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Alimentación sostenible en el trabajo: qué es y cómo llevarlo a la práctica

Nutrición

Comer bien en el trabajo ya es suficiente reto. Comer bien y de forma sostenible puede sonar a un propósito reservado para los fines de semana con tiempo libre. Pero la realidad es que la mayor parte de lo que una persona puede hacer por su huella alimentaria ocurre exactamente en los días entre semana, en las decisiones más cotidianas: qué llevar de casa, en qué recipiente, qué elegir cuando se come fuera y cuánta comida acaba en la basura al final de la semana.


Alimentación sostenible en el trabajo: qué es y cómo llevarlo a la práctica

¿Cuál es la definición de alimentación sostenible?


Según la FAO, una dieta sostenible es aquella que genera un impacto ambiental reducido, contribuye a la seguridad alimentaria y nutricional y permite una vida saludable para las generaciones actuales y futuras. En términos más concretos: es una forma de comer que cuida tanto la salud de quien come como la del planeta, sin que ambas cosas sean contradictorias.


La alimentación saludable y la alimentación sostenible no son conceptos idénticos, aunque se solapan en gran medida. Una dieta puede ser saludable desde el punto de vista nutricional y, sin embargo, tener un impacto ambiental elevado; del mismo modo, una opción con menor impacto ambiental no siempre es nutricionalmente adecuada. 


En general, los patrones que combinan beneficios para la salud y el planeta (como la dieta mediterránea y la Dieta de Salud Planetaria de la Comisión EAT-Lancet) priorizan alimentos de origen vegetal, especialmente frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, y limitan la carne roja y procesada y los productos ultraprocesados. La elección de alimentos de temporada y producidos localmente puede contribuir a la sostenibilidad, pero su efecto depende del sistema de producción, el transporte, el almacenamiento y el contexto.


Un estudio publicado en 2025 analizó la asociación entre la adherencia a la Dieta de Salud Planetaria y diversos resultados de salud en dos grandes cohortes prospectivas (NHANES, de Estados Unidos, y UK Biobank, del Reino Unido) y realizó además un metaanálisis de 37 estudios de cohortes. Una mayor adherencia se asoció con menor mortalidad por todas las causas y, en el metaanálisis, con menores riesgos de mortalidad cardiovascular y diabetes. Como se trata principalmente de evidencia observacional, los resultados muestran una asociación y no demuestran por sí solos causalidad.


¿Es posible llevar una alimentación sostenible en el trabajo?


Sí, y sin que requiera una reorganización completa de la vida. La mayor parte de los cambios con más impacto son pequeños ajustes que afectan principalmente a tres momentos del día laboral: lo que se lleva de casa, lo que se elige cuando se come fuera y lo que se hace con los residuos.


El contexto del trabajo tiene sus limitaciones reales: tiempo reducido, acceso limitado a cocina, presión de reuniones que desplazan la comida. Pero también tiene una ventaja que no siempre se valora: la rutina. Comer en el trabajo sigue un patrón bastante previsible semana a semana, y esa previsibilidad facilita la planificación, que es la base de cualquier hábito alimentario sostenible.


¿Cómo llevar a cabo una alimentación sostenible en el trabajo?


Llevar comida de casa en lugar de pedir delivery. Es el cambio con mayor impacto acumulado. Cada pedido de comida a domicilio genera envases de un solo uso, bolsas, cubiertos y papel que se acumulan en poco tiempo. Cocinar en casa y llevarlo en un recipiente reutilizable elimina ese residuo casi por completo, además de ofrecer más control sobre los ingredientes y las cantidades.


Elegir recipientes que duren. Los tuppers de vidrio o de acero inoxidable son la alternativa más sostenible a los de plástico: no liberan sustancias al calentarse, duran años y son completamente reciclables. La inversión inicial es mayor pero el coste por uso a lo largo del tiempo es mínimo.


Planificar con productos de temporada. Los alimentos de temporada tienen menor impacto ambiental porque no requieren transporte de larga distancia ni almacenamiento prolongado en cámara frigorífica. Además, suelen ser más económicos y estar en su mejor momento nutricional. Organizar el menú semanal a partir de lo que está en temporada es un hábito que simplifica la compra y reduce el desperdicio.


