiene algo a lo que atender, y nunca llega a ese estado de calma activa donde ocurre lo más interesante. La tercera es perceptiva El aburrimiento genera incomodidad. Y la cultura del alto rendimiento ha instalado la idea de que la incomodidad es siempre una señal de que algo va mal. Tolerar ese malestar breve, en lugar de llenarlo de inmediato con el móvil o con otra tarea, requiere un esfuerzo real. Qué beneficios concretos produce el tiempo de aburrimiento o inactividad Creatividad y resolución de problemas La psicóloga británica Sandi Mann , investigadora de la Universidad de Central Lancashire, ha estudiado durante años la relación entre aburrimiento y creatividad. Sus investigaciones muestran que, cuando desaparecen los estímulos externos, el cerebro empieza a generar ideas propias y busca nuevas formas de resolver situaciones. Ese proceso explica por qué muchas ideas aparecen precisamente cuando dejamos de pensar de forma consciente en un problema. Consolidación de la memoria y el aprendizaje El cerebro necesita períodos de reposo para trasladar la información del almacenamiento a corto plazo al de largo plazo. Los profesionales que acumulan reunión tras reunión sin pausas intermedias procesan y retienen peor lo que ocurre en cada una de ellas. Las pausas entre bloques de trabajo intenso mejoran directamente la calidad del aprendizaje y la toma de decisiones posterior. Regulación emocional La red neuronal por defecto también interviene en el procesamiento de las emociones. Sin espacios de calma, las emociones se acumulan sin ser procesadas. Eso se traduce en mayor reactividad, menor tolerancia a la frustración y decisiones más impulsivas. Un equipo que nunca descansa mentalmente es un equipo más irritable y con peor criterio en los momentos que más importan. Recuperación de la capacidad de concentración La concentración sostenida es un recurso finito. Cuando se agota sin reposición, el rendimiento en tareas complejas cae de forma significativa. Las pausas reales, sin estímulos digitales, permiten que ese recurso se recargue. Una pausa de diez minutos entre bloques de trabajo puede sostener el rendimiento durante horas. Ignorarla suele costar mucho más al final del día. Qué ocurre cuando el cerebro permanece siempre ocupado La fatiga cognitiva es el estado que aparece cuando el cerebro lleva demasiado tiempo funcionando a pleno rendimiento sin recuperación. Y hay un dato que conviene entender bien: la fatiga cognitiva no la produce tanto la cantidad de horas trabajadas como la densidad de interrupciones y cambios de tarea a lo largo del día. Un estudio de Gloria Mark en la Universidad de California demostró que, tras una interrupción, el cerebro tarda una media de 23 minutos en recuperar el nivel de concentración previo . En una jornada laboral con notificaciones constantes, eso supone que la concentración real nunca llega a recuperarse del todo entre una interrupción y la siguiente. Las consecuencias de la fatiga cognitiva acumulada son concretas y medibles: más errores en tareas que normalmente se hacen bien, decisiones más impulsivas y menos reflexivas, menor capacidad para priorizar, irritabilidad que afecta al clima del equipo, y una sensación de agotamiento al final del día que no guarda proporción con lo que se ha conseguido hacer.  Muchos profesionales describen ese estado como estar ocupado todo el día sin haber avanzado en nada que importe. Cómo incorporar pausas que realmente ayuden al cerebro Las pausas más beneficiosas no siempre implican dedicar largos períodos de tiempo. Pequeños cambios durante la jornada pueden marcar una diferencia importante. Levantarse unos minutos entre tareas: caminar brevemente o cambiar de espacio ayuda a reducir la carga cognitiva acumulada. Evitar llenar cada pausa con el teléfono móvil: si cada momento libre se ocupa revisando mensajes o redes sociales, el cerebro continúa recibiendo estímulos de forma constante. Permitir unos minutos de tranquilidad favorece una recuperación más completa. Mirar al exterior: observar un paisaje, una ventana o un espacio abierto durante unos minutos contribuye a relajar la atención y facilita que el cerebro reorganice la información procesada durante la jornada. Alternar periodos de concentración con descansos: trabajar durante bloques de tiempo definidos e introducir pausas entre ellos suele resultar más eficaz que mantener varias horas seguidas de actividad ininterrumpida. El bienestar también necesita espacios para desconectar Las organizaciones dedican cada vez más esfuerzos a mejorar la productividad de sus equipos. Sin embargo, mantener un buen rendimiento también implica cuidar la salud mental y favorecer hábitos que permitan recuperarse entre las exigencias del día a día. Crear una cultura que respete las pausas, reduzca la hiperconectividad y promueva un equilibrio saludable entre concentración y descanso beneficia tanto a las personas como a la organización. En Savia, salud digital Mapfre, ayudamos a las empresas a desarrollar entornos de trabajo más saludables a través de nuestros Programas de Bienestar . Contar con iniciativas orientadas a la salud física y emocional contribuye a prevenir la fatiga mental, mejorar la calidad de vida de los equipos y favorecer un rendimiento más sostenible a largo plazo.