Reducir la proteína animal sin eliminarla. La producción de carne, especialmente la roja, genera una huella de carbono significativamente mayor que la de otros alimentos. Incorporar más legumbres, huevos, pescado o proteínas vegetales en los menús del trabajo no implica renunciar a nada, sino ampliar el repertorio. Un par de comidas semanales basadas en legumbres tiene un impacto real y medible.


Evitar el desperdicio. Más del 50% del desperdicio alimentario se genera en los hogares. En el entorno laboral, el equivalente es la comida que se lleva y no se come, los ingredientes que caducan en la nevera de la oficina o el plato del menú que se deja a medias. Planificar cantidades realistas y aprovechar los sobrantes son dos hábitos sencillos con consecuencias concretas.


Reducir el uso de desechables. Vasos de plástico para el café, servilletas de papel, envases individuales de snacks. Son pequeñas cantidades que, multiplicadas por cinco días a la semana y decenas de empleados, generan un volumen de residuos considerable. Una botella de agua reutilizable, una taza para el café y una servilleta de tela cambian el balance sin ningún esfuerzo adicional.


Beneficios de una alimentación sostenible


Los beneficios operan en dos direcciones simultáneas.


Para la salud individual, los patrones alimentarios sostenibles están asociados con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, mejor estado digestivo gracias al mayor aporte de fibra y micronutrientes, y niveles de energía más estables a lo largo del día, lo que tiene un impacto directo en el rendimiento y la concentración durante la jornada laboral.


Para el entorno, cada pequeña decisión cotidiana contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de alimentos, el consumo de agua y suelo, y la generación de residuos plásticos. La alimentación es uno de los ámbitos donde el individuo tiene más capacidad de influir con sus decisiones diarias.


Y para las organizaciones, fomentar hábitos de alimentación sostenible entre los equipos refuerza la coherencia entre los valores de la empresa y la cultura interna, reduce los residuos generados en las instalaciones y es una señal concreta de que el bienestar de las personas también incluye la forma en que se relacionan con su entorno.


Comer de forma sostenible en el trabajo empieza por entender qué se necesita y cómo encajarlo en la rutina de cada persona. El servicio de Nutrición de Savia salud digital Mapfre conecta a los empleados con nutricionistas especializados a través de videoconsulta. Para diseñar una pauta alimentaria que sea saludable, práctica y sostenible dentro de las condiciones reales del día a día laboral, el acceso es inmediato y sin desplazamientos.

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Una dieta puede ser saludable desde el punto de vista nutricional y, sin embargo, tener un impacto ambiental elevado; del mismo modo, una opción con menor impacto ambiental no siempre es nutricionalmente adecuada.  En general, los patrones que combinan beneficios para la salud y el planeta (como la dieta mediterránea y la Dieta de Salud Planetaria de la Comisión EAT-Lancet ) priorizan alimentos de origen vegetal, especialmente frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, y limitan la carne roja y procesada y los productos ultraprocesados. La elección de alimentos de temporada y producidos localmente puede contribuir a la sostenibilidad, pero su efecto depende del sistema de producción, el transporte, el almacenamiento y el contexto. Un estudio publicado en 2025 analizó la asociación entre la adherencia a la Dieta de Salud Planetaria y diversos resultados de salud en dos grandes cohortes prospectivas (NHANES, de Estados Unidos, y UK Biobank, del Reino Unido) y realizó además un metaanálisis de 37 estudios de cohortes . Una mayor adherencia se asoció con menor mortalidad por todas las causas y, en el metaanálisis, con menores riesgos de mortalidad cardiovascular y diabetes. Como se trata principalmente de evidencia observacional, los resultados muestran una asociación y no demuestran por sí solos causalidad. ¿Es posible llevar una alimentación sostenible en el trabajo? Sí, y sin que requiera una reorganización completa de la vida. La mayor parte de los cambios con más impacto son pequeños ajustes que afectan principalmente a tres momentos del día laboral: lo que se lleva de casa, lo que se elige cuando se come fuera y lo que se hace con los residuos. El contexto del trabajo tiene sus limitaciones reales: tiempo reducido, acceso limitado a cocina, presión de reuniones que desplazan la comida. Pero también tiene una ventaja que no siempre se valora: la rutina. Comer en el trabajo sigue un patrón bastante previsible semana a semana, y esa previsibilidad facilita la planificación, que es la base de cualquier hábito alimentario sostenible. ¿Cómo llevar a cabo una alimentación sostenible en el trabajo? Llevar comida de casa en lugar de pedir delivery. Es el cambio con mayor impacto acumulado. Cada pedido de comida a domicilio genera envases de un solo uso, bolsas, cubiertos y papel que se acumulan en poco tiempo. Cocinar en casa y llevarlo en un recipiente reutilizable elimina ese residuo casi por completo, además de ofrecer más control sobre los ingredientes y las cantidades. Elegir recipientes que duren. Los tuppers de vidrio o de acero inoxidable son la alternativa más sostenible a los de plástico: no liberan sustancias al calentarse, duran años y son completamente reciclables. La inversión inicial es mayor pero el coste por uso a lo largo del tiempo es mínimo. Planificar con productos de temporada. Los alimentos de temporada tienen menor impacto ambiental porque no requieren transporte de larga distancia ni almacenamiento prolongado en cámara frigorífica. Además, suelen ser más económicos y estar en su mejor momento nutricional. Organizar el menú semanal a partir de lo que está en temporada es un hábito que simplifica la compra y reduce el desperdicio. Reducir la proteína animal sin eliminarla. La producción de carne, especialmente la roja, genera una huella de carbono significativamente mayor que la de otros alimentos. Incorporar más legumbres, huevos, pescado o proteínas vegetales en los menús del trabajo no implica renunciar a nada, sino ampliar el repertorio. Un par de comidas semanales basadas en legumbres tiene un impacto real y medible. Evitar el desperdicio. Más del 50% del desperdicio alimentario se genera en los hogares. En el entorno laboral, el equivalente es la comida que se lleva y no se come, los ingredientes que caducan en la nevera de la oficina o el plato del menú que se deja a medias. Planificar cantidades realistas y aprovechar los sobrantes son dos hábitos sencillos con consecuencias concretas. Reducir el uso de desechables. Vasos de plástico para el café, servilletas de papel, envases individuales de snacks. Son pequeñas cantidades que, multiplicadas por cinco días a la semana y decenas de empleados, generan un volumen de residuos considerable. Una botella de agua reutilizable, una taza para el café y una servilleta de tela cambian el balance sin ningún esfuerzo adicional. Beneficios de una alimentación sostenible Los beneficios operan en dos direcciones simultáneas. Para la salud individual, los patrones alimentarios sostenibles están asociados con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, mejor estado digestivo gracias al mayor aporte de fibra y micronutrientes, y niveles de energía más estables a lo largo del día, lo que tiene un impacto directo en el rendimiento y la concentración durante la jornada laboral. Para el entorno, cada pequeña decisión cotidiana contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de alimentos, el consumo de agua y suelo, y la generación de residuos plásticos. La alimentación es uno de los ámbitos