Cómo afecta el verano a enfermedades dermatológicas como rosácea, psoriasis o acné
Cómo afecta el verano a enfermedades dermatológicas como rosácea, psoriasis o acné
Para muchas personas, el verano significa más horas al aire libre, vacaciones y tiempo de descanso. Para otras, supone también una preocupación añadida: cómo reaccionará su piel durante los meses de más calor. El aumento de las temperaturas, la exposición solar, la humedad o la sudoración pueden modificar el comportamiento de algunas enfermedades dermatológicas . Rosácea, psoriasis y acné son tres ejemplos frecuentes de afecciones que suelen experimentar cambios durante esta época del año. Entender qué ocurre y saber cómo actuar puede ayudar a prevenir brotes, reducir molestias y disfrutar del verano con mayor tranquilidad. Cómo afecta el verano a la salud de la piel El verano combina varios factores que afectan directamente a la piel: temperatura alta, radiación solar intensa, sudoración excesiva y cambios de hábitos. Cada uno de ellos actúa de forma diferente según la condición de cada persona, pero hay un patrón que suele repetirse: la piel inflamada necesita más atención cuando hace calor. Más allá de lo estético, hay muchas enfermedades dermatológicas que tienen un impacto real en el bienestar emocional, la concentración y la calidad del descanso. Y eso, en el contexto laboral, se nota. ¿Por qué la rosácea empeora con el calor? La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente a la zona central del rostro: mejillas, nariz y frente. Se caracteriza por enrojecimiento, sensación de calor y, en muchos casos, pequeñas lesiones similares al acné. El verano es especialmente difícil para quienes la padecen. El calor es uno de los factores que más claramente desencadena los brotes, junto con los cambios bruscos de temperatura, la exposición solar y la sudoración. Pasar del aire acondicionado del trabajo al calor exterior varias veces al día puede ser suficiente para provocar una reacción. Una encuesta de la Sociedad Nacional de Rosácea reveló que el 95% de los pacientes con rosácea sabían poco o nada sobre sus signos y síntomas antes del diagnóstico . Sin embargo, debido a sus efectos enrojecidos, similares al acné, en la apariencia personal, puede causar importantes problemas psicológicos, sociales y laborales si no se trata. Además, el estrés (otro desencadenante conocido) suele ir de la mano con ciertas dinámicas laborales en los meses previos a las vacaciones, lo que añade una presión extra sobre la piel. Psoriasis: el verano tiene dos caras La psoriasis es una enfermedad crónica que provoca la acumulación de células en la superficie de la piel, formando placas rojizas y escamas que causan picor e irritación. Afecta a entre el 2% y el 3% de la población y cursa en forma de brotes. A diferencia de la rosácea , la psoriasis tiene una relación más ambivalente con el verano. La luz ultravioleta, de hecho, es uno de los tratamientos más utilizados: más del 90% de los pacientes notan una mejoría cuando se exponen al sol de forma moderada y progresiva. El agua del mar, la mayor humedad ambiental y la reducción del estrés durante el periodo vacacional también contribuyen a aliviar los síntomas. Sin embargo, el verano también esconde riesgos. Una quemadura solar puede desencadenar nuevas lesiones, un fenómeno conocido como efecto Koebner . El alcohol y el tabaco, más presentes en el ocio veraniego, empeoran la psoriasis . Y el calor excesivo combinado con la sudoración puede irritar las zonas afectadas. La clave está en aprovechar los beneficios del sol sin excederse. Acné en verano: qué ocurre realmente cuando aumenta la temperatura Existe la creencia muy extendida de que el sol mejora el acné porque reseca los granitos. Es un mito que conviene desmontar porque lo que ocurre en realidad es que la radiación ultravioleta puede producir una leve mejoría inicial, pero a medio plazo la piel se inflama más, los poros se obstruyen con más facilidad y el resultado suele ser peor. En verano, el calor estimula las glándulas sebáceas, que producen más grasa. Esa grasa, mezclada con el sudor y las células muertas, obstruye los poros y crea el entorno ideal para que las bacterias proliferen. Por eso, durante los meses más calurosos, aumentan las consultas por brotes no solo en el rostro, sino también en la espalda, el pecho y los hombros (lo que se conoce como bacné) debido a la fricción con la ropa mojada o los trajes de baño. ¿Qué tienen en común estas tres enfermedades dermatológicas? Las tres son enfermedades crónicas. No desaparecen en verano, pero sí cambian. Y las tres tienen algo en común: sin seguimiento médico adecuado, es fácil normalizar los síntomas, suspender los tratamientos o tomar decisiones que empeoran la situación. También comparten el impacto emocional. Vivir con una enfermedad de la piel visible tiene consecuencias sobre la autoestima, la interacción social y el estado de ánimo. En verano, cuando la ropa deja más piel al descubierto y el entorno social es más activo, ese impacto puede intensificarse. Muchas personas con enfermedades dermatológicas no consultan con un médico a tiempo porque les parece una molestia menor, porque no quieren pedir una baja, o simplemente porque pedir cita en verano puede complicarse. La consecuencia es que los brotes se alargan, los tratamientos se abandonan y los síntomas empeoran. En Savia, salud digital Mapfre, ofrecemos a tu empresa acceso a consultas de telemedicina con especialistas. Tus empleados pueden consultar sus dudas dermatológicas desde cualquier lugar, sin desplazarse, sin esperas y en el momento que más lo necesiten. Una piel sana también es parte del bienestar integral de tu equipo.

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