donde el individuo tiene más capacidad de influir con sus decisiones diarias. Y para las organizaciones, fomentar hábitos de alimentación sostenible entre los equipos refuerza la coherencia entre los valores de la empresa y la cultura interna, reduce los residuos generados en las instalaciones y es una señal concreta de que el bienestar de las personas también incluye la forma en que se relacionan con su entorno. Comer de forma sostenible en el trabajo empieza por entender qué se necesita y cómo encajarlo en la rutina de cada persona. El servicio de Nutrición de Savia salud digital Mapfre conecta a los empleados con nutricionistas especializados a través de videoconsulta. Para diseñar una pauta alimentaria que sea saludable, práctica y sostenible dentro de las condiciones reales del día a día laboral, el acceso es inmediato y sin desplazamientos.
Alimentos que ayudan a dormir para descansar mejor y rendir al día siguiente
Alimentos que ayudan a dormir para descansar mejor y rendir al día siguiente
Dormir bien empieza bastante antes de meternos en la cama. La hora a la que cenamos, la cantidad, los alimentos que elegimos e incluso ese último café de la tarde pueden influir en cómo llegamos a la noche. Y cuidar esas elecciones tiene beneficios que van más allá del descanso. Cada 29 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón , una fecha que recuerda la importancia de cuidar la salud cardiovascular y prestar atención a hábitos cotidianos como la alimentación. Una dieta saludable y equilibrada forma parte de las medidas que ayudan a proteger la salud del corazón. Por eso, cuando buscamos alimentos que ayudan a dormir, podemos aprovechar para mirar la cena desde una perspectiva más amplia: elegir alimentos nutritivos que formen parte de una dieta equilibrada y, al mismo tiempo, organizar nuestras comidas para favorecer un buen descanso. La investigación ha encontrado asociaciones entre una alimentación rica en frutas, verduras, fibra y fuentes saludables de proteínas y grasas y una mejor calidad del sueño. Al mismo tiempo, todavía hacen falta más estudios para establecer relaciones de causa y efecto con alimentos concretos. La buena noticia es que podemos utilizar lo que ya sabemos para organizar mejor nuestras cenas y favorecer un descanso que nos permita afrontar el día siguiente con más energía. ¿Qué cenar para dormir bien? Una cena pensada para descansar puede ser sencilla. El objetivo es llegar a la cama con una digestión cómoda y haber cubierto adecuadamente las necesidades nutricionales del día. Podemos imaginar el plato en tres partes: verduras, una fuente de proteína y una ración adecuada de hidratos de carbono, adaptando siempre cantidades y alimentos a las necesidades de cada persona. Por ejemplo: Crema de calabacín con tortilla y una pequeña guarnición de patata Verduras asadas con pescado y arroz Ensalada templada de garbanzos con verduras Pollo con verduras y boniato Tortilla con espinacas acompañada de pan integral Yogur natural con avena y fruta cuando necesitamos una opción ligera y adecuada a nuestro contexto. La hora también importa. Las comidas copiosas muy cerca de acostarse pueden interferir con el descanso, por lo que resulta preferible dejar cierto margen para la digestión. El NHS recomienda evitar las cenas abundantes a última hora de la noche . Más que buscar una “cena perfecta”, interesa encontrar una combinación que resulte nutritiva, suficiente y fácil de digerir. Alimentos para dormir profundamente y rendir más al día siguiente Cuando hablamos de alimentos para dormir profundamente, encontramos varios nutrientes implicados en procesos relacionados con el sueño. Entre ellos aparecen el triptófano y otros componentes vinculados a la síntesis y disponibilidad de serotonina y melatonina. Esto ha llevado a estudiar diferentes grupos de alimentos. Huevos . Aportan proteínas y contienen triptófano, por lo que pueden formar parte de una cena equilibrada. Pescado . Además de proteína, algunas variedades aportan ácidos grasos omega-3. La investigación nutricional continúa estudiando la relación entre determinados nutrientes y la calidad del sueño. Lácteos . Leche, yogur o quesos frescos aportan proteínas y triptófano. Pueden incorporarse a la cena o utilizarse como opción posterior cuando encajan dentro de la alimentación habitual. Avena y otros cereales integrales . Aportan hidratos de carbono complejos y fibra y pueden combinarse con fuentes proteicas para construir una cena completa. Frutos secos . Nueces, almendras o pistachos aportan grasas insaturadas, proteínas y diferentes micronutrientes. Una pequeña ración puede incorporarse al yogur, la avena o una ensalada. Legumbres . Lentejas, garbanzos o alubias combinan proteína vegetal, hidratos de carbono y fibra. Su tolerancia por la noche dependerá de cada persona, especialmente si producen molestias digestivas. La evidencia disponible invita a mirar el patrón alimentario completo. Las dietas con mayor presencia de fibra, frutas, verduras y grasas insaturadas se han asociado con mejores indicadores de sueño, aunque la relación entre alimentación y descanso continúa siendo objeto de investigación. ¿Qué frutas ayudan a dormir? La fruta puede formar parte perfectamente de la alimentación durante la tarde o la noche. Algunas variedades han despertado especial interés científico por su composición. El kiwi, por ejemplo, se ha estudiado en relación con diferentes parámetros del sueño, aunque la evidencia disponible todavía es limitada para convertirlo en una recomendación específica para tratar problemas de sueño. Las cerezas, especialmente algunas variedades ácidas, también han sido investigadas por su contenido en melatonina y compuestos bioactivos. Los resultados son prometedores en determinados estudios, pero todavía necesitamos más investigación antes de atribuirles un efecto directo sobre el descanso. En la práctica, podemos ampliar bastante el abanico de frutas y cómo incorporarlas: Kiwi : solo, con yogur natural o queso fresco Plátano : con yogur, avena o una pequeña cantidad de frutos secos Cerezas : como fruta de temporada después de la cena Frutos rojos : con yogur natural o kéfir Manzana o pera : enteras o cocinadas si así resultan más fáciles de digerir Aquí merece la pena evitar la idea de que determinadas frutas para dormir funcionan como un somnífero natural. Su mayor valor está en formar parte de una alimentación variada y adecuada a las necesidades de cada persona. Alimentos con triptófano que favorecen el descanso El triptófano es un aminoácido esencial: nuestro organismo necesita obtenerlo a través de la alimentación. Además, participa en la síntesis de serotonina y melatonina, moléculas relacionadas con la regulación del ciclo sueño-vigilia. Por esta razón, se ha investigado su posible relación con el descanso. Una revisión sistemática y metaanálisis encontró que la suplementación con triptófano podía mejorar algunos parámetros del sueño, especialmente el tiempo despierto después de haber conciliado el sueño, aunque sus efectos no fueron iguales para todas las variables analizadas. Entre los alimentos con triptófano para dormir que podemos integrar dentro de una dieta habitual encontramos: Huevos : tortilla, huevo cocido o revuelto Lácteos : leche, yogur, kéfir, queso Pescados : salmón, atún, sardinas Carnes : pollo, pavo Legumbres : garbanzos, lentejas, soja Frutos secos y semillas : nueces, almendras, semillas de calabaza Cereales : avena y otros cereales integrales La presencia de triptófano convierte estos alimentos en opciones interesantes dentro de una alimentación equilibrada, pero su efecto depende del conjunto de la dieta, las cantidades, las combinaciones de nutrientes y otros muchos factores relacionados con el sueño. Lo que tomas por la tarde también puede llegar contigo hasta la cama Podemos preparar una cena estupenda y, aun así, haber tomado algo horas antes que dificulte conciliar el sueño. El ejemplo más evidente es la cafeína. Café, té, bebidas de cola, bebidas energéticas y algunos productos con chocolate pueden aportar cantidades variables. Su efecto y tolerancia cambian entre personas, por lo que alguien puede notar alteraciones incluso varias horas después de consumirla. El NHS aconseja evitar café, té y otras fuentes de cafeína durante las seis horas anteriores a acostarse . También recomienda limitar el alcohol antes de dormir: aunque inicialmente puede producir somnolencia, puede empeorar la calidad del sueño durante la noche. Las cenas muy abundantes o difíciles de digerir también pueden resultar incómodas al acostarnos. Por eso, mejorar la alimentación relacionada con el descanso puede empezar mucho antes de preguntarnos qué ponemos en el plato a las nueve de la noche. Dormir mejor también puede ayudarnos a comer mejor La relación entre sueño y alimentación funciona en ambas direcciones. Dormir poco puede influir en nuestra conducta alimentaria y en la ingesta energética. Una revisión sistemática y metaanálisis de estudios de intervención encontró cambios en la ingesta cuando se restringían las horas de sueño, lo que refuerza la conexión entre ambos hábitos. Y aquí aparece una relación especialmente interesante con el rendimiento diario. Después de una noche de descanso insuficiente podemos sentir más cansancio y tener más dificultades para mantener nuestras rutinas. Cuando esto se repite, alimentación y sueño pueden terminar condicionándose mutuamente. Cuidar la cena, mantener horarios razonablemente regulares, reducir los estimulantes durante las últimas horas del día y construir una alimentación equilibrada son pequeñas decisiones que pueden favorecer ese círculo en la dirección adecuada. Si los problemas para dormir se mantienen durante semanas, afectan a la vida cotidiana o aparecen acompañados de otros síntomas, conviene consultar con un profesional sanitario para estudiar qué puede estar ocurriendo. Desde Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Nutrición permite contar con profesionales que pueden ayudarte a revisar tus hábitos alimentarios y adaptar horarios, cantidades y elecciones de alimentos a tus necesidades y estilo de vida.
Alimentos saciantes para el trabajo: qué comer para controlar el hambre entre horas
Alimentos saciantes para el trabajo: qué comer para controlar el hambre entre horas
Son las 12:30 y todavía quedan un par de horas para comer. Aparece el hambre, abrimos el cajón de la oficina o nos acercamos a la máquina de vending y elegimos lo primero que encontramos. A media tarde, la escena puede repetirse. El picoteo durante la jornada laboral muchas veces tiene más relación con la improvisación que con la falta de voluntad. Llegar con demasiada hambre a determinados momentos del día, elegir alimentos que sacian durante poco tiempo o pasar muchas horas entre comidas puede hacer que terminemos comiendo más de lo que realmente necesitamos. Por eso, tener a mano alimentos saciantes puede ser una estrategia sencilla para gestionar mejor el apetito en el trabajo. Proteínas, fibra, agua y una adecuada densidad nutricional son algunos de los factores que influyen en cuánto tiempo nos sentimos satisfechos después de comer. ¿Qué hace que un alimento sea más saciante? La saciedad es la sensación que aparece después de comer y que permite mantener el hambre a raya durante un tiempo. La composición de los alimentos influye mucho en ella. Las proteínas, por ejemplo, suelen producir una respuesta de saciedad elevada. La fibra también ayuda porque ralentiza la digestión y aumenta el volumen de la comida. Los alimentos ricos en agua, como frutas y verduras, permiten aumentar ese volumen con una densidad energética generalmente menor. También importa cómo combinamos los alimentos. Una manzana puede funcionar como tentempié. Si la acompañamos con un yogur natural o un pequeño puñado de frutos secos, incorporamos proteínas o grasas que pueden prolongar la sensación de saciedad . Por eso, más que buscar un ingrediente capaz de « quitar el hambre «, resulta útil aprender a construir combinaciones que nos permitan llegar cómodamente hasta la siguiente comida. Alimentos saciantes que puedes llevar al trabajo Preparar un tentempié antes de salir de casa evita depender cada día de lo que encontremos en la oficina. Estas son algunas opciones fáciles de transportar: Yogur natural o kéfir. Aportan proteínas y pueden combinarse con fruta, avena o frutos secos para conseguir una opción más completa. Fruta entera . Manzana, pera, naranja, mandarina o frutos rojos aportan agua y fibra. Consumir la pieza entera permite aprovechar mejor su fibra que tomar únicamente su zumo. Frutos secos naturales o tostados . Nueces, almendras, avellanas o pistachos combinan fibra, grasas insaturadas y proteínas. Una pequeña porción puede resultar muy práctica para llevar en el bolso o dejar en el trabajo. Hummus con verduras . Zanahoria, pepino o pimiento cortados en tiras acompañados de hummus forman un tentempié rico en fibra y con proteína vegetal. Huevos cocidos . Son fáciles de preparar con antelación y aportan proteínas de alta calidad. Si se transportan al trabajo, conviene mantenerlos refrigerados. Avena . Puede prepararse la noche anterior con yogur o leche y añadir fruta. Su contenido en fibra, especialmente betaglucanos, la convierte en una opción interesante para desayunos o meriendas. Legumbres . También pueden salir del plato de cuchara. Garbanzos tostados o pequeñas ensaladas de legumbres son opciones fáciles de preparar y combinan proteínas vegetales y fibra. Qué evitar si quieres mantener la energía estable durante la jornada Los alimentos ultraprocesados, los snacks azucarados y los productos con harinas refinadas producen el efecto contrario al que prometen: una subida rápida de glucosa seguida de una bajada que genera más hambre y menos concentración. Son los que más se consumen en el entorno laboral y los que menos sirven para sostener el rendimiento durante la tarde. La diferencia no está en comer más o menos, sino en qué se come. Un puñado de almendras y una manzana a media mañana mantienen el hambre a raya hasta el almuerzo. Una bolsa de patatas fritas, aunque tenga más calorías, te puede dejar con hambre en menos de una hora. Cuando el hambre entre horas aparece todos los días Sentir hambre entre comidas forma parte de las señales normales del organismo. Sin embargo, cuando ocurre continuamente o sentimos que necesitamos picar durante toda la jornada, puede ser interesante –y hasta necesario– revisar el conjunto de nuestra alimentación. Un desayuno poco completo, comidas con escasa cantidad de proteínas o fibra, horarios demasiado separados, descanso insuficiente e incluso determinadas rutinas laborales pueden influir en cómo percibimos el apetito. Un dietista-nutricionista puede valorar esos factores y ayudar a organizar las comidas según los horarios, necesidades energéticas, preferencias y objetivos de cada persona. En Savia, salud digital Mapfre, el servicio de Nutrición permite recibir asesoramiento profesional y personalizado para construir una alimentación equilibrada que encaje con la rutina laboral y con las necesidades individuales. La solución al picoteo de oficina puede empezar mucho antes de abrir el cajón de los snacks: en cómo organizamos lo que comemos durante todo el día.